Castigo y placer

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Castigo y placer

Mensaje  mariateressina el Sáb Sep 07, 2013 3:09 pm

Bueno chicas aki les dejo la introducción de una nueva historia, es una adaptacion de una novela muy bonita e interesante y espero que les guste, tratare de postear lo mas seguido que pueda solo les pido que me tengan un poquito de pasiencia si?  jajajaj ahhhhh les dejo el 1er capitulo tambien para que se vayan emocionando viendo como se conocen estos 2 niños jajaj graxias y ahi vamos...

CASTIGO Y PLACER
By Chantelle Shaw

Víctor García contempla a la bella Myriam Montemayor como un lobo contemplaría a su presa. Ha mancillado el apellido García, y por ello será castigada…
Leal y orgulloso, Víctor busca obtener la confianza de Myriam…
¡Y luego destruirla! Pero en cuanto acaricia su delicada piel, todo cambia dramáticamente…
Está decidido a tener a Myriam a su entera disposición… hasta que descubre que es una mujer mucho menos mundana de lo que creía…




Sólo pensaba en vengarse, pero acabó siendo presa del placer…


Capítulo 1

Estás preciosa Myriam –Crispin Blythe, dueña de la galería de arte contemporáneo Blythe of Bayswater, recibió a Myriam Montemayor efusivamente. -Esas chucherías que llevas deben de valer una pequeña fortuna.
-Una gran fortuna –replicó Myriam a la vez que apoyaba la mano con el collar de zafiros y diamantes que llevaba en torno al cuello. –Estas <<chucherías>> son zafiros Kashmiri de primera clase.
-Déjame adivinar. ¿Un regalo de papá? Supongo que los beneficios de Joyerías Montemayor no dejan de aumentar –Crispin dejó de sonreír. –Es bueno saber que al menos algunos negocios no se han visto afectados por esta horrible recesión.
Myriam había oído rumores de que la galería estaba sufriendo los efectos de la crisis y, por un instante, sintió la tentación de revelar que las cosas tampoco iban precisamente bien en las joyerías de su padre, pero no dijo nada. Los problemas financieros de joyerías Montemayor se harían públicos si la compañía quebraba, pero aún no habían llegado a ese punto. Tal vez, no estuviera siendo realista, pero se negaba a renunciar a la esperanza de que la empresa en la que tanto esfuerzo había invertido su padre durante 30 años pudiera salvarse. No sería por no intentarlo, desde luego. Sus padres habían utilizado todos sus ahorros para mantener Montemayor a flote, ella llevaba trabajando 3 meses sin cobrar y había cambiado el deportivo que le había regalado su padre al cumplir 21 años por un viejo y baqueteado Mini.
Incluso había vendido las pocas joyas que poseía, además de la ropa de diseño que en otra época había podido permitirse. El vestido que llevaba aquella noche se lo había prestado una amiga dueña de una boutique, y el collar de zafiros y diamantes no era suyo, aunque era una de las piezas más valiosas de Joyerías Montemayor. Su padre le había pedido que lo llevara aquella noche con la esperanza de que ayudara a mejorar los negocios, pero le aterrorizaba la posibilidad de perderlo, y sabía que iba a pasar la tarde asegurándose de que aún lo tenía en torno al cuello.
Siguió a Crispin a la galería, aceptó una copa de champán que le ofreció un camarero y miró distraídamente a los grupos de invitados que estaban admirando las pinturas del artista Rufus Hartman. Saludó con un gesto de la cabeza a un par de conocidos y luego su mirada se detuvo bruscamente en un hombre que se hallaba en el otro extremo de la habitación.
-¿Quién es ése? –murmuró con curiosidad, sintiendo que el corazón latía violentamente contra su pecho. En una habitación llena de hombres atractivos y exitosos, la intensa virilidad que emanaba de aquél en particular hacía que se distinguiera de todos los demás.
-¿Te refieres al guaperas griego que lleva un traje de Armani? –dijo Cripin, siguiendo la dirección de la mirada de Myriam. –Es Víctor García, dueño multimillonario de las empresas García. Compró la agencia de vacaciones Blue Sky hace un par de años y es dueño de varios hoteles de 5 estrellas. Cuidado cariño; estás babeando –murmuró Cripin con picardía mientras Myriam seguía mirando. –Una advertencia: García tiene fama de ser un mujeriego. Sus aventuras son discretas, pero numerosas… y breves. La palabra <<compromiso>> no se asocia con Víctor García, a menos que se trate de un compromiso que le permita sumar más dinero a su envidiable fortuna –concluyó con un teatral suspiro.
-Los mujeriegos adictos al trabajo no son mi tipo –murmuró Myriam antes de tomar un sorbo de champán. Pero su mirada se sentía inexorablemente atraída hacia aquel hombre, y se alegró de que él estuviera mirando a la primorosa rubia que tenía colgada del brazo, porque eso le daba oportunidad de observarlo.
Alto y delgado, de anchos hombros cubiertos por una chaqueta hecha a medida, resultaba hipnótico, y Myriam se dio rápidamente cuenta de que no era la única mujer en la galería que se sentía fascinada por él. Con sus rasgos clásicos, su piel morena y su brillante pelo corto y negro, resultaba asombrosamente guapo. Pero además de su evidente atractivo sexual, Víctor García, poseía una cualidad indefinible, un magnetismo y una seguridad en sí mismo que lo diferenciaba de los demás hombres. Myriam sintió su innata arrogancia y, aunque parecía estar prestando su atención a la bonita rubia con la que estaba, captó indicios de que se estaba impacientando con su charla.
La rubia parecía demasiado ansiosa. El instinto reveló a Myriam que un hombre tan dueño de sí mismo como Víctor García no recibiría con agrado ningún indicio de necesidad y, mientras lo observaba, vio cómo se libraba con delicada firmeza del brazo de la rubia y entraba en la galería adyacente.
Era un hombre guapísimo, pero estaba fuera de su alcance, decidió Myriam a la vez que se daba un zarandeo mental y volvía a hacerse consciente del murmullo de las voces que la rodeaban. Estaba asombrada por el efecto que le había producido el atractivo griego. No recordaba haber sido nunca tan consciente de un hombre. Ni siquiera de James.
Su relación con James Hamilton había llegado a un repentino y explosivo final seis meses atrás y desde entonces se estaba esforzando por volver a unir los trozos de su desgarrado corazón. Pero la amargura que sentía por su culpa ardía aún en su pecho tan corrosivamente como la noche que descubrió su traición.
-Myriam, querida, estás bebiendo un Krug de la mejor cosecha, no agua –el lacónico tono de Crispin hizo volver a Myriam al presente. -¿Quieres otra copa?
Myriam hizo una mueca al ver que se había bebido todo el champán sin darse cuenta.
-No, gracias. Será mejor que no.
Cripin la miró con impaciencia.
-Vamos, cariño, vive un poco por una vez. Unas copas de champán harán que te relajes.
-Más bien harán que empiece a reírme como una tonta –dijo Myriam con desaliento. –Y después de las últimas historias que han salido sobre mí en la prensa, no me vendría precisamente bien que algún reportero empezara a sacarme fotos.
Crispin la miró con expresión divertida.
-Lo cierto es que la prensa del cotilleo se ha superado a sí misma. El titular Myriam Montemayor, la chica de las joyas, culpable de la ruptura del matrimonio del actor Damián Casson llamaba particularmente la atención.
Myriam se ruborizó.
-No es cierto –dijo, tensa. –Fue una trampa. Sólo había visto a Damián una vez, cuando coincidimos en el acto de la presentación de un libro en un hotel. Estuvo bebiendo toda la noche y no dejó de darme la lata. Le dije que me dejara en paz. A la mañana siguiente se acercó a la mesa en que estaba desayunando para disculparse. Nos pusimos a charlar y me contó que la noche anterior se había emborrachado después de discutir con su esposa y que ésta se había negado a acudir a la fiesta con él. Cuando me fui se ofreció a llevar mi bolsa de viaje al coche; de ahí la foto en que se nos ve saliendo del hotel juntos. Ninguno de los dos esperaba que los medios de comunicación anduvieran husmeando por allí un domingo por la mañana a las nueve… o al menos yo no lo esperaba. Me quedé conmocionada cuando un periodista me preguntó por nuestra relación, pero Damián me dijo que no me preocupara, que él se encargaría de explicar que sólo éramos amigos.
En lugar de ello, el joven actor contó una sarta de mentiras sobre la <<maravillosa noche de sexo que habían pasado>>, recodó Myriam con amargura. Si la intención de Damián había sido poner celosa a su esposa, obviamente había funcionado. Beverly Casson declaró que estaba destrozada por el hecho de que Myriam le hubiera robado a su hombre. La historia era auténtica carnaza para la prensa y a nadie le preocupó que no fuera cierta, ni que la reputación de Myriam estuviera en entredicho.
-Esa clase de publicidad adversa es una de las desventajas de tener que exponerme a la mirada pública. La prensa se ha dedicado a retratarme como una joven bonita y tonta que aparece por toda clase de acontecimientos sociales. Es el precio que he tenido que pagar para proporcionar Joyerías Montemayor.
Myriam se mordió el labio. 3 años atrás, cuando se graduó en la universidad, su padre la hizo socia de la compañía y le dio el cargo de relaciones públicas. Pero la recesión global golpeó con dureza a Montemayor y, en un esfuerzo por mejorar las cosas. Myriam aceptó a su pesar protagonizar una campaña publicitaria de promoción. Apareció en las revistas, asistió a numerosos acontecimientos sociales y lució fabulosos diamantes y gemas de la colección Montemayor.
Pero antes de acudir aquella noche a la galería había averiguado que sus esfuerzos habían sido inútiles.
Su padre le había explicado que, a pesar de la campaña, los beneficios de Joyería Montemayor habían seguido cayendo.
-Lo cierto es que nos enfrentamos a la bancarrota. He acudido a varios bancos e instituciones financieras para pedir ayuda, pero ya no nos quieren prestar dinero –el corazón de Myriam se había encogido al ver que su padre apoyaba la frente en sus manos en un gesto de desesperación. –No me queda dinero para librarme de nuestros acreedores. La única esperanza es que una empresa llamaba Inversiones Vantage ha expresado su interés en comprar nuestro negocio. Tengo una reunión con su director la semana que viene.
Myriam no podía olvidar la tensa expresión del rostro de su padre, pero se obligó a volver al presente y a mirar a su alrededor, consciente de que estar preocupada por la situación financiera de Montemayor no iba a ayudar. Le había asustado la perspectiva de asistir a la exposición aquella noche, cuando su supuesta vida amorosa estaba en todos los titulares, pero Rufus Hartman era un buen amigo de su época universitaria y no podía perderse su primer exposición importante.
-Me pregunto cuántos de los presentes pensarán que soy una rompecorazones sin escrúpulos –murmuró con amargura.
-Nadie cree una palabra de lo que publican esos periodicuchos –aseguró Crispin animadamente.
A Myriam le había gustado creer lo mismo, pero, por un momento, sintió la tentación de permanecer oculta en un rincón toda la noche. Pero lo cierto era que no había hecho nada de lo que avergonzarse. Se llevó la mano al collar. No solo había acudido a la galería aquella noche para apoyar a Rufus. Tenía un trabajo que hacer, se recordó.
Crispin había mencionado que un rico jeque árabe asistiría a la exposición. Al parecer, el jeque Mussada disfrutaba haciendo regalos a su nueva esposa y, si lograba captar su atención, Myriam esperaba que se quedara impresionado con su collar y quisiera ver más joyas de Montemayor. Si Montemayor conseguía el patrocinio de un jeque árabe, tal vez no se verán obligados en vender.
Myriam estaba tan ensimismada en sus pensamientos que apenas se dio cuenta de que Crispin la había conducido a la segunda sala de la galería hasta que notó que se dirigía a un hombre que estaba contemplando una de las pinturas.
-Víctor, espero que estés disfrutando de la exposición. Me gustaría presentarte a una amante del arte –Crispin tiró con suavidad de Myriam para que avanzara. –Ésta es Myriam Montemayor. La empresa de su padre, Joyerías Montemayor, ha promocionado a Rufus a lo largo de su carrera.


