El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  jai33sire el Miér Mar 09, 2016 9:38 pm

Que buen capitulo, gracias. Very Happy

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  monike el Lun Mar 14, 2016 11:42 pm

Buen Lunes...

ES HORA DE PONER SU CONFANZA EN SUS MANOS...

¿PODRA VICTOR CONFIAR SUFICIENTE EN MYRIAM PARA CONTAR SU PASADO MAS OBSCURO?

¿PODRA MYRIAM CON SU LADO OBSCURO, Y QUEDARSE AUN ASI A SU LADO?




CAPÍTULO 13


MYRIAM

Debo de ser la única alumna de mi clase que leería un clásico por placer.
No conozco a nadie que se haya leído Jane Eyre, Mujercitas o Tess, la de los d’Urberville.
En realidad tampoco son mis libros preferidos. Mujercitas siempre ocupará un segundo lugar, pero Orgullo y prejuicio siempre será mi favorito. Hay algo muy hermoso en la historia de una pareja con orígenes muy distintos viajando por la pantanosa carretera del amor hasta ese momento en que ya no pueden seguir negándose su atracción. Y todavía es más bonito poder presenciar ese viaje. Ir pasando las páginas en espera del dulce primer beso, de las discusiones cargadas de sentimiento, de la declaración final. Hay algo en esas páginas que me atrapa y me aleja del mundo real.
No hay ningún lugar como el que se encuentra entre las páginas de un libro.
El único lugar que puede acercarse es el que se encuentra entre los brazos de la persona amada.
Quizá ese sea el motivo por el que, después de haber pasado todo el día en clase con Braden, ahora esté sentada en la esquina de la cama de Víctor leyendo, completamente embelesada por el atractivo señor Darcy. Estoy a pocas páginas de uno de los mejores momentos del libro, la escena de la lluvia, ese momento húmedo y apasionado cuando por fin están juntos. Y no me avergüenza admitir que les gritaría a los personajes hasta que me dieran lo que quiero.
Ese amor. Ese apasionado, extenuante e infinito amor, eso es justo lo que quiero. Yo quiero sentir lo mismo que sienten el señor Darcy y Elizabeth. Quiero mirar a alguien a los ojos y saber que estoy viendo mi propio final feliz.
La puerta se abre y yo sigo leyendo; dejo resbalar los ojos por la página y devoro cada palabra.
«La puerta está abierta». De acuerdo. Esto va a quedar un poco raro si no es Víctor. Mierda, ¿por qué no lo habré pensado antes?
Levanto los ojos del libro muy despacio. Víctor cierra la puerta a su espalda y me sonríe alzando
una ceja.
—No pretendo quejarme,¿pero puedo saber por qué estás en mi cama?—me pregunta con suavidad.
—Estoy leyendo—le contesto posando los ojos en la página—. Y necesito estar cómoda cuando leo, cosa que explica el motivo de que esté en tu cama en lugar de en esa terrible silla que hay delante del escritorio.
—Ya veo que estás leyendo, Myri. ¿Pero por qué estás leyendo en mi habitación en lugar de hacerlo en la tuya?
—Si quieres me marcho.—Doblo la esquina de la página y me meto el libro debajo del brazo.
—¡No! No, yo no he dicho eso.—Suelta la cartera, se acerca a la cama y a poya las manos a ambos lados de mi cuerpo—.Ni siquiera se me había ocurrido pensarlo.
—Ah, bueno. —Esbozo una dulce sonrisa—. Entonces sigo leyendo.
—De eso nada —murmura cogiendo el viejísimo libro y dejándolo caer al suelo. Me quedo boquiabierta.
—Acabas de tirar mi libro al suelo.
—Lo he dejado caer.
—No. Lo has tirado. Debería azotarte por haber lastimado al señor Darcy.
—Claro. Seguro que el señor Darcy y su pretencioso culo apreciarían el gesto.
Entorno un poco los ojos medio sorprendida de que sepa quién es el señor Darcy. Pero de nuevo vuelvo a darme cuenta de que estoy descubriendo que Víctor no es la persona que parece, y me gusta. Hay toda una faceta nueva de él que estoy empezando a adorar.
—No vuelvas a tirar ninguno de mis libros. Jamás —le digo con firmeza—.Hablo en serio. La próxima vez que tires uno de mis tesoros, en especial uno de mis preferidos, te haré daño.
Se pone serio y se sube a la cama arrodillándose delante de mí.
—Lo siento, nena —murmura cogiéndome la cara—.No volveré a tirar tus libros.
Le sonrío apoyando la mejilla en su palma.
—Más te vale.
Víctor me besa y me pone una mano en la nuca. Me tumba en la cama muy despacio mientras me besa con ternura.
—Me acabo de dar cuenta de que Braden tiene clase todo el día. Y eso significa que te tengo para mí solo durante un rato.—Sus labios resbalan por mi mandíbula—.Así que no pienso dejar que leas pudiendo hacer esto.—Desliza la mano por mi costado y la cuela por debajo de mi camiseta. Siento la aspereza de sus dedos sobre la piel.
Me arqueo contra él y mis manos trepan por sus brazos hasta posarse sobre sus hombros y su cuello mientras nos besamos. El pelo de su nuca me hace cosquillas en los dedos. Entierro los dedos en su pelo y le atraigo hacia mí. Flexiono la pierna y dejo resbalar el pie por la parte posterior de su pantorrilla notando la tela rasposa de sus vaqueros contra mis dedos desnudos.
Víctor me explora la boca con la lengua, entrando, saliendo y girando de la misma forma que el deseo se arremolina en mi estómago. La exploradora mano que ha deslizado por debajo de mi camiseta espolea mi fuego interior y alimenta la tormenta de emociones que me asaltan siempre que se acerca a mí.
Sus labios trepan por mi cuello hasta llegar a mi oreja. Luego los separa de mi piel y apoya la cabeza junto a la mía. Siento su aliento pesado y cargado de dolor.
—Sigo sin entender qué haces aquí —susurra.
—Estoy aquí porque es donde quiero estar.—Deslizo la mano por su espalda y le acaricio la piel con lentos movimientos circulares; ya me he dado cuenta de que sus demonios se han despertado. Esos demonios que lo alejan de mí.
—Pero no entiendo por qué.
—Hay cosas que no tienen explicación; y esta es una de ellas.
—¿Y qué pasa si una parte de mí necesita una explicación? —Se separa de mí y me suelta para ponerse otra vez de rodillas.
Me siento y cruzo las piernas. Le miro a los ojos y me pierdo en el tormentoso torbellino que anida en sus profundidades. Sus emociones pelean entre ellas con la intensidad de un tornado y el color de sus ojos se oscurece hasta adquirir el tono de un corazón tormentoso. Me muero por estirar el brazo y tocarlo, pero algo me dice que no lo haga. A pesar de la tentación que hormiguea en las yemas de mis dedos, sé que tengo que hacerlo a su manera. Estoy muy enfadada con él, pero no sé por qué. Estoy confusa y quiero comprender. Quiero saber qué es eso que tiene tan enterrado en su interior, y quiero ayudarle a superarlo.
—Pues eso es algo que nunca podré dart —le digo en voz baja y cierta tristeza.
—¿Por qué?
—Porque mis motivos para estar aquí, mi forma de sentirme, lo que siento por ti, por nosotros, por esta situación, nada de todo eso es algo que pueda explicar con palabras. Podría pasarme horas aquí sentada intentando explicártelo, pero no puedo. Sencillamente es así.
Se levanta y me da la espalda. Se quita la camiseta y la tira a una esquina con despreocupación. Los músculos de su espalda y sus brazos se tensan cuando se pasa las manos por el pelo.
—Víctor. Háblame —le digo con suavidad.
—¿Porqué? ¿Qué importancia tiene?
—¡Porque necesito comprender! Necesito entenderte y comprender todas tus facetas. Ya conozco tres. Conozco al chico, al amante y esta otra faceta a la que aún no sé ponerle nombre, ¡pero no las entiendo! —Me levanto—. Tan pronto se te ocurre colarte por la ventana de mi habitación, como besarme, como alejarte de mí. ¡No lo entiendo!
—Hay cosas que no tienen explicación —me dice con tirantez usando mis propias palabras.
—Y una mierda. ¡Y.Una.Mierda.Victor! —Le rodeo para ponerme delante de él—.¡Eso es una gilipollez! El modo que tienes de actuar, esa forma que tienes de esconder una parte de ti de todo el mundo, todo tiene una explicación. ¡Se puede explicar! Pero tú eliges no hacerlo.Por algún motivo prefieres no hacerlo.
—¡Quizá es que no pueda! —Se vuelve hacia mí con la mirada áspera y el cuerpo tenso—.Puede que no sea capaz de explicarlo todo. Tal vez no pueda. Es posible que me duela demasiado.¿Alguna vez has pensado en eso?
Baja la mirada y yo siento ganas de abofetearme. No lo había pensado.
Nunca había pensado en que eso que tiene guardado en su interior, y que tanto le atormenta, podría dolerle demasiado como para hablar de ello. Me he dejado cegar tanto por lo que implica para mí su secretismo que no me había parado a pensar en lo que supone para él. No me he planteado ni por un momento cómo se siente él. Dios.
Alargo los brazos hacia él y Víctor me agarra de las muñecas a toda velocidad.
—No —susurra con una expresión gélida en el rostro—.No.
Pasa un minuto que parece infinito. Ninguno de los dos se mueve. El único sonido que hay entre nosotros es la pesadez de su respiración. Entonces vuelve a posar los ojos sobre mí muy despacio. Están llenos de tristeza, jamás le había visto tan vulnerable. Quiero liberar mis muñecas y tocarle, aliviar ese dolor, pero no puedo. Ya lo he intentado.
Sea lo que sea por lo que está pasando, es él quien tiene que compartirlo por los dos. No puedo pensar en nosotros como dos personas independientes. Tendrá que compartir algo conmigo. Necesito saber de dónde viene ese dolor que brilla en sus ojos. El juego no es entre nosotros. El juego es el teatro que fingimos delante de los demás. No hay falsedad cuando estamos frente a frente como ahora. No hay espacio para la falsedad cuando todo lo que sentimos es tan real.
—Quieres tenerme a tu lado, pero me mantienes a distancia —susurro —.¿Porqué?¿Por qué no hablas conmigo? ¿De qué tienes miedo?
—Tengo miedo de tenerte y tengo miedo de perderte. Llevo toda la vida cuidando de mí mismo, dependiendo solo de mí y siempre lo he tenido todo bajo control. Los sentimientos, todo. Y entonces… Entonces te conozco a ti y todo cambia.Todo lo que creía que era real se ha convertido en un montón de mierda. Tú eres lo único real que hay en mi vida.
—¿Por qué yo?¿Por qué soy tan diferente?
Suspiro lentamente y él apoya su frente sobre la mía clavándome los ojos.
—Porque nunca he necesitado a nadie tanto como te necesito a ti. Si te dejo entrar y te lo cuento todo podrías dejar de necesitarme, y eso es lo que más miedo me da. Y por mucho que desee que te marches, por muy convencido que esté de que deberías irte, no creo que jamás sea capaz de dejarte marchar.
—¿Y por qué iba a marcharme? —le digo frunciendo el ceño.
Víctor suspira. Me suelta las muñecas y entrelaza los dedos con los míos.
—Porque mi pasado es muy distinto al tuyo, Myriam. Venimos de sitios muy distintos. Hemos vivido historias muy diferentes.
Niego con la cabeza.
—¿De verdad piensas eso?¿En serio?
No se mueve.
—¿De verdad crees que tu pasado cambiará lo que pienso de ti? ¿Crees que podría cambiar cómo me siento? Porque es imposible. ¡No cambiará absolutamente nada!
—Myriam…
Vuelvo a negar con la cabeza, libero mis manos y le aparto de mí. Me apoyo contra la ventana y miro por entre las cortinas.
—No me voy a marchar, Víctor. No podría aunque quisiera. Ya he llegado demasiado lejos. Sea lo que sea eso que te está comiendo por dentro quiero saberlo. Necesito saberlo por nosotros.
Oigo el ruido de sus pasos cruzando la habitación y siento el calor de su cuerpo pegándose a mi espalda. Pone sus manos en mis caderas. Luego las desliza lentamente hasta mi estómago y entierra la cara en mi pelo. Yo me apoyo en él mientras peleo contra la montaña rusa de emociones que me recorren de pies a cabeza.
—Somos diferentes, Myri —susurra—.Demasiado. Tanto que tenemos que esconder lo nuestro.
—Solo tenemos que esconderlo porque Braden te pateará el culo, pero no lo podremos esconder para siempre.
—Yo no quiero esconderlo. No quiero esconderte. Cada vez que un tío te mira… Lo odio. Odio que te miren como si solo quisieran follarte. Me vuelve loco.
—¿Te refieres a que me miran como solías mirarme tú? —bromeo sonriendo un poco.
Víctor suelta una risa falsa y me da media vuelta. Le rodeo la cintura con los brazos y apoyo la cabeza en su pecho desnudo. Escucho los latidos de su corazón, broncos y acelerados.
—Sí, de la misma forma que te miraba yo hasta que me acosté contigo. Desde la primera vez que te besé ya sabía que eso no era lo único que quería de ti. Eso no era lo único que necesitaba de ti.—Su voz le retumba en el pecho y me besa la cabeza.
—Pues déjame ser lo que necesitas —le suplico—.No pienses en Braden, en mantener lo nuestro en secreto ni en nuestros orígenes. Lo único que importa es que estamos aquí y ahora y que ahora estoy aquí. Déjame ser lo que necesitas. Deja de alejarme de ti, Víctor, porque no puedo olvidarme de ti por mucho que deba. Siempre volveré a ti.
Su pecho se hincha por la intensidad de su respiración.
—Lo haré. Te lo contaré todo. Pero hoy no, Myri. Pronto. Pero hoy no.
Cierro un momento los ojos.
—¿Me lo prometes?
Víctor deja resbalar una mano por mi espalda, la sube por mi hombro y me toca en la mejilla. Me levanta un poco la cara, agacha la suya y me encuentro con sus ojos grises.
—Lo prometo.

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Esto es un desastre. Sonrío con educación al chico que tengo sentado en frente. Es la segunda cita de la «Operación Conseguirle Novio a Myriam», la misión personal de Lila. Y este no es mucho mejor que el primero. Si tengo que ser sincera, es incluso peor.
Y ni siquiera es culpa del chico.
Callum es un encanto. Es dulce, está bueno y es divertido. Se parece mucho a la imagen del chico perfecto, pero no es mi chico perfecto.
—Lila me ha dicho que estás estudiando Literatura —comenta cogiendo una cucharada de helado. —Sí. Siempre me ha gustado la literatura; era lo más lógico.
—¿Y qué piensas hacer cuando te licencies? Ya sé que falta mucho —esboza media sonrisa—, pero siempre es bueno tener un plan, ¿sabes?
—Pues supongo que acabaré dedicándome a la docencia. —Me encojo de hombros—. Aunque quizá acabe en el mundo editorial, aún no lo he decidido. Pero lo que sí sé es que algún día me gustaría escribir un libro. ¿Y tú?
—Espero entrar en la Escuela Médica de Harvard. No es fácil, pero voy por buen camino.
Buen trabajo, Lila. No solo me citas con un junior, sino que no se te ocurre nada mejor que elegir al único que aspira a irse a la otra punta del país dentro de dieciocho meses.
—Vaya. Es una buena meta. —Sonrío.
—La tuya tampoco está mal. Por lo menos tú podrás hacer lo que te gusta. A mí la familia me presionó mucho para que eligiera esta carrera.
—Oh. —Qué incómodo—.Pero no está tan mal, ¿no?¿Preferirías hacer otra cosa?
—No, era mi segunda opción, así que no es tan duro.
—¿Y cuál era la primera? —Oh, Dios, ¿Parezco demasiado interesada? No quiero ser antipática, pero tampoco quiero que piense que estoy interesada. Maldita sea. Todo esto es un asco.
Entonces Víctor pasa junto a la ventana y nos mira sorprendido.Yo le miro, y aunque soy consciente de que Callum sigue hablando, no oigo ni una sola palabra de lo que dice. Estoy demasiado concentrada en cómo Víctor aprieta los puños y los dientes. Está enfadado. Muy enfadado. —¿Myriam ? —Callum me pasa una mano por delante de la cara y yo le vuelvo a mirar.
—Lo siento, acabo de ver a un amigo que llevo unos días intentando encontrar por teléfono. Es bastante importante.—Me estremezco interiormente avergonzada de mi propia mentira—.¿Te importa que me vaya con él?
—Hum, no. No pasa nada.
—Lo siento mucho.—Me levanto y dejo un billete encima de la mesa—.Toma, para la cena. Lo siento.
Salgo del restaurante y corro tras Víctor volviendo por la misma esquina por la que ha desaparecido, alejándose del centro.
Cuando llego al final de la calle suspiro.No le veo ni a él ni a su coche y no tengo ni idea de cuando tendré la oportunidad de explicarle por qué me ha visto cenando con otro chico.
¡Malditas sean Lila y Maddie y sus estúpidas ideas! Me doy la vuelta. Como acabo de plantar a Callum, lo mejor que puedo hacer es volver al campus. Y lo mejor será que le mande un mensaje a Víctor. Maldito secretismo.
Entonces alguien tira de mí hacia un callejón y me pega la espalda contra una pared de ladrillos fríos. No me puedo mover. Me inmoviliza el peso de otra persona, pero antes de que me venza el pánico unos ojos grises se clavan en los míos.
—¿Acostumbras a acechar a las chicas?—murmuro.
—Solo a ti—contesta—.Pero para serte sincero no esperaba venir al centro y encontrarte cenando con otro tío.
—Víctor…
—Estaría mintiendo si te dijera que no me he cabreado, pero en realidad lo nuestro tampoco es tan exclusivo, así que…
—Ha sido Lila —espeto haciéndole callar—.Se ha puesto en plan Emma conmigo. Se le ha metido en la cabeza la loca idea de que necesito un novio y no para de citarme con chicos que piensa que le gustarán a Braden. No puedo negarme porque entonces sabrá que pasa algo. Lo único que hago es presentarme y hablar, eso es todo. Ni siquiera les doy mi número de teléfono.Todo es falso. —¿Falso?
—Claro. Solo acepto para que no se ponga a husmear. Además, si fuera una cita de verdad no le habría dejado ahí plantado para irme corriendo detrás de ti, ¿no?
Su cuerpo se relaja, la tensión abandona sus músculos y me separa de la pared tirando de mi cuerpo hacia él. Coloca mi cara en su cuello. Su forma de abrazarme me deja muy claro que no mentía cuando me dijo que no quería perderme.
Y no ha sido una reacción fruto de la rabia.Ha sido miedo de que ocurriera justo eso.
Le rodeo por la cintura y le abrazo con fuerza.
—No sé porqué he pensado…—se queda callado—.Soy un imbécil. Lo siento, Myri.
—No pasa nada.—Le doy un suave beso en el cuello—. Es muy probable que yo hubiera pensado lo mismo si hubiera sido al revés.
—No, nena, claro que pasa.No puedo acusarte de estas cosas solo porque yo tenga problemas ocultos.
—No me has acusado de nada.—Me echo hacia atrás y le miro a los ojos—.Si hubiera sido al revés probablemente yo habría entrado en el restaurante y le habría arrancado las extensiones a tu cita. Sonríe.
—No sé cómo he conseguido controlarme para no entrar a partirle la cara.
Le acaricio la espalda.
—Yo tampoco sé cómo lo has hecho.Yo ni siquiera soporto ver cómo te miran las demás chicas—le digo en voz baja.
—Si Braden no fuera mi mejor amigo… —Niega con la cabeza—. Se lo diría, pero no es tan fácil.—Inspira hondo—.Supongo que tendremos que ir sorteando el absurdo plan de Lila y seguir adelante.
—¿Pero y si al final empieza a ser evidente?¿Qué pasa si se dan cuenta de que tengo un motivo de peso para rechazarlos?
—Pues cuando lleguemos a ese punto cruzaremos ese puente juntos.
—No puede haber tantos tíos que no sean mi tipo.
—Oye, escúchame.—Vuelve la cara hasta que estamos de frente y nos rozamos la nariz—. Solo hay un tío que debe preocuparte si es tu tipo o no, todos los demás se pueden ir al infierno.Y por si acaso necesitas recordarlo, nena,aquí tienes un recordatorio.
Víctor me besa y cuela la lengua en mi boca con posesividad. La desliza por la mía con aspereza mientras me estrecha con fuerza. Mis manos trepan por su espalda, le agarro de los hombros y dejo que me sienta suya. Sé que esto es lo que necesita y la profundidad de ese beso que me tensa los músculos del estómago me indica que tengo razón.
—Me parece que me gusta este recordatorio —susurro cuando se separa de mí presionando su mejilla contra la mía—.Pero si en algún momento necesitas recordármelo del todo…
Me clava los dedos en la espalda.
—Si en algún momento necesito recordártelo del todo —vuelve la cara y sus labios quedan a escasos milímetros de mi oreja—,será un recordatorio que jamás olvidarás.


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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  jai33sire el Sáb Mar 19, 2016 4:01 pm

gracias por el capitulo siguele por faaaaaaaa

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  Bere el Dom Mar 20, 2016 1:41 am

Niña ya me urge capitulo siguele pronto

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  monike el Lun Mar 21, 2016 2:31 pm

Tengan un muy buen Inicio de semana...  bounce  

CAPITULO 14

VICTOR

Verla con otro tío —no me importa lo inocente o amigable que fuera su actitud—,aceleró una parte de mi cerebro que nunca se había activado por ninguna chica. Casi me desborda la necesidad de cogerla del brazo, sacarla a rastras de ese restaurante y empujarla contra la pared para besarla hasta dejarla sin sentido. Esta necesidad que siento de protegerla de todos los hombres de la ciudad —bueno, del estado entero—,es casi insoportable.
Nadie puede comprenderlo. Por primera vez en mi vida le estoy abriendo la puerta a alguien y dejo que se acerque al mismo tiempo que aprovecho lo que me puede ofrecer. Y ese es el problema. Yo me estoy aprovechando de lo que me ofrece Myriam, pero no le estoy dando nada a cambio, no le estoy dando lo que se merece. Y, sin embargo, y por algún motivo, ella sabe exactamente lo que parezco necesitar yo. Siempre lo sabe.
Por primera vez en mi vida me he permitido sentir emociones distintas a las que habitualmente me embrutecen la mente. La he dejado entrar. He dejado entrar a la única chica que sabía que podría desmontarme con una sonrisa o con una mirada de sus pequeños ojos azules; y me desarma. Siempre. Me deshace como si estuviera tirando del hilo suelto de una manta tejida a mano. Y lo único que puedo hacer es derretirme delante de ella.Y lo peor de todo es que quiero derretirme. Quiero explicarle todo lo que quiere saber.Quiero explicarle por qué con ella soy frío y calor, por qué la atraigo hacia mí para después alejarla. Pero si se lo digo podría tensar demasiado la cuerda. Si se lo digo podría alejarla de mí y dejarme engullir por el frío.
Decírselo significaría aceptarlo. Revivirlo. Recordarlo. Removerlo.
Aparte del viejo, ella es la única persona por la que he sentido algo. Ella es la única persona por la que he querido sentir algo, y lo que siento se está convirtiendo en una espiral que ya no puedo controlar. El sentimiento crece al mismo tiempo que aumenta mi necesidad por ella, que es mucho más intensa de lo que debería, mucho más adictiva de lo que debería. Porque ella es así. Es adictiva. El olor a vainilla de su pelo, la luz de sus ojos, el brillo de su sonrisa, la suave piel de su mano: cada parte de su cuerpo es una adicción.
Y aún hay más. Ella me ve. Ella no ve al imbécil que se folla todo lo que respira ni al chulito y arrogante bastardo que solo piensa en sí mismo. Puede que vea todas esas cosas, pero también ve lo que hay debajo de eso. Ella ve mi verdadero yo, la persona que nadie más se ha preocupado por conocer. Ella ve al Victor herido, al perdido, al destrozado. Y muy pronto Myriam cogerá todo eso y lo sacará a la luz en una conversación que me retorcerá las tripas.