Víctor experimentó una intensa conmoción mientras miraba a la mujer que estaba junto a Crispin. Aquella mujer había dominado sus pensamientos durante tanto tiempo que necesitó hacer acopio de toda su voluntad para forzar una expresión de educado interés en lugar de otra de rabia asesina.
Había llegado a Londres hacia 3 días y unos amigos le habían presentado a Crispin en una cena. Ésta lo había invitado a la inauguración de la exposición en su galería. Víctor no sentía un interés especial por el arte, pero aquella clase de acontecimientos eran útiles para establecer contactos y relaciones. Uno nunca sabía con quién podía encontrarse, pensó burlonamente mientras miraba a Myriam Montemayor.
La reconoció al instante, lo que resultaba sorprendente, ya que su rostro aparecía a menudo en la prensa del cotilleo. Pero aquellas fotos no hacían justicia a su deslumbrante belleza. Deslizó la mirada por su ceñido vestido azul de seda, que iba a juego con los zafiros de su collar y tenía un escote bajo que dejaba entrever la tentadora curva de sus pechos.
Era exquisita, reconoció a su pesar. Mientras la miraba sintió cómo se acumulaba el odio en su interior, pero también experimentó otra emoción. Nada lo había preparado para el impacto de ver a Myriam en carne y hueso y, muy a su pesar, experimentó una inconfundible atracción sexual hacia ella.
-Señorita Montemayor –murmuró con suavidad a la vez que le ofrecía su mano. Notó que ella dudó antes de reaccionar, y sintió el ligero temblor de su mano cuando aceptó la suya. Sus dedos eran delgados y pálidos como la leche. Sólo habría necesitado una mínima fracción de su fuerza para rompérselos. Apretó su mano con un poco más fuerza que la necesaria y, cuando ella lo miró, le devolvió la mirada con gesto impasible.
La leve presión que había sufrido aquellos frágiles dedos no podía compararse con el dolor que su hermana soportaba a diario, pensó Víctor con ferocidad. Cecilia había pasado 6 meses en el hospital y tendría que soportar muchas secciones de fisioterapia para volver a caminar sin ayuda. Víctor no culpaba al conductor que había atropellado a Cecilia. La policía le había asegurado que éste no había tenido posibilidad de evitar atropellar a la joven que había cruzado la carretera sin mirar.
Responsabilizaba del accidente que casi había acabado con la vida de su hermana a otras 2 personas… las mismas que también le habían roto el corazón. Myriam Montemayor era una mujerzuela despreciable que estaba teniendo una aventura con el marido de Cecilia, James Hamilton. Cecilia se había quedado consternada cuando los había encontrado juntos en la habitación de un hotel, y al salir cruzó la calle sin mirar.
Víctor soltó la mano de Myriam, pero siguió mirándola intensamente. Según la prensa, había vuelto a las andadas con otro actor casado. ¿Acaso carecía por completo de escrúpulos? ¿Cómo se atrevía a permanecer allí mirándola con sus deslumbrantes ojos castaños y la boca curvada en una vacilante sonrisa?
Muy pronto dejaría de tener motivos para reír. Víctor ya se había ocupado de su ex cuñado. Tras el accidente, el actor había volado a Los Ángeles, pero no había tardado en descubrir que ningún director de Hollywood quería trabajar con él después que Víctor hubiera amenazado con retirar su apoyo financiero a cualquier proyecto que incluyera a James Hamilton. La carrera de James como actor estaba muerta, acabada, y Víctor estaba decidido a no permitir que volviera a resucitar. Y por fin había llegado el momento de vengarse de su amante.


La mano de Myriam aún cosquillaba como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Había sentido una fuerza increíble cuando había estrechado la de Víctor García, y se sentía extrañamente mareada. El champán se le debía de haber subido a la cabeza.
-Es un placer conocerlo, señor García –dijo educadamente. -¿Ha venido a Londres por negocios o por…? –se interrumpió al ver la repentina sonrisa de Víctor, que hizo que sus rasgos pasaran de resultar atractivos a increíblemente maravillosos.
-Por negocios… y por placer –murmuró Víctor, aliviado al sentir que volvía a controlar sus hormonas. Contempló de nuevo a Myriam. Iba exquisitamente ataviada; vestido, zapatos y bolsa de diseño, por no mencionar el fabuloso collar que relucía contra su cremosa piel. Era evidente que aquella mujer estaba acostumbrada a disfrutar de las cosas buenas de la vida, y él iba a disfrutar mucho poniendo fin a aquel autoindulgente estilo de vida.
Esperaba que hubiera mostrado algún tipo de reacción al escuchar el apellido García, pero ni se había inmutado. Probablemente no estaba al tanto del apellido de soltera de la esposa de James Hamilton. Una intensa rabia latió en su interior. Habría querido airear su rabia y denunciarla allí mismo como la miserable fulana que había destrozado la vida de su hermana, pero logró contenerse. Ya tendría tiempo de decirle lo que pensaba de ella cuando la tuviera de rodillas ante sí.
-Acaba de llegar Earl Fullenton –dijo Crispin. –Os dejo a solas para que os divirtáis. Te sugiero que dejes que Myriam te enseñe la galería, Víctor. Tiene una relación especial con el pintor y conoce muy bien su trabajo.
-Pero… -Myriam fue a protestar, pero Crispin ya se alejaba, dejándola a solas con el sexy griego. El destello ligeramente despectivo que había captado en la mirada de éste le ponía nerviosa y, por algún motivo, intuía que le desagradaba su presencia. –No dedo de monopolizar su compañía, señor García –murmuró, mirando desesperadamente a su alrededor con la esperanza de ver algún conocido.
-¿Cuál es exactamente la naturaleza de su <<relación especial>> con Rufus Hartman? –preguntó Víctor. -¿Es uno de sus amantes?
Por un instante, Myriam se quedó demasiado sorprendida como para responder. Lo más probable era que Víctor hubiera leído en la prensa los cotilleos sobre su supuesta relación con Damián Casson.
-No creo que eso sea de su incumbencia –replicó, evidentemente molesta –pero lo cierto es que Rufus no se siente atraído por las mujeres –añadió. No estaba segura de por qué había bajado la voz, pues Rufus nunca había tenido ningún reparo en manifestar que era gay. –Es un buen amigo con un gran talento.
Víctor la miró de arriba abajo, como si la estuviera desnudando mentalmente y Myriam se sintió horriblemente expuesta. No pudo evitar fijarse en la sensual curva de su boca, Seguro que sus besos no serían precisamente delicados… Se ruborizó al imaginar que se inclinaba para besarla y sintió que un intenso calor recorría sus venas.
Inquieta, volvió a mirar a su alrededor en busca de algún conocido.
-¿Buscas a alguien en particular? –preguntó Víctor. La inusitada atracción que estaba experimentando por aquella mujer resultaba muy irritante, pero, tras ver el rubor que había cubierto sus mejillas, por lo menos tuvo la satisfacción de comprobar que a ella le estaba sucediendo lo mismo.
-Bueno a un príncipe árabe, el Jeque Mussada –replicó Myriam. -¿Lo conoce?
-He oído hablar de él, como casi todo el mundo, ya que recientemente ha comprado uno de los principales bancos de la ciudad.
-Tengo entendido que es el quinto hombre más rico del mundo –murmuró Myriam distraídamente.
-¿No se ha casado recientemente? –preguntó Víctor.
-Sí, pero su mujer odia volar y nunca viaja con él al extranjero. ¡Oh, ése debe de ser él! -Myriam experimentó una punzada de animación al notar que los asistentes se apartaban para dar paso a un hombre vestido con ropas árabes. Aquélla era su oportunidad de salvar el negocio de su familia. El collar de zafiros que llevaba aquella noche era realmente espectacular, y el jeque Mussada tenía reputación de ser un entusiasta coleccionista de joyas. Lo único que tenía que hacer era lograr llamar su atención.
-No se vaya.
Myriam sintió el cálido aliento de Víctor en su cuello y, al volver la cabeza, se sorprendió al ver lo cerca que estaba.
-¿Disculpe? –por unos segundos se había visto tan inmersa en su sueño de conseguir al jeque como cliente que casi se había olvidado de Víctor. Pero sólo <<casi>>. Aquel hombre no era fácil de olvidar, pensó mientras contemplaba su rostro. El destello de sensualidad que captó en su mirada la dejó sin aliento.
-Nuestra anfitriona me ha asegurado que es una experta en el trabajo de Rufus Hartman y me gustaría que me guiara por la exposición.
-Le aseguro que no soy ninguna experta –contestó Myriam rápidamente, sintiendo que se hundía en los oscuros ojos de Víctor. Sus pestañas eran asombrosamente largas para un hombre y su piel brillaba como bronce bruñido sobre sus magníficos pómulos. Parecía haberse adueñado de sus sentidos y su corazón latió desbocado cuando vio que alzaba una mano para deslizar un dedo con infinita delicadeza por su rostro.
-Tu piel es suave como la seda –la ronca voz de Víctor hizo que un agradable cosquilleo recorriera el cuerpo de Myriam. –Debo admitir que me siento cautivado por tu belleza.
Tenía que estar bromeando, pensó Myriam mientras se esforzaba por respirar. El deseo que brillaba en sus ojos no podía ser real. Apenas hacía unos momentos que había sentido con claridad su hostilidad. Aquel cambio de actitud resultaba desconcertante.
-Yo… -empezó, pero al parecer había perdido su habilidad para pensar. Se humedeció los labios con la punta de la lengua y al ver la intensa atención que Víctor prestaba a su traicionero gesto, sintió fuego líquido recorriendo sus venas.
-¿Por qué no empezamos por el paisaje de la esquina? –sugirió Víctor a la vez que la tomaba del codo y la guiaba con firmeza por la sala, alejándola del campo visual del jeque Mussada.
¿Acaso disfrutando seduciendo a los maridos de otras mujeres? se preguntó Víctor, furioso. Había captado el brillo de determinación en su mirada cuando había visto al jeque. Bajo su bello exterior, Myriam Montemayor poseía un corazón frío y calculador. James Hamilton no era precisamente inocente, pero Víctor estaba cada vez más convencido de que Myriam había seducido deliberadamente al marido de su hermana… y planeaba volver a utilizar sus artimañas con el felizmente casado jeque Mussada.
Pero no si él podía evitarlo, se dijo. No pensaba apartarse de Myriam el resto de la tarde, aunque ello implicara simular que había caído bajo su embrujo.



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Re: Castigo y placer

Mensaje  jai33sire el Sáb Sep 07, 2013 8:43 pm

gracias por la nueva novelita y cuando puedas estare aquí.

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Re: Castigo y placer

Mensaje  Eva Robles el Dom Sep 08, 2013 5:55 pm

Muchas gracias por la nueva novela estare esperando el proximo capitulo

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Re: Castigo y placer

Mensaje  dany el Lun Sep 09, 2013 11:24 am

ESTARE ESPERANDO EL NUEVO CAPITULO.........MUCHAS GRACIAS POR LA NUEVA NOVELITA Y EL CAPITULO.