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—No funciona —la voz de Myriam resuena por el pasillo—.Dile que deje de buscarme pareja.
—Yo no puedo hacer nada—contesta Maddie—.Ya sabes cómo es. Se cree que es cupido o algo así.
—Pero que haya logrado un éxito contigo y con Braden, bueno, una tercera parte de éxito, no la convierte en cupido. Ni a ella ni a mí.¿Es que no se ha planteado que igual estoy muy feliz tal como estoy?
—Tendrás que pedírselo tú. Yo solo les doy el visto bueno a los chicos, Myri. Tendrías que haber visto algunos de los idiotas que había elegido. Si llego a dejarla habrías tenido la sensación de entrar en un club de striptease, pero sin la parte sexy.
—No puedo más. —Myriam deja caer la cabeza sobre la mesa de la cocina justo cuando yo entro sonriendo.
—¿Qué tal?¿Tan duro es que te organicen citas? —Sonrío cuando ella levanta la cabeza.
—¿Y qué sabrás tú? —me espeta—. No sabía que te molestaras en averiguar el nombre de la chica con la que sales antes de quitarle las bragas.
—Touché —murmura Maddie.
—Pues a veces sí. Pero normalmente es lo único que pregunto.—Me encojo de hombros y me apoyo en el mostrador—.Es mejor que te follen como anónima que verte obligada a salir con un montón de niños bonitos.
—Claro, porque tú no tienes nada que ver con esa categoría.¿Cuánto has tardado en peinarte esta mañana? —Alza una ceja—.Probablemente más de lo que han tardado la mitad de las chicas de mi residencia, señor Maybelline.
—Estoy seguro de que podría hacer que te corrieras más rápido de lo que tardo en peinarme —le contesto observando cómo se le sonrojan un poco las mejillas—.Pero eso no significa que sea un niño bonito.
—Déjame adivinar,¿te convierte en un tío sexy?
Sonrío.
—Me alegro de que pienses eso.
—Yo no he dicho que lo seas, capullo. Era una pregunta, no una afirmación.¿Aún no has aprendido la diferencia?
Me acerco a la mesa y me inclino hacia ella.
—No, pero ese culo que tienes parece estar pidiendo a gritos una buena lección sobre las diferencias entre una palmada y un azote. ¿Quieres un profesor, Myri?
Se queda boquiabierta y peleo contra la necesidad de acercarme más a ella para cerrarle la boca. Por el rabillo del ojo veo cómo Maddie se ríe divertida y esbozo una sonrisa.
—Si alguna vez necesito que alguien me dé una clase de sexo pervertido —dice Myriam en voz baja inclinándose un poco hacia delante y presionando sus pechos entre sí. Está llevando esto al límite—, me aseguraré de encontrar un profesor que pueda manejar mi cuerpo como si fuera una guitarra y sepa tocar las cuerdas adecuadas en los momentos indicados, y no un universitario salido que solo busca aliviarse.
—¿Y cómo sabes que no soy yo ese guitarrista?
—¿Cómo puedo saber que lo eres? —me desafía sentándose con una sonrisa en los labios.
—Tardo diez minutos en arreglarme el pelo. Puedo conseguir que te corras en la mitad de tiempo—la amenazo y le prometo sin dejar de mirarla a los ojos—. Si puedes encontrar algún guitarrista capaz de hacer eso, te doy la enhorabuena, señorita Montemayot. Hasta entonces puedes imaginarte mis dedos punteando tu cuerpo como si fueran las cuerdas de una guitarra.
Cojo una manzana del frutero que hay entre nosotros y le guiño el ojo al salir de la cocina.
—¡Cerdo! —me grita.
Escucho la suave risa de Maddie y sonrío. A veces tener fama de ser un capullo al que solo le interesa meterse en las bragas de las chicas está muy bien, y en una situación como esta, en la que Myriam me está poniendo a tono, es un punto a favor.
Me apoyo contra la pared exterior de la casa de la fraternidad, me termino la manzana y tiro el corazón a la papelera. Veo a Braden haciendo estiramientos junto a la casa y corro hacia él. —¿Preparado para correr?
Levanta la mirada y coge dos botellas de agua.
—Pensaba que tu perezoso culo seguía en la cama.
—Pues sí, pero me ha parecido mucho más divertido bajar a cabrear a Myriam.—Me encojo de hombros, sonrío y empiezo a correr seguido de Braden.
—No sé por qué lo haces, tío. Uno de estos días te arrancará las pelotas.—Niega con la cabeza.
—Es demasiado irracional para hacer eso. Se enfada con demasiada facilidad como para siquiera considerar el arrancarme las pelotas.
—Sí, pero ¿no has oído los métodos vengativos de Kay? La semana pasada oí como le contaba a Maddie que quería coger el cuchillo de la mantequilla para cortarle los huevos a un gilipollas y servirlos en el menú de la cafetería junto a un trozo de pescado para representar a la fulana que creía que podía tirarse después de ella. —Inspira hondo y yo esbozo una mueca de dolor.
—¡Ay!¿Quién la cabreó así?
—Tío, no tengo ni idea, y creo que no quiero saberlo.
—Espera —reflexiono—. Pensaba que era lesbiana.
—Bisexual —me corrige—. Le van las dos cosas.
—Vaya tío.¿Entonces nosotros tampoco estamos a salvo de esa gritona? —Niego con la cabeza—. Qué miedo.
—Exacto —me asegura—.Oye, los chicos y yo estábamos pensando en irnos a San Francisco mañana por la noche y pasar allí el fin de semana. Maddie y Lila también vendrán, pero no sé si Myriam se apuntará.
En cuanto Braden menciona mi ciudad natal me pongo tenso y se me hace un nudo en el estómago. Está cerca de Berkeley y al mismo tiempo muy lejos. El niño de seis años que se marchó de San Francisco es una persona completamente distinta del Victor de diecinueve años que vive en Berkeley, pero eso no significa que sea un lugar al que quiera volver.
—No creo que vaya —contesto intentando controlar el temblor que me tiñe la voz—.El domingo tengo que ir a ver a mi abuelo. Ese viejo chocho casi me azota con el bastón por no aparecer por allí el fin de semana que fuimos a Las Vegas.
Braden se ríe de mi anécdota, que además es completamente verídica.
—Está bien, está bien. Entonces será mejor que te quedes aquí como un buen gilipollas y te tires a otra pobre chica.
Ese es el plan. O no. Pero él no tiene porqué saber lo que pienso hacer en realidad.
Nos paramos un segundo a beber agua y recuperar el aliento y yo aprovecho para sacarme el móvil del bolsillo.
«¿Vas a ir a San Francisco?»,le pregunto a Myriam por mensaje.
Ella me contesta al instante:
«No lo sé.¿Y tú?»
«No. No vayas».
«Está bien. No iré».
Me lo vuelvo a meter en el bolsillo y me encuentro con los curiosos ojos de Braden.
—¿Qué?
—Creo que nunca te había visto mandarle un mensaje a nadie.¿Por fin te has decidido a darle tu número a alguna chica?
Resoplo.
—No seas idiota. Si hiciera eso no tendría ni un momento de paz. Imagínate, entre ellas, Ryan y tú.
—Muy cierto.—Braden asiente y volvemos a salir corriendo en dirección a la casa de la fraternidad. Tenemos que prepararnos para ir a clase.
Nos cambiamos rápido y nos encontramos fuera para ir a clase de Literatura. Maddie y Myriam nos están esperando cuando bajamos y Myriam da unos impacientes golpecitos con el pie.
—¿Estáis listas ya, chicas? Algunos queremos aprobar —dice con sarcasmo.
—Venga, Myri —murmura Braden cogiéndola de la mano—. Tú podrías aprobar esta asignatura estando en coma. Estoy seguro de que ya te has leído todos los putos libros que tenemos asignados para este semestre.
Ella le da una colleja y maldice entre dientes.
—¿Porqué has hecho eso?
Maddie le golpea el pecho con los libros.
—¡Ese lenguaje!
—Hablas como mi madre —murmura.
Myriam le sonríe a Maddie y mira a Braden.
—Solo porque tengas razón sobre el tema de la lectura, no significa que tenga que gustarme. Quizá si prestaras un poco de atención aprobarías sin tener que espiar por encima de mi hombro cada vez que tenemos algún trabajo.
—¿Por qué no se me habrá ocurrido hacer eso?—Miro a Braden.
—Porque por lo visto tú ya eres un puto genio —gruñe—.¿Es que soy el único tonto del grupo?
—Tú no eres tonto —le tranquiliza Maddie—.Solo eres un poco más lento que nosotros.
—¿Sabes qué, cielo? Es una suerte que te quiera tanto.
—Yo también lo creo.—Sonríe—.Significa que puedo decirte exactamente lo que piensa todo el mundo.
La mira como diciendo que ya la pillará más tarde y la sonrisa de Maddie se acentúa.
—Un momento.—Myriam se detiene mirando fijamente a Braden—.¿Acabas de llamar genio a Victor?
—Sí.
—Esas son dos palabras que jamás pensé que llegaría a escuchar en la misma frase.
—Que te den.—Le tiro del pelo y ella me golpea con la mano.
—No estoy de broma, Myri. Este chico se graduó con un promedio de 3,8.
Myriam me mira alzando las cejas y los ojos llenos de sorpresa.
—¿Ah, sí? Me encojo de hombros.
—Alguien tiene que ser el listo.
—Ahora en serio. ¿Es verdad?
No está actuando. Está sorprendida de verdad y no sé si molestarme ante tanta sorpresa.
—Sí.
—No me puedo creer que tengas el mismo promedio que yo. No pareces tan listo.—Esboza una sonrisa traviesa y sé que esa sonrisa es para Braden y Maddie.
Le abro la puerta de clase y la miro cuando pasa por mi lado. Mi mano le roza la cadera.
—No todo el mundo es lo que parece, Myriam. Ya deberías saberlo.
Ella levanta la cara para mirarme. Sus impactantes ojos azules están llenos de preguntas que pronto tendré que contestar.
—Y lo sé. Pero me gustaría que esas personas confiaran en quienes se preocupan por ellas.—Pasa por mi lado en dirección a nuestro sitio. Yo me muerdo el labio inferior y la sigo.
—Quizá no se trate de falta de confianza —le digo—.Puede que hayan olvidado cómo hacerlo.
Myriam coloca bien sus libros sobre la mesa y vuelve la cabeza hacia mí muy despacio.
—Entonces quizá debieran abrir los ojos y darse cuenta de que la persona en la que necesitan confiar está justo delante de ellos. Puede que deban abrirse y compartir su carga para no tener que llevarla en solitario.
—No se puede compartir todo. No todas las cicatrices están en el cuerpo. Algunas cicatrices se llevan en la cabeza. Hay heridas que no se ven. Están dentro, enterradas tan profundamente que jamás sanarán.
Su mirada es seria y dulce.
—Que una cicatriz no pueda sanar no significa que no se pueda aliviar —susurra.
Vaya. Tiene toda la razón. Y este es el fin de semana perfecto. Podría aprovechar que se va todo el mundo.¿Pero estoy preparado? No lo sé.
No sé si algún día estaré preparado para hablar de mi infancia, pero si quiero conservar a Myriam no tengo otra alternativa.
Si quiero que esta chica siga entre mis brazos y seguir disfrutando de esta relación secreta, tendré que ser sincero con ella.
Inspiro hondo y tomo una decisión de la que sé que me arrepentiré.
Una decisión que lo cambiará todo.
Una decisión que me cambiará a mí.
—A veces la verdad es demasiado fea y oscura para algunas personas —le advierto.
Una decisión que la cambiará a ella.
—A veces no basta con sacarle el polvo a una versión superficial de la verdad—me contesta.
Una decisión que nos cambiará a los dos.
—¿De verdad crees que la oscuridad es mejor que la luz?
Ella asiente.
—A veces. A veces hay que perderse en la oscuridad para aprender a apreciar la luz.
—Este fin de semana —bajo la voz hasta que apenas se me oye—.No te puedo prometer nada.Solo puedo prometerte lo que hay.
Me guiña el ojo y veo que le tiembla la mano. Cierra el puño y se lo apoya en el regazo.
—Hasta ahora me he conformado con tener solo una parte de ti. Estoy segura de que puedo esperar un poco más para tenerte entero.
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No me gusta amanecer después de una noche de sueño inquieto, pesadillas recurrentes y terroríficos flashbacks. Ahora que los demás se han ido a San Francisco, Myriam puede entrar y salir de la casa con más tranquilidad. Si alguien pregunta dirá que tiene la llave de la habitación de Braden y que se ha dejado unos libros allí. Si alguien quiere saber porqué está en mi habitación, diremos que le pedí prestado uno de sus libros. No es una gran excusa, pero tampoco es que a los que están por aquí les importe mucho. Aunque no lo digan, todos se mueren por meterse en sus bragas.
—¿De verdad quieres saberlo? —La miro desde la otra punta de la habitación.
Sus ojos de color azul cielo están abiertos como platos. Su mirada sincera se posa sobre mis ojos recelosos. Se pega las rodillas al pecho y se muerde la uña del pulgar asintiendo muy despacio.
Me siento en la cama delante de ella y los muelles crujen bajo el peso de mi cuerpo. Miro por la ventana.
—No es algo agradable de oír —le advierto.
—Quiero ayudarte —me contesta con suavidad acercándose un poco más a mí—.Pero no puedo hacerlo si no te entiendo, no del todo. Y yo quiero ayudarte, Victor, quiero comprenderlo. Quiero saberlo todo de ti.
Inspiro hondo. Ya no importa si estoy preparado, ahora es demasiado tarde para echarse atrás. Tengo que contárselo todo, explicarle cosas que nunca he dicho en voz alta. Y por algún motivo, cuando la miro a los ojos, encuentro la fuerza en mi interior para empezar a hablar.
—No tengo ni idea de quién es mi padre. Mi madre se quedó embarazada a los diecisiete años de un tío que ni siquiera conocía.—Mi tono de voz es duro y la amargura envuelve todas mis palabras—.Me mandaba con mi abuelo siempre que podía, no estaba hecha para ser madre, por lo menos a los diecisiete años. Mi viejo dice que tuvo una depresión posparto, pero a ella no le importaba. En absoluto. Si le hubiera importado podría haber ido a un médico en lugar de automedicarse con alcohol y la droga más barata que pudo permitirse.
»Los servicios de protección al menor estuvieron en contacto con nosotros hasta que tuve dieciséis años, momento en el que consideraron que ya era una persona estable. Una vez robé mi expediente y lo leí. Decía que mi madre se mudó a un diminuto apartamento mugriento cuando yo tenía dos años, y aunque los vecinos no dejaban de quejarse de que había un niño que no dejaba de llorar y pasaba muchas horas solo, cuando venían a visitarnos todo estaba en orden. Yo estaba limpio, el apartamento estaba limpio y ella también. No podían hacer nada sin pruebas.—Las vistas que tengo desde mi habitación no tienen nada que ver con el paisaje del distrito Tenderloin de SanFrancisco—. A pesar de la zona donde vivíamos, cuando venían a vernos ella siempre se las arreglaba para que pareciera que vivíamos en otro sitio.
»No tuve que leer el informe con mucho detalle.Mis recuerdos se remontan a cuando tenía cuatro años y se dilatan durante los dos años siguientes. Padrastros que iban y venían sin parar. Todos iguales. Siempre eran tipos grandes, tatuados y estaban más colgados de las drogas y el alcohol que ella. Todos me odiaban a muerte.
«Sucio engendro de una prostituta. Maldito enano. Pequeño pedazo de mierda».
—Lo demostraban siempre que ella se iba a ganar dinero, cuando se iba a vender su cuerpo a algún tío rico para poder pagar las drogas que necesitaba, tanto ella como el pobre bastardo que se estuviera tirando en ese momento. Y entonces es cuando empezaba todo.
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—Mamá —lloriqueé arrinconándome en la cocina y abrazando mi apestoso conejito con fuerza. Él se cernía sobre mí. No sabía su nombre. Nunca sabía cómo se llamaban. Nunca se quedaban el tiempo suficiente como para que llegara a conocerlos.
—Tu mamá no te oye —se burlaba de mí--. Esta ocupada prostituyéndose para traerme una buena mierda. Se le da muy bien hacer de puta.
—Quiero a mi mamá.—Me arrastré contra el rincón y el enchufe se me clavó en la piel desnuda de la espalda. Las lágrimas asomaron a mis ojos y me hice un ovillo asustado del gigantón que tenía delante. El olor a alcohol de su aliento cayó sobre mí y me tapé la nariz y escondí la cara. No servía de nada. Incluso entonces ya sabía que no me tocaría la cara, nunca lo hacían.
—Los golpes en la cara eran demasiado evidentes. Pero un moretón en la espalda era mucho más seguro; también me golpeaban en las piernas, incluso en el estómago. Nadie pedía explicaciones. Y cuando lo hacían siempre recibían la misma respuesta:
—¿Esto? —Mamá me acarició la espalda con suavidad sin dejar de mirar al trabajador social a los ojos—.Fuimos al parque hace unos días y este tontorrón pensó que podía columpiarse en las barras. Me di la vuelta un segundo porque me llamó una amiga y se golpeó la espalda contra el suelo. No le tiene miedo al peligro. He intentado explicárselo, pero solo tiene cuatro años. Vinimos a casa y limpiamos bien la herida.¿A que sí, colega?
Sus ojos de color gris azulado se posaron sobre los míos y vi brillar una pizca de miedo. Asentí. —Mamá me curó.—Se inventaba que me había caído de la mesa, un tropezón con una grieta de la acera, un resbalón en las escaleras de la puerta del apartamento. Siempre encontraba alguna excusa. Jamás me llevaba al médico y siempre era culpa mía. Nunca de ellos.
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El vaso se estrelló tan fuerte contra la pared que se rompió. Yo grité y resbalé en el charco que se formó en el suelo cuando intentaba escapar a mi habitación en busca de refugio. Caí de rodillas y el miedo palpitó por todo mi cuerpo. Sollocé, lloré y gimoteé. Traté de tomar aire pero tenía la garganta atenazada. Estaba desesperado. Me arrastré por el suelo tratando de escapar de la rabiosa sombra que se acercaba a mí. Me corté la palma de la mano con el cristal y volví a gritar. La sangre se mezcló con el alcohol que había en el suelo y dibujó extrañas formas. Entonces alguien aporreó la puerta.
—Maldito bastardo escandaloso —rugió el hombre cogiéndome del suelo. Yo me resistí y acercó su boca a mi oreja—.Estate quieta, maldita rata, o te azotaré con el cinturón en la espalda.—Me quedé inmóvil—. Buen chico.
Se abrió la puerta. Fuera aguardaba la anciana que vivía al otro lado del rellano. Tenía una expresión de preocupación en la cara.
—He oído un golpe y un grito.¿Va todo bien?
—Sí. El chico ha roto mi vaso cuando me he despistado un momento y ha intentado recogerlo. Se ha cortado la mano un par de veces. Si no le importa será mejor que vaya a limpiarle los cortes.—Le cerró la puerta en las narices.
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—Ella lo sabía. Siempre lo sabía. Pero nunca le importó mucho. A ella solo le importaba poder meterse otra dosis de esa mierda en la sangre o esnifar otro gramo.Por lo único por lo que se preocupaba era por el fondo de su vaso.
—Algún día quizá puedas sernos útil y podamos mandarte a ganar algo de dinero; así no tendrá que ir la puta de tu madre.
Un puño. Otro moretón.
«Ella solo sirve para eso, para follar. Y eso es lo único que sabrás hacer tú».
Una patada en la espalda.
«Nadie te querrá nunca.Cuando se enteren de lo puta que es tu madre todo el mundo te despreciará».
Un golpe en la cabeza contra la pata de la silla.
«Solo sirves para hacer lo mismo que ella. Nadie se preocupará nunca por ti».
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—Para —susurra una voz suave y dolida. Me coge de las mejillas con ternura y me da un beso en la frente—. Ya puedes parar.
Abro los ojos. Debía haberlos cerrado mientras deambulaba perdido por mi cabeza. Los ojos azules de Myriam están llenos de lágrimas.
—Ya puedes parar —repite—. Aquí estás a salvo. Conmigo estás a salvo.—Me acaricia la mejilla y una lágrima resbala por la suya—.Estás a salvo.
La niebla empieza a aclararse, los recuerdos se alejan y la veo con claridad. No quiero volver a ver el dolor que le agria la expresión.Es culpa mía.Por eso no quería decírselo. Por eso no quería abrir esa caja cerca de ella.
—No llores por mí, nena.—Le paso el pulgar por debajo del ojo—.No merezco tus lágrimas.
Ella asiente.
—Claro que sí.Te mereces todas las lágrimas de mi cuerpo.
—No —la contradigo apartándome de ella. Me levanto de la cama y empiezo a pasear por la habitación.Esas viejas palabras han abierto las heridas y han reavivado todas las emociones que tanto me había esforzado por mantener a raya.Me han recordado lo que soy. Me recuerdan el valor de mi vida y de mi cuerpo—. No te merezco. ¿Es que no lo entiendes? Tenían razón, Myri.No valgo nada.Estoy demasiado hecho polvo. Todo lo que decían, cada vez que me decían que no valía nada, cada vez que me decían que nadie me querría nunca…
—Se equivocaban —dice con un hilo de voz decidido—.Todos se equivocaban. Nada de eso es verdad. Eran todo mentiras.
Apoyo las manos en la pared y aprieto los dientes.
—No.Tenían razón.Hasta el último de ellos.Estoy destrozado.Estoy roto, solo soy un montón de piezas desparejadas encajadas de cualquier forma.
Los muelles de la cama chirrían y el suelo cruje. Una suave mano me toca la espalda y otra me rodea el tenso bíceps.
—No tenían razón.Estaban a miles de kilómetros de tener razón.
—No lo sé.
—Pero yo sí.—Me rodea el brazo y apoya la cabeza sobre mí.Me coge con más fuerza y apoya la cara contra mi hombro—.Se equivocaban porque yo sí te quiero. Te quiero de pies a cabeza, incluso las partes rotas y las piezas que no encajan.
La miro a los ojos.
—¿Porqué?¿Porqué? Yo no puedo darte lo que quieres.No puedo darte días soleados y arcoíris.Yo no puedo darte cachorritos y peluches.Yo no puedo darte el amor perfecto que te mereces.
—Yo no quiero un amor perfecto, y si quisiera días soleados y arcoíris me iría a la escuela a visitar a los niños de preescolar.
Me separo de la pared y Myriam baja las manos.
—Siempre acabaré reducido al sexo.No hay nada dentro de mí, nena.Estoy vacío.
—Mientes.
—¿Ah, sí? —Me doy media vuelta y le clavo los ojos.Estoy mintiendo, pero es lo mejor—.¿Estoy mintiendo?¿Crees que siento algo cuando me llevo a una chica a la cama un sábado por la noche? ¿Crees que siento algo que no sea sexual?
Se hace el silencio y me odio a mí mismo. Me odio por alejar a la única persona que quiero a mi lado.
—Ya sé que no sientes nada que no sea sexual cuando te llevas a una chica a la cama un sábado por la noche.
Esto es más doloroso que las patadas que me daban de niño.
—¿Y porqué sigues aquí?
—Porque yo no soy una cualquiera —dice con seguridad clavándome los ojos—.¿Crees que soy tonta, Victor?Acabas de desnudarme tu alma.Me acabas de confesar tus secretos más profundos, los más oscuros.Y ahora estás intentando alejarme de ti.¿A quién intentas proteger?¿A mí o a ti? ¿No sientes nada por mí cuando me llamas nena?¿No sientes nada por mí cuando me abrazas?¿De verdad no sientes nada por mí cuando estamos juntos? Adelante.¡Dímelo! Dímelo ahora mismo. Mírame a los ojos y dime que no sientes nada y saldré por esa maldita puerta.Dime que no te importo.
No puedo.
—¡Dímelo!
Y ella lo sabe.
—¡Venga!
—¡No puedo! —le grito—.¡No puedo decirte eso! Y ese es el problema.Tienes que marcharte. Tienes que irte porque yo no puedo decírtelo.Tienes que protegerte de mí porque yo no puedo alejarme de ti.
—¡Pero yo no quiero que lo hagas!—Cruza la habitación conbrío—.¡No quiero que te alejes de mí!—Se para delante de mí con el pecho agitado y sigue hablando con un tono de voz más pausado—:No quiero que te marches.
«Nadie te querrá. No le importarás nunca a nadie.No vales nada.Eres el hijo de una prostituta.Eres un inútil».
La cojo y la estrecho entre mis brazos enterrando la cara en su pelo. Estoy temblando. La necesito, no sé por qué, pero la necesito más de lo que he necesitado nada en toda mi vida.Ella es lo único que puedo sentir.Ella logra que quiera arrancarme las piezas que no encajan y volver a encajarlas en los lugares indicados.Ella despierta algo en mi interior, un deseo de vivir, un deseo de amar. Cuando siento sus brazos alrededor de mi cintura, sus manos sobre mi espalda y su cabeza contra mi cuello, me siento como en casa.
Myriam me hace sentir como en casa.