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Re: Castigo y placer

Mensaje  mariateressina el Mar Sep 10, 2013 11:28 am

Buen dia aki les dejo un capitulo más ehh tratare de subirlos seguidos garxias x sus comentarios ...

CAPITULO 2

Myriam miró disimuladamente el reloj de la galería y se sorprendió al ver que había pasado casi una hora desde que Víctor le había pedido que lo guiara por la exposición. Éste tenía la mano apoyada en su espalda y ella s e sentía muy consciente de la cercanía de su poderoso cuerpo y de la calidez que desprendía. Víctor no parecía tener ninguna prisa por separarse de ella, pero se suponía que ella debería estar trabajando, ofreciendo tarjetas a cualquiera que admirara su collar.
-Estoy segura de que Rufus podrá hablarte de su trabajo mejor que yo –murmuró cuando Víctor se detuvo ante un cuadro de vívidos colores que, a ojos de Myriam, no representaba nada reconocible.
Víctor volvió la mirada hacia el barbado Rufus, que charlaba con un grupo de invitados.
-Pero él no es un guía tan atractivo como tú –dijo, con un brillo de indisimulado interés sexual en la mirada.
Myriam se quedó sin aliento una vez más. Víctor García era un ligón descarado, y ella sabía que debería alejarse de él, pero parecía haber perdido su habitual cautela; estaba embrujada por su carisma y, cada vez que sus labios se curvaban en aquella devastadora sonrisa, el corazón empezaba a latirle en el pecho de forma desenfrenada.
Víctor volvió a mirar la pintura.
-Los cuadros abstractos del señor Hartman son del estilo que me gustaría tener en mi nuevo hotel. Son contemporáneos, llaman la atención y encajarían con el moderno diseño del edificio.
-Crispin me ha mencionado que eres dueño de una cadena de hoteles –admitió Myriam y se ruborizó ante la socarrona expresión de Víctor.
¿Qué más le había contado Crispin?, se preguntó Víctor. ¿Qué era un multimillonario que sentía debilidad por las rubias? ¿Le había pedido ella que se lo presentara, convencida de que encontraría su pelo rojizo dorado intrigantemente distinto al de las docenas de rubias que pululaban por la galería?
-Soy dueño de hoteles en muchas partes del mundo, incluyendo el Caribe y las Maldivas y estoy negociando la compra del Ambassador, donde me alojo en este viaje a Londres.
El Ambassador era uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad. Myriam apenas se había fijado cuando Crispin había dicho que Víctor era multimillonario, pero en aquel momento se le ocurrió que tal vez podría sacar a joyerías Montemayor de su peligrosa situación financiera.
-Mi último proyecto es un hotel en una de las islas griegas –continuó Víctor. –El Artemisa es un hotel de 5 estrellas magníficamente equipado con gimnasios, piscinas y salones recreativos, además de tiendas de ropa de diseño y joyerías.
-Suena maravilloso –murmuró Myriam, centrando su atención en la mención de las joyerías. Una vez más se llevó la mano instintivamente al cuello para tocar el collar. Víctor siguió el movimiento de su mano.
-Ese collar es casi tan exquisito como la mujer que lo lleva –dijo.
Myriam se ruborizó.
-Es una de las muchas piezas elaboradas por los orfebres de Joyerías Montemayor. Tal vez podrías plantearte la posibilidad de vender una selección de sus joyas en el Artemisa –abrió su bolsa y sacó una tarjeta. –Podría ser un acuerdo mutuamente beneficioso. Montemayor tiene una gran reputación por sus diseños, que estarían a tono con la alta calidad de tu hotel. Y somos una empresa en expansión –añadió mientras Víctor miraba la tarjeta que le había entregado.
-¿En serio…? –Víctor le dedicó una penetrante mirada y Myriam sintió que su rostro se acaloraba.
-Oh, sí. Tenemos un equipo de dirección muy dinámico que siempre está a la busca de nuevos retos.
La sonrisa de Víctor volvió a ejercer su hipnótico y sensual efecto en Myriam, pero también le recordaba a la expresión de un lobo acechando a su presa.
-Me parece una proposición muy interesante, Myriam. Pensaré seriamente en ella.
-¿De verdad? –Myriam olvidó que se suponía que era una dura mujer de negocios y le devolvió la sonrisa. Si Víctor llegara a aceptar que Joyerías Montemayor pusiera a la venta sus productos en sus lujosos hoteles, las cosas podrían mejorar mucho.
Víctor entrecerró los ojos mientras la miraba. La exquisita y ligeramente altiva mujer de mundo había desaparecido para dar paso a una joven con una pícara sonrisa y unos brillantes ojos verdes más bellos que la más cara de las esmeraldas. ¿Cómo podía mentir con tal descaro y sin embargo parecer tan inocente? ¿Y cómo podía él odiarla y desearla a la vez con igual intensidad?
De pronto se sintió cansado del juego que él mismo había iniciado. Debería haber revelado desde el primer momento que era el ex cuñado de su amante Jame Hamilton. Sintió la tentación de decirle que no había la más mínima posibilidad de que llegaran a algún acuerdo comercial, pero se tragó sus palabras. Había organizado sus planes cuidadosamente y ahora estaba en condiciones de destruir Joyerías Montemayor. Su momento de venganza sería dulce y quería saborear la expresión del precioso rostro de Myriam cuando comprendiera que lo había perdido todo.
No había motivo para permanecer con ella más tiempo. El jeque Mussada se había ido hacía un rato, recordó y se enfureció al reconocer que había permanecido todo el tiempo con Myriam porque le había parecido una mujer inteligente, de conversación sustanciosa y cautivadora. Miró a su alrededor y vio que la rubia que se había pegado a él como lapa al llegar lo miraba con expresión de reproche. A pesar de sí mismo, no pudo evitar comparar los rizos teñidos de rubio platino de Lisette y su vestido de lentejuelas y falda exageradamente corta con la delicada elegancia de Myriam. Dedicó a ésta una fría sonrisa.
-Debo pedirte que me excuses, Myriam. Espero una importante llamada de negocios y debo volver al hotel.
-Oh, pero… -Myriam vio cómo se alejaba Víctor, sorprendida por su repentina marcha. Le avergonzó pensar en llamarlo para que volviera, pero tal vez no volvería a surgir una oportunidad como aquélla. -¿Tendré noticias tuyas cuando hayas considerado mi idea de vender los productos de Joyerías Montemayor en tu nuevo hotel? –dijo, desesperada.
Víctor se volvió y la miró con expresión impenetrable.
-Desde luego que tendrás noticias mías, Myriam –prometió él con suavidad.
Pero por algún motivo, sus palabras hicieron que Myriam sintiera un escalofrío.


El lunes, Myriam se despertó con una intensa sensación de ansiedad en el estómago. Su madre tenía una cita con el especialista aquella mañana para averiguar si la mastectomía y el tratamiento de quimioterapia que había seguido a ésta habían servido para frenar el cáncer de mama que padecía. A lo largo de las pasadas semanas Vivienne había recuperado parte de su fuerza y su pelo había vuelto a crecer lo suficiente como para poder dejar de utilizar los pañuelos con los que hasta entonces protegía su cabeza.
Su madre había sido tan valiente… pensó Myriam mientras tragaba saliva para deshacer el nudo que tenía en la garganta. Los 2 años transcurridos desde que le diagnosticaron el cáncer habían sido una pesadilla y esperaba que hoy le dieran la noticia de que estaba curada.
El futuro de Joyerías Montemayor era otra seria preocupación, pensó mientras se duchaba. No tenía muchas esperanzas de que Víctor García aceptara promocionar sus productos en el nuevo hotel y si Vantage Investments decidía no comprar, no sabía qué iba a suceder con la empresa a la que su padre había dedicado su vida.
Cuando llegó en su viejo Mini al trabajo, se sorprendió al ver el coche de su padre en el aparcamiento. Subió rápidamente a las oficinas.
-No esperaba encontrarte aquí, papá –dijo y su sonrisa se esfumó al ver la tensa expresión del rostro de Antonio Montemayor. -¿Qué sucede? –preguntó, angustiada. -¿Has tenido noticias del hospital?
-No –contestó rápidamente su padre para tranquilizarla. –La cita de tu madre sigue siendo a las once y media. Estoy aquí porque he recibido una llamada de Vantage Investments a las 8 de la mañana para informarme de que han cambiado la fecha de nuestra cita del miércoles a hoy al mediodía.
-Pero hoy es imposible. Pídeles que la retrasen a mañana.
-Ya lo he hecho, pero me han dicho que, o nos vemos hoy, o cancelan el encuentro.
-Tienes que ir al hospital con mamá con el Doctor Rivers –dijo Myriam con urgencias. -¿Por qué no llamas al hospital para ver si puedes cambiar la hora de la cita?
-También lo he intentado, pero el doctor tiene que tomar hoy un avión para ir a dar una conferencia –Antonio suspiró pesadamente. –Siento cargarte con esta responsabilidad, Myriam, pero le he dicho a Steven Holt, de Vantage, que seguimos adelante con la reunión, aunque sólo podrá estar presente uno de los directores. Sólo se trata de una reunión preliminar, pero parecen seriamente interesados en llegar a un acuerdo. Si las cosas siguen adelante, participaré en las negociaciones, por supuesto, pero hoy todo depende de ti. ¿Crees que podrás hacerte cargo?
-Por supuesto –aseguró Myriam con firmeza. Su corazón se encogió al ver las profundas arrugas del ceño de su padre. Parecía haber envejecido 10 años desde que diagnosticaron el cáncer a su mujer. –Haré todo lo posible para convencer a Vantage Investments de que compren Joyerías Montemayor. Tú debes ir a casa a tranquilizar a mamá antes de su cita –se mordió el labio y añadió con voz ronca: -Llámame en cuanto tengas noticias, ¿de acuerdo?
-Por supuesto –aseguró su padre, serio. –Todos los papeles que necesitas están en mi escritorio –añadió distraídamente, y Myriam supo que lo único que tenía en su mente en aquellos momentos era a su esposa.
-Vete ya papá –dijo a la vez que daba un suave empujón a su padre hacia la puerta.