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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  Bere el Mar Mar 22, 2016 12:15 am

Gracias Niña estaba desesperada por el capitulo

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  jai33sire el Mar Mar 22, 2016 12:07 pm

Gracias por el capitulo, siguele por faaaaaaa

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  Eva Robles el Mar Mar 22, 2016 12:29 pm

Muchas gracias por el capitulo muy bueno siguele por favor

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  monike el Mar Mar 29, 2016 4:51 pm


CAPITULO 15

MYRIAM


—¿Nunca te contó nada sobre tu padre? —pregunto dibujando círculos en el brazo de Victor con la yema del dedo.
—No.El viejo me contó hace unos años que mi madre se fue al cumpleaños de una amiga y algunas semanas más tarde descubrió que estaba embarazada.Les juró que solo había estado con él,pero no se acordaba de su nombre—contesta—.Pero me da igual.Tengo a mi abuelo y eso es lo que importa.Él estuvo allí cuando no tenía a nadie más.
—Parece un hombre alucinante —le digo echando la cabeza hacia atrás para mirar sus ojos grises—. Ahora me resulta más fácil entender de dónde lo has sacado tú.
Victor hace un sonido de incredulidad.
—Yo no soy alucinante, nena.Ni mucho menos.
—Lo bueno de verte desde fuera es que puedo ver cosas que tú no puedes —le discuto—.Puede que ahora no te des cuenta,incluso es posible que nunca llegues a verlo,pero lo eres.—Le acaricio la cara deslizando el pulgar por su mejilla y rozando la barba incipiente que le cubre la mandíbula.Y no estoy mintiendo,yo puedo ver todo lo que él no puede. Yo puedo ver su belleza escondida tras los desagradables recuerdos de su pasado. Solo tiene que dejarla brillar a través de ellos.
—Si tú lo dices. —Me coge la mano y besa muy despacio cada uno de mis dedos.
—Siento hacerte recordar esas cosas —le digo en voz baja.
—Yo no —me contesta con firmeza—.Yo no lo lamento.Ayer tenías razón.Tienes que perderte en la oscuridad para apreciar la luz. Mi cabeza está llena de oscuridad y horrores,pero cuando te miro a los ojos es como encontrar la luz que brilla al final del túnel,la luz que jamás creía que encontraría.
Extiendo la palma de la mano sobre su mejilla,él apoya la suya encima y me acerco hasta que nuestros labios se rozan.
—Eso me gusta.Me gusta hacerte sentir así.
—Es verdad. ¿A quién más iba a amenazar con azotarla sobre la mesa de la cocina? —Esboza una mueca divertida y un atisbo de la luz habitual vuelve a sus ojos haciendo retroceder la oscuridad.
—Estoy segura de que podrías encontrar a alguien.—Encojo un hombro.
—Es probable,pero no quiero encontrar a nadie.—Se vuelve a poner serio y deja resbalar la mano por mi brazo hasta dejarla en mi espalda—.Tengo que decirte otra cosa, pero me tienes que prometer que no te enfadarás y te marcharás.
—No.Me.Voy.A.Ir.—Pongo un énfasis especial en cada palabra—.¿Está claro?No me voy a ir a ninguna parte.
Por un segundo veo brillar en sus ojos un atisbo del niño que lleva dentro y se me rompe un poco el corazón. El dolor que intuyo en él me agrieta el alma.
—Hace unas cuantas noches fui a un bar.Es un local de mala reputación.Y fui porque quería demostrarme que no soy como era mi madre. — Vuelve a cerrar los ojos, se recompone y los vuelve a abrir—.Sabía que si entraba allí y salía acompañado de alguien no sería mucho mejor que ella.
Tragos aliva intentando no poner ninguna cara mientras noto como la bilis trepa por mi esófago. Me pongo completamente tensa,pero hay una parte de mí que está convencida de que no lo hizo. Él es fuerte.Y una parte de mí tiene que creerlo.
—¿Y?
En apariencia mi voz es tranquila, pura fachada, pero estoy furiosa por dentro.Me pone furiosa pensar que lo haya intentado, estoy furiosa contra las personas que lo han hecho así y por las palabras que tantas veces ha debido escuchar de quienes pretendían hacerle creer que no es mejor que su madre.
—No pude.Aguanté cinco minutos como mucho;tuve que marcharme.Tuve que huir.No era yo.—Me mira a los ojos—.Y tú eres el motivo de que me fuera. Bueno, tú eres el motivo por el que fui. Me dije a mí mismo que si iba y me marchaba solo significaría que soy lo bastante bueno para ti. Si me marchaba solo significaba que me importas y que tengo sentimientos.Si me marchaba solo significaba que no estoy vacío por dentro.
—No estás vacío por dentro. —Me apoyo sobre un codo y le miro mientras le paso los dedos por el pelo—.Claro que sientes.Ya debiste sentir algo para ir a ese sitio.Y eso de ser lo bastante bueno para mí…— Niego con la cabeza—.¿Quién lo decide?¿La sociedad?¿Un programa de televisión?¿Una novela romántica?No.Ni siquiera Braden puede decidir eso, Victor. La única persona que puede decidir si alguien es lo bastante bueno para mí, soy yo,y yo digo que eres perfectamente digno de mí. Me pone el pelo detrás de la oreja.
—¿Cómo lo sabes?
Sonrío un poco.
—Bueno,no eres el señor Darcy, pero ya sabes…
Victor pasea los dedos por mi costado haciéndome cosquillas y yo caigo de espaldas en la cama riendo. Se tumba encima de mí, mete la pierna entre las mías y me inmoviliza con la cadera. Su mano trepa por mi cuerpo hasta encontrar la mía y entrelaza los dedos con los míos.
—«Usted me ha embrujado en cuerpo y alma» —susurra mirándome a los ojos—.He olvidado el acento, pero supongo que bastará.Cuando te miro es lo único que soy capaz de recordar de ese libro.
—Es una de mis frases preferidas.—Sonrío—.¿Te hago olvidar cosas muy a menudo?
—A todas horas.—Me besa con suavidad durante un buen rato.
—No me puedo creer que conozcas a Jane Austen —reflexiono en voz alta apartándole el pelo de la cara.¿Cuántos hombres conocen la obra de Jane Austen? Cada día me sorprende un poco más.
—Fue el primer clásico que me hizo leer mi abuelo.Tenía ocho años.—Se apoya la cabeza en la mano—.Me dijo que aunque al principio Darcy era un pretencioso, si crecía y acababa amando a una mujer igual que él amaba a Elizabeth al final del libro,habría hecho un buen trabajo conmigo.—Me acaricia la cara con un dedo.
—Te dio ese libro para enseñarte a respetar a las mujeres —digo asombrada—. Quería que descubrieras el viaje que hizo Darcy hasta llegar a respetar y amar a Elizabeth y lo aplicaras a la vida real.Tu abuelo es un genio.
—Le diré que le has llamado genio.—Sonríe.
—Ya se lo diré yo misma si le conozco algún día.
—Si quieres te lo presento.
—¿De verdad?
Victor asiente.
—Ya te he contado lo peor.El viejo…Bueno, estoy seguro de que estará encantado de poder hablar con alguien que disfruta de verdad comentando las mayores historias de amor de la literatura.Yo no tengo mucha paciencia para esas cosas.
—Me encantaría conocerle —le digo con sinceridad—.Y hablar con él sobre las mayores historias de amor de la literatura.
—¿Mañana? —me pregunta Victor dejando asomar a sus ojos a ese niño otra vez. Entonces me doy cuenta de que me está dejando entrar en su corazón. Al llevarme a conocer a su abuelo me está entregando otra parte de él. Me está permitiendo conocer a la persona que mejor lo conoce. La única persona que conoce a ese niño que lleva dentro.
Deslizo la yema del pulgar por su labio superior.
—Mañana.Me aseguraré de llevar al señor Darcy.
—No te hará falta.—Me vuelve a mirar, atrapa mi labio inferior entre los suyos y succiona con delicadeza—.Yo seré el señor Darcy en carne y hueso.
—Pero tú no llevas sombrero de copa y chaqué —protesto entrelazando las manos por detrás de la cabeza.
—¿Y para qué los quiero? Acabarían en el suelo de todos modos.
Me río y él me vuelve a besar presionándome con su cuerpo.
—Supongo que tienes razón.

Me siento como si tuviera quince años y me estuviera colando en mi habitación después de quebrantar el toque de queda.
No pretendía quedarme en la casa de la fraternidad ayer por la noche, pero ocurrió. No podía marcharme después de que Victor me lo contara todo.No podía dejarlo solo con los recuerdos que le había hecho desenterrar.
Por eso ahora salgo a hurtadillas vestida con la ropa de ayer para ir a cambiarme a toda prisa.Me va a llevar a conocer a su abuelo.
Bajo las escaleras en silencio esperando que todo el mundo siga en la cama o haciendo lo que sea que hagan un domingo por la mañana. Pero me quedo helada al escuchar la voz grave de Kyle. —¿Una rubia? —pregunta.
—Sí, pero no vi quién era. Por lo que sé ayer por la noche seguía en su habitación.
—¿Estás diciendo que Victor no bajó a por ninguna chica? Mierda.
Me llevo la mano a la boca para reprimir la retahíla de tacos que me asalta. Miro en dirección a la puerta principal.Si doblo la esquina ahora,quien quiera que esté fuera me verá y sabrá que yo era la chica que estaba en su habitación.
—¿Era Myriam? —pregunta una voz y yo me muerdo la lengua.
—No.Braden lo mataría.
Exacto.Me quito las deportivas y subo las escaleras descalza.Me tiemblan las manos mientras rebusco la llave de Braden en el bolsillo de los vaqueros. La saco y la meto en la cerradura.Me cuelo en su habitación y cojo uno de mis libros de su escritorio.
Gracias, Braden, por esa necesidad continua que tienes de copiar mis apuntes de literatura.
La puerta se cierra a mi espalda y me vuelvo a poner las deportivas.Sé que tengo una pinta horrorosa —es normal, es domingo—,pero bajo las escaleras con despreocupación de todos modos. Kyle y el otro chico, Mark, me miran cuando aparezco en su campo de visión.
—Buenos días. —Sonrío y los saludo con la mano.
—Vaya —dice Kyle sorprendido—.Si que has venido pronto.
Levanto el libro.
—Braden me ha vuelto a coger los puntes. Menos mal que tengo una llave de su habitación.
—¿En serio? —Mark entorna los ojos y me mira con recelo.
—Tengo el libro en la mano,¿no?¿Quieres subir conmigo para que te enseñe la cantidad de mis libros que siguen en su mesa? —me ofrezco señalando las escaleras con más tranquilidad de la que siento—.Tampoco es para tanto.
—No, tienes razón —dice relajándose.
—Genial.—Finjo una sonrisa—.Me encantaría quedarme a charlar, pero tengo deberes.Nos vemos.
—Adiós, Myri.—Kyle se despide con la mano cuando me vuelvo y yo me marcho de la casa de la fraternidad.
Cuando se cierra la puerta suelto todo el aire y me obligo a caminar en lugar de salir corriendo. Mierda. Ha estado cerca, muy cerca, y he utilizado mi mejor excusa para explicar por qué estoy en la casa de la fraternidad cuando Braden no está y las chicas tampoco.

—¿Dónde narices estabas ayer por la noche?
La voz de Kay me provoca una punzada de pánico. Dios.¿Es que hoy no me van a dar un respiro? —¿Por qué quieres saberlo? —le pregunto entrando en la residencia.
—Porque vine a invitarte a una fiesta —y no hablo de una de las juergas de esos capullos de la casa de Braden—, y no estabas.¿Dónde andabas?
Apoyo la mano en el marco de la puerta sonriendo y adopto una técnica evasiva.
—¿Te gustaría saberlo?
Ella se ríe.
—Pues claro que me gustaría.¿Por fin has echado un polvo?
Abro la puerta.
—¡Una dama nunca desvela sus secretos! —Y la cierro de un portazo antes de que pueda seguir interrogándome.
—¡Asquerosa! —grita aporreando la puerta—.¡No pienso olvidarme de esto!
—¡Ya lo sé! —Pero por lo menos ahora tengo tiempo para pensar una excusa.
Dejo escapar un largo y torturado suspiro y apoyo la frente en la puerta.¿Quién dijo que mantener una relación secreta era una buena idea? Ah, sí, fui yo. Pero eso fue antes de que la relación secreta se convirtiera en algo complejo. Lo que tenemos Victor y yo ya no tiene nada que ver con el clásico coqueteo de dos chicos pasando el rato juntos.Ahora nuestra relación está profundamente entrelazada con un pasado lleno de recuerdos terribles que ni siquiera puedo empezar a imaginar, voces que jamás escucharé y recuerdos que nunca llegaré a ver del todo. Esto no es solo una aventura universitaria pasajera o algo con lo que pasar el rato. Esto es real. Es todo lo real que puede ser una relación. Estiro los brazos y dejo el libro sobre la cama. No me importa que resbale hasta el suelo. Me desnudo camino de la ducha. Una rápida ducha de agua caliente debería relajar la tensión que he acumulado por culpa de los sustos de esta mañana.Demasiados en un período de tiempo muy corto. Hay un número limitado de excusas que podré inventar antes de que la verdad salga a la luz, y sé que ese momento será más explosivo que la celebración del año nuevo chino.
Salgo de la ducha y empiezo a prepararme, pero me quedo demasiado tiempo delante del armario. Supongo que este momento es el equivalente a conocer a los padres,¿no?
Así que es importante dar una buena impresión aparte del tema de la literatura. ¿Pero qué narices se pone una para conocer al abuelo de su pareja?
El cielo gris que veo por la ventana hace que me replantee la idea de ponerme falda.Al final me decido por un par de vaqueros, una camiseta colorida y un cárdigan envolvente.
Me seco el pelo con el secador, me lo recojo con un clip que tiene una florecita en la punta y me pongo un poco de maquillaje. Mi móvil vibra y leo un mensaje de Victor:
«Cuando quieras».
«Dame cinco minutos».
Convencida de que al final será un día soleado, cojo una chaqueta ligera y unas gafas de sol y salgo de la habitación. El cielo solo se ha oscurecido un poco.No lloverá.De momento.

No tardo mucho en llegar al centro y, una vez allí, me encuentro a Victor aparcado exactamente donde dijo que estaría. Doy unos golpecitos en la ventana del coche sonriendo y él se inclina hacia delante para abrirme la puerta.
Cuando me subo al coche, se vuelve a inclinar sobre el cambio de marchas para besarme. —Arriesgado —murmuro.
—¿Y que me vean en un coche contigo no lo es? —me contesta divertido.
Yo me saco las gafas del bolsillo de la chaqueta y me las pongo.
—Mira. Voy de incógnito.
—Sigues pareciendo tú.—Sonríe y arranca—.De todos modos no vamos a pasar por el campus.Y aún es pronto, dudo mucho que haya mucha gente conocida por la calle.
—Eso espero.Si fuera Pinocho ya tendría la nariz de tres metros de las mentiras que he tenido que decir esta mañana.
—¿A quién? —Me mira.
—A Kyle y Mark y luego a Kay —gruño—.Kyle y Mark creen que fui a la casa a coger un libro de la habitación de Braden,y Kay cree que he pasado la noche con un chico.
—Cosa que es cierta.¿Y no lo sabe?
—No. No lo sabe.Le cerré la puerta en las narices.
—No te dejará en paz hasta que le digas algo.
—Ya lo sé.Pero así tengo tiempo de inventarme una excusa decente para no tener que decirle con quién estaba.
Suspira.
—Ya sabes que se lo dirá a Lila y a Maddie y no te dejarán en paz, ¿verdad?
Me pongo el pelo detrás de la oreja y me muerdo la uña del pulgar.
—Sí —murmuro—.Pero no me ha dado tiempo de pensar nada.Aún estaba asustada del encontronazo con Kyle y Mark.Me ha cogido desprevenida.Soy una novia secreta espantosa.
—Me encanta.
—¿Qué sea una novia secreta espantosa? —Le miro frunciendo el ceño mientras aparca en la puerta de una pulcra casita de dos pisos rodeada de arbustos y macizos de flores podados a la perfección.
—No, bueno, sí. —Se vuelve y me clava sus claros ojos grises. Sonríe, me coge de la mano y tira de mí para sacarme del coche—.Me refiero a eso de la novia.
Me sonrojo un poco al darme cuenta de que es la primera vez que decimos esa palabra.
—Ah, hummm…
Me besa y murmura:
—No. Me gusta pensar que eres mi novia, incluso aunque seas secreta.
—¿Como Romeo y Julieta?
—Reserva la literatura para el viejo.—Se echa hacia atrás y sonríe—.Pero sí, más o menos. Quitando la parte de la muerte y eso.
Apoyo la mano en la puerta y le sonrío por encima del hombro.
—Compro.
Cuando mis pies tocan el suelo me doy cuenta de que estoy muy nerviosa. No me ponen nerviosa nuestras conversaciones tontas, pero ahora estoy delante de la casa de su abuelo y tengo el corazón acelerado y me sudan las palmas de las manos. Me humedezco los labios, que se me han quedado repentinamente secos, y trago saliva.
Victor me coge de la mano, entrelaza los dedos con los míos, y tira de mí en dirección a la casa.
—No tengas miedo.
—¿Sabe que estoy aquí?
Sonríe con la mano apoyada en la manecilla de la puerta.
—No.
Me quedo boquiabierta y él abre la puerta. De la casa sale una nube de humo con olor a puro.
—¡Me encantaría que dejaras de fumar esa basura, viejo!—grita.
—Nunca dejas de repetirme lo mismo, chico, y yo no me cansaré de decirte que no pienso dejar de hacerlo.
Victor vuelve a sonreír y yo percibo que este intercambio de frases se ha convertido en una costumbre.
—Pues si estás fumando, ya puedes apagarlo.Traigo compañía.
—Será mejor que no sea uno de esos chicos de la hermandad con los que vives —gruñe su abuelo.
—No, no es uno de esos capullos.—Victor se ríe en silencio—. Es alguien mejor.Mucho mejor.
—¿Me has traído una bailarina exótica?
—Hum, no. Quizá la próxima vez.
Sonrío. Me encanta oírlos bromear.
—Bueno,¿y quién es?
Entramos en el salón y veo a un anciano sentado tranquilamente en un sillón al otro extremo de la sala. Deja de mirar por la ventana y enseguida me doy cuenta de que el interés brilla en sus ojos grises. Tiene los ojos del mismo tono de gris que Victor.
—Ella es Myriam—nos presenta Victor—.Myriam, este es mi viejo. Puedes llamarle viejo.
—Vaya, qué chica tan guapa,¿eh, chico? —dice el abuelo mirándome con una sonrisa en los labios—. Ven a sentarte, querida, y no se lo tengas en cuenta, sus modales han desmejorado mucho desde que va con esos cabeza-huecas de la hermandad.
Me río en silencio y dejo que Victor me guíe hasta el sofá que hay frente al del abuelo. Me siento sobre los confortables cojines y Victor vuelve a hablar antes de sentarse.
—Déjame adivinar, te encantaría que recuperara mismodales un momento para traerle a Myriam algo de beber —comenta alzando una ceja.
—Exacto.
Sonrío al escuchar el exagerado suspiro de Victor y casi puedo ver la cercanía de su relación. Y no se debe solo a que Victor se parezca tanto a su abuelo que es como si fuera él sesenta o setenta años más joven, es por su sencilla camaradería y las afectuosas sonrisas que intercambian. La forma de hablar de su abuelo me recuerda mucho a mi abuela, es una anciana loca con debilidad por los «bollicaos»—como los llama ella—, pero la quiero mucho.
El viejo me mira y me guiña el ojo.
—Tengo que mantenerlo a raya. Dime, Myriam,¿eres su novia? —En este momento se parece tanto a Victor que no puedo evitar sonreír.
—Sí, señor.
—Nunca me ha hablado de ti.
—Es que es un poco complicado.
—¿Hay algún hermano mayor sobreprotector con ganas de patearle el culo al niño bonito?
Creo que me he enamorado de este hombre.
—Algo así.—Sonrío—.Un mejor amigo.
—¿Es uno de esos cabeza-huecas de la hermandad?—me pregunta. Asiento.—¿Lo ves, chico? Ya te dije que eran todos tontos. Ya lo eran en mis tiempos y siguen siéndolo.
—Y tú criaste al peor de todos.—Victor le da una palmada en el hombro y deja una bandeja con bebidas en la mesa. Me ofrece un vaso.
—Gracias.—Le miro y siento un poco de vergüenza ahora que estamos delante de su abuelo.
—Eso es cierto.¡Y además eres un niño bonito!Nadie podrá acusarme nunca de que me quedé a medias contigo, chico.—El abuelo se ríe, levanta su vaso de limonada y le da un trago antes de volver a dejarlo en la mesa —.Dime, Myriam,¿te gusta la literatura?
Victor sonríe apoyando el brazo en el sofá por detrás de mí y yo me río.
—Es lo que estoy estudiando.
Al viejo se le iluminan los ojos y se sienta un poco más derecho.
—¿Cuál es tu escritor preferido?
—Jane Austen. Y antes de que lo preguntes, mi libro favorito es Orgullo y prejuicio.
—¡Por Dios, chico!—exclama con regocijo dando una palmada—. ¡Con esta chica nos ha tocado la lotería! —Se vuelve hacia mí de nuevo—.¿Y el segundo?
Me muerdo el labio un momento.
—Dickens o Louisa May Alcott. La cosa está reñida, pero quizá Alcott gane por un poquito. La capacidad que demostró esa mujer cuando creó todo un reparto de personajes convincentes y adorables, en lugar de solo uno o dos como suele ser habitual, es algo que aún no he encontrado en ningún otro escritor.
El viejo niega con la cabeza.
—¿Me estás diciendo que Mujercitas es mejor que Grandes esperanzas?
—Oh, no —le digo—.No digo que sea mejor. Las historias son igual de buenas, pero sus estilos son muy distintos.Yo prefiero el estilo de Alcott, y estoy un poco enamorada de Laurie.—Encojo un hombro.
—¿Con cuántos personajes literarios sales?—Victor me da una palmadita en el hombro—. Primero Darcy, ahora Laurie…
—El término correcto es novio literario —le corrijo—.Y en el mundo literario hay muchísimos personajes por los que perdería la cabeza, nuevos y antiguos.
—¿Y si yo fuera el personaje de un libro? —Sonríe—.¿Sería tu novio literario?
—Si algún día a alguien se le ocurre convertirte en un personaje literario el mundo estará perdido, chico —gruñe el viejo—.Sería un desastre literario.
Victor le saca la lengua y el abuelo se ríe.
—Sé bueno, anciano, o te esconderé el bastón.
—¡Si me escondes el bastón te azotaré con él! —le amenaza el abuelo—.¡No sería la primera vez y estoy seguro de que no será la última!
Sonrío mirando a Victor y me evado un momento de la conversación mientras ellos siguen bromeando. Miro a mi chico: tanto su cuerpo como su expresión están muy relajados, tiene una serena sonrisa en los labios y la mirada despejada. Este es el verdadero Victor, el que no comparte con nadie. Está contento y juguetón, y, sin embargo, de vez en cuando asoma una sombra a sus ojos.
Si en algún momento he tenido alguna duda de que me estaba enamorando de Victor Gracia, esa duda acaba de despejarse del todo. Ya no hay ninguna duda.Aquí, en la casa donde pasó los años más felices de su infancia y sentada delante del hombre que lo ha convertido en la increíble persona que es hoy, ya solo tengo certeza.
La expresión de Victor se oscurece un poco y vuelvo a escuchar.
—Viejo…
—Solo quiero saber si fuiste.
—No. No fui y no pienso hacerlo.
Les miro alternativamente intentando no parecer entrometida, cosa difícil cuando me siento como el tercero en discordia.
—Te podría ir bien.
—No estoy preparado.
—Ya han pasado trece años, chico.
—No me importa si son trece o treinta, viejo.¡No estoy preparado! —Victor se levanta y se marcha del salón dejando a su abuelo entre suspiros.
El anciano vuelve la cabeza hacia la ventana y sus propias sombras le oscurecen la expresión. Entonces me mira y me observa durante un momento.
—¿Te lo ha contado?¿Te ha hablado de su vida?
—Un poco —le contesto con sinceridad—.Cuando llevaba un buen rato hablando tuve que pedirle que parara porque era demasiado.
Asiente y vuelve a mirar por la ventana.
—Me lo trajeron cuando tenía seis años, el día que descubrieron que su madre había muerto. Ella era mi niña, mi única hija. Perderla casi me mata, pero Victor me dio un motivo para vivir.Yo debía protegerlo y darle la vida que ella no le pudo dar.
»Pasó dos días en el hospital, en observación. Estaba por debajo del peso, sucio y desnutrido. Pero eso no era lo peor. Tenía un enorme corte en la palma de la mano lleno de minúsculos pedacitos de cristal, arañazos y otros cortes mal curados por las piernas, y un enorme moretón en la espalda.—Me mira y yo no me molesto en ocultar mi espanto.
—Cómo pudieron…—Se me apagan las palabras y me llevo una mano a la boca mientras proceso lo que acaba de decir negando con la cabeza.
Intento entenderlo, pero soy incapaz de imaginarlo.No puedo imaginar el dolor que debe sentir Victor,tanto mental como físico. Se me revuelve el estómago y pongo la otra mano en la tripa como si así pudiera aliviar las náuseas.
—Él culpa a su madre de lo que le ocurrió.La culpa de no protegerle, pero debería culparme a mí.Yo sabía que ella no estaba preparada para cuidar de él y aun así me mantuve al margen.Su abuela murió cuando él tenía cuatro años y yo no fui capaz de superar el dolor.—Vuelve a mirar por la ventana y yo sigo la trayectoria de sus ojos hasta Victor, que está apoyado en un árbol—. Soy yo quien debería cargar con la responsabilidad de no haberlo protegido.
—Pero tú no sabías lo que ocurría, ¿verdad?
—No.
Me embarga la tristeza que transmiten sus palabras y su pena me duele tanto como la de Victor.En sus hombros gachos puedo ver el sentimiento de culpa que lleva cargando todos estos años y de la mueca triste de sus labios se desprende lo culpable que se siente. Y me pone furiosa. Odio que este inocente y encantador hombre se sienta así por culpa de las crueles y egoístas acciones de un grupo de completos y absolutos bastardos.
Me enderezo en el sillón.
—En ese caso no se te puede considerar culpable de algo que no sabías.Tú le acogiste y le criaste hasta convertirlo en la persona que es hoy, y aunque él no lo crea, puedes sentirte orgulloso de Victor.Él no se da cuenta,pero es así.Tú te esforzaste por suplir los errores de tu hija.Podrías haberlo ignorado y haber dejado que el estado se hiciera cargo de él, pero no lo hiciste,y para mí eso te convierte en una persona alucinante.
Se le quiebra la voz.
—Eres muy sabia, Myriam.
—Son los libros.—Vuelvo la cabeza y compartimos una pequeña sonrisa—.Antes has mencionado que Victor debería ir a algún sitio…
—A la tumba de su madre.Lo intento cada año, pero siempre me dice que no está preparado.Es muy obstinado.—Golpea el brazo del sillón con el puño.
—Creo que aún no ha aceptado lo que le ocurrió.No creo que se haya dado permiso para aceptarlo.
—Espero que lo consiga.Espero que tú lo aceptes.—El viejo me mira muy serio, sus ojos son grises como el granito—.No es fácil vivir con lo que le tocó pasar. Lo que sabes solo es una pequeña parte del infierno por el que pasó mi chico.
—Yo puedo aceptarlo —le tranquilizo—.Y le ayudaré a aceptarlo. Quiero hacerlo.
—Me gustas —me dice de repente—. Pareces una auténtica romántica, pero tienes coraje. No dejes que te mangonee,¿de acuerdo?
—Nunca le he dejado que me mangonee y no pienso empezar a hacerlo ahora.—Sonrío.
—¿Me harías un favor? —El viejo se inclina hacia delante—.Llévale a ver la tumba de su madre algún día.Aunque solo sea un minuto.Y por el amor de Dios, no dejes que su culo de niño bonito se aproveche de ti.Se cree que es el señor Darcy.
—Entonces llámame Elizabeth.—Sonrío.