2 horas después, consiente de que pretender aparcar en el centro podía acabar convirtiéndose en una pesadilla, Myriam acudió a su cita en metro. Sólo un milagro podía salvarlos, pensó, apesadumbrada. Debido a la crisis económica, el banco exigía que su padre pagara el préstamo que le habían hecho, pero Joyerías Montemayor carecía de fondos.
Sí no lograba persuadir a Vantage para que comprara, Joyerías Montemayor caería irremisiblemente en bancarrota. Era así de sencillo, reconoció, asustada.
Bajó en Cannon Streeti y se encaminó hacia las oficinas de Vantage Investments. El recepcionista le indicó dónde estaba el ascensor y, mientras subía, Myriam se miró en el espejo. Retocó rápidamente su maquillaje con mano temblorosa.
Un hombre rubio la esperaba cuando salió del ascensor.
-¿Señorita Montemayor? Soy Steve Holt.
-Es un placer conocerlo, señor Holt –replicó Myriam que ocultó con una nerviosa sonrisa al haber sido recibida directamente por el director y no por su secretaria.
El director no dijo nada mientras la guiaba por el pasillo, y el desconcierto de Myriam aumentó cuando le hizo pasar a una habitación y cerró silenciosamente la puerta tras ella. Miró el suelo de madera sin comprender. ¿Se suponía que debía sentarse a esperar allí a que el director volviera?
Cuando se volvió, su corazón estuvo a punto de detenerse al ver a un hombre sentado tras un imponente escritorio.
-¿Señor… García? –murmuró desconcertada mientras contemplaba su pelo negro, su atractivo rostro y el impecable traje que vestía. Así vestido resultaba aún más atractivo que el hombre que había atormentado sus sueños.
Pero ¿qué hacía en las oficinas de Vantage Investments?
Víctor la estaba observando con expresión impasible. No respondió a su insegura sonrisa y se limitó a hacer un gesto con la cabeza para indicar que se sentara.
Su silencio puso nerviosa a Myriam, cuya voz sonó exageradamente aguda cuando dijo:
-No entiendo… He venido aquí para hablar con el señor Holt.
-Steve Holt es el jefe ejecutivo de Vantage Investments y, en circunstancias normales, habrías negociado con él –dijo Víctor con frialdad. –Pero estas circunstancias no son normales, Myriam –por un instante, en sus ojos destelló una intensa emoción, pero bajó rápidamente la mirada para enmascararla. –Vantage es una empresa subsidiaria de García Enterprises.
-Comprendo –dijo Myriam con cautela, conmocionada por la expresión que acabada de ver en su rostro. –En ese caso… supongo que sabrás por qué estoy aquí, ¿no?
-Oh, sí, Myriam. Sé exactamente por qué estás aquí -Víctor apoyó su poderosa espalda contra el respaldo del asiento y unió sus manos por la punta de los dedos. No hizo ningún esfuerzo por disimular su desprecio mientras contemplaba el vestido de diseño de Myriam. No era de extrañar que Joyerías Montemayor tuviera problemas si Myriam se pagaba a sí misma un salario muy por encima de lo normal para financiar el lujoso estilo de vida que obviamente llevaba, pensó con cinismo. –Esperas convencerme de que compre tu empresa y la salve de la bancarrota. La misma compañía que, según dijiste ayer, estaba en expansión y contaba con equipo directivo muy dinámico –añadió burlonamente.
Myriam se ruborizó al recordar. Era evidentemente que Víctor no había tenido la más mínima intención de tomar en serio la propuesta que le había hecho para su nuevo hotel. Por algún motivo, había estado jugando con ello, y reconocerlo hizo que su genio aflorara.
-¿Por qué no me hablaste de tu relación con Vantage Investments en lugar de dejarme creer que tal vez había una forma de salvar Montemayor? –preguntó, enfadada. -¿Disfrutaste dejándome en ridículo?
-Admito que encontré la situación bastante divertida.
La expresión de la mirada de Víctor hizo estremecerse a Myriam.
-Pero… ¿por qué? ¿Qué he hecho yo para…? –se interrumpió para mirar la foto de una joven mujer que Víctor había empujado hacia ella sobre el escritorio.
-Creo que ya conoces a mi hermana, ¿no? –preguntó él en un tono peligrosamente suave.
-Yo… -Myriam trató de añadir algo más, pero su cerebro parecía haber entrado en cortocircuito.
-Supongo que no fue un encuentro muy largo. E imagino que la situación resultó bastante incómoda, sobre todo teniendo en cuenta que Cecilia te vio en la cama con su marido. Pero mi hermana ya no tiene el mismo aspecto que tenía en la foto –continuó Víctor, reprimiendo apenas la ira. –Es muy probable que nunca pueda volver a bailar, lo que es una pena, porque, como verás por la foto, le encantaba bailar.
Myriam su incapaz de decir nada mientras miraba la foto de la preciosa joven cuyo rostro le resultaba tan sorprendentemente familiar. En la foto llevaba el pelo sujeto en un moño, y no suelto, como la noche que Myriam la vio, pero no había duda que era la esposa de James.
-Cecilia se disgustó mucho tras veros a Hamilton y a ti juntos en la cama. Salió corriendo del hotel y, al cruzar sin mirar, resultó atropellada por un coche –dijo Víctor con aspereza. –Los testigos aseguran que voló casi 6 metros en el aire antes de golpearse contra el suelo. Estuvo en coma 3 semanas, con las 2 piernas rotas y daños en la columna –ignoró la expresión horrorizada de Myriam y siguió hablando. –Al principio, los médicos pensaron que iba a pasar el resto de su vida en una silla de ruedas. Afortunadamente, las últimas operaciones han resultado positivas y la están sometiendo a una fisioterapia intensiva para que pueda volver a caminar. Pero nunca volverá a bailar –concluyó.
Las palabras de Víctor dieron paso a un silencio cargado de tensión. Finalmente, Myriam hizo un esfuerzo por hablar.
-No… no lo sabía –susurró.
Víctor rió salvajemente.
-¿Quieres decir que no escuchaste el sonido de las sirenas? ¿O lo escuchaste pero no sentiste el interés suficiente para averiguar quién había resultado herido? Supongo que James y tú seguisteis con vuestra gimnasia sexual después de que Cecilia se fuera – espetó con desprecio. –Ninguno de los 2 tuvo la decencia de seguirla, aunque debió de ser evidente, incluso para una bruja despiadada como tú, que se había quedado desolada al encontrar al hombre al que amaba con su querida en la cama.
Myriam inclinó la cabeza mientras la furia de Víctor caía sobre ella. Se merecía su enfado, pensó, atormentada, y su mente revivió la terrible noche que, 6 meses antes había comenzado de forma tan maravillosa.
Se había sentido excitada y un poco nerviosa cuando James la llevó a un hotel en el que había hecho una reserva para un fin de semana romántico.
-¿Sólo una llave? –preguntó ella con voz temblorosa.
-Una llave, una habitación… una cama –replicó James con aquella encantadora sonrisa que hacía que el corazón de Myriam se derritiera. –Sabes que te quiero –murmuró cuando entraron en la habitación y la abrazó para besarla. –Y tú también me quieres, ¿verdad, cariño? Hacer el amor es el paso siguiente para demostrar nuestro amor mutuo.
Myriam fue incapaz de resistirse al guapo y encantador James, que le había robado el corazón. Estaba lista para convertirse en su amante y cuando él empezó a desnudarla, no ocultó su anhelo. Pero acababan de tumbarse en la cama cuando de pronto se abrió la puerta y una mujer entró en la habitación.
Nunca olvidaría la conmocionada expresión del rostro de la mujer, las lágrimas que se derramaron por sus mejillas, su voz rota.
-¿Cómo has podido, James? ¿Cómo has podido? Soy tu esposa…
-No sabía que tu hermana había sufrido un accidente –insistió Myriam, volviendo su mente al presente. –Me marché del hotel de inmediato –después de que James le confirmara a regañadientes que estaba casado y añadiera que ése no era motivo para que se pusiera histérica. –Bajé a toda prisa por mi coche, que estaba aparcado en la parte trasera del hotel. Cecilia debió de salir por la puerta delantera y yo conduje hasta casa por otra carretera. No recuerdo haber escuchado sirenas ni nada parecido. Estaba… conmocionada. No sabía que James estaba casado.
-Mentirosa.
La solitaria palabra restalló en el aire como un látigo, y Myriam se sobresaltó.
-Juro que no lo sabía… -empezó, pero Víctor la silenció con una mirada feroz.
-Claro que lo sabías. Lo mismo que sabías que el actor con el que has tenido recientemente una aventura también estaba casado. Y lejos de tratar de ocultar tu relación con él, la has aireado descaradamente, permitiendo que la prensa te fotografiara mientras salíais juntos del hotel –Víctor hizo una mueca de desprecio. –Dime, ¿experimentas una sensación de poder cuando mantienes relaciones sexuales con los maridos de otras mujeres? Me asquean las mujeres como tú.
Mujeres como la querida de su padre, pensó Víctor con desaliento. Wendy Jones sabía que su padre tenía esposa e hijos, pero aquello no le impidió coquetear con Alejandro García sin preocuparse por el dolor y la destrucción que provocó su aventura. Wendy y Myriam eran de la misma clase: brujas desalmadas que carecían por completo de moral. El odio que sentía por la mujer que acabó convirtiéndose en su madrastra había ardido en su interior durante años y, mientras contemplaba el pálido rostro de Myriam, su furia amenazó con asfixiarlo.
El gélido odio de la mirada de Víctor hizo que Myriam se estremeciera.
-Te juro que no sabía que James estaba casado. Si lo hubiera sabido, nunca habría salido con él –se puso en pie y aferró con ambas manos el borde del escritorio mientras sus pechos subían y bajaban al ritmo de su agitada respiración. –Cuando tu hermana entró y dijo que era la mujer de James, me sentí muy mal. Me sentí como si fuera la forma de vida más miserable del planeta.
-Una descripción muy adecuada –espetó Víctor. –Y seguro que te sentiste mal… os habían descubierto y temías que James diera por zanjada vuestra aventura para tratar de persuadir a su acaudalada esposa de que lo perdonara. No entiendo qué vistes en mi cuñado –añadió con desprecio. –James Hamilton es un miserable sin ningún talento y sin un céntimo. Pero, según la prensa parece que tú disfrutas acostándote con los maridos de otras mujeres.
Myriam se puso intensamente pálida y, por un segundo, sintió la tentación de marcharse inmediatamente de allí, pero se obligó a enfrentar la mirada de Víctor.
-Los artículos de la prensa sobre mi supuesta aventura con Damián Casson son totalmente falsos. He pedido a mi abogado que denuncie a los periódicos implicados –bajó la mirada hacia la fotografía de la hermana de Víctor y tragó saliva. –Lo siento –susurró. –Me gustaría poder disculparme con Cecilia y explicarle que James nos engañó a las 2.
-¿Crees que permitiría que te acercaras a mi hermana? –dijo Víctor con aspereza. –Cecilia ya ha sufrido bastante como para encima tener que soportar tus mentiras.
Víctor también se había puesto en pie y estaba mirando a Myriam con evidente desprecio. Ella entendía su enfado, pero su negativa a escucharla y su empeño a pensar lo peor de ella hicieron que su genio aflorara de nuevo.
-No estoy mintiendo –dijo con dignidad. –Y no soy la mujer que retrata la prensa del corazón. No sabía que James tuviera una esposa –al sentir la punzada de las lágrimas en sus ojos, bajó la mirada para que Víctor no las viera. –Lo siento tanto – repitió con voz temblorosa. Sólo había sido un peón inocente en el juego de James pero no podía evitar sentirse responsable por el terrible accidente sufrido por su esposa.
-Ya es demasiado tarde para sentirlo. Es una lástima que no sintiera ese conmovedor remordimiento antes de acostarte con el marido de mi hermana.
-Nunca me acorté con él –dijo Myriam rápidamente. –Aunque comprendo que eso no le sirve de consuelo a Cecilia. Admito que estaba dispuesta a convertirme en su amante. La noche que Cecilia nos encontró habría sido nuestra primera noche. Me había enamorado de James… aunque ahora comprendo que en realidad nunca llegué a conocerlo –añadió con amargura.
Era una gran actriz, reconoció Víctor. Casi lo había convencido de que era inocente… y el brillo de las lágrimas en aquellos preciosos ojos había sido el toque perfecto. De no ser por los artículos que habían aparecido en la prensa sobre su aventura con otro actor casado, tal vez habría sentido la tentación de creerla.
Pero tal vez estaba dispuesto a creer que había sido engañada por James Hamilton debido a la atracción física que sentía por ella, pensó, irritado. Aquel día, Myriam era la personificación de la elegancia y la discreción: su ceñida falda realzaba la curva de sus caderas, el corte de su chaqueta enfatizaba su estrecha cintura y su blusa color lila complementaba a la perfección su cremosa tez. Las dispersas pecas que adornaban su nariz y mejilla iban a juego con el tono rojizo dorado de su pelo, y las largas pestañas que enmarcaban sus preciosos ojos eran ligeramente más oscuras que éste.
Tal vez su exterior fuera encantador, pero por dentro era un ser malvado y todas las evidencias indicaban que sabía muy bien lo que estaba haciendo cuando empezó su aventura con James, se dijo Víctor. No pensaba dejarse engatusar por aquella sarta de mentiras debido al descontrol de sus hormonas. Se obligó a apartarse de ella y se encaminó hacia los ventanales del despacho.
Myriam deslizó la mirada por sus anchos hombros y la arrogante inclinación de su cabeza. La desesperación se asentó en su estómago como un peso muerto.
-Nunca tuviste intención de comprar Joyerías Montemayor ¿verdad?
-Claro que no –replicó Víctor con frialdad. –Me parecía justo que sufrieras una fracción de la miseria que ha sufrido mi hermana y decidí destruir tu empresa. Y lo cierto es que no ha sido difícil llevar a Montemayor al borde del precipicio. Algunas de las decisiones que habéis tomado a lo largo de los 2 últimos años han sido muy arriesgadas y vosotros sois los responsables de la actual situación financiera de la empresa. Simplemente os hice creer que Vantage Investments os ofrecería un modo de salvaros de la quiebra, y tú fuiste lo suficientemente crédula, o, más bien, codiciosa, como para creer que podrías mantener tu indulgente tren de vida.
No era una coincidencia que los problemas de joyerías Montemayor hubieran empezado al mismo tiempo que su madre fue diagnosticada de un cáncer, reconoció Myriam. Durante aquella terrible época, su padre descuidó los negocios y ella se sentía culpable por no haberse implicado más en la dirección de la compañía.
-Joyerías Montemayor es la empresa de mi padre, no la mía –dijo Myriam con suavidad. –Si la destruyes, será él quien sufra.
-Tú te convertiste en socia hace 3 años. Mis investigaciones fueron muy concienzudas –replicó Víctor con frialdad. –Es una lástima que tu padre vaya a perder una empresa que construyó de la nada, pero no debería haber criado a su hija para que se convirtiera en una fulana sin principios.
Una intensa rabia ardió en el interior de Myriam. Miró el reloj que había sobre el escritorio y sintió una punzada de aprensión. ¿Qué le habría dicho el médico a su madre? Aunque las noticias fueran malas, su padre ocultaría sus temores y apoyaría a Vivienne, como había hecho a diario a lo largo de aquellos 2 años. Antonio Montemayor no se merecía el desprecio de Víctor.
Furiosa, se encaró a Víctor, que se había vuelto a mirarla.
-Piensa lo que quieras de mí, pero no te atrevas a decir nada en contra de mi padre. Es mejor hombre de lo que tú llegarás a ser nunca.
-No en los negocios –contestó Víctor en tono sarcástico.
Myriam se ruborizó.
-Reconozco que tomó decisiones poco acertadas, pero había motivos… -Myriam se interrumpió bruscamente al ver la expresión burlona de Víctor. Si le hablaba de los problemas de salud de su madre, estaba segura de que la acusaría de estar mintiendo para que se apiadara de ella. Su enfado se disipó con tanta rapidez como había llegado, y experimentó una intensa desesperación al comprender que no había esperanza de salvar joyerías Montemayor.
-Ojalá no hubiera conocido nunca a James Hamilton –dijo con voz ronca. –Y espero con todo mi corazón que tu hermana llegue a recuperarse.
Al volverse para recoger sus cosas, su rodilla colisionó con una mesita de café en la que no se había fijado.
-¡Ay! –se tambaleó y dejó caer involuntariamente su maletín que, al abrirse, derramó su contenido por el suelo.
Seguro que Víctor estaba disfrutando viéndola de rodillas, pensó con rabia mientras se agachaba para recoger los papeles de Joyerías Montemayor que llevaba consigo. Se pasó una mano por los ojos y se quedó paralizada al darse cuenta de que Víctor se había agachado a su lado y le estaba ayudando a recoger.
-Gracias –tomó los papeles que le ofreció y, al alzar la cabeza, se sorprendió de lo cerca que estaba. Se sintió rodeada por el olor de su colonia y pudo sentir el calor que emanaba de su cuerpo. ¿Cómo podía sentirse tan físicamente consciente de un hombre que acababa de dejar bien claro que la despreciaba?, se preguntó, desesperada.
Debía levantarse de inmediato y alejarse de él antes de que se diera cuenta del efecto que ejercía sobre ella, pero sus músculos se negaron a obedecer. Volvió la mirada hacia Víctor… y se quedó conmocionada al ver el inconfundible deseo que brillaba en la profundidad de sus ojos.