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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  monike el Mar Mar 29, 2016 4:53 pm


CAPITULO 16

VICTOR


¿Por qué ha tenido que sacarlo a relucir? De todas las cosas sobre las que podía hablar, decide hablar de ella. ¡Siempre igual! Yo no quiero hablar de ella.Con él no.Él no lo entiende. Él no conoce a la misma persona que yo. Su forma de verlo es muy distinta a la mía. Sus recuerdos están a miles de kilómetros de los míos. Pateo la arena ciñéndome la chaqueta alrededor del cuerpo y Myriam habla por primera vez desde que salimos de casa del viejo en dirección al norte.No queremos encontrarnos con nadie.
—¿Estás bien?
Niego con la cabeza.
—No.Siempre igual. Tiene que hablar de ella cada dos por tres. Pensaba que delante de ti no lo haría pero lo ha hecho igualmente.
—Él tiene su propio dolor —me dice en voz baja—.No es una excusa, pero es así.Se siente culpable de lo que te pasó, lamenta no haber podido evitarlo.
La cabeza me da vueltas.
—¿Eso te ha dicho?
Ella asiente dejando resbalar la mano por mi espalda y se pone delante de mí. Me paro.
—Nunca has dejado que te lo diga.—Alarga las manos y me coge de la cara—.A él también le duele, Victor.Os duele a los dos.El dolor no desaparecerá nunca, pero no puedes permitir que gobierne vuestras vidas.Si dejas que el dolor controle tu vida,te perderás en él.
—¿Y si ya estoy perdido?
—No estás perdido.Estás escondido,pero no estás perdido.Yo no dejaré que te pierdas.
La abrazo con fuerza.
—¿Y qué pasa si no hay ningún mapa?
—Entonces me perderé contigo —susurra—.No permitiré que les dejes ganar, Victor. No permitiré que te dejes arrastrar por esos demonios.Me preocupo demasiado por ti como para dejar que ocurra eso.
Y es verdad. Lo percibo en su voz. Me rodea el cuello con las manos y la abrazo con más fuerza pegando mi frente a la suya.
—Lo intentaré, Myri —le prometo—. No puedo asegurar que venceré, pero mientras sigas conmigo creo que estaré bien.
—¿Y hablarás con tu viejo aunque solo sea una vez?
—Me lo pensaré.¿Qué tal si de momento nos centramos en no dejar que yo me pierda?
—Solo necesitas un objetivo, eso es todo. Necesitas un sitio al que ir.
—Pues venga.—Sonrío—. Dime adónde.
—De acuerdo.—Se queda callada un momento cerrando los ojos y mordiéndose el labio.
—Estoy esperando… —la provoco. Abre sus ojos azules y me sorprende la vitalidad que veo en ellos.
—Apunta a la luna porque si fallas por lo menos aterrizarás entre las estrellas.
—No necesito apuntar al cielo.La única estrella que necesito está delante de mí.—La beso—.Quizá ese lugar al que deba ir sea exactamente donde estoy.
—Puede que yo vaya contigo allá donde vayas.
—Puede que nunca te pida que lo hagas.
—Puede que no necesites preguntarlo. Puede que nunca necesites pedirme nada porque siempre estaré ahí.—Myriam acalla mi respuesta besándome con firmeza, haciéndome prisionero con un beso. Sus dedos se enredan en mi pelo y su cuerpo encaja con el mío a la perfección.
La abrazo con más fuerza y subo una mano por su cuerpo para cogerla de la cabeza.Ella se pone de puntillas y su lengua encuentra la mía.
Esta chica se está colando por mis grietas y apropiándose de las piezas desparejadas. Las está estudiando,trata de conocerlas, de conocerme a mí, luego las vuelve a colocar con cuidado cada una en su sitio. Lo que nunca sabrá es que ella es el pegamento que las mantiene unidas.Ella es la cola que me mantiene de una pieza.


—Es domingo por la noche y estamos en una oscura playa desierta del norte de California. Estamos congelados y nos estamos comiendo un helado —resume Myriam deslizando el dedo por la parte superior del cucurucho para chupárselo.
—Eso parece.
—¿Y por qué nos estamos comiendo un helado en lugar de tomarnos un café en el Starbucks? —Me mira alzando una ceja. Me encojo de hombros.
—No creo que tengan Starbucks en como quiera que se llame este pueblo en el que estamos.
—¿Dónde quiera que estemos?Oh, Dios.Recuérdame que no te vuelva a dejar conducir. —¿Dejarme?
—Sí.Dejarte.
Le paso la mano por la cintura y tiro de ella.
—Tú no me has dejado hacer nada. No recuerdo que quisieras conducir.
—¿Por qué iba a querer conducir cuando lo puedes hacer tú por mí?
—Pero acabas de decir…—Niego con la cabeza y sonrío al ver la juguetona expresión de su rostro—. No importa. No creo que valga la pena que intente entenderte.
—Pues no.—Sonríe, me da un rápido beso y se aleja rápidamente—. Nunca llegarás a entenderme. —Porque eres muy complicada.
—¡Yo no soy complicada!
—Si fueras más simple te entendería.
Se acaba el helado y tira el cucurucho a la papelera cuando llegamos al final de la playa.
—Tú ganas.
—¿No te comes el cucurucho? —le pregunto.
—No me gusta el barquillo.—Se sienta en el capó del coche dejando colgar las piernas por delante.
—¿Y porqué pides un cucurucho? —Me coloco entre sus piernas y ella me rodea la cintura con los pies.
—Porque me gusta el helado —dice frunciendo el ceño—.¿Porqué otro motivo lo iba a hacer?
Sonrío justo cuando una enorme gota de agua cae en el coche. La sigue otra, y otra y otra, y Myriam grita cuando le cae una en la mejilla.
Me empuja por los hombros y desenrosca las piernas de mi cintura intentando apartarse.Cada vez llueve más fuerte. Me río: las frías gotas de agua nos empapan enseguida. Se me pega la camiseta a la piel y me fijo en las gotas de agua que resbalan por el pecho de Myriam desapareciendo por debajo del cuello de su camiseta.Le cojo las manos y entrelazo los dedos con los suyos sin dejar de reír.
—¡Victor, no! ¡Deja que me levante! ¡Está lloviendo!
—¿Y? —le pregunto—.Ya estás empapada.—Se contonea contra mí y su sexo se frota con mis vaqueros provocando que toda la sangre de mi cuerpo se precipite hacia abajo.Se contonea una vez más y se queda quieta: se ha dado cuenta de que tengo la polla dura como una roca. Me mira.
—¿Yo he… he sido yo? —Pestañea.
—Mmmmm —murmuro inclinándome sobre ella.
—Pero la llu…
Me apodero de sus labios para besarla con fuerza. Me inclino hacia delante con el cuerpo tenso y la empujo contra el capó del coche. Las telas de nuestras camisetas húmedas se pegan la una con la otra y la suya se levanta un poco. Nuestras manos chocan contra el coche por encima de su cabeza y Myriam jadea.Mi lengua encuentra la suya mientras la sujeto de las manos y le clavo la cadera.Ella levanta las piernas y me rodea la cintura.Luego arquea la espalda y nuestros cuerpos quedan completamente pegados.
La lluvia sigue cayendo y nos empapa mientras nos rozamos y acariciamos la lengua el uno al otro. Entonces la suelto, le sujeto las muñecas con una sola mano y deslizo la mano que me queda libre por su cuerpo. La parte de su camiseta que está en contacto con el coche sigue seca y deslizo la mano por la zona de su espalda que no toca el capó. Le hago cosquillas y la provoco con los dedos hasta deslizar el pulgar por la parte posterior de sus vaqueros: en seguida encuentro la tira de su tanga. Le clavo la cadera y en ese momento todos los buenos pensamientos desaparecen de mi mente.
Una Myriam húmeda en más de un sentido me hace estallar la polla, y eso es lo único en lo que puedo pensar.
Cuando deslizo mi nariz por su cuello respirando con pesadez contra su piel empapada, ella jadea. —Myri…
—¿Me necesitas o necesitas lo que te puedo dar? —me pregunta sin tapujos. Yo levanto la cabeza. Lo cojo a la primera.
—A ti —le contesto con sinceridad mirándola a los ojos—.Te necesito a ti.
—¿Y si nos ve alguien?
—¿Ves a alguien por aquí? —La levanto del coche cogiéndola del culo—.Vas a tener que abrir la puerta porque yo tengo las manos ocupadas.
Doy la vuelta con ella a cuestas notando cómo la polla se me clava en los vaqueros. Myriam abre la puerta. La meto dentro y ella separa las piernas tumbada sobre el asiento de atrás. Me meto dentro del coche detrás de ella, cierro la puerta y me tumbo encima de su cuerpo.Respira con pesadez y me mira por debajo de los párpados entornados.
Agacho la cabeza y la beso detrás de la oreja dejando resbalar la boca hasta llegar a la hinchazón de sus pechos. Saco la lengua y la cuelo dentro de su camiseta.Bajo hasta el sujetador en busca del pezón. Myriam gimotea agarrándose de mi espalda y yo le desabrocho los botones.
Su camisa se abre y su cuerpo queda al descubierto. Sigo besándola mientras cojo la tela de sus vaqueros y tiro de ella hacia abajo. Me siento, se los quito del todo y ella le da una patada al techo del coche.
—Mierda —sisea dejando caer la cabeza hacia atrás.Me río y le acaricio las piernas. Ella me agarra de la camiseta y tira de mí—.Cállate y bésame.
—A la orden —le contesto apropiándome de su boca.Siento el contacto de sus dedos en el estómago. Se cuelan por debajo de mi camiseta y resbalan por mi estómago hasta desabrochar el botón de mis vaqueros.Me baja los pantalones con los pies y pega su cuerpo al mío.
Mi polla reacciona al percibir el contacto y murmuro una maldición dentro de su boca bajándome los calzoncillos y apartándole el tanga. Mis dedos resbalan fácilmente por su humedad y en escasos segundos mi erección sustituye a mis dedos en su interior.Sus piernas se tensan alrededor de mi cintura y me agarra de la espalda engulléndome de una sencilla embestida.
A juzgar por las continuas contracciones de sus músculos y la humedad que me rodea, el sexo al aire libre excita mucho a Myriam.
Entierro los dedos en su melena húmeda, le meto la lengua en la boca y nuestras caderas se balancean juntas rítmicamente.En este lugar desierto donde nadie la conoce, donde nadie me conoce a mí, aquí podemos ser uno.Y me doy cuenta de que ella es todo lo que necesito.


Mi mamá estaba enfadada. Le ha estado gritando mucho rato: lo he oído. No sabía qué significaban la mayoría de las palabras,pero eran palabras de esas que solo dicen los adultos.Las palabras que yo no puedo decir.
—¡Vienen mañana!—gritó mamá—.¿Qué se supone que les voy a decir esta vez?
—¡Y yo que sé! Tiene cinco años.¡Por mí como si les dices que se ha caído de un puto árbol!
—¿Y se le ha puesto el ojo morado?¿Cómo?¿Golpeándose con una raíz?
—¡Piensa en algo! —le gritó estampando el pie contra el suelo.Mamá siempre me decía que no hiciera eso,que eso era de niños malos—.¡Siempre te acaban creyendo digas lo que digas! —¿Adónde vas?
—¡Me voy de este puto agujero antes de que te ponga un ojo tan morado como el de tu hijo!
Se oyó un portazo.Me sobresalté y me acaricié la mejilla con la oreja de mi conejito. Era muy suave.
No me gustaba ese hombre. No me gustaba ninguno, pero ese era el peor de todos.Era muy grande y tenía muchos dibujos en los brazos.Una vez le pregunté lo que eran y me gritó. Yo solo quería ver los dibujos.
—¡Joder! ¡Maldito inútil de mierda! —Mamá gritó palabrotas y la puerta se cerró tras ella.
No me importó que se marchara. Dijo que iba a buscar dinero para comprar comida. Me dijo que tenía que ir a trabajar,pero normalmente se quedaba conmigo algún hombre desagradable bebiendo cerveza.
Me levanté y abrí un poco la puerta de mi habitación para mirar por la rendija.Estaba totalmente solo y era de noche.No me gustaba la oscuridad.Ese hombre malo dijo que en la oscuridad se ocultaban unos gigantescos monstruos aterradores que se comían a los niños pequeños como yo.
Miré en dirección a la cocina temblando, me dolía la barriga.Quería comer algo. Tenía hambre. Aparte del panecillo que me dio,mamá no tenía nada para comer esta mañana. Solo un mendrugo de pan. Yo quería algo más consistente.
Abracé a mi conejito y volví a mirar a mi alrededor. Quizá si buscaba un poco encontraría algo para comer.Alguien llamó a la puerta y grité. Los gigantescos monstruos aterradores.Me puse a llorar, volví corriendo a la habitación y cerré la puerta.Cogí la manta que cubría el colchón y me metí debajo de la cama reptando hasta el rincón más alejado.Me envolví en la manta y me hice un ovillo. Allí nunca me encontraba nadie. Estaba a salvo de los monstruos.
Oscuridad. Monstruos. Palpé el espacio vacío que había en la cama junto a mí.
«La cama. No era el suelo».

Me incorporé, encendí la lámpara de la mesita y miré a mi alrededor.Mi habitación, estaba en la casa de la fraternidad. En la universidad, en Berkeley,no en mi minúscula habitación de San Francisco. Allí no había monstruos ni hombres ni mamá. Solo yo, estaba solo.
Entierro la cara entre mis manos temblorosas y noto cómo la adrenalina provocada por la pesadilla me recorre de pies a cabeza. Dijeron que me caí de un árbol. Y ellos se lo creyeron. Aquel desgraciado me había dado un puñetazo en la cara por primera vez,y todo porque pasé por delante de la televisión y se perdió un touchdown.Eso fue lo que tardó, cinco segundos y ya tenía otro moretón,otro recuerdo, otra cicatriz para mi colección.
Y ella siguió sin hacer nada al respecto.Ella seguía encubriéndolo. Ella seguía sin cuidar de mí. Monstruos. Me alucina que tuviera tanto miedo de unos monstruos que no existían.Los verdaderos monstruos eran los alcohólicos y drogadictos tatuados que ella no dejaba de traer a casa. Ellos eran los monstruos y no las cosas que podía imaginar la cabeza de un niño de cinco años.
Los monstruos que tenía en la cabeza por aquel entonces eran mucho mejores que esos tipos a los que me enfrentaba a diario. Eran mejores que los monstruos a los que debo enfrentarme ahora.
Me tumbo boca arriba con la luz encendida y me llevo las rodillas al pecho. Mis gruesas mantas me tapan como lo hacían las delgadas que tenía entonces, y me hago un ovillo como lo hacía cuando me escondía bajo la cama. La necesidad que siento de protegerme y de proteger mi cuerpo lo supera todo. En mi cabeza vuelvo a tener cinco años.

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  Eva Robles el Miér Mar 30, 2016 9:31 pm

Muchas gracias por los capítulos

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  jai33sire el Jue Mar 31, 2016 1:26 pm

Gracias por los capitulos cheers cheers

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  monike el Lun Abr 04, 2016 10:28 pm

CAPITULO 17

MYRIAM

Y volvemos a lo de siempre.
Otro día de mentiras. Otro día más fingiendo. Otro día de miradas cargadas de significado, sonrisas discretas y el clásico intercambio de pullas con un trasfondo que solo entendemos nosotros dos.
Otro día obligada a recordarme que esta situación la hemos elegido nosotros. Nosotros hemos elegido mantener el secreto y no decírselo a Braden. Pero no sé cuánto tiempo podremos seguir así. Al final, y por muy cuidadosos que seamos, alguien lo averiguará.En realidad Kay y Lila ya están a medio camino de la verdad.
—Solo dime quién es el afortunado —me suplica Lila—.Te juro que no se lo diré a nadie.
—Tampoco es para tanto.Solo fue una noche.Sois vosotras las que os pasáis la vida diciéndome que necesito echar un polvo,pues ya lo he hecho,punto.
—¡Me tomas el pelo! —exclama Kay—. ¡Quiero los detalles!
—Puede que no quiera compartir los detalles.
—Puede que siga incordiándote hasta que desembuches.
—Puede que aun así siga sin contártelo.—Niego con la cabeza—.En serio, chicas,no pienso deciros nada.
Maddie sonríe.
—Qué cabezota.
—No, solo reservada.—Le guiño el ojo.
—Aburrida —espeta Lila—.Eso es lo que es, una aburrida.—Suspira —.Tanto yo como Maddie hemos compartido nuestras historias,Kay nos ha dado los detalles suficientes como para escribir un libro, y solo faltas tú.Y este año no te has estrenado.Ni una sola vez.
—¡No tengo nada que compartir! —protesto ignorando la sensación de culpa que me ataca cada vez que les miento. Sé muy bien que hay mucho que compartir—. Sencillamente ocurrió. Y no vamos a volver a mencionarlo, así que fin de la conversación.—Miro la hora y cojo los libros mientras me levanto—. Tengo que irme a clase.Nos vemos luego.
—¿Qué estás ocultando, Myriam Montemayor? —me grita Lila cuando me marcho.
Niego con la cabeza mordiéndome el labio y sigo andando. «Nada»,me gustaría gritarle por encima del hombro.Y «Victor» es la palabra que me trepa por la garganta.
Guardo silencio mientras sorteo las pocas personas que quedan riendo y bromeando en los pasillos.
Vuelvo la esquina del rellano y veo que Victor está al pie de la escalera. Lo miro sorprendida. Veo que mira a su alrededor y luego se dirige hacia mí.Me mira a los ojos. Sus heridos y débiles ojos. Se me hace un nudo en el estómago y me siento aliviada cuando me rodea el cuello con los brazos y entierra la cara en mi melena.
Le rodeo por la cintura y le abrazo con la misma fuerza que él me abraza a mí intentando ignorar la intensa y profunda bocanada de aire que inspira.Intentando ignorar el violento movimiento de su pecho y cómo le tiembla el cuerpo.Me aparta el pelo y me besa el cuello con delicadeza inspirando hondo.Echo la cabeza hacia atrás y le miro a los ojos. Él parpadea una vez y agacha la cabeza. Cuando me besa se pone completamente tenso.No tiembla solo de dolor.Tiembla porque necesita sacarlo todo, pero no es capaz. Entonces me suelta de repente y se marcha por donde acabo de aparecer.
Me lo quedo mirando. Cuando comprendo lo que ocurre se me encoge el corazón. Me dijo que yo le alivio, que yo hago que el dolor desaparezca. Apostaría lo que fuera a que ha pasado la noche atormentado por su pasado, por esas pesadillas y recuerdos de los que intenta huir. Me lo explicó todo el sábado, y la conversación con su abuelo del domingo ha debido de ser el detonante.
Y lo único que tengo son cinco segundos. Cinco arriesgados segundos furtivos y un beso desesperado, esas son las únicas armas de las que dispongo para llevarme su dolor. Me cuelgo el bolso del hombro y subo las escaleras en dirección a mi clase incapaz de quitármelo de la cabeza. Lo único que puedo ver son sus ojos.
Cuando mesiento a la mesa y abro el libro descubro una página de palabras borrosas y veo el dolor que tenía estampado en la cara. Veo las cicatrices que jamás comprenderé.Porque él tiene razón. Las peores cicatrices son las que se llevan dentro,las que son invisibles al resto del mundo. Pero yo no tengo cicatrices. Yo gocé de una infancia feliz y segura en un buen barrio a un millón de kilómetros de la realidad de otras personas. El peor momento de mi infancia fue cuando mi madre censuró mis lecturas y el mejor fue cuando la abuela le pidió que me dejara leer lo que yo quisiera. Soy una ingenua y estoy ciega a las vidas de las personas que me rodean.Ahora lo sé, y también sé que jamás comprenderé el dolor de Victor.
Nunca llegaré a entender todo lo que le pasa por la cabeza cada día y esas palabras que lo envenenan.