 
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Re: Castigo y placer

Mensaje  Eva Robles el Mar Sep 10, 2013 6:01 pm

Muchas gracias por el capi tan emocionante estare esperando el siguiente

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Re: Castigo y placer

Mensaje  jai33sire el Mar Sep 10, 2013 6:33 pm

Gracias por el capitulo.

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Re: Castigo y placer

Mensaje  dany el Miér Sep 11, 2013 12:25 am

GRACIAS POR EL CAPITULO

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Re: Castigo y placer

Mensaje  mariateressina el Sáb Sep 14, 2013 1:34 pm

Buenas tardes aki el capitulo de hoy espero q les este gustando y que tengan un excelente fin de semana largoo x el puente y felices fiestas patrias.



Capítulo 3


¿Cómo podía sentir aquella intensa atracción por Myriam si la despreciaba? se preguntó Víctor, furioso consigo mismo. No lograba apartar la mirada de la curva de su boca y la carnosidad de sus labios era una tentación irresistible. El deseo que sentía por ella era una complicación inesperada…
Víctor iba a besarla. Myriam captó la intención en su mirada antes de que inclinara la cabeza y se quedó conmocionada al comprender que deseaba que lo hiciera. Sin comprender por qué. Se limitó a esperar a que la besara.
El primer roce de su boca le produjo una agradable sensación por todo el cuerpo. Sus labios eran firmes y se deslizaron exigentemente sobre los de ella, pero el orgullo de Myriam acudió en su ayuda y mantuvo la boca cerrada, esforzándose por no ceder a la avasalladora tentación de devolverle el beso. Si lo hiciera, confirmaría lo que Víctor pensaba de ella: que era una fulana carente de moral.
Cuando la tomó de la mano y le hizo ponerse en pie, no opuso resistencia. Estaban muy cerca uno del otro, pero sin tocarse y los sentidos de Myriam se vieron inflamados por el sutil aroma de las feromonas masculinas y el embriagado calor que emanaba del cuerpo de Víctor. El beso de éste se volvió más y más exigente y la voluntad de Myriam se desmoronó bajo su arremetida. Con un gemido, abrió la boca y de inmediato, Víctor introdujo la lengua en su húmeda calidez y exploró su interior eróticamente a la vez que la rodeaba con un abrazo por la cintura y la atraía hacia sí.
Myriam no había experimentado nunca una pasión como aquella, y todo pensamiento abandonó su mente. Olvidó que estaba en el despacho de Víctor y que éste se había negado a salvar Joyerías Montemayor. Sólo era consciente de él, de la presión de sus labios, del roce de su mandíbula, de la rígida prueba de su excitación presionada contra su vientre.
Con un ronco gemido de capitulación, alzó los brazos para rodearlo por los hombros, pero Víctor apartó bruscamente la cabeza y le dedicó una mirada de evidente desprecio.
-¿Qué sucede, Myriam? ¿Acaso Damián Casson ha recuperado la cordura y ha decidido dejarte para volver con su mujer? Supongo que, dado que sólo te sientes atraída por hombres casados, no me considerarás un buen sustituto para aliviar tu frustración sexual, ¿no?
Myriam dio un gritito ahogado y dejándose llevar por su instinto, lo abofeteó en la mejilla.
-¡Miserable arrogante! –exclamó, temblando de rabia y humillación. –Eres tú el que me ha besado. ¿Qué pretendías? ¿Demostrar lo irresistible que eres?
-Sin duda he demostrado algo –dijo Víctor mientras se alejaba de ella y apoyaba una cadera con gesto indolente contra el borde del escritorio. –La química sexual que hay entre nosotros es tan potente como inexplicable, y admito que te he besado porque sentía curiosidad por ver cómo reaccionabas. Pero vuelve a abofetearme y lo lamentarás –añadió en tono amenazador.
Myriam miró la marca roja que había dejado en su mejilla y se sintió enferma. Nunca en su vida había pegado a otro ser humano y se sintió avergonzada. No le sirvió de nada recordar que Víctor lo merecía. Él la había besado, pero ella había querido que lo hiciera. A pesar de saber lo que pensaba de ella, había sido incapaz de resistirse. ¿Qué revelaba aquello sobre sus valores éticos? se preguntó, desesperada.
Víctor mantuvo deliberadamente una expresión impasible. No quería dar indicios de la batalla que estaba librando en su interior para someter a sus hormonas. Besar a Myriam había sido un error, reconoció.
Trató de observarla desapasionadamente. Se preguntó si las lágrimas que brillaban como pequeños diamantes en sus pestañas serían reales, o si con ellas pretendía despertar su piedad. Pero no sentía ninguna piedad por ella.
Había planeado la caída de Myriam durante los interminables días y noches que permaneció junto a la cama de Cecilia, esperando a que recuperara la conciencia. Se había sentido tan impotente y asustado… Él, que nunca había temido nada, que había luchado para salir de la pobreza y había alcanzado la cima del éxito, se había asustado terriblemente ante la posibilidad de perder a la única persona del mundo a la que realmente quería. Afortunadamente, Cecilia se había recuperado, pero él nunca perdonaría a las 2 personas responsables de su accidente.
Dada la situación financiera reinante, Myriam nunca encontraría otro comprador para Joyerías Montemayor. Todo iba según lo planeado. Pero aquello no era totalmente cierto, reconoció, irritado. No recordaba la última vez que había deseado a una mujer con la intensidad con que deseaba a Myriam. Tenía pruebas evidentes de que era una mujer como la querida de su padre y, a pesar de todo, se sentía consumido por el deseo de poseerla.
Había planeado vengar a Cecilia haciendo creer a Myriam que su empresa iba a comprar Joyerías Montemayor para luego retirar la oferta en el último minuto. Pero lo cierto era que los locales de Joyerías Montemayor estaban situados en la mejor zona de Londres. Cuando mejorara el clima financiero, aquellos locales serían una inversión muy lucrativa.
Sería una tontería desaprovechar aquella oportunidad y ¿no resultaría su venganza más dulce si la convertía en algo personal? Comprar Joyerías Montemayor salvaría a Myriam de la ruina, ¡pero él se cobraría su venganza haciéndole meterse en su cama!
El tenso silencio reinante hizo que Myriam se sintiera más y más nerviosa. Víctor parecía relajado, pero le recordaba a una pantera dispuesta a saltar sobre su presa. Tenía que salir de allí, pensó, desesperada.
Tomó su maletín del suelo y se volvió hacia la puerta.
-Creó que había una forma de persuadirme para que compre Joyerías Montemayor…
Myriam se detuvo en seco al escuchar aquello y se volvió hacia él.
-¿Cómo?
-Utilizando la antigua tradición del trueque. Cada uno de nosotros tiene algo que el otro quiere. Podrías negociar un trato.
-Pero yo no tengo nada que tú puedas querer –dijo Myriam, desconcertada.
-No te hagas la ingenua –replicó Víctor. –Sabes perfectamente bien lo que quiero –cruzó el despacho en 2 zancadas y tomó a Myriam por la barbilla para obligarla a mirarlo. –Te quiero a ti. Quiero llevarte a la cama y disfrutar del delicioso cuerpo que con tanto agrado compartes con tus numerosos amantes. A cambio de tus favores sexuales, estoy dispuesto a comprar Joyerías Montemayor por el precio que pedís.
Myriam no podía creer lo que acababa de escuchar. Debía tratarse de una broma, pero el tono de Víctor no había precisamente divertido.
-Pero… yo no te gusto –balbuceó.
Víctor rió despectivamente.
-No es necesario que me gustes. Quiero acostarme contigo; no estoy sugiriendo que nos hagamos amigos.
-Siempre he pensado que los amantes también deberían ser amigos –replicó Myriam, tratando de contener su ira. –No soy un trozo de carne y no estoy en venta.
Víctor entrecerró los ojos. ¿Cómo se atrevía Myriam a hablarle en aquel tono si, según la prensa, era capaz de quitarse las bragas para cualquier celebridad que le dijera la hora?
-Todo y todo mundo está a la venta por el precio adecuado. Deberás agradecer mi oferta. ¿Quién más estaría dispuesto a pagar esa cifra por una compañía en quiebra? Además –añadió, sujetando la barbilla de Myriam con firmeza cuando ésta trato de apartar el rostro. –Ambos sabemos que no te parecería tan terrible compartir mi cama. Puede que tú quieras negar la química sexual que hay entre nosotros, pero tu cuerpo es más sincero.
Myriam habría dado la vida por negar aquello pero, desde el momento en que Víctor se había acercado a ella, había invadido sus sentidos y había encendido una llama en su interior. Sentía los pechos pesados y contuvo el aliento cuando Víctor deslizo la mano que tenía libre por la parte delantera de su blusa y descubrió las duras cimas de sus pezones sobresalientes contra la tela de ésta.
La rabia era su única arma contra el insidioso calor que recorría sus venas. No pensaba ceder a la voz interior que la instaba a aceptar aquella miserable proposición.
-El infierno tendrá que congelarse antes de que acepte tu repugnante propuesta –espetó.
Víctor se encogió de hombros.
-¿Estás dispuesta a permitir que tu padre pierda la empresa a la que ha dedicado su vida?
-El chantaje emocional es despreciable. Mi padre nunca esperaría que vendiera mi cuerpo, aunque ello significara perder todo lo que posee. Pareces creer que tu riqueza te da privilegios especiales. Es obvio que naciste con una cuchara de plata en la boca. Crees que el dinero puede comprarlo todo. Pero no puede comprarme a mí.
-En ese caso, también puedo tomar lo que concedes gratuitamente a tantos otros hombres –dijo Víctor y sin darle tiempo a reaccionar, inclinó la cabeza y capturó la boca de Myriam con la suya.
Myriam dejó escapar un gritito ahogado y Víctor aprovechó la oportunidad para introducir la lengua y explorar el interior de su boca con un erotismo que le hizo temblar. La rabia acudió en su rescate y empujó con fuerza el pecho de Víctor para alejarlo de sí, pero él la sujeto con firmeza.
Estaba decidida a no reaccionar, pero Víctor pareció intuir su resolución y alivió la presión de su boca para transformar su dominante beso en otro de intensa sensualidad que Myriam encontró irresistible.
Sintió que sus huesos se derretían y sin saber cómo, ni porque, se encontró respondiendo al beso de Víctor. Perdida en un mundo de placer sensorial, no estaba preparada cuando, de pronto, Víctor apartó la cabeza de ella y la miró. El despreció que captó en su mirada le hizo sentir una intensa humillación al darse cuenta de que se estaba aferrando a él.
-Mi oferta sigue en pie –dijo Víctor con frialdad.
Myriam se apartó de él con brusquedad y trató de recuperar la compostura.
-Mi respuesta sigue siendo la misma. No estoy en venta.
Estaba segura de que Víctor iba a burlarse de ella por la poca resistencia que había puesto a que volviera a besarla, pero se limitó a encogerse de hombros y a mirar el reloj.
-En ese caso, creo que nuestra reunión ha acabado. Tendrás que acudir a algún otro sitio para tratar de salvar tu negocio.
De algún modo, Myriam logró hacer que sus piernas se movieran, e incluso se despidió con un frío <<adiós>> antes de salir del despacho con la cabeza alta, decidida a negar a Víctor el placer de ser testigo de su desolación.