—«El infierno está vacío y todos los demonios están aquí»—cita mi profesora leyendo su ejemplar de La tempestad.Sus palabras abren una grieta en mis cavilaciones—.Una afirmación contundente y muy incisiva para unos tiempos en los que se creía ciegamente en el diablo.¿Qué pretendía decir Shakespeare con esta frase?
—Quería decir exactamente lo que dice —digo mirando a la mujer de cincuenta y pocos años que se pasea por el aula—.Los demonios están aquí.Al margen de que él creyera o no en Dios, debía de pensar que los hombres tenemos libre albedrío, tal como dice la Biblia, la libertad de poder elegir ser buenos o malos.Y las personas que elegían el mal, los que elegían robar, pegar, asesinar,esos eran los malos.Y lo siguen siendo.
—Entonces, ¿estás de acuerdo, Myriam?
—¿Cómo podría no estarlo?No soy una persona religiosa ni quiero serlo, pero no estoy ciega.Si existe un Dios,un dios superior, también debe existir un diablo, un mal superior que lo equilibre. Y ese mal superior está formado por personas que aguardan su ejecución en el corredor de la muerte y personas que están sentadas en un banco del parque. Si existe un infierno, lo más probable es que esté casi vacío. Pregúntele a cualquiera que haya tenido la mala suerte de topar con alguna de esas personas y a consecuencia de ello tiene que vivir con sus propios demonios. Seguro que te dirían que los demonios viven disfrazados entre nosotros.
—Entonces, ¿estás diciendo que ahora mismo podrías estar sentada entre demonios?—La profesora alza las cejas y deja de pasearse por el aula.
—Nos topamos con alguno cada día aunque no nos demos cuenta. Nos ocurre a todos. Y también es muy probable que conozcamos a alguien que tenga la cabeza llena de demonios y no lo sepamos.
Mi profesora asiente y se dirige a otro alumno. Demonios. Como los que tiene Victor. Demonios hijos del mal que los engendró.
Shakespeare tenía razón. Si hay un diablo, está claro que está en la Tierra.


Ojos de color gris verdoso.Pelo castaño con un toque cobrizo.Un buen par de hombros anchos y un ligero recuerdo del moreno del verano en la piel. Y tan aburrido como una conferencia sobre psicología impartida por un ponente con la voz monótona. Cosa de la que en realidad me podría estar hablando en este momento.
Voy a matar a Lila por obligarme a salir con este tío.
—Disculpa.—Regreso al presente—. ¿Qué decías?
Él se eriza un poco.
—¿Me estás escuchando?
—Hummm.—Me ruborizo un poco—.La verdad es que no.Lo siento. En estos momentos no soy la mejor de las compañías.Tengo muchas cosas en la cabeza.
—¿Quieres hablar del tema? A veces ayuda, ¿sabes?
Tío, ni siquiera me acuerdo de cómo te llamas.No pienso contarte mi vida.
—No. No pasa nada, estoy bien, gracias.—Me esfuerzo para sonreír a pesar de estar apretando los dientes con la esperanza de ser mejor actriz de lo que creo—.Tal vez sea mejor que lo dejemos aquí.
—Claro.—Le hace un gesto al camarero pidiéndole la cuenta y yo reprimo un suspiro de alivio. A pesar de mis protestas paga él y salimos a la calle—.Dime, Myriam…
Oh, no.Por favor, no.
—¿Mmm? —Espero que no se note lo preocupada que estoy. Mierda. Soy una persona terrible.
—Ya sé que esta noche no estás de humor, ¿pero crees que podemos salir cualquier otro día? Mierda.
—Hummm.—Me rasco por detrás de la oreja.¿Cómo se llama? Más mierda—.Mira, no sé qué te diría Lila, pero está intentando buscarme pareja.No tiene nada que ver contigo,estoy segura de que eres un chico encantador,pero ahora mismo no estoy buscando pareja.
Esboza una enorme sonrisa y encoge un hombro.
—Sí, algo me dijo.Pero tenía que intentarlo, ¿no?
—Claro.—Vuelvo a sonreír—.Me parece que tendré que hablar con ella.Gracias por la comida.
—De nada.—Se despide de mí con la mano mientras se marcha y yo empiezo a caminar en dirección al campus pensando en lo que le tengo que decir a Lila.
Ya sé cómo irá la conversación.Querrá saber por qué no quiero salir con nadie y yo me inventaré alguna excusa que tendrá tanta credibilidad como decir que soy una bailarina exótica de Las Vegas. Pero no puedo seguir haciendo esto. No puedo fingir que disfruto de estas citas. No es justo para mí, ni para Victor ni para los chicos con los que salgo.
Empieza a llover y corro los últimos metros hasta llegar al campus. Siento un escalofrío al recordar el día de ayer.Nada puede compararse con lo que sentí cuando Victor me tumbó sobre el capó de su coche y me besó como si lo necesitara para vivir.
Quizá ese sea el motivo de que no pueda pensar en nadie más y de que las citas que me organiza Lila sean completamente inútiles.
Tal vez sea porque cuando miro a los demás chicos sol le veo a él.
Sacudo la melena entrando en mi habitación. Lila levanta la cabeza de los libros y sonríe.
—¿Cómo ha ido? La verdad es que pensaba que tardarías más en volver.
—Esto tiene que acabar —le espeto—. Todo este rollo de las citas.No quiero seguir con esto.
—¿Por qué?¿Era un imbécil?
Me quito la chaqueta.
—No, era simpático. Igual que el anterior. Qué narices, todos eran simpáticos, Li, pero no me gustan.
—Déjame adivinar,¿ninguno es tu señor Darcy? —Alza una ceja y me dejo caer sobre la cama. —Exacto.
—Pues deja que te ayude a encontrarlo.
—No necesito que me ayudes a encontrarlo.
—Myri, solo quiero que en cuentres a alguien que te haga feliz.
—¡Ya soy feliz!
—No he dicho que no lo seas, pero quiero que encuentres a tu Darcy. Quiero ayudarte a conseguirlo. —¡No necesito tu ayuda!
—Myri…
—¡Ya lo he encontrado! ¡Ostras! ¡Mierda! ¡Oh, Dios mío!
Me tapo la boca con las manos y abro los ojos como platos.¿Porqué he dicho eso? Mierda.Mierda. Lo he hecho.Ya está.Adiós a mi tapadera. Buen trabajo, Myriam Montemayor.Eres completamente imbécil.
Lila va abriendo los ojos muy despacio y deja caer el bolígrafo sobre la cama.Se queda boquiabierta y yo empiezo a sentir que todo se mueve a cámara lenta.
«¿¡Por qué he tenido que decirle eso!?».
—¿Qué? —me pregunta—.¿Lo has encontrado?¿Quién es?
—Humm. ¿He dicho que lo he encontrado?—Me río nerviosa—.¿En serio? Ja. Eh, pues no.No lo he encontrado. Mierda.—Me dejo caer de lado en la cama y escondo la cabeza bajo la almohada con el corazón acelerado.
—¡De eso nada! —exclama—.¡No puedes decirme eso y luego echarte atrás, Myriam Montemayor!—Los muelles de su cama chirrían y Lila se levanta.Me coge del brazo y tira de mí.Yo arrastro la almohada sin destaparme la cara, pero ella me la arranca de las manos.Me tapo la cara con las manos.
—Te he mentido —intento sin convicción—. Lo he hecho para que me dejaras en paz.
—¡De eso nada! De.Eso.Nada. No puedo creer que hayas encontrado a tu Darcy y no me lo hayas dicho. Ya…
—Es que digamos que no puedo. No puedo decírtelo.—Me quito las manos de la cara.
—¡Soy tu mejor amiga! ¿A qué te refieres con eso de que no puedes decírmelo?
—Me refiero exactamente a eso. No puedo decírtelo.
—¿Y de qué vais, de Romeo y Julieta compartiendo un romance secreto?¿Estáis destinados a ser dos amantes con un destino fatídico? —Resopla dejándose caer en su cama.Yo me muerdo el labio y ella me mira muy seria—.Myriam.
—Hummm.—¿Eso es todo lo que se me ocurre decir?
—Oh,Dios mío.¿No estarás…?
—Hummm… —¡Otra vez! Voy a clase de Lengua cada día, ¿no se me puede ocurrir una palabra mejor? Esto va de mal en peor.
—No. Oh, Dios —murmura Lila—.Oh, Dios.
—Tengo derecho a permanecer en silencio, ¿no? —Flexiono las rodillas y dejo de morderme el labio para sustituirlo por la uña del pulgar.Me la muerdo un momento mientras ella me mira asombrada—. Como si estuviera en un interrogatorio policial.No tengo por qué contestar sin un abogado.
—¡Lo has encontrado de verdad! Estás balbuceando.Mientes fatal.— Inspira hondo y niega con la cabeza—. No sé si abrazarte o darte una bofetada.
—Me acojo a la quinta enmienda.
—Myri, estás liada con…
—Por favor, no me preguntes nada, Lila —susurro mirándola con seriedad—.No quiero seguir mintiéndote.
Se hace el silencio.Trago saliva.Me muerdo la uña.Doy unos golpecitos con el pie. Lila se pone de pie y empieza a caminar de un lado a otro.Yo me muerdo la uña. Ella pasea.
—Victor —murmura volviéndose a sentar—.¿Cuándo? ¿Cómo?
Yo niego con la cabeza.Lila ata cabos.
—Cuando Braden se llevó a Maddie a conocer a sus padres.Y desde… No se ha acostado con nadie. Siempre está contigo,¿verdad? Los fines de semana, cuando estoy en la casa de la fraternidad, él está allí.Por eso no ha visto nadie.Vaya.—Niega con la cabeza—.¿De verdad lo habéis hecho sin que nadie se dé cuenta?
No lo va a dejar correr. Lo sé, pero es todo culpa mía. Ha llegado la hora de enfrentarse a la realidad.
—Por lo visto.Pero, Lila, no se lo puedes decir a nadie —le suplico—.Y lo digo muy en serio.No lo puede saber nadie.Eres la única que lo sabe.
—¿Y vais en serio? ¿No es solo sexo? —Ladea la cabeza. Asiento y deslizo el dedo por la cenefa de mi colcha.
—Victor tiene muchas más virtudes de las que parece.No es solo sexo.Yo…
—Él es tu Darcy —concluye con sencillez—.La lluvia de tu sequía. Tu todo.El alma gemela que te ha asignado el universo, ¿verdad?
—Y por eso no se lo puedes decir a nadie —insisto—.A nadie.Ni siquiera a Ryan.
—¿Y Braden no lo sabe?
Resoplo.
—¿Crees que lo llevaríamos en secreto si lo supiera Braden? Braden se pondría como una fiera.
—¿Por qué? Son sus mejores amigos.¿Sabes una cosa? La verdad es que no le entiendo.
—Para Braden yo soy como su hermana y Victor es un casanova incapaz de sentir nada que no esté dentro de sus pantalones.Por lo menos eso es lo que él cree.
Lila se recuesta en la cama y suspira.
—Pero sabes que Braden se acabará enterando,¿verdad? Tarde o temprano, Myri. Lo acabará descubriendo.
—Ya lo sé.Espero que sea más tarde que pronto.
—¿Por qué?¿Por qué no lo zanjas ya?
Porque soy una cobarde.Soy débil.Porque sé que he metido la pata y no me atrevo a admitirlo. Y además…
—Porque voy a necesitar una excusa muy buena para explicar que lo hayamos mantenido tanto tiempo en secreto.


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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  monike el Lun Abr 04, 2016 10:32 pm

CAPITULO 18

VICTOR

La casa del viejo nunca me había parecido tan intimidante.La casa en la que crecí y el único hogar que he conocido se ha convertido en uno de los sitios más aterradores a los que tendré que enfrentarme en la vida.
Dentro de ese feliz lugar hay una caja llena de demonios listos para saltar al mundo, y eso es algo en lo que no puedo pensar.No puedo pensar en si es buena o mala idea que esté aquí.Soy incapaz de decidir si esta es la mejor decisión que podía tomar.
Solo sé que debemos mantener esta conversación. No puedo quedarme anclado en el pasado, pero nunca conseguiré seguir adelante si el viejo no lo hace.Nunca conseguiré superarlo si lo que lo mantiene atrapado es mi maldita ignorancia.
—¿Qué estás haciendo aquí a media semana? —gruñe el viejo cuando abro la puerta y entro en casa.
—He venido a hablar contigo —le contesto dejándome caer en el sofá que hay a su lado.
Le da una calada a su puro y el humo dibuja un remolino.Me mira fijamente.
—Ya llevas un buen rato ahí fuera sentado en tu coche de niño bonito.¿De qué quieres hablar?
Inspiro hondo y aparto la mirada consciente de que la próxima palabra lo cambiará todo.
—De mamá.
No dice nada.Suelta el humo y veo que se remueve un poco en el sofá.
—Pensaba que no te importaba.
—Puede que ahora quiera saber cosas.Puede que ya esté preparado para escuchar lo que tienes que decirme.—Vuelvo la cabeza muy despacio para mirarlo—.Puede que vaya siendo hora de que nos sinceremos respecto a lo que los dos tenemos en la cabeza, viejo.
—No hay duda de que Myriam es una gran chica.Ha sido ella quien te ha pedido que vengas, ¿verdad?
Niego con la cabeza.
—Ella me ha hecho ver que no puedo vivir anclado en el pasado,pero no me ha obligado a hacer nada.He venido porque he querido.
—¿Sabe que estás aquí?
—No.
El viejo se vuelve a remover y se reclina en el sofá dejando el puro en el cenicero.Apoya los codos en los reposabrazos del sofá y entrelaza los dedos de las manos.
—¿Qué quieres saber?
Me meto las manos debajo de las piernas como hacía cuando era un niño y el abuelo estaba a punto de enseñarme una nueva lección o leerme un cuento.Y la conversación que estamos a punto de mantener tiene parte de esas dos cosas en más de un sentido. La cruda verdad de la historia y la lección que se esconde tras esa verdad.
—Todo lo que quieras contarme.Lo que tú pienses que debería saber.
—Lo primero que debes saber es que tu madre no fue siempre la persona que tú conociste.Fue la hija perfecta hasta que cumplió los dieciséis años.Una gran estudiante, educada,amable…No podía pedir una hija mejor.Era la clase de chica que te haría galletas sin azúcar si supiera que no puedes tomar azúcar.Pero cuando llegó al penúltimo curso de instituto se mezcló con la gente equivocada.
»Ya sé que eso no excusa lo que hizo,pero esa gente supuso una gran influencia para ella.También sé que no puedo culparles,ella tomó sus propias decisiones,nadie la obligó a nada.No hay excusa para la vida que eligió,tanto para ella como para ti.
»El día que se presentó en casa para decirnos que estaba embarazada fue una locura.Tu abuela y yo teníamos una mezcla de emociones.Íbamos a ser abuelos,pero sería a costa de nuestra niña. Solo tenía diecisiete años y jamás imaginamos que un fin de semana en casa de una amiga acabaría de esa forma.Aun así intentamos ayudarla como pudimos.
—¿Cuándo supiste…?¿Cuándo te enteraste de que consumía drogas?
—Unos cinco meses después.Tu abuela la acompañó a hacerse una ecografía y te vio, eras una diminuta mancha en una pantalla.Fuiste un bebé pequeño durante toda la gestación.El médico de tu madre sabía que las consumía por los análisis de sangre,pero ella le juró que lo dejaría.Al final el médico consiguió sonsacarle que seguía consumiendo y se metió en un programa de desintoxicación mientras seguías dentro de ella para minimizar los daños que pudiera estar causándote.
—¿Y no podían verlo en las ecografías?
El viejo niega con la cabeza.
—No,chico.Físicamente estabas bien. Eras pequeño pero estabas bien.Y no sabían cómo te afectarían las drogas mentalmente hasta que fueras mayor,cuando empezaras a hablar, a moverte y esas cosas.
—¿Intentaste que lo dejara?
—Claro.Aún no había cumplido los dieciocho,así que limitamos el tiempo que pasaba fuera de casa sin nosotros.Pero se las arregló para seguir consiguiendo las drogas.Lo hacía a escondidas.El día que naciste —cinco semanas antes de lo previsto—,fue el segundo día más feliz de mi vida: llegó a mi vida ese minúsculo bebé de dos kilos tan largo como mi brazo.Estaba pletórico.No lo olvides nunca.Recuerdo que miré a tu abuela y le dije:
«Éste es mi chico.Cuando sea mayor me lo llevaré a pescar,le enseñaré a elegir el mejor equipo de fútbol y le explicaré cómo hay que tratar a las chicas».
El viejo guarda silencio un momento, se seca las lágrimas y yo trago saliva.
—Aquel día prometí que jamás dejaría que te ocurriera nada,pero pasó.
—No fue culpa tuya,viejo.
—¡Tendría que haberte acogido entonces! —Golpea el brazo del sillón con el puño—.Jamás debí permitir que se quedara con tu custodia,pero pensé que era lo mejor.Pensaba que mi niña volvería.—Las lágrimas resbalan por sus mejillas y me arrodillo frente a él—.Creí que estarías bien. Incluso cuando se marchó contigo y se independizó.Tú tenías casi dos años y pensé que todo iría bien. Entonces tu abuela murió de un infarto y me quedé solo.Me olvidé de todo;solo podía pensar que había perdido a mi mujer,a mi mejor amiga y mi alma gemela.Te olvidé.
—Tú nunca me olvidaste, viejo.Siempre estuviste allí, incluso cuando no estabas.
—En fin.Dos años después apareció la policía, me dijeron que habían encontrado un cadáver cuya identidad correspondía con los datos de mi hija y que había un niño de seis años que necesitaba un hogar.Me dijeron que si no me ocupaba de ti te llevarían a un centro de acogida.Y yo no pensaba dejar que el sistema se encargara de mi chico.Ya le había fallado a mi hija.Y no estaba dispuesto a seguir fallándote a ti.
—Tú no me fallaste.—Le toco el brazo y me mira con los ojos grises llenos de lágrimas.Yo reprimo las mías—.No me fallaste, viejo.Tú me salvaste,tú me enseñaste a vivir.Tú me llevaste a pescar, me enseñaste el mundo del fútbol y me explicaste cómo debía tratar a las chicas.Tú cogiste mi mierda de vida y la convertiste en otra cosa.Tú no me fallaste,ni por un segundo.
—Debería…
—Tú nunca me levantaste la mano.Tú jamás me azotaste en la espalda con el cinturón.Tú nunca mepateaste el estómago hasta hacerme vomitar.Tú nunca me golpeaste la cabeza contra la esquin de la mesa de la cocina.—Me tiembla todo el cuerpo al ver las imágenes que empiezan a desfilar a toda velocidad por mi cabeza. Distintos hombres, diferentes días,a distintas horas.Distintas formas de golpearme,todas dejándome sus correspondientes cicatrices—.Tú nunca hiciste eso.Ni siquiera lo sabías.Pero ella sí.Ella lo sabía.Ella mentía al personal del hospital, a los de protección de menores,a todo el mundo.Siempre me echaba las culpas.Tú no lo sabías.Tú no podías evitar algo que desconocías.
—Eso no evita que me sienta culpable, hijo.
—Pues acuérdate de las cosas que sí hiciste.—Le miro a los ojos—.Recuerdo todo lo que me enseñaste.Yo soy la persona que soy gracias a ti.—Guardo silencio sabiendo que lo próximo que voy a decir es completamente cierto, y que me lo estoy diciendo tanto a mí mismo como a él—.Tú me presentaste a Darcy y a Elizabeth,tú me hablaste de su arrogancia.Hasta hace muy poco yo era como Darcy.No me importaba nadie que no fuera yo mismo. Pero entonces conocí a Myriam.Si no me hubieras hablado de Darcy jamás habría pensado que esa chica pudiera ser algo más que una sola noche para mí.Tú me explicaste cómo Darcy amaba a Elizabeth,tú me enseñaste a amar. Me enseñaste a amar a Myriam igual que Darcy amaba a Elizabeth.Y lo hiciste tú. Nadie más.Solo tú.
El viejo alarga los brazos y me abraza.Le tiembla todo el cuerpo y lo oigo llorar sobre mi hombro. Esto es lo que había negado por haber stado demasiado encerrado en mi mundo.Mi mejor amigo, todo lo que se guardó para hacerme feliz. Me abrazo con fuerza a él y me abandono a las lágrimas.
—¿Sabes una cosa, chico? —murmura reclinándose y recomponiéndose.
—¿Qué, viejo?
—Tu abuela estaría muy orgullosa del hombre en el que te has convertido.
Y le creo.Por primera vez realmente creo que estaría orgullosa.


Myriam está sentada con la espalda apoyada en un árbol.Tiene la melena a un lado y por el otro asoma la suave y bronceada piel de su cuello.Tiene las piernas flexionadas y da la sensación de que los vaqueros le vayan más ceñidos que de costumbre.Se rodea la cintura con los brazos: querría ser yo quien estuviera haciendo eso.Quiero rodearla con los brazos, sentir su espalda pegada a mi pecho y su cabeza sobre mi hombro mientras yo apoyo la cara sobre su cuello desnudo.
Pero la situación me obliga a seguir tumbado sobre un costado intentando no mirarla.Intentando ignorarla. Intentando fingir que no necesito abrazarla hasta que llegue la próxima edad del hielo y nos congelemos juntos.
—¿Me estás diciendo que los Chargers están en mejor forma que los Cowboys? —Braden niega con la cabeza—.¡Y una mierda! Romo se está dejando el culo está temporada.
Lila abre la boca.
—Solo es un…
Ryan se la tapa con la mano.
—No.Lo.Digas.
—Juego —finaliza Myriam—.Un juego, chicos. Es un juego. Ya sé que están enamorados de esos tíos, y Bray,si fueras gay estarías colado por ese supuesto bombón de Romo, pero solo es un juego. Y ya que estamos, está jugando fatal.
—¿Qué has dicho? —Le sonrío—.Me parece que no te he entendido bien.
—¿Te lo tengo que deletrear? ¿Es que no aprendiste a escuchar cuando sacaste ese promedio de listillo? —Alza las cejas—.Porque esa carencia te va a dar más de un problema.
—Estoy bastante seguro de que oigo perfectamente.Me ha quedado perfectamente claro cada vez que una chica pasaba la noche gritándome al oído.
Braden resopla y Maddie le pega en el muslo.
—¡No le animes!
—Solo estaba… No importa. —Esconde una sonrisa.
—Ya sabes que eso de los gritos es muy relativo, ¿no? —Se desliza la yema del pulgar por el labio inferior—.Eso no significa necesariamente que se lo estuvieran pasando bien.¿No te has fijado en que las chicas suelen gritar cuando ven películas de terror?
Lila se ríe en silencio y se le agitan los hombros,y Maddie se muerde el labio.Miro a Myriam fijamente poniendo especial atención a la chispa que brilla en sus ojos azules. Ella sonríe.Esbozo una fugaz sonrisa y me pongo en pie de un salto.
—Cuidado con lo que dices, Myriam —le advierto—.Mi última oferta sigue en pie.



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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  jai33sire el Mar Abr 05, 2016 9:52 am

muchas gracias por los capitulos.

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  monike el Jue Abr 21, 2016 5:09 pm

CAPITULO 19


MYRIAM

Me he quedado con la boca abierta.Y no ha sido solo por lo que ha dicho,sino porque lo ha soltado sin pensar delante de todo el mundo,en especial delante de Braden.
Victor sonríe y me guiña el ojo. Se da media vuelta y estira los brazos por encima de la cabeza mientras camina en dirección a la casa.Le veo marchar en absoluto silencio e ignoro la mirada de Lila,que siento clavada en mi cabeza.
—¿Su última oferta? —dice Braden con seriedad clavándome los ojos.
—Se ofreció a enseñarme la diferencia entre una palmada en el trasero y unos buenos azotes—murmuro—.Es un cerdo.
—Cavernícola,un poco de contención —le ordena Maddie dándole unos golpecitos en la mejilla con el dedo y levantándose.
—Contención —murmura a modo de respuesta.
—Bien.Sigue así. —Le da un beso en la mejilla y Ryan y Lila también se levantan.
—Nos vemos después de clase, Myriam.—Lila me lanza una mirada cargada de intención y yo sonrío.Sí.Me va a dar la noche.
Los demás se marchan y Braden y yo nos quedamos en silencio. Yo pierdo la mirada en la distancia. Es la primera vez que me quedo a solas con Braden desde que Victor y yo estamos juntos y por primera vez en la vida siento que hay un vacío entre nosotros. Ya sé que he sido yo quien lo ha abierto. También sé que se lo tengo que decir. Podría hacerlo ahora. Aprovechando que no está Victor y que estamos en un sitio público. Abro la boca para hablar, pero se me adelanta.
—¿Dónde te has metido últimamente?
—¿Eh? —Le miro—.Pues aquí, en la universidad.
—Ja, ja, muy graciosa —me dice con sequedad lanzándome una brizna de hierba—.No.Me refiero a lo de San Francisco, por ejemplo. Pensaba que vendrías con nosotros.
Encojo un hombro.
—No me apetecía.Tenía trabajo atrasado.Deberes y cosas así.
Asiente.
—Kyle me dijo que pasaste el domingo por mi habitación para coger uno de tus libros.
—Sí. Tenías mi libro de Shakespeare.Otra vez.
—Yo siempre tendré tu libro de Shakespeare.Soy incapaz de hacer un trabajo sin las notas que hay en los márgenes de tus libros.—Me sonríe y se aparta el pelo de los ojos.
—Deberíasc ortarte el pelo —le digo—.Y ya lo sé.Llevas copiándome los deberes desde octavo. No tengo ni idea de por qué te dejo hacerlo.
—Es porque soy jodidamente brillante y te dejo que lo hagas.
—Y sigues siendo la persona más malhablada que conozco.
Me vuelve a sonreír.
—Por eso me quieres, Myri.Soy el hermano mayor que nunca tuviste.
—Creo que tú eres el motivo por el que nunca tuve un hermano mayor —le sonrío con sequedad—. Mamá vio cómo me arrastrabas al barrizal para hacer pasteles de barro y enseñarme a trepar por los árboles y decidió que con un hijo de acogida tenía más que suficiente.
—¿Qué yo te arrastraba? —Se ríe—.¡Tú me arrastraste más veces que yo!
Está bien.Es posible que tenga razón en eso.
—Afrontémoslo, estaba claro que íbamos a ser problemáticos.
Carraspea.
—Yo no soy problemático.
—El gato, Braden. El gato.
—Eso no fue porque fuera...
—No creo que tu madre lo vea de esa forma,ni siquiera ahora.
—No, pero se lo expliqué —insiste—. Le hice comprender que mi decisión de afeitar al gato me convertía en un caballero porque estaba intentando darle lo que quería a mi chica preferida.—Le doy un puntapié juguetón en el pie.
—¿Ya lo sabe Maddie? —bromeo.
—Meggy —Me mira muy serio—.Yo amo a Maddie,pero tú eres mi mejor amiga.Siempre lo has sido. Tú eres la única persona que significa más para mí que Maddie.Las quiero de formas distintas; Maddie sabe que nunca podrá ocupar tu lugar y lo entiende.Además, puedes ser mi chica preferida de una forma diferente.
Me río y le vuelvo a golpear negando con la cabeza.
—¿Es que solo piensas en sexo?
Guarda silencio un momento y se muerde el labio.
—No.También pienso en comer.
—¿Comida y sexo?
—Y la Xbox.
—¿Y la cerveza?
—¿Ves? Por eso eres mi mejor amiga. —Me guiña el ojo—.Tú me entiendes.
—Alguien tiene que entenderte,Bray.
—¿Lila sigue organizándote citas?
Niego con la cabeza.
—Después del último le dije que se acabó.
—¿Eran capullos?
—No, pero no me interesaban.Soy perfectamente capaz de elegir mis propios intereses románticos, ¿sabes?
—No tendrías que tener ningún interés —gruñe.
Carraspeo.
—¿Recuerdas nuestra última conversación sobre este tema?¿Nos tenemos que poner en plan cavernícola? Myriam, chica mayor.Cuidar de sí misma.Braden ver y callar.
Braden se ríe.
—¿Eso significa que no puedo volver a ponerle el ojo morado a cualquiera que se acueste contigo?
«Le debes unos cuantos a tu mejor amigo».
—No.Nada de ojos morados, advertencias, de pedirle a nadie que me deje en paz, y sobre todo nada de payasadas de cavernícola.
—Me parece que según el criterio de Maddie todo lo que has dicho entraría en la categoría de payasadas de cavernícola.
—Lo sé.Solo te lo estaba desglosando para que lo entiendas mejor.—Me encojo de hombros.
—Muy graciosa.Muchas gracias.—Niega con la cabeza y se levanta.Acepto la mano que me ofrece y tira de mí.Empieza a caminar en dirección a la casa—.Me voy a clase.Tengo que hacer algunas payasadas de cavernícola antes de que se entere nadie.
—¡Braden Carter! —grito a su espalda—.¡No te atrevas!
Se detiene en la puerta, sonríe y desaparece en el interior de la casa.Yo niego con la cabeza rodeando la casa y tomo el camino que se aleja del campus en dirección a la bahía.
Lo he vuelto a hacer. No le he confesado lo mío con Victor.Solo son unas palabras,pero cuanto más lo escondemos más me cuesta encontrarlas y más difícil es ser sincera.
No soporto mentir. Odio mentirle a todo el mundo porque no quiero esconder lo nuestro.No quiero ocultar lo que siento por Victor.No quiero esconderlo. Pero no le quiero hacer daño a nadie y sé que la verdad lastimará a Braden.Y, sin embargo,sé que cuanto más guarde el secreto más daño le haré. La fría brisa del mar me acaricia y me ciño el suéter. Unos cuantos mechones de pelo me resbalan por la cara e intento apartármelos en vano.
Juegos. Son divertidos hasta que alguien se hace daño.El juego de Braden y Maddie estuvo bien hasta que se hicieron daño mutuamente y empezaron a actuar de forma irracional: él alejándose de ella,y ella huyendo.
Mi juego con Victor está bien hasta que salga a la luz, cosa que acabará ocurriendo.La verdad siempre sale a la luz.Podría dejarlo. Podría hablar con Victor y decirle que lo nuestro se ha terminado y que no puedo seguir con esto,pero estaría mintiendo.Le estaría mintiendo porque sí que puedo, porque no se ha acabado.
Mentiras.Son fáciles de manejar hasta que empiezan a amontonarse y te es obligado a tejer una red en la que luego resulta muy fácil quedar atrapado.Las mentiras están bien hasta que tienes que mirar a los ojos de la persona a la que estás mintiendo. La cuestión es:¿es mejor mentirse uno mismo que a tu mejor amigo?


—Lo de hoy ha sido muy raro —comenta Lila entrando en la habitación.
Levanto la vista del libro.
—Bienvenida a mi mundo.
—Un mundo que has creado tú sola.
—Tu tacto me alucina —le digo con sequedad—.Por favor, Li, recuérdamelo un poco más.
—No entiendo por qué no lo admites.
—¿Acaso alguien ha preguntado? —pregunto encogiéndome de hombros. Suspiro.Yo tampoco lo sé—. Ojalá lo supiera, de verdad.No es tan fácil como parece. Tú lo ves como un secreto y nada más, algo que se está ocultando por un motivo muy sencillo.Simple.Pero no lo es. Esto no es solo la clásica situación de chico conoce a chica y se enamoran.Esto va de un chico que conoce a una chica y todo se viene abajo,tanto en la cabeza de él como en la vida real.
—¿Me estás diciendo que lo que ocurre en la cabeza de Victor es lo que te impide ser sincera?—Alza una ceja incrédula.Yo cierro el libro y lo dejo junto a mí encima de la cama.
—Tú no lo conoces.Crees que sí, todos pensan que lo conocen,pero no es así.Para ti solo es un casanova,un capullo que piensa con la entrepierna al que debería evitar cualquier chica con dos dedos de frente.Pero yo sé la verdad.Sé que no es lo que parece, y también sé que lo que parece no es más que una farsa que se ha inventado para esconder la persona que es en realidad.
—De acuerdo.—Se sienta cómodamente en la cama—.No sé nada de eso, así que centrémonos en lo que dijiste.¿Cuándo se convertirá en realidad toda esta farsa?¿Cuándo acabará esta actuación, Myri?
Suspiro y me apoyo contra la pared.
—No tengo ni idea.He intentado decírselo a Braden.Quizá no me haya esforzado mucho,pero lo he intentado.Pero no me han salido las palabras. No dejo de pensar en cómo me mirará cuando descubra que le he mentido.
—No importa cuándo lo averigüe. Va a poner la misma cara mañana que el año que viene.
—Es que no sé cuánto tiempo más podré seguir ocultándolo. Todo es muy complicado. Necesito ayudar a Victor, Lila,pero este secretismo significa que no siempre puedo estar ahí y eso duele—concluyo en voz baja—.Cuando me necesita me doy cuenta y me hace mucho daño.
Se encoge de hombros.
—Ahora ya lo sé.Te puedo ayudar.Podría alejar a todo el mundo o inventarme alguna excusa,darte apoyo.
—Pensaba que solo querías decirme que se lo tengo que decir a Braden.
—Y deberías.—Suspira—. Pero es evidente que no quieres, o no puedes —corrige al ver mi expresión de enfado—. Así que lo mejor que puedo hacer es ayudarte.Espero que Dios me ayude,porque cuando todo esto salga a la luz me matarán,pero por lo menos así tendré la sensación de estar guardando el secreto por un buen motivo.
—No tienes por qué hacer nada.Me he metido yo solita en este lío.Solo tengo que encontrar la forma de ayudar a Victor y puede que así todo lo demás acabe poniéndose solo en su sitio.—Me paso los dedos por el pelo y suspiro—.Quizá. Con un poco de suerte.
—Yo te ayudaré hasta que todo se ponga en su sitio.Conseguiré que puedas hablar con Victor.No te voy a mentir,no estoy muy de acuerdo, pero está claro que te preocupas por él y yo me preocupo por ti, así que adelante.
La miro un segundo, observo su expresión y esbozo una pequeña sonrisa.
—Eres la mejor amiga del mundo.
—O la más estúpida. Ya verás cuando se entere Braden —murmura camino del baño.
—¿Li? —le pregunto—.No se lo vas a decir,¿verdad?
Se detiene en la puerta del servicio y me mira por encima del hombro.
—Puede que no entienda por qué lo quieres mantener en secreto,y puede que no me guste estar al corriente de la situación, pero eso no significa que vaya a decírselo, Myri.No me gusta tu decisión, pero la respeto.
—Gracias.
—Además —prosigue—. Si se lo digo me la cargaré yo.Y yo soy inocente.
—¡Y yo que pensaba que lo hacías porque tenías un corazón bondadoso!
—De eso nada.—Sonríe—.Estoy intentando salvar mi culo.Tú asegúrate de contárselo a Victor para que pueda cobrarme el favor más adelante.—Me guiña el ojo. Yo me río y cojo el móvil.
«Lila lo sabe», le escribo a Victor.
«¿Qué dices?¿Cómo ha sido?»
«Lo adivinó».
No es falso del todo.
«¿Y?»
«Y nada.No va a decir nada.Nos cubrirá».
«Esto no me gusta, Myri».
«A mí tampoco,pero solo hay dos opciones: que nos cubra o que se lo diga a Braden».
«De momento nos quedaremos con Lila».
«Tenemos que hablar».
«¿Sobre qué?»
«Sobre ti».


Me pierdo entre los brazos de Victor y cuelo las manos por debajo de su camiseta para acariciar su espalda.Él me besa con firmeza y me muerde el labio inferior.
—¿Qué está haciendo Lila? —murmura.
—Lila se ha llevado a los demás al minigolf. —Me encojo de hombros y le miro—.No preguntes.Le ha montado un buen pollo a Ryan.
—Lila odiael minigolf.En realidad odia todos los deportes.
—Ya lo sé.—Me vuelvo a encoger de hombros—.Me ha dicho que le debo una.
—Claro.—Suspira y me acaricia la melena hasta las puntas besándome la nariz—. Dime,¿de qué quieres hablar? Decir que tenemos que hablar de mí no es muy explícito.
Tiro de él en dirección a la cama y se sienta apoyando la espalda contra la pared. Yo me siento a horcajadas sobre él poniendo una rodilla a cada lado de su cuerpo y entrelazo las manos por detrás de su cabeza.Él pone las manos sobre mis muslos y con los dedos dibuja pequeños círculos sobre mi piel.
—De ti. De todo.Hay más, Victor.Sé que hay más.
Se le tensa el estómago.
—¿Qué quieres saber?
—Todo —susurro—.Todo lo que queda.Por muy largo que sea,por mucho que duela… estoy aquí.
Se le hincha el pecho al inspirar hondo y sus ojos se llenan de recelo. El miedo brilla en su interior. Nunca pensé que tendría miedo de su pasado y de lo que no se ha permitido pensar, pero lo tiene. Está aterrorizado.
—No queda mucho por contar.Por lo menos de cuando era niño. Siempre ocurría lo mismo.Mi madre se vendía por dinero, gastaba una parte ínfima en comprar comida y pagar los recibos,y el resto lo utilizaba para comprar drogas y alcohol. Conocía a algún tío que me vigilaba mientras ella «trabajaba» y por un motivo u otro yo siempre solía acabar con un nuevo moretón que añadir a mi colección. Los de servicios sociales venían a vernos, el tipo se marchaba y ella conocía a otro y volvía a pasar la noche follando con algún pobre ricachón para poder seguir metiéndose la misma mierda en las venas.Ese fue mi día a día durante seis años.Me alegro de poder recordar solo dos de esos años, incluso aunque sean los peores.
Me clava un poco los dedos en la piel y yo le acaricio el pelo sin dejar de mirarlo fijamente.
—Era incapaz de ejercer de madre.No sabía hacerlo.Yo siempre era lo último en lo que pensaba y siempre me culpaba de todo.Ella me echaba las culpas,los tipos que vivían con ella me echaban las culpas, y cuando te enseñan que todo es culpa tuya llega un día en que empiezas a creértelo.La explicación que escuchaban los de servicios sociales era que cada corte y cada moretón se debían a las travesuras de un niño demasiado inquieto,y a mí me decían que merecía cada corte y cada moretón por ser un bastardo que no servía para nada.Esos eran sus razonamientos. Me decían que no servía para nada, que era igual que mi madre.—Guarda silencio un momento respirando con dificultad.
A pesar del nudo que se me ha hecho en el estómago le acaricio la cara y apoyo mi frente en la suya para que se relaje.El dolor le obliga a cerrar los ojos y yo no puedo ni imaginar lo que le debe estar pasando por la cabeza en este momento.Lo único que puedo hacer es sentarme aquí con él, abrazarlo y ayudarlo para que lo saque todo.
—Eso es lo que más recuerdo,las cosas que me decían —susurra—.Parece que disfrutaran mucho haciéndome daño con las palabras tanto como con los puños.Y siempre era igual.Siempre, Myri. Recuerdo que siempre me decían que era igual que ella, que lo único que sabía hacer mi madre era follar y que eso era lo único que sabría hacer yo.Sexo, drogas y alcohol; me repetían que esa sería mi vida. Y podría haber sido así.Ella nunca me llevó a la escuela para así poder ocultar los moretones. Está claro que si ella no hubiera muerto,yo habría acabado como ella.
—¿Cómo murió?
—Por culpa de las drogas.¿Por qué iba a ser? —Encoge un hombro y me abraza—.El informe oficial decía que fue una sobredosis de heroína en mal estado.Alguien había cortado la droga con otra sustancia haciéndola todavía más peligrosa y ella se metió una sobredosis por accidente.Creen que debía de tener el mono y que en su confuso y desesperado estado debió inyectarse más de lo que se metía normalmente.La encontraron a tres manzanas de nuestro apartamento, en un bar de mala muerte,y a mí me encontraron en casa un día después.Por lo menos eso es lo que me contó mi viejo. Mi recuerdo de esos días es un poco borroso. Por aquel entonces el día y la noche se confundían para mí. Mamá dormía de día y se marchaba de noche.Yo pasaba la mayor parte del tiempo solo, a excepción de alguna salida semanal,cuando me llevaba al parque para guardar las apariencias. Ese era el único día que se preocupaba por mí.
Tiene la voz entrecortada,pequeña y perdida.Es como si hubiera regresado a la mente de ese niño de seis años y esté viendo el mundo a través de sus ojos. Le miro, miro esos ojos tristes y se me encoge el corazón cuando veo resbalar una lágrima. Le había visto enfadado. Le había visto luchar contra sus demonios. Pero nunca le había visto llorar y se me rompe el corazón. Verlo llorar es peor de lo que había imaginado.





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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  monike el Jue Abr 21, 2016 5:13 pm

CAPITULO 20

VICTOR

Cae una lágrima, y otra, y otra.
El dolor es real. No es nuevo,pero es real.Siempre ha estado ahí y por fin está saliendo. Llevaba mucho tiempo conteniéndolo, pero por fin ha salido.Estoy empezando a dejar salir cosas que me han estado matando durante años.
La caricia de Myriam es cálida y suave,reconfortante y segura.Me abraza y yo dejo que lo haga.No habla.No hace nada,solo me abraza.Me recuerda que no estoy solo,que estoy a salvo.La verdad es que necesitaba abrazarla,pero también necesitaba que ella me abrazara a mí con la misma intensidad.Ella me estabiliza y me ayuda a seguir con los pies en la tierra.Cuando me centro en ella recuerdo que ya no tengo seis años y que ya no tengo miedo.Ella es quien frena los recuerdos que me consumen.Ella es quien consigue que el dolor sea soportable.
—Por eso estudio Psicología —susurro después de que me abrace un buen rato—. Porque así podré ayudar a otros niños como yo que tienen que vivir con toda esta porquería en la cabeza.Si hubiera podido hablar con alguien cuando era más pequeño,probablemente ahora no estaría tan destrozado.
—Tú no estás destrozado.—Myriam se separa de mí y me pasa los pulgares por las mejillas para secar mis lágrimas—.Has tenido una vida dura, Victor,pero ahora te estás enfrentando a ello. Te estás demostrando que esos hombres se equivocaban.Cuando te graduaste en el instituto y conseguiste entrar en la universidad demostraste que estaban equivocados.Porque has sido tú quien lo ha conseguido. Nadie más.
—No, siempre estaré un poco destrozado, Myri. Seguiré despertándome en plena noche preguntándome si estoy debajo de la cama o si estoy a salvo.Seguiré dudando de mí mismo cada día,y seguiré estando un poco roto por dentro; no puedo hacer nada para cambiar eso.
—Pero también te curarás un poco más cada día que pase —me dice en voz baja—.Encontraremos una forma de ayudarte a hacer frente a esas pesadillas y a los recuerdos.Te lo prometo.Yo te ayudaré, Victor.
Myriam me mira con sus ojos azules y su pelo se descuelga alrededor de nuestros rostros escondiéndonos del resto del mundo.Podría perderme en sus ojos mil veces y seguir queriendo hacerlo.Podría caer presa de sus caricias y no sentir nunca la necesidad de liberarme.Y ahora entiendo por qué es tan distinta a las demás.Ella me da algo que nadie me puede dar.Ella ha conseguido que deje de ser alguien que no se preocupaba por nadie para convertirme en un chico que se preocupa por ella.Y ella ha conseguido que me dé cuenta de muchas cosas.
No importa lo que dijeran los novios de mi madre, yo he demostrado que se equivocaban. Gracias a todo lo que he hecho he conseguido llegar hasta Berkeley y conocer a Myriam.Cuando me fui a vivir con el viejo, él me lo enseñó todo, pero he sido yo quien ha salido adelante, quien se graduó en el instituto y quien llegó a la universidad.He sido yo quien logró todas esas cosas para poder conocer a Myriam.
Nunca seré como mi madre porque ella nunca quiso a nadie más que a si misma.Yo nunca seré la clase de persona que acaba viviendo una vida marcada por el sexo,las drogas y el alcohol.Porque yo estoy completamente enamorado de la chica que tengo delante.


Y aquí estamos, de vuelta a las habituales noches del viernes que antes esperaba con tanta ansiedad. Las noches del viernes significaban poder olvidarlo todo y abandonarme a los sentidos físicos. Las noches del viernes y del sábado eran las mejores noches,pero ahora lo único que quiero es agarrar a Myriam y huir.Quiero llevármela de esta mierda de fiesta.
En especial porque el maldito plan de Lila de conseguirle citas está en boca de todo el mundo yhasta el último Tom, Dick y Harry de la universidad intentan ser el próximo candidato.Cada vez que uno de esos imbéciles se acerca a ella,por un segundo hago responsable a Braden y al hecho de que él sea el motivo de que tengamos que mantener nuestra relación en secreto.Me encantaría acercarme a ella,alejarla del idiota que está a su lado y besarla hasta dejarla sin sentido delante de todo el mundo para dejar las cosas bien claras.Haría cualquier cosa para alejarla de ellos y demostrarles a todos que no les pertenece. Myriam me pertenece a mí.
Porque es mía.Y no lo digo en plan posesivo.Es en mis brazos donde se entrega, son mis labios los que besa,es mi corazón el que ha robado.Y eso significa que es mía.Y no del bastardo arrogante con el que está hablando.Clavo el botellín de cerveza en la mesa ignorando las sorprendidas miradas que me rodean y me abro camino por entre la gente. Con toda la intención,le doy un codazo en la espalda cuando paso junto a ella de camino a las escaleras.Las subo de dos en dos y asciendo a toda velocidad.No pienso seguir viendo esa mierda.
Mi habitación está en silencio y tranquila y espero a que aparezca.
No tengo ni idea de cuánto tiempo tendré que esperar.Si tarda mucho acabaré volviendo a bajar, si sube demasiado pronto la gente se dará cuenta de que ha venido a buscarme.Todos se preguntarán porqué. Pero ya no sé si me importa.No sé si puedo seguir preocupándome por eso.
Se abre la puerta.Se cierra.
—Espero que tengas un buen motivo para explicar que hayas subido a toda velocidad como una chica con el período que no puede comer chocolate —bromea Myriam.
—No puedo seguir con este rollo secreto, nena.—Me doy media vuelta y le clavo los ojos advirtiendo, por unos segundos, lo bien que se le ciñen los vaqueros a las caderas—.No puedo seguir ahí abajo viéndote rodeada de capullos sin cogerte de la cintura y advertirles que se alejen con los ojos. No puedo seguir haciéndolo.Ya no.
—Antes no te molestaba.
—¡Siempre me ha molestado! ¿Crees que no me importaba ve cómo te reías y bromeabas con quien fuera que estuviera intentando colarse en tus bragas esa noche?
Da un paso adelante.
—¡Yo no he dicho que no te importara! He dicho que no te molestaba, ¡y si era así, nunca me lo demostraste!
—Entonces,¿no te importa que me acerque a alguna chica y me ponga a hablar con ella para guardar las apariencias? —La miro con impotencia—.No puedo soportar ver cómo se te comen con los ojos, Myri.Esta relación secreta ya ha ido demasiado lejos.Tenemos que confesarlo.
A ella se le abren un poco los ojos.
—No podemos… Braden…
—¡Pues tendremos que enfrentarnos a él! —Me pongo delante de ella,la cojo de la cara y me apoya las manos en el pecho—.Tendremos que enfrentarnos a la situación.Y él tendrá que aceptarlo porque no pienso seguir fingiendo y no estoy dispuesto a dejarte por culpa de esta mierda.
—Nos odiará —susurra.
—El daño ya está hecho, nena. Es él o nosotros.
Myriam niega con la cabeza y se muerde el labio inferior con gesto preocupado.
«Braden», odio cómo se estremece cuando dice su nombre.
—Tendremos que decírselo —le digo con delicadeza.La beso—.Ahora.Se lo diremos ahora.Se abre la puerta de golpe.
—¿Decirme el qué?