Myriam tomó el metro hasta Bond Street como una autómata, anonadada por lo sucedido en el despacho de Víctor. No podía creer que le hubiera propuesto acostarse con él a cambio de comprar Joyerías Montemayor. Estaba convencida de haber tomado la decisión correcta al rechazar aquella proposición. Jamás podría acceder a convertirse en la querida de Víctor García. Estaba furiosa consigo misma por haber permitido que la besara, y sobre todo por haberlo olvidado todo cuando estaba entre sus brazos… incluso a su madre.
Su teléfono sonó cuando estaba entrando en su despacho, y su corazón latió con más fuerza al ver que la llamada era de su padre.
-¿Tienes buenas noticias? –preguntó, tensa, sin apenas atreverse a respirar.
-Las mejores. El médico ha dado de alta a tu madre.
Myriam captó el alivio de la voz de su padre y sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Gracias al cielo –murmuró, temblorosa. –Mamá estará feliz.
-Los 2 lo estamos –dijo Antonio, emocionado. –Vamos a salir esta noche a cenar para celebrarlo. Creo que mi tarjeta de crédito aún soportará ese gasto. ¿Vendrás? Necesito hablar de algo contigo.
-Claro que iré –contestó Myriam, desconcertada por el tono de voz de su padre. ¿Por qué parecería tan tenso después de la buena noticia que acababan de recibir? -¿Qué sucede papá?
-He recibido una carta del banco en la que me amenazan con recuperar la posesión de Carlton House.
-¿Qué? ¿Qué quieres decir? No entiendo. ¿Cómo va a recuperar el banco vuestra casa si tú y mamá sois dueños de ésta a partes iguales?
-Tuve que volver a hipotecar la casa y a pedir un préstamo cuando hicimos reformas en las tiendas –explicó Antonio. –Tu madre aceptó porque sólo sería algo temporal y cree que ya he pagado el préstamo. Esperaba que me dieran un margen de tiempo, pero no ha sido así. No queda dinero, Myriam. He utilizado todos mis ahorros para mantener la empresa a flote. Espero que Vantage Investment vaya en serio respecto a comprar Joyerías Montemayor, porque de lo contrario, seré el único responsable por perder la casa y romper el corazón de tu madre. ¿Cómo ha ido la reunión? Steven Holt parecía muy interesado cuando hablé con él hace unos días.
El cerebro de Myriam parecía haber dejado de funcionar. Sus padres no podían perder Carlton House. Era inconcebible.
Su madre se sentiría desolada si la obligaban a irse de la casa que tanto quería y después de lo que había tenido que soportar aquellos 2 últimos años, no se merecía algo así.
-Sí lo está –dijo instintivamente, pues se sintió incapaz de contarle a su padre lo sucedido. –Pero sólo ha sido un encuentro preliminar. Aún hay algunos detalles por aclarar. Deja el asunto en mis manos y concéntrate en mamá –añadió rápidamente. -¿Por qué no la llevas a Cornwall para que pase unos días con tía Jess? No os vendría mal un descanso, y a Jess le encantará veros –aferró el teléfono con fuerza mientras se esforzaba por no perder la calma. -¿De verdad existe la posibilidad de que os quiten la casa?
-La única forma de arreglarlo sería vender la empresa. Hace una temporada había otro par de compañías interesadas, pero rechacé sus propuestas porque Vantage Investments me ofreció una mejor. Si cambian de opinión, estoy perdido –tras una pausa, Antonio añadió: -¿Qué detalles quedan por aclarar? Tal vez debería llamar a Steven Holt.
-No –Myriam trató de que no se notara el pánico en su voz. Si su padre llamaba a Vantage Investments, Víctor le informaría de todo lo sucedido. Aquello era culpa suya, pensó, desesperada. Si su padre no hubiera recibido la oferta de Vantage, habría vendido Joyerías Montemayor a alguna de las otras firmas interesadas y su casa estaría a salvo.
<<Ambos tenemos algo que el otro desea>>, había dicho Víctor. Ella quería que comprara Montemayor. Él quería mantener relaciones sexuales con ella. Pero se sentía incapaz de acceder, pensó, frenética.
Sin embargo, no le quedaba otra opción. Su padre había admitido que estaba prácticamente en la ruina y ella no podía ayudarlo económicamente.
-Hay un par de detalles que aclarar antes de firmar el contrato de compraventa con Ventage –dijo, esforzándose por mantener la calma. –Volveré a ponerme en contacto con ellos para aclararlos. ¿Puedo hablar con mamá? –preguntó rápidamente, para evitar que su padre siguiera hablando del tema.
-Oh, sí… por supuesto.
Un instante después, la voz de Vivienne sonó desde el otro lado de la línea.
-¡Myriam! ¿No es maravilloso? Me siento como si me hubieran dado una segunda oportunidad de vivir.
La emoción que manifestó la voz de su madre desgarró el corazón de Myriam, que tuvo que esforzarse para no romper a llorar.
-Espero que disfrutes de cada minuto de ello mamá –susurró. –Papá y tú merecéis ser felices.