...Continuara





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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  Eva Robles el Sáb Abr 23, 2016 2:00 am

Muchas gracias por los capítulos siguele por favor esta muy buena espero que no tardes mucho que ya los van a descubrir

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  jai33sire el Sáb Abr 23, 2016 11:34 pm

Gracias por los capitulos y siguele por faaaaa

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  monike el Vie Mayo 13, 2016 4:57 pm

Disculpen la tardansa, e estado muy liada con algunos compromisos.
Y no habia podido entrar a postearles los capitulos, pero aqui tienen los capitulos 21 y 22.

Disfrutenlos...





CAPITULO 21

MYRIAM

Me alejo de Victor de un salto y me llevo la mano a la boca en cuanto veo a Braden allí plantado. Sus ojos alternan entre nosotros: el azul de sus iris se va helando poco a poco y se le endurece la expresión.
La tensión del ambiente se dispara.Casi puedo sentir cómo Victor se tensa a mi lado y ver la ira del descubrimiento fluyendo por el cuerpo de Braden.Yo me quedo helada; soy incapaz de hacer otra cosa que no sea esperar.Incapaz de hacer otra cosa que no sea observar cómo asoma la rabia y la traición a los ojos de mi mejor amigo.
Me pasan miles de excusas por la cabeza,pero se me ha comido la lengua el gato de verdad.Nada puede excusar esto.Y ha llegado el momento de sincerarse.
—Ryan me ha dicho que le había parecido que subías detrás de Victor.—Braden me clava los ojos—. Pensaba que se había vuelto loco.Le he dicho que sería algún otro pobre diablo,pero cuando otro par de chicos me han dicho lo mismo,me ha apetecido subir a reírme.¡Porque no creía ni por un momento que los encontraría juntos en esta puta habitación!
—Bray… —susurro.
—¿Cuánto hace? —Mira a Victor apretando los dientes—.¿Cuánto hace que te la estás tirando? —¡Braden!
—No va de eso —le contesta Victor con la misma seriedad.
—¿En serio? ¿Y esperas que me lo crea? —grita Braden—.¿Cuánto hace?
—Desde que te llevaste a Maddie a conocer a tus padres.
—¿Fue la primera vez? —Me atraviesa con sus ojos azules.
Asiento y me aparto la mano de la boca.
—Justo después.
Se ríe con amargura y se dirige a Victor.
—¿Me marcho dos días y te metes en su cama una semana después?
—¡Fuimos los dos! —Doy un paso adelante—.Fuimos los dos,Braden.
—Ah, claro.Y eso lo arregla todo,¿no?
—¡No! —Me pongo delante de Victor—.No.No hay forma de arreglar esto y no tengo ninguna excusa para explicarlo,pero tienes que comprender que yo puedo tomar mis propias decisiones.Ya soy mayorcita para enfrentarme a las consecuencias.Te agradezco que cuides de mí, de verdad,pero no puedes pasarte toda la vida protegiéndome.Victor no me obligó a hacer nada.¿Lo entiendes? ¡Yo quería hacerlo!
Me mira.A mí se me hincha el pecho y Victor me agarra del brazo.
—Myri…
—¡No! —grito sin dejar de mirar a Braden—.Por mucho que él quiera verlo así, no ha sido solo cosa tuya. No pienso quedarme aquí viendo como te sermonea por algo que hemos hecho los dos.
—¿Cuánto tiempo llevan acostándose juntos? —dice Braden con sarcasmo—.Porque el hecho de que sea una decisión consensuada lo convierte en algo completamente diferente, claro. —Mantenemos una relación desde ese fin de semana —le corrijo.
—¡Ja! —Braden da una palmada en la pared—.¿Una relación? ¿Lo dices en serio?
—Sí.
—Eso no puede ser.Has tomado muy malas decisiones en la vida, Myriam,¡pero esta se lleva la palma! —Sale por la puerta y yo me suelto del brazo de Victor para seguirle sin importarme quién pueda escuchar la conversación.
—¡La mala decisión no fue estar con Victor! La mala decisión fue ocultártelo. ¿Y sabes por qué te lo escondí? ¿Sabes por qué decidí no decírtelo? Por esto.¡Para evitar que pasara esto! ¡Sabía que te pondrías como una moto!
—Entonces, ¿por qué lo hiciste? —me espeta.
—¡Porque quise hacerlo!
—¿Y eso es mejor? —Se detiene y se vuelve para mirarme.Señala en dirección a la habitación de Victor—.¡Te va a romper el corazón, Myriam! Eso es lo que hace siempre.Se tira a las tías y luego las deja.
—¡Tú no le conoces como le conozco yo!
—¡No,pero muchas chicas sí!
—¡De eso nada! —le grito pateando el suelo. Me llevo las manos a ambos lados de la cabeza—.Ellas no le conocen como yo.Ninguno de vosotros le conoce como yo.Así que no te atrevas a decirme que ha sido una mala decisión cuando no sabes nada sobre mi decisión.Tú no sabes nada sobre nosotros. ¡Tú no sabes ni cómo me siento yo ni cómo se siente él!
—Pues adelante, Myri.Si esto es tan importante,si es tan real,cuéntame. ¿Cómo te sientes?
Le miro fijamente y abro la boca para hablar.
—La quiero —dice Victor desde el otro lado del pasillo—.No puedo responder por ella,pero puedo hacerlo por mí. Y la respuesta es que la quiero.
Dejo caer las manos y trago saliva. Se me acelera el corazón en el pecho y lo siento vibrar contra mis costillas.Nunca nos lo habíamos dicho.Él jamás me lo había dicho.
Y ahora lo está admitiendo.En voz alta.Se lo está diciendo a Braden.Y de paso atodos los que estén escuchando.
—¿Laq uieres a ella o a lo que te da? —pregunta Braden con incertidumbre pero con la voz todavía teñida de ira.
Victor se pone detrás de mí y me toma de la mano.Entrelaza los dedos con los míos y cuando su pecho toca el mío puedo sentir lo vulnerable que es en este momento.La única persona a la que se ha abierto soy yo, y ahora tiene que hacerlo delante de otra persona.
—La quiero por quien es y por la persona que soy yo cuando estoy con ella.Multiplica por un millón lo que Maddie significa para ti y entenderás lo que Myriam significa para mí. Myri tiene razón, Braden. Nadie me conoce como ella.Ella lo sabe todo de mí, incluso las cosas que nunca he querido que sepa nadie.Ella lo sabe todo y sigue conmigo.La quiero por todo lo que me da,cada caricia,cada sonrisa.Lo quiero todo.
»Ahora si quieres puedes venir a darme un puñetazo.Lo aceptaré porque me lo merezco por haberlo hecho a tus espaldas,pero no me pienso disculpar. Nunca me disculparé por quererla,así que no esperes que lo haga.Y no esperes que me separe de ella porque no lo haré. No puedo.
Me aprieta un poco la mano y me pongo a temblar.Unas suaves pisadas en la escalera anuncian la aparición de Maddie y la miro a los ojos. Pero en ellos no veo ni rastro de la indignación o el enfado que esperaba encontrar. Lo que veo es comprensión.
—¿Y tú Myri? —me pregunta Braden.
Inspiro hondo.
—Yo también le quiero, Bray. Siento mucho no habértelo dicho, de verdad.Los dos intentamos evitar que sucediera, pero al final pasó y no lo lamento.Solo lamento que te haga tanto daño.
Maddie rodea a Braden por el brazo y se apoya en él.Braden suspira.
—¿Sabes lo que más me duele? —Me mira y me doy cuenta de que la ira ha desaparecido de sus ojos. En su lugar queda un regusto a derrota—.Que eres mi mejor amiga y en ningún momento pensaste que podías venir a contármelo.Puede que sea culpa mía, pero es lo que me saca de quicio. ¿Qué si estoy enfadado?Pues claro que sí.Estoy que echo chispas.Pero no puedo enfadarme contigo.No importa cuántas ganas tenga de partirle la cara a Victor y gritarte a ti,no puedo hacerlo. —¿Y por qué no? —pregunta Victor—.Me lo merecería.
Los ojos de Braden trepan por mis hombros para encontrarse con el par de ojos grises que tanto adoro.
—Porque cuando miro a Myriam a los ojos veo el mismo amor que Maddie siente por mí.No has dudado ni un segundo en decirme que la querías cuando ni siquiera se lo habías dicho a ella todavía. Me he dado cuenta por su reacción.No se lo habías dicho y yo te he obligado a decírmelo.Sería un puto hipócrita si me enfadara contigo por eso,pero que no esté enfadado no significa que quiera estar contigo ahora mismo.
Saca el brazo de entre las manos de Maddie y sube las escaleras camino de su habitación.Maddie nos mira con una pequeña sonrisa en los labios.
—Te ha costado bastante admitirlo —dice en voz baja.
—¿Lo sabías? —Victor me abraza. Su sonrisa se acentúa y se pone el pelo detrás de la oreja.
---Pues claro.Yo he sufrido, Victor,y el dolor reconoce el dolor.Y tú lo estabas escondiendo.No sé lo que es,pero sé que está ahí.Y Myri es la persona más delicada y comprensiva que conozco.Se atraen el uno al otro porque ella podía curar tus heridas. Sé que tenían algo desde que volvimos. —¿Por qué no me lo preguntaste? —Ladeo un poco la cabeza.
Hace ademán de seguir a Braden y se detiene en el primer escalón.
—Porque…—Sonríe—.Si Braden hubiera sospechado algo y me hubiera preguntado tendría que haberle mentido.
No puedo evitar sonreír.Lo conoce muy bien.Lo conoce tanto como yo conozco a Victor.
Dejo escapar un suspiro y me relajo contra Victor.Me abraza con fuerza y entierra la cara en mi cuello.
—Ha sido… divertido —me dice con sequedad.
—Ha ido bien —le digo con sinceridad—.Pensaba que Braden golpearía primero y preguntaría después.Es su modus operandi habitual.
—Quizá se haya sorprendido tanto de encontrarte aquí que se ha olvidado de pegarme primero.
Dejo escapar una pequeña carcajada.
—Es posible.
Me suelta y me acompaña hasta su habitación cerrando la puerta con el hombro.Yo me froto la cara con las manos.
—¿Y ahora qué hacemos? —Le miro.
Victor sonríe y se acerca a mí.
—Ahora dejamos de escondernos y yo puedo ponerme en plan protector cuando algún imbécil intente ligar contigo,como pasa a menudo.
Esbozo una sonrisa ladeada.Él me sujeta la cara y me besa.
—Eso suena bien.
—Sí. Pero primero tenemos que aclarar una cosa.
—¿El qué?
Sus ojos grises se suavizan y su mirada se torna limpia y sincera.
—Siento no haberte dicho nunca cómo me siento.
—Ahora ya lo sé —le contesto.
Niega un poco con la cabeza.
—No,no lo sabes.No sabes que con una sola caricia consigues llevarte el dolor de mi pasado,y no sabes que cuando duermo contigo por las noches no tengo pesadillas.No sabes que eres la primera persona que me ha hecho sonreír de verdad,y estoy seguro de que no sabes que estoy tan enamorado de ti que ya no veo ni pienso con claridad.
«En vano he luchado.No quiero hacerlo más.Mis sentimientos no pueden contenerse. Permítame usted que le manifieste cuán ardientemente la admiro y la amo».
Vaya. Lo cita a la perfección.Le sonrío y me acerco un poco más a él cogiéndolo de la cintura. Me entierra los dedos en el pelo y me posa la mano detrás de la cabeza sin apenas rozarme la nuca.
—Incluso cuando intenté resistirme,fue en vano —dice con un tono más suave apoyando la frente sobre la mía.Mi nariz roza la suya y cierro los ojos mientras le escucho—.Pasé el límite y empecé a enamorarme de ti,y estoy convencido de que no quiero curarme nunca de ese mal.No sé cómo lo haces, nena, pero tú me conviertes en una persona mejor.
Victor me besa con la delicadeza de una pluma y yo paseo las manos por su espalda hasta sus hombros.
—Un discurso digno del mismísimo señor Darcy —murmuro sonriendo. Él echa la cara hacia atrás con la mirada más clara y una sonrisa en los labios.Le deslizo las manos por los brazos y le miro a los ojos—.Te quiero, Victor.No sé cómo ni por qué,solo sé que te quiero.Me da igual lo que pienses sobre ti mismo y todo lo que te hayan dicho, porque lo que yo veo en ti es todo lo contrario. Para mí te lo mereces todo, todo. ¿Me oyes?Y te prometo aquí y ahora que no me pienso marchar.
Victor se estremece y su mirada vuelve a parecer vulnerable.En lugar de contestar agacha la cabeza y nos volvemos a besar.Deja resbalar las manos por mi espalda mientras yo le rodeo el cuello con las manos: nuestros cuerpos encajan a la perfección.
—No tienes otra opción —susurra haciéndome cosquillas en los labios con su aliento—.Porque no creo que te deje marchar nunca.Además,nunca nos dimos un primer beso en condiciones.
—Claro que sí.Creo que fue contra la pared después de que me asaltaras.
—Eso no fue un beso.Eso fue un preludio de sexo que no llegó a pasar.
—Ya, pero sí nos besamos —le recuerdo.
Esboza media sonrisa.
—Pero eso no fue un beso.No fue un beso en condiciones.
—Me has besado cientos de veces, Victor.
—Ya lo sé.Pero seguimos sin tener un primer beso de verdad.
Suspiro divertida.
—¿Por qué te obsesiona tanto?
—Porque eres la persona más romántica que conozco y sé que es importante para ti.
—Tampoco es para tanto.—Miro sus ojos ahumados—.Solo es un beso.
—Contigo nada es solo algo —murmura sonriendo—.Siempre es más de lo que parece y quiero darte el primer beso que mereces.
—No tienes que hacer nada. Estar juntos ya es más que suficiente.
—Myriam…
—No vas a abandonar la idea de un segundo primer beso,¿verdad?
Victor niega con la cabeza.
—Yo nunca abandonaré nada que tenga que ver contigo.Déjame hacer.
—Está bien —susurro.
Agacha la cabeza y me roza la nariz con la punta de la suya.Yo cierro los ojos.
—Espero que estés preparada para el mejor beso de tu vida —susurra —.Porque será tu último primer beso.
Me pone la mano detrás de la cabeza y se acerca más a mí.Nuestras bocas se encuentran en una suave caricia que poco a poco se torna más inquisitiva.Sus labios acarician los míos muy despacio y mi cuerpo se funde con el suyo.Su sabor, sentirle,su olor… todo se apodera de mí.Cada vez que sus labios me rozan siento cómo me atrapa un poco más.
Me embarga la sensación de que Victor me arrastra.Yo me aferro con fuerza a todo lo que me da. Porque la romántica que hay en mí lo quiere todo y no está dispuesta a soltarlo.
Jamás.
Mi corazón está en total contradicción consigo mismo.Estoy tumbada entre los brazos de Victor y la mitad de la vida me parece más luminosa de lo que era hace algunas semanas.Esa luz procede de la verdad. Pero la otra mitad es pesada,como si estuviera atada a un plomo que la tiene clavada al suelo.
Me muevo y Victor me abraza con más fuerza.Le paso los dedos por el pelo para apartárselo de la cara y poder observarle.Ahora parece en paz. Las arrugas que tantas veces he visto formarse en su frente han desaparecido por completo,tiene la boca un poco entreabierta y respira con normalidad.
Pero su paz se ha convertido en el tormento de mi mejor amigo, que es probable que ya esté despierto en alguna parte de esta misma casa.Se estará odiando por haberse enfadado conmigo, se sentirá feliz de saber que he encontrado el mismo amor que tiene él y culpable de que yo sintiera que no podía contárselo.En realidad no estará en la casa.Y sé exactamente dónde encontrarlo. Me levanto de la cama y alguien llama a la puerta con suavidad.Mierda.Cojo una de las camisetas de Victor del respaldo de la silla,me la pongo y abro un poco la puerta.Me encuentro con la cara de Lila.
—He ido corriendo a la residencia a traerte un poco de ropa.Sabía que no tendrías nada y que ya estarías despierta.—Me da una bolsa.
—Gracias —le digo en voz baja.
—No tienes por qué darme las gracias. No me gustaría estar en tu pellejo hoy.Braden ni siquiera está aquí; le ha mandado un mensaje a Maddie y le ha dicho que necesitaba una hora. Y ella lo entiende, pero no tiene ni idea de dónde está.
—Por eso me has traído la ropa.
Oculta su sonrisa con la mano.
—En parte.Sé que no tiene sentido que ninguno de nosotros salga a buscarle porque podría estar en cualquier parte,¿no? Tú eres la única que puede encontrarle.
Asiento.
—Yo sé dónde está.Dile a Mads que no se preocupe; lo encontraré.Gracias por traerme esto, Li.
Sonríe y se marcha en dirección a la habitación de Ryan.Yo cierro la puerta y me encuentro con los ojos grises de Victor mirándome con lujuria.Ignoro la sensación que me recorre todo el cuerpo y levanto la bolsa.
—Lila me ha traído ropa.
—Si no acabara de escuchar que Braden ha desaparecido y que eres la única que sabe dónde está, le devolvería ahora mismo la ropa.—Se apoya en un codo con los ojos clavados en mis muslos, justo donde cae la costura de la camiseta.
—¿Eso harías? —le pregunto con inocencia volviendo a la cama.
—Ya lo creo. —Me coge del brazo y tira de mí.La mitad de mi cuerpo aterriza sobre él y la otra mitad sobre la cama. Sus manos desaparecen por debajo de la camiseta y desliza los dedos por debajo de la goma de mis braguitas.
—Me encantaría pedirte que durmieras siempre con mi camiseta,pero si lo haces es muy probable que no duermas nada.
—Tampoco creo que me quejara mucho —digo contra su boca y rozándole sus labios con los míos.
Me besa con fuerza y cuando mueve la cadera noto cómo su erección presiona mi muslo desnudo por debajo de las sábanas.Le paso los dedos por el pelo y dejo de besarle. Le sonrío.
—Tengo que ir a buscar a Bray.
—Ya lo sé —contesta con delicadeza—.Tampoco es justo para Maddie. Mierda. La hemos liado bien, ¿no?
Me siento y deslizo los dedos por su brazo hasta llegar a la palma de su mano.Él me agarra los dedos y los entrelaza con los suyos.
—Sí.La hemos liado.No tiene sentido negarlo, pero aunque se lo hubiéramos dicho en otro momento habría pasado lo mismo.Se habría enfadado igual y necesitaría calmarse. Los dos sabemos que no deberíamos haberlo mantenido en secreto y que tendríamos que habérselo dicho hace mucho tiempo, pero ya no podemos hacer nada.Estuvo mal y ahora tengo que ir a hablar con él y arreglar las cosas.
—Es muy terco.¿Cómo sabes que querrá hablar contigo?
Sonrío y encojo un hombro.
—Porque si quisiera hablar con otra persona no habría ido donde solo yo sé que puedo encontrarle.


—Me preguntaba cuánto tardarías en aparecer.
La brisa marina me azota el pelo y tengo que pelearme con él sin descanso para apartármelo de la cara.
—Más de lo que debería —le contesto saltando a la roca que hay junto a él.Me vuelvo a apartar el pelo de la cara.
Braden guarda silencio y encoge los hombros con la mirada perdida en el mar revuelto. Golpea sus pulgares entre sí y sigue un ritmo invisible con los pies.Lo conozco lo suficiente como para saber que está pensando qué decir, así que me quedo callada esperando a que sea él quien mueva ficha.
—Entiendo por qué lo hiciste —me dice después de un rato de silencio —.Me refiero a los motivos que tenías para guardar el secreto.Pero no entiendo por qué te acostaste con ese imbécil.
Le miro y veo que está reprimiendo una sonrisa.
—Mmmm,¿porque está bueno? —bromeo intentando no reírme.
Braden aparta la mirada y se muerde el interior de la mejilla.Yo bajo la vista.
—Sí, bueno, supongo que si tienes que estar con algún idiota, debería ser con un idiota que me caiga bien.
—Nunca te gustará nadie que salga conmigo. —Le apoyo la cabeza en el hombro y él me rodea con sus brazos como hacíamos siempre que hablábamos.Antes de irnos a la universidad.Antes de que empezaran los juegos.
—Eso es cierto —me concede—.Pero a Victor no le puedo odiar del todo porque ya me caía bien, así que estoy perdido.Aunque tengo que admitir que nunca imaginé que acabarías con él.Te imaginaba metida en el deportivo de algún ricachón a caballo entre Los Ángeles y Nueva York para asistir a cenas elegantes.
Se me escapa la risa y me tapo la boca mientras Braden se sacude a mi lado riéndose también.
—Claro,como si yo tuviera los modales y la paciencia para esas cosas.Por favor,Bray,un poco de consideración. —Le doy un codazo en el costado sin dejar de reírme—.¿Ya has olvidado las cenas que daba tu madre para recaudar fondos?Teníamos que buscar en Google qué tenedor debíamos usar porque nadie nos enseñó esas cosas.Todos pensaban que dos chicos de catorce años sabrían esa clase de detalles.
—¿Y cuando vinimos aquí y tuve que buscar en Google consejos sobre citas? —recuerda—.Vaya. Nos hemos metido en algunos líos, ¿verdad?
—Creo que es porque tú siempre te metías en líos y yo acababa también metida por defecto.—Sonrío y me enderezo un poco—.Lo siento mucho, Bray.Nunca quise escondértelo.Se suponía que debía ser cosa de una sola noche, pero todo se precipitó y antes de que me diera cuenta ya había llegado demasiado lejos para poder hacer nada.Cuanto más tiempo pasaba más me costaba encontrar las palabras para decírtelo.Ya sé que eso me deja a la altura del betún, pero créeme cuando te digo que me siento como una absoluta desgraciada porque es cierto.Te he hecho mucho daño.
—Ya lo entiendo, Myri. Más o menos. Me hace sentir muy mal saber que no podías decírmelo, pero probablemente yo habría hecho lo mismo si hubiera estado en tu lugar.Claro que a mí no me habrían pillado. — Sonríe.
—Yo quería que me pillaras. —Me encojo de hombros—.O eso creo.Si nos sorprendías no tendría que ir a explicártelo porque lo habrías deducido tú solo.
—Siempre fuiste la más débil.
—¡Oye!
—Victor es un capullo, Myriam, eso ya lo sé.Pero te quiere.Jamás pensé que sería posible, pero es así.—Guarda silencio un momento—.Pero estamos hablando de ti. Si quisieras podrías agarrar a un gay y reconvertirlo en heterosexual.
—Bueno,supongo que podría intentarlo.
—Buena suerte. Victor se volcará contigo.Si se parece en algo a mí,lo hará.
—Por lo que se refiere a ser un plasta sobreprotector, sí, es bastante igual que tú.
Braden se ríe un poco y suspira.
—Yo también lo siento, Myri.
—¿Por qué? Fui yo quien mintió.
Se vuelve hacia mí y sus ojos azules se posan sobre los míos. Azul contra azul.
—Porque estaba tan perdido en lo que creía que más te convenía,que olvidé preguntarte lo que querías tú. Estaba tan concentrado en alejarte de esos rabos andantes y parlantes de la casa de la fraternidad que no me di cuenta de que lo mejor para ti siempre estuvo delante de mis narices.
—No lo puso fácil. —Se me suaviza la voz—. Parte del motivo por el que no te lo dije fue que aunque no lo diga te necesita, a ti y a Ry. Necesita poder bromear con sus amigos. Le da seguridad. Cuando te dije  que no le conoces como yo hablaba muy en serio.No es cosa mía contártelo, y nunca se me ocurriría traicionarlo de esa forma,pero el chico que conoces tú no tiene nada que ver con el que conozco yo. Solo espero que confíes en mí cuando te digo que es el mejor.Ya sabes que el corazón no miente, Bray, y mi corazón me dice que él es lo mejor para mí.Mi corazón me dice que él es todo cuanto necesitaré por muy difícil que se ponga la cosa.
—Y ese es el motivo de que no pueda enfadarme.No importa lo mucho que me apetezca estarlo. Confío en ti, Myri.A veces me pregunto por qué, pero no tiene sentido discutir con una cabezota como tú.
—Me enseñaste bien.
—Demasiado bien.—Se estira y se levanta.Luego apoya sus manos en mi cintura y tira de mí hacia arriba.Me pasa el brazo por encima de los hombros—.Venga, vámonos. Esta mañana he dejado sola a mi novia y aún tengo que ir a amenazar a ese niño bonito.
Niego con la cabeza y sonrío mientras saltamos de la roca.Para qué voy a discutir con él: sigue necesitando hacer el papel de viril hermano mayor.