Víctor salió del baño de su suite para contestar el teléfono. Frunció el ceño al escuchar el mensaje de la recepcionista. Dudó un momento. ¿Qué hacía Myriam Montemayor en el vestíbulo del hotel a las 11 de la noche?
-Dígale que puede subir a mi suite en 15 minutos –dijo antes de colgar.
Necesitaba vestirse antes de recibirla, pensó. Su curiosidad fue en aumento mientras se vestía y tras servirse un whisky, caminó inquieto de un lado a otro de la suite. ¿Qué querría Myriam? ¿Habría decidido ofrecerle su cuerpo a cambio de que comprara las joyerías de su padre? Sonrió sin humor al recordar la firmeza con que había rechazado su oferta. Debía reconocer que su reacción lo había sorprendido. Sabía con certeza que poseía los mismos principios éticos que una gata callejera, y la reciente historia sobre sus relaciones con hombres casados no era la primera que aparecía en la prensa.
Había estado convencido de que aceptaría acostarse con él, pero, en lugar de ello, se había mostrado tan escandalizada como si fuera una virgen… lo que resultaba realmente risible.
<<El infierno tendría que congelarse antes de que aceptara tu repugnante sugerencia>>, había replicado con desprecio. De manera que, ¿por qué había acudido a verlo? Sin duda, quería algo. Según su experiencia, las mujeres siempre querían algo.
Su mente voló 6 meses atrás, a otro hotel en Atenas en el que había recibido la visita inesperada de otra mujer.
Se sorprendió mucho cuando Yalena llamó a su habitación y sugirió que se encontraran. Había pasado 15 años desde que la mujer a la que había amado había roto su compromiso con él para casarse con su mejor amigo. Admitió que había sentido auténtica curiosidad por comprobar cuál sería su propia reacción cuando volviera a ver a Yalena y Takis. Pero Yalena había acudido a su hotel, sola, vestida como una fulana y convencida de que aceptaría su oferta de dejar a su marido por él. Había cometido un error 15 años después, le dijo llorosa. Se había dado cuenta de que era a él al que amaba, no a Takis… aunque Víctor no pudo evitar notar que sólo había llegado a esa conclusión después de que su nombre hubiera sido incluido en la lista de los 100 hombres más ricos del mundo.
Yalena quitó importancia al hecho de que su marido aún la adorara y se esforzara trabajando denodadamente para ofrecerle el tren de vida que le gustaba. Víctor sintió una mezcla de decepción y repugnancia al comprender lo equivocado que había estado respecto a ella. La había tenido durante años en un pedestal y descubrir que era una avariciosa cazafortunas, como todas las mujeres que había conocido, le hizo comprender con amargura que había cometido una estupidez malgastando sus emociones en ella.
La llamada a la puerta le hizo volver al presente. Myriam había llegado. ¿Qué haría si había acudido a ofrecerse a él?, se preguntó mientras terminada su whisky de un trago. Experimentó una sensación de tensión entre sus muslos y las ventanas de su nariz se dilataron a causa de la oleada de calor sexual que recorrió su cuerpo. La deseaba intensamente y podía permitírsela. ¿Por qué no concederse aquel placer? Hacía meses que no tenía relaciones sexuales. Entre sus visitas al hospital para estar con Cecilia y dirigir su empresa no había tenido ni el tiempo ni la inclinación para sus habituales aventuras sexuales con amantes que sabía que no debían esperar nada de él.
Cuando se abrió la puerta de la suite, Myriam temió que Víctor pudiera escuchar los frenéticos latidos de su corazón.
-Myriam –dijo él a modo de saludo.
Cuando se apartó para dejarla entrar, Myriam sintió la tentación de dar la vuelta y salir corriendo. Pero, de algún modo, sus piernas la impulsaron hacia el interior y se sintió como un cordero entrando en la guarida de un lobo.
-Eres la querida de la sorpresa –murmuró Víctor.
-¿Qué quieres decir? –preguntó Myriam con suspicacia. La palabra <<querida>> no le gustaba. Víctor creía que había sido la querida de James Hamilton. Asumía que tenía experiencia con el sexo, pero lo cierto era que no la tenía, y por ello resultaba aún más difícil lo que estaba a punto de hacer.
-No esperaba verte en la galería de arte, y tampoco esperaba que te presentaras aquí esta noche –contestó Víctor, que tampoco había esperado que su corazón se desbocara al verla. El deseo que sentía por aquella mujer lo hacía más débil, algo que no le gustaba. -¿qué quieres Myriam?
Ella le dedicó una rápida mirada y se fijó en su camisa negra que, con el cuello entreabierto, dejaba expuesta una parte de su piel morena, cubierta de vello negro.
No era justo que fuera tan atractivo y los músculos de su estómago se tensaron al recordar los momentos en que la había tenido entre sus brazos. Ninguna mujer podría llegar a domar nunca a Víctor. Bajo su carga de sofisticación urbana se percibía poder y una implacable ambición, un magnetismo que imponía respeto a los demás hombres y atraía como un imán a las mujeres. Pero nadie podía controlarlo y sólo los más estúpidos se atrevían a intentarlo.
La expresión de su rostro no era precisamente alentadora, pero ella estaba dispuesta a hacer lo que fuera para evitar que sus padres se quedaran sin su hogar.
Se humedeció nerviosamente los labios y rogó para que su voz no temblara.
-He venido a decirte que acepto tu oferta –dijo y tuvo que hacer un gran esfuerzo para mantenerle la mirada. –Me acostaré contigo a cambio de que compres Joyerías Montemayor por el precio acordado con tu empresa.

 
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Re: Castigo y placer

Mensaje  jai33sire el Sáb Sep 14, 2013 4:48 pm

gracias por el capitulo

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Re: Castigo y placer

Mensaje  dany el Dom Sep 15, 2013 10:46 pm

GRACIAS POR EL CAPITULO

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Re: Castigo y placer

Mensaje  mariateressina el Lun Sep 23, 2013 4:43 pm

Disculpen por la demora pero con tanta cosas que han pasado he tenido mucho trabajo y no habia podido traerles capitulo aki les dejo un 2 x 1 ehhh en recompensa y ya esperemos que las cosas se vayan mejorando disfruten de la novelita que cada vez se pone más y más interesante.


CAPITULO 4


Víctor permaneció unos segundos en silencio. Finalmente asistió y dijo en tono burlón:
-Espero que hagas más que acostarte conmigo a cambio de pagar una fortuna por el negocio de tu familia.
Su cuerpo había reaccionado previsiblemente al saber que iba a poder hacer suya a Myriam; su excitación había sido instantánea e incómodamente tensa. Pero, de manera inexplicable, también sintió una punzada de decepción. Cuando Myriam había rechazado su oferta aquella mañana no había podido evitar sentir cierta admiración por ella, pero en aquellos momentos sólo sentía desprecio. Myriam estaba dispuesta a vender su cuerpo para proteger su seguridad financiera.
Bajó la mirada hacia el escote de su vestido y el provocativo contorno de sus pechos. Myriam era una auténtica belleza. Por un instante lamentó que las cosas tuvieran que ser así, que hacerle el amor fuera a ser una mera transacción económica. Pero no podía ser de otro modo. Él la deseaba y ella quería librar a su padre de la ruina.
Myriam contuvo el aliento cuando Víctor alzó una mano y le quitó el clip que sujetaba su moño. Su pelo cayó en torno a sus hombros como una sedosa cascada y vio cómo se oscurecían los ojos de Víctor mientras la contemplaba. Dejó escapar un gritito ahogado cuando la rodeo con sus brazos por la cintura y la estrechó con fuerza contra su pecho antes de besarla con auténtica pasión.
Su dominio era absoluto. El instinto advirtió a Myriam que sería un amante muy experimentado, pero Víctor no sabía que ella era novata, una virgen que no sabía cómo satisfacer a un hombre.
La evidencia de la excitación de Víctor contra su vientre demostraba que la deseaba, al igual que su murmullo de satisfacción cuando introdujo la lengua en su boca. Experimentó una mezcla de aprensión y triunfo femenino mientras sus sentidos se veían inundados por el sutil aroma de su loción para el afeitado. Víctor era intenso y embriagadoramente masculino, y despertaba en ella sentimientos que no había experimentado nunca con otro hombre.
Pero la vocecita que había ignorado durante el trayecto en taxi hasta el hotel exigía ser escuchada. Aquello había ido demasiado lejos, pensó cuando, finalmente, Víctor apartó sus labios de ella. ¿Cómo era posible que estuviera dispuesta a venderse a un hombre que la despreciaba? Aquello era una locura.
Abrió la boca para decirle que había cometido un tremendo error, pero, al instante, la imagen de sus padres destelló en su mente Ya habían sufrido bastante. No podía quedarse cruzada de brazos mientras perdían su negocio y su hogar.
-No resultas precisamente barata, Myriam –murmuró Víctor. –Creo que es justo que, antes de pagar una considerable suma por Joyerías Montemayor, pueda ver lo que voy a obtener por mi dinero.
-No… entiendo –balbuceó Myriam.
-Yo creo que sí entiendes. Tu vestido es encantador, pero quiero ver lo que hay debajo. Quítatelo –ordenó Víctor.
Frenética, Myriam volvió la mirada hacia la puerta mientras su mente se enzarzaba en un encarnizado debate. ¿Debía irse, o quedarse y vender su alma al diablo?
-¿Cómo puedo estar segura de que vas a comprar Joyerías Montemayor? –preguntó, temblorosa. –Necesito asegurarme de algún modo.
-La única seguridad que puedes tener es mi palabra –Víctor entrecerró los ojos cuando Myriam abrió la boca para protestar. –Tómalo o déjalo –añadió con un encogimiento de hombros. –Podemos suspender el trato.
Myriam sabía que no tenía opción que acceder. Víctor dominaba por completo la situación. Una noche en su cama significaría que sus padres podrían retirarse sin preocupaciones financieras. No tenían porque saber lo que lo que había hecho para asegurar su futuro. Nadie lo sabría aparte de ella.
Sin darse tiempo a pensar más, bajó lentamente la cremallera de su vestido, dejando expuesto poco a poco el sujetador gris plateado sin tiras que llevaba debajo. Rogó para que Víctor no viera cómo le temblaban las manos. Aquella noche debía interpretar el papel de una auténtica seductora.
El vestido de seda se deslizó por su estómago y caderas hasta quedar amontonado a sus pies. Las braguitas que llevaba iban a juego con el sujetador y llevaba las medias sujetas con liguero de encaje. Salió del vestido cuidadosamente, aterrorizada ante la posibilidad de tropezar con los zapatos de tacón que vestía. No se atrevió a mirar a Víctor, pero éste la tomó de la barbilla y la hizo alzar el rostro. El brillo de excitación que vio en sus ojos le produjo una mezcla de inquietud e intenso deseo.
Era una mujer exquisita, reconoció Víctor, cuyo corazón latió con más fuerza de la habitual en su pecho. Se odió a sí mismo por su reacción ante Myriam, por el imparable deseo que despertaba en él, que lo debilitaba y le hacía perder el control. Sabía que Myriam poseía la moral de una gata callejera, pero su cercanía lo consumía y anulaba cualquier pensamiento, excepto el de hacerle el amor.
Respiró profundamente para controlar sus hormonas y la miró con frialdad.
-Eres preciosa –dijo con voz ronca y vio con asombro cómo se ruborizaba Myriam. Su habilidad para hacerlo a voluntad era un truco muy útil, así como la imagen de inocencia que lograba transmitir.
Pero no pudo evitar deslizar un dedo por la frágil línea de su clavícula. Su piel era como el satén bajo sus dedos y su largo pelo rojizo caía como una cortina de seda en torno a sus hombros. Lo apartó para exponer la esbelta columna de su cuello e inclinó la cabeza para besarlo. El ligero perfume floral que emanaba de su piel invadió sus sentidos y anuló de su mente todo pensamiento excepto el de poseerla.
Myriam contuvo el aliento cuando Víctor deslizó los labios por su barbilla. ¿Iba a hacerle el amor? ¿Iba a quitarle el sujetador y las braguitas y a deslizar las manos por su cuerpo desnudo antes de tumbarla en el sofá? No tenía sentido engañarse a sí misma; estaba deseando que la besara.
Víctor reclamó sus labios con exigencia, haciéndole entreabrir los labios para explorar con erótica meticulosidad su boca. Avergonzada, Myriam se supo perdida desde la primera caricia. Era tan grande y poderoso que luchar con él habría sido absurdo. Además, no quería luchar con él, reconoció con dolorosa sinceridad. Un intenso calor recorrió sus venas mientras se hacía intensamente consciente de la húmeda calidez que sentía entre los muslos.
Víctor deslizó una mano por su pelo mientras con la otra acarició sus caderas y cintura antes de curvarla en torno a uno de sus pechos. El roce del pulgar sobre su pezón hizo que éste se excitara y presionara contra el encaje del sujetador.
No esperaba la tormenta de emociones que recorrió su cuerpo. La presión de la palpitante dureza de Víctor contra su pelvis transformó el fuego interior que sentía en un ardiente infierno. Apoyó las manos en su pecho sobre su camisa, pero no le bastó. Quería sentir su carne desnuda bajo los dedos. Empezó a desabrocharle la camisa con dedos temblorosos y dejó expuesta su piel morena, cubierta de finos pelos oscuros. Sin darle tiempo a acariciarlo, Víctor alzó la cabeza y le sujeto las manos con fuerza.
-El entusiasmo que muestras ante la perspectiva de compartir mi cama es halagador –dijo con voz ronca –pero mañana tenemos que levantarnos temprano y prefiero esperar para disfrutar de ti con calma.
Víctor había sabido desde el primer momento en que la había tenido entre sus brazos que una noche con Myriam no sería suficiente para calmar a la voraz fiera que se había adueñado de su cuerpo. Nunca había deseado tanto a una mujer y no le bastaría con una precipitada sesión de sexo para sentirse satisfecho. Por motivos que no comprendía, Myriam era como una droga en sus venas y tenía intención de convertirla en su querida durante todo el tiempo que la deseara.
-¿Tenemos que levantarnos temprano? –murmuró Myriam, tan avergonzada por su ardiente respuesta y el frío rechazo de Víctor que habría querido que se la tragara la tierra. –No entiendo…
-Es muy sencillo –dijo Víctor a la vez que se agachaba para recoger el vestido del suelo para dárselo. –Vístete. Mañana tengo que ir a la isla griega Mykonos para visitar mi nuevo hotel y tú vas a venir conmigo. Tendrás que ofrecerme tus servicios durante un mes. Eso bastará para satisfacerme. Estoy seguro de que me cansaré de ti después de que hayas compartido mi cama unas semanas.
-No… no pienso ir a ningún lado contigo… y menos aún durante un mes –balbuceó Myriam cuando recuperó el habla.
Acababa de ponerse el vestido y los zapatos cuando Víctor la tomó por los hombros para hacerle darse la vuelta y le subió la cremallera del vestido.
-Eres excepcionalmente bella, Myriam, pero incluso tú debes de admitir que pagar una cantidad de 6 cifras por una noche de sexo sería una extravagancia, incluso para un millonario.
-Pero aquí tengo responsabilidades… compromisos, un trabajo –replicó ella, aunque lo cierto era que su trabajo no le iba a durar mucho si Víctor compraba Joyerías Montemayor. –No puedo pasar un mes en Grecia contigo. Es imposible –añadió con más firmeza.
Víctor se encogió de hombros y sacó su móvil del bolsillo.
-Lástima, porque estaba a punto de llamar a Steven Holt para confirmarle que compramos Joyerías Montemayor. Pero, si has cambiado de opinión, le diré que no seguimos adelante con la compra.
Myriam ya se encaminaba hacia la puerta, pero las palabras de Víctor le hicieron detenerse y darse la vuelta.
-No puedes llamarlo ahora. Es casi medianoche.
-Puedo hacer lo que quiera –dijo Víctor con arrogancia. –No he hecho mi fortuna trabajando de 9 a 5. Mis empleados saben que espero que estén disponibles en cualquier momento que los necesite.
Myriam se estremeció al pensar que esperaría lo mismo de ella. Podía salir en aquel momento de aquella suite y de la vida de Víctor, como le estaban gritando sus instintos, pero hacerlo supondría perder la única oportunidad que tenía de salvar a sus padres de la ruina. El precio era muy alto. ¿Sobreviviría a todo un mes siendo la querida de Víctor? ¿Pero qué era un mes comparado con el resto de la vida de sus padres?
Respiró profundamente y miró a Víctor a los ojos.
-Quiero que me asegures por escrito que vas a cumplir el trato. No me fío de tu palabra.
El desdeñoso tono de Myriam enfureció a Víctor, pero se contuvo de decirle que no estaba en posición de exigir nada.
-Mis abogados se ocuparán de redactar un contrato. ¿Quieres se especifiquen tus obligaciones? –preguntó en tono mordaz. –Cuántas veces requeriré de tus servicios por la noche, qué posiciones utilizaremos…
-Eso no será necesario –replicó Myriam, ruborizada. –Sólo quiero asegurarme de que las preocupaciones financieras de mi padre se acaben.
-Qué altruista eres –dijo Víctor con ironía.
Myriam frunció el ceño.
-¿Qué quieres decir con eso?
Víctor fue hasta la puerta de la suite y la abrió.
-No malgastes tu aliento tratando de convencerme de que tu intención es ayudar a tu padre. Tienes gustos muy caros. Lo único que te interesa en realidad es asegurar tu situación financiera, ¿verdad, Myriam? –hizo una pausa al ver que los ojos de Myriam se llenaban de lágrimas y por un instante, algo se conmovió en su interior al comprender que la había herido con sus palabras. Pero descartó rápidamente aquel pensamiento. Merecía sufrir como ella había hecho sufrir a Cecilia. –Voy a llevarte a casa –añadió con brusquedad a la vez que se apartaba de la puerta para dejarle pasar. –Tienes que preparar tu equipaje.
Myriam comprendió que no tenía sentido discutir con él y lo siguió hasta el ascensor. Víctor ya la había juzgado y era tan testarudo que nada de lo que dijera iba a hacer que cambiara de opinión.
Lo único que podía hacer era rogar para no pasarse el resto de su vida lamentando haber aceptado convertirse en su querida.