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  monike el Vie Mayo 13, 2016 5:05 pm

CAPITULO 22

VICTOR

La áspera corteza del árbol se me clava en la espalda. Aparte de Myriam el aire libre es lo único que me da paz.Incluso aunque esté esperando para mantener la inevitable conversación con Braden, la charla en la que tendré que admitir por qué la necesito tanto.Sé que después de lo que le hemos hecho no se merece menos y estoy preparado para dárselo.Gracias a Myriam ya estoy en disposición de empezar a abrirme respecto a mi vida.
—Siempre estás en las nubes.—Sonríe.
—¿No me vas a pegar? —Le devuelvo la sonrisa.
Braden encoge un hombro.
—Lo he valorado.Varias veces.Pero al final he imaginado que no valía la pena porque es muy posible que las chicas me peguen después a mí.
Probablemente tenga razón.
—Pero eso no significa que no te vaya a partir la cara si le rompes el corazón.
—Ayer no bromeaba cuando dije que la quería —le digo sin rodeos mirándolo con la misma seriedad con la que me mira él—.Ella me entiende, tío.Ella comprende todas mis miserias y sabe manejarlas. Myriam es de otro mundo y sigo pensando que no la merezco.
—Tío, ninguno de nosotros se merece a esas chicas,pero no parece que vayan a dejarnos; ellas sabrán por qué.—Me guiña el ojo—.No te voy a mentir: estoy enfadado.Me indigna que no me lo dijeras y que lo hicieras a mis espaldas.Pero al mismo tiempo lo comprendo.Lo mantuviste en secreto debido a lo mucho que ella significa para mí.Y por eso no estoy enfadado del todo.
Le miro alzando las cejas cuestionándolo en silencio. Braden abre la boca y la vuelve a cerrar.
—A la mierda.—Se pasa la mano por el pelo—.Ni siquiera sé cómo me siento.
Myriam aparece en la puerta trasera de la casa de la fraternidad y se apoya en el marco para mirarnos.
—Mi vida fue un cóctel de drogas,alcohol,sexo y abusos hasta que cumplí los seis años.Pasaba los días ocultando los moretones que me hacían los colgados de los novios de mi madre y preguntándome qué me harían la próxima vez.Oía cómo abusaban de ella en la habitación de al lado. La escuchaba llorar cada noche. La vi llegar demasiado lejos hasta que las drogas se la llevaron y mi abuelo me acogió.Llevo viviendo con esa mierda desde entonces y utilizando el sexo para bloquearlo todo como hizo ella.Por eso no me importaba.El sexo me ayudaba a no sentir nada. Hasta que llegó Myriam.Ella me devolvió a la vida.Ella me hizo sentir y me lo fue sacando todo poco a poco. Ella me ayudó a recordarlo todo y luego lo hizo desaparecer solo por el hecho de estar ahí. Toda la mierda que tengo en la cabeza y todo ese ruido,ella lo hace desaparecer,tío.No tengo ni idea de cómo lo hace.—Niego con la cabeza y miro cómo se acerca a nosotros—.Pero lo hace.Esto no lo sabe nadie más.—Vuelvo a mirar a Braden—.Este soy yo, y lo menos que puedo hacer después de haberte traicionado de esta forma es explicarte la clase de persona de la que se ha enamorado Myriam.Ya no voy a seguir fingiendo.A partir de ahora seré como soy porque eso es lo que ella merece.
—¿Aún no se han matado? —Myriam se pone el pelo detrás de la oreja y se detiene ante nosotros. Alargo el brazo,la cojo de la mano y tiro de ella hacia abajo.Grita y la cojo con dulzura para sentarla entre mis piernas.La rodeo con los brazos y entierro la nariz en su cuello para darle un beso debajo de la oreja.
—Todavía no.Pero si hubieras tardado unos minutos más quizá hubiera ocurrido.
Me mira y noto cómo se le mueve la mejilla al sonreír. Entrelaza los dedos con los míos.
—Bien —murmura—.No me gustaría tener que ponerlos en su sitio.
—¿Lo ves? —Braden se encoge de hombros—.Ella me daría más de lo que te daría yo a ti.Me conformaré con saber que estoy cerca para vigilarte.Trátala bien.
—Cavernícola —le recuerda Myriam sentándose en la hierba a su lado.
—Lo que tú digas,cielo.Es una forma de hablar.
—Ya lo sabemos. —Se inclina y le da un beso en la mejilla—.Pero creo que Victor ya es consciente de eso.
Braden le gruñe y Maddie sonríe apoyando la cabeza en su hombro.
—¿Este es el capullo con el que te estabas acostando? —Kay grita desde el otro lado del patio—. ¿Me tomas el pelo?
—¿Sorpresa? —dice Myriam encogiéndose de hombros.
—¿Sorpresa? ¡Ya lo creo que es una sorpresa! —Se detiene junto a nosotros y se lleva las manos a las caderas. Mira a Braden—.¿Por qué no está hecho picadillo?
Braden se encoge de hombros. Estoy bastante seguro de que todo el mundo se encoge de hombros ante Kay.Es más fácil hacer eso que contestarle y darle más munición para que siga vomitando palabras.
—¡Relájate! —le grita Lila—.Solo están saliendo.No es para tanto.
—Tú ya lo sabías, ¿no? —Kay la mira y luego mira a Myriam—.¿Cómo has podido contárselo a ella y a mí no?
Sonrío y Myriam le lanza una mirada.
—Técnicamente no me lo dijo —apunta Lila—.Lo averigüé.
—¿Y por qué no me lo contaste?
—¿Era una cuestión de vida o muerte,Kayleigh? ¿Te vas a morir ahora que sabes que eres la última persona en enterarte?
—No.
—Pues por eso no te lo conté.—Lila sonríe—.No era asunto tuyo.
—¿Lo sabías? —Braden le pregunta a Lila mirando a Ryan por encima del hombro—.¿Tú lo sabías?
—¿Por qué tengo la sensación de que estamos atrapados en un drama de instituto? —susurro al oído de Myriam.Ella se ríe en silencio.
—¿Porque Kay, Braden y Ryan siguen teniendo mentalidad de instituto? —me susurra a mí.
—Yo… hummm, mierda —murmura Lila.
—A mí no me mires, tío.Yo no tenía ni idea de que Lila lo supiera.
—Sí, no, sí, no… —Maddie parpadea unas cuantas veces—.¿Podemos resumir?Está empezando a dolerme la cabeza.
—Eso es por culpa de los chupitos que te bebiste anoche —le señala Kay.
—De eso nada. La culpa es vuestra.—Maddie niega con la cabeza—.Está bien, Myriam y Victor tuvieron un jugoso rollo de una sola noche que los dejó hechos polvo: resulta que descubrieron que se necesitaban el uno al otro desesperadamente.Como resultado iniciaron una relación secreta mientras Myriam alimentaba su tapadera fingiendo salir con los chicos que elegía Lila.Pero llegó un día que se cansó,le dijo a Lila que se metiera sus citas a ciegas donde le cupiesen y se fue de la lengua. Entonces Lila la estuvo encubriendo hasta la otra noche,cuando se volvieron descuidados y Braden los pilló.Y ahora ya lo sabemos todos, todo el mundo está contento,y ya pueden tener todos los rollos de una noche que quieran sin tener que preocuparse de que los pillen con los pantalones bajados haciendo cochinadas contra un árbol.
Myriam resopla y yo sonrío.
—Nunca lo hemos hecho contra un árbol —murmura.
—Bueno, todavía no.—Le estrecho la cintura.
—Pero es así,¿no? —Maddie nos mira—.Bueno,básicamente.
—Supongo que sí.Bastante desarrollado, pero sí —contesta Myriam por los dos—. Aunque quizá con un poco menos de desesperación.
—Yo no estaría tan seguro.Desde que te vi he estado bastante desesperado por meterme en tus bragas —le digo.
—¿Solo en mis bragas?
—Bueno,podría decir dentro de ti, pero intentaba no ser tan explícito.
Le brillan los ojos.
—Bueno,en una situación normal estaría encantado de hablar de sexo, pero esta chica es como mi hermana.Así que nada de anécdotas sexuales.—Braden alza las manos y me mira—.Intenta no mencionarlo delante de mí.
—Sabes —reflexiona Maddie—,desde que él y Myriam lo hicieron, Victor no dice ni la mitad de palabrotas.Podrías intentarlo tú también, Bray.—Le da un golpecito en la mejilla y él pone los ojos en blanco.
—Claro, cielo —le contesta.
Sonrío.
—No me puedo creer que se estuvieran acostando y no me diera cuenta.—Kay nos mira.
—Tenemos una relación —la corrige Myriam—.Hay una ligera diferencia.
—También había sexo.Todo es muy relativo.Es que no puedo creer que no lo supiera.
Me esfuerzo por no poner los ojos en blanco.
—No vas a dejar el tema, ¿verdad?
—No —contesta Kay apoyándose en sus manos—.No es muy probable.


—¿Qué vamos a hacer? —pregunto mientras Myriam tira de mí en dirección a mi coche.
—Es domingo —dice—.Vamos a ver a tu abuelo.
—De acuerdo,pero eso no explica por qué llevas una cesta de picnic.
—Está bien.Vamos a ver a tu abuelo y a sacarlo por ahí.¿Mejor? —Me mira alzando una ceja y yo sonrío mientras pongo el motor del coche en marcha.
—Mucho mejor.¿Pero adónde vamos?
—Ya verás.
Se reclina en el asiento sonriendo.Si quisiera encontrar alguna pista en su ropa no tendría mucha suerte.Lleva vaqueros, chaqueta y botas,todo muy habitual en ella.Menos el pelo recogido.
Tampoco es que eso signifique nada.Aparte de que me dan ganas de enterrar la cara en su cuello.
Aparcamos en la puerta de la casa de mi abuelo y bajo del coche.Cuando abro la puerta de su casa no me recibe el habitual olor a humo de puro.Sigue ahí,pero mucho más leve.
—¿Viejo? —grito sintiendo que la preocupación me trepa por la espalda. Cuando veo que el sillón de la ventana está vacío,la preocupación me recorre todo el cuerpo.Siempre está sentado junto a la ventana.¿Dónde está?—.¡Viejo! —grito con más fuerza dando media vuelta en dirección a la escalera—.¡Viejo!
—Podrías despertar a un muerto, chico —ruge su voz desde la puerta de atrás.Cruzo la cocina a toda prisa y me lo encuentro limpiándose las manos. Me paro en seco.
—¿Estabas trabajando en el jardín?
—No te sorprendas tanto. —Se ríe—.Tampoco es tan raro.
—Pero tú llevas años sin hacerlo.
—¡Eso es porque me volví perezoso, chico! —Deja el trapo en el mostrador—.He plantado los arbustos que compré hace un par de semanas,las hortensias.Para tu abuela.
—Pensaba que no estabas preparado —le digo en voz baja.
—¡Y no lo estaba! Pero entonces tú y yo mantuvimos aquella charla y pensé que me había convertido en un viejo miserable. Decidí levantarme de ese maldito sillón y hacer algo al respecto. Deberías ir a echarle un vistazo al huerto.Ahora no hay gran cosa, ¡pero en primavera estará espectacular! —Sonríe y se le ilumina la cara de una forma que no veía en años. Mira por encima de mi hombro y aún se le ilumina más la cara—.¡Y has traído a Myriam! Vaya,jardinería y una buena charla sobre libros con una chica preciosa.Es el mejor domingo que he tenido en años.
Myriam se ríe con dulzura.
—Esperaba que te hubieras levantado del sillón.Quiero llevarlos a pasar el día fuera.
Carraspeo divertido.
—¿Quién va a llevar a quién?
—Está bien,el que conduce eres tú,pero esto es cosa mía,señor Garcia.—Me mira fijamente con una sonrisa en sus preciosos ojos azules.
—¿Y esta preciosa chica quiere que salga con ella? —El abuelo se frota las manos—.Será mejor que vaya a por mi abrigo. Victor, ¡te voy a robar a la chica! —El viejo besa la cabeza de Myriam al pasar cojeando por su lado.
—¡Ni lo sueñes, viejo!
Myriam le sonríe con cariño y yo cruzo la habitación hasta ella.
—¿Qué? —Me mira. Le cojo la barbilla y deslizo el pulgar por su mandíbula hasta su labio inferior para recorrerlo con suavidad.
—Nada.—Sonrío inclinándole la cabeza parabesarla.
—¡Espero que no estés seduciendo a mi chica! —grita el abuelo—.¡Tenemos una cita!
Me río y cojo a Myriam de la mano para salir de casa. El abuelo señala el coche con su bastón.
—Por lo menos esa bestia está limpia.
—Pues claro que está limpia.¿Crees que dejaría que se ensuciara? —Le miro. Él gruñe.
—No.Ya me imagino que no.
Sonrío, le ayudo a subir al coche y cierro la puerta.Cuando me subo delante junto a Myriam me doy cuenta de que está sonriendo.
—¿Me vas a decir ya adónde vamos?
Ella niega con la cabeza; le brillan los ojos.
—No.Te iré indicando.Es una sorpresa.Cuando llegues al final de la calle tuerce a la derecha.
Mientras conduzco y doblo las esquinas por donde ella me va diciendo, la voy mirando de reojo.No estoy mostrando mucha atención a la dirección que llevamos.Estoy demasiado concentrado en lo emocionada que está.Es contagioso.Yo también estoy emocionado y ni siquiera sé por qué.
—Al puerto —dice el abuelo desde el asiento de atrás—.Vamos en dirección al puerto.
Myriam sonríe y se vuelve asintiendo.
—Sí.
—¿Por qué? —Frunzo un poco el ceño y miro al abuelo por el espejo retrovisor.Tiene uno de sus arrugados dedos sobre los labios y se da unos golpecitos reflexivos.La sonrisa de Myriam se acentúa.
—¿Para qué suele ir la gente al puerto? —pregunta.
—Barcos —contesto.
Me mira y su excitación es absolutamente evidente.Tiene las mejillas sonrojadas, pero detrás de la luz que brilla en sus ojos se esconde una pizca de nerviosismo.Porque…
—¡A pescar! —grita el abuelo—.¡Nos llevas a pescar!
Myriam asiente con energía.
—Quería hacer algo que les gustara a los dos.Se supone que este fin de semana iban a venir mis padres, pero a papá le surgió un problema en el trabajo y tuvieron que cancelar el viaje.Había alquilado un barco para salir a navegar con Braden y le pregunté si lo podía utilizar yo.Ya le devolveré el dinero.
Paro el coche en el aparcamiento del puerto y me vuelvo para mirar al viejo.Se me hace un nudo en la garganta cuando veo que tiene los ojos llenos de lágrimas.
—Gracias —le susurra a Myriam mirándola a los ojos—.Gracias.—Ella le sonríe y el abuelo niega con la cabeza—.Voy a ir a esa tienda de pesca que hay al otro lado de la carretera y compraré un poco de cebo.¿Tú pescas, Myriam?
Ella niega con la cabeza.
—Oh,no.Mi padre enseñó a pescar a Braden y su madre me enseñó a comprar a mí.—Sonríe—.Todo encajaba.
—Pues asegúrate de que haya tres cañas en el barco —anuncia mi abuelo—.¡Te vamos a enseñar a pescar!
—Ah, yo, hummm…
—¡No! Tú también irás en el barco y vas a pescar.Nada de quedarse ahí sentada y no hacer nada más que estar guapa.Puedes estar guapa y pescar al mismo tiempo, ¿sabes? —Le guiña el ojo y abre la puerta del coche.
—Espera, viejo.
—Puedo salir yo solo del coche, chico. Todavía no soy tan viejo —me regaña cogiendo el bastón para salir—.Voy a por el cebo.Ustedes vayan a preparar el barco.
Cruza la calle cojeando con su bastón.Le abro la puerta a Myriam, la bajo del coche y la estrecho entre mis brazos.Ella me rodea la cintura y apoya la mejilla en mi pecho.
—Gracias—le susurro.Le doy un beso en la cabeza y pego los labios a su pelo—.Te agradezco mucho lo que has hecho.No sabes lo mucho que significa para él.
Separa la cabeza y esboza media sonrisa.
—Probablemente signifique tanto como para ti.
Asiento advirtiendo que es cierto.
—No hemos vuelto a ir de pesca desde que empezó el semestre.Apoya las manos en mi estómago, separa los dedos de las manos y las sube por mi pecho hasta llegar al cuello.
—Ya sabes que no tengo ni que decirlo.Es su día.Tú y tu abuelo se pueden ir solos si…
La hago callar con un beso.
—No.No.La pesca siempre fue algo muy nuestro,algo que hacíamos él y yo solos,pero si hay alguien en este mundo con quien quiera compartir eso,eres tú.—Y es verdad. Ella es la única persona con la que soñaría compartir un día como este.
—Pues vamos a buscar el barco. Apuesto a que tu abuelo es letal con ese bastón, no quiero ni pensar de qué es capaz con una caña de pescar.

El agua de la bahía está en calma y el pequeño barco cabecea con suavidad.Myriam ha alejado la cesta de los posibles salpicones de agua y mira las cañas con recelo.Su mirada se detiene sobre las latas de gusanos que el viejo ha comprado como cebo y arruga la cara. No puedo evitar sonreír. —Solo son gusanos —le digo mientras ensarto uno en el anzuelo.
—Exacto —murmura con los ojos clavados en la lata—.Gusanos.De saber que utilizaríamos gusanos vivos… —Se estremece—. Odio los gusanos.
Sonrío.
—Solo son gusanos, nena.Los necesitamos para atraer a los peces.
—Ya lo sé. —Me mira—.Pero preferiría no necesitarlos.
El viejo le da una caña.
—Tienes que ponerle el cebo al anzuelo.
Myriam inspira hondo y yo le tiendo la lata intentando ocultar mi diversión. Acerca los dedos a la lata, pero antes de llegar a ella los aparta y se vuelve a estremecer.
Lo intenta cinco veces antes de coger uno.Y cuando lo coge lo deja caer.
—¡Coge el maldito gusano y clávalo en el anzuelo! —El viejo da una palmada—.¡Los peces no van a esperar todo el día!
—Es que… ¡aaarggg! —grita mientras coge un gusano y lo ensarta a toda prisa.Se separa la caña del cuerpo y el gusano ensartado queda flotando en el aire mientras ella se limpia los dedos en un trapo—.¡Aaarggg!
Vuelvo a tapar la lata y el abuelo y yo nos echamos a reír.
—¡Venga,vamos a pescar unos cuantos peces! —El viejo coge su caña, carga el anzuelo y lo lanza al agua.
—Sí… —dice Myriam con inseguridad—.No tengo ni idea de cómo se hace esto.
Dejo la caña y cojo la suya.
—Yo te enseño.
—¡Aprendió del mejor! —grita el abuelo desde el otro lado del barco.Le guiño el ojo a Myriam y la coloco delante de mí rodeándole la cintura con un brazo.
—El viento sopla desde atrás,así que tenemos que lanzar el anzuelo por este lado.Si lo hiciéramos contra el viento no saldría bien.
—Muy bien.¿Pero cómo lo lanzo?
Sonrío.
—Paciencia. Primero tienes que coger bien la caña.
—Ya. Claro.
Le quito la mano de la cintura y pongo la mano sobre la suya.
—El carrete tiene que estar hacia abajo y te lo tienes que apoyar entre los dedos corazón y anular para darle estabilidad.Así.—Le muevo los dedos—.Si no estás cómoda puedes ir probando hasta que encuentres una forma de cogerlo que te vaya mejor.
—Así está bien —dice jadeando un poco.
—Ahora… —Le acerco la boca a la oreja—. Ahora tienes que soltar sedal hasta que tengas unos quince centímetros colgando y giras la caña hasta que el carrete quede justo debajo de tu dedo corazón.—La ayudo a hacerlo y le rozo los dedos—.Ahora sujeta el sedal contra la caña y abres el arco con la otra mano.
Le cojo la mano que tiene apoyada en el barco y se la coloco sobre el arco abriéndolo con ella.
--¿Y ahora qué? —Se recuesta un poco sobre mí.
—Apunta con la caña a tu objetivo.—La ayudo a posicionarse—.Y ahora tenemos que subirla de un único y rápido movimiento.Notarás cómo se dobla la punta de la caña.Cuando eso ocurra, tenemos que lanzarlo hacia delante.Cuando esté a medio camino del objetivo sueltas sedal.Y entonces cerramos el arco.
—Arriba,doblarse,hacia delante,soltar,cerrar —murmura apoyándose sobre mí—.Creo que podré hacerlo.
—Claro que puedes.—Deslizo los labios por su oreja y le mordisqueo un poco el lóbulo.Myriam se contonea y suspira.
—Si sigues haciendo eso no podré.
Sonrío contra su piel.
—¿Lista para intentarlo?
—No.
—Tres,dos,uno.—La ayudo a levantar la caña y cuando noto que se dobla la lanzo hacia delante. Ella grita—.¡Suéltalo!
Myriam levanta el dedo del sedal y sale volando hasta conseguir un aterrizaje casi perfecto en el agua.Sonríe.
—¡Lo he conseguido!
—Muy bien.Ahora tienes que esperar a que piquen.
—¿Y cuánto tardan?
—¿Cuánto se tarda en cruzar una galaxia?


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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  jai33sire el Dom Mayo 15, 2016 11:07 pm

Gracias por los capitulos cheers cheers

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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  myrithalis el Dom Mayo 15, 2016 11:08 pm

Gracias por los capitulos
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myrithalis
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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

Mensaje  Cielo el Vie Ago 19, 2016 12:25 am

Hola,soy nueva en el foro soy de Linares Nuevo León y pues aquí Andaré por lo que se les ofrezca,aaa y felicitarlas por las novelas están bien padres ya las leí todas,bueno niñas un saludo a todas y gracias.

Cielo
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Re: El Juego De La Pasión Capitulos 21 y 22

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