Una vez en el coche, Myriam dio a Víctor su dirección y luego permaneció el silencio. Él parecía perdido en sus pensamientos.
-Te recogeré mañana a las 8 –dijo él cuando aparcó junto el edificio en que Myriam tenía su apartamento. –No me hagas esperar y cuando hagas tu equipaje, no olvides el motivo por el que vas a acompañarme en este viaje. Ya estoy fantaseando con verte con una ropa interior tan tentadora como la que llevas esta noche.
Nuevamente ruborizaba, Myriam salió del coche, cerró de un portazo y corrió hasta su apartamento.
¿Qué había hecho?, se preguntó, desolada.
Mientras preparaba el equipaje y elegía su vestuario siguiendo las instrucciones de Víctor, no dejó de repetirse que, al menos, había salvado a sus padres de la ruina.

-¿Estás lista? –preguntó Víctor cuando, a la mañana siguiente, Myriam le abrió la puerta del apartamento a las 8 y 1 minuto.
-Casi –murmuró ella, molesta consigo misma por la fuerza con que se había puesto a latir su corazón nada más verlo. Vestía un traje color piedra y una camisa color crema con el botón del cuello abierto. Su pelo negro brillaba como el azabache a la luz del sol de la mañana, y la visión de sus fuertes rasgos y su sensual boca le produjo un extraño cosquilleo en el estómago. –Pero no consigo hacer salir a Charlie de mi dormitorio.
Víctor alzó las cejas.
-No me interesan los detalles de tu ajetreada vida amorosa –dijo con ironía.
-Charlie es mi gato. Es muy perezoso y se pasa el día durmiendo en mi cama. Necesito que me ayudes a meterlo en su jaula de viaje.
Víctor la siguió al dormitorio y miró a su alrededor con curiosidad. Esperaba algo más… seductor. Las paredes color limón, la pálida alfombra y las cortinas estampadas de motivos florales resultaban muy refrescantes, pero no podía imaginar a Myriam entreteniendo en aquel lugar a una hilera de amantes.
Un intenso siseó surgió de debajo del tocador y Víctor vio con sorpresa un enorme gato color jengibre que lo miraba amenazadoramente. Myriam estaba de rodillas agitando ante él un juguete de goma para hacerle salir.
-Vamos, Charlie. Ven a jugar –el gato salió de pronto y enganchó las zarpas en la mano de Víctor. -¡Rápido! ¡Agárralo!
-Supongo que estás bromeando –dijo Víctor, que en lugar de atrapar al gato, se limitó a acercar la jaula. Tras unos segundos, Myriam logro meterlo. Tenía sangre en la mano y el gato seguía revolviéndose con furia en la jaula. -¡Cielo santo! ¿Qué es? ¿Un gato salvaje?
-Es un poco sensible. Lo recogí en el centro municipal de acogida de animales. Al parecer, no fue bien tratado por sus anteriores dueños. En realidad es un encanto.
-Me fiaré de ti, pero más vale que me pongas algún antiséptico en el arañazo –Víctor frunció el ceño. Ofrecer un hogar a un gato abandonado con tendencias homicidas no encajaba con la imagen que tenía de Myriam. Tomó la maleta de ésta y echó otro vistazo a su alrededor. Se fijó en una foto que había en la mesilla de noche. -¿Ése es tu hermano? –preguntó con curiosidad mientras contemplaba la foto, en la que Myriam aparecía junto a un hombre alto y de brillante pelo rojizo.
-No, no tengo hermanos –contestó Myriam mientras se ponía la chaqueta. –Ése es Michel. Nos conocimos el primer día de universidad, cuando me dijo que los pelirrojos debíamos mantenernos unidos –sonrió al recordar. –Michel estudiaba para veterinario, pero murió de meningitis unos meses antes de graduarse.
-¿Era tu novio?
Myriam se encogió de hombros.
-Llevábamos unos meses saliendo –Myriam había asumido la pérdida de Michel a lo largo de los años, pero sólo sus amigos más cercanos sabían cuánto le afectó su muerte. Pero no tenía ninguna intención de confiar en Víctor. –Ya estoy lista para salir.
Su tono advirtió a Víctor que no quería seguir hablando de aquello y de pronto se impacientó. No quería oír que Myriam había sufrido una tragedia en su pasado. Llevaba 6 meses pensando en ella como en una bruja con el corazón de hielo y se negaba a contemplar cualquier posibilidad de estar equivocado.
-Supongo que no tendrás intención de pasar el gato por la aduana, ¿no?
-Claro que no. Hobson se ocupara de cuidarlo. Era el mayordomo de mis padres, pero está semi-retirado y vive en un anexo de Carton House. Tendremos que llevarle a Charlie.
-¿La casa está camino al aeropuerto?
-Me temo que está en dirección contraria. Pero no puedo dejar a Charlie solo. Supongo que es un caso de <<si me quieres, también tienes que querer a mi gato>> -dijo mientras Víctor dejaba la jaula en el asiento trasero antes de abrir la puerta.
-El cielo tendrá que helarse antes de que haga cualquiera de esas cosas –replicó Víctor con violento desprecio.
Mientras el coche se apartaba de la acera, Myriam volvió la cabeza y miró por la ventanilla, preguntándose por qué se le habrían llenado los ojos de lágrimas. Víctor no podía haber dejado más claro que la odiaba, pero ella no comprendía porque le dolía tanto su desprecio.
Tras darle la dirección de Carlthon House, Myriam permaneció en silencio hasta que cruzaron las verjas de la casa. Víctor soltó un prolongado silbido.
-Ya entiendo porque tus padres se empeñan en conservar su casa –dijo con ironía m mientras contemplaba los gruesos muros y los grandes ventanales de la mansión de 3 plantas. –Es espectacular.
-Durante varias generaciones fue heredada por el hijo varón mayor de la familia, pero mi madre era hija única y la heredó –explicó Myriam. –Pero lo cierto es que mantenerla es una pesadilla. Mis padres hacen lo que pueden aunque supone muchos gastos y mamá está muy orgullosa de su herencia. Se le rompería el corazón si…
Se interrumpió y se ruborizó al recordar que había aceptado convertirse en la querida de Víctor para conservar Carlton House.
La puerta principal se abrió de pronto y un anciano impecablemente vestido bajó las escaleras.
-¿Quién es?
-Ese es Hobson.
-¿Y aún trabaja para tus padres? Debe de tener unos noventa años.
-Creemos que está cerca de los 80, pero nunca admite su verdadera edad –explicó Myriam mientras salía del coche con el gato. –Mi padre le ha prometido que siempre tendrá un hogar aquí.
Y así sería, se dijo mientras subía las escaleras para saludar al anciano mayordomo. Víctor había prometido comprar Joyerías Montemayor, lo que implicaba que Carlton House estaba a salvo. Y ella se llevaría a la tumba el secreto de lo que estaba dispuesta hacer para que así fuera.


-Deberías haber supuesto que tenías un avión –murmuró Myriam una hora más tarde, mientras seguía a Víctor por la pista del aeropuerto de Gatwich.
-Viajo mucho a causa de mis negocios y es más cómodo tener un avión propio –replicó Víctor mientras entraban en el avión.
Hizo una sardónica mueca al ver cómo miraba Myriam a su alrededor. Las mujeres siempre se quedaban impresionadas con el jet y ya habían pasado unas cuantas por allí. Podía pasar el viaje disfrutando del voluptuoso cuerpo de Myriam en el dormitorio de lujo que se hallaba al final del avión; no creía que fuera a poner objeción, pensó cínicamente.
No podía negar que le tentaba la idea. Bajo su altiva fachada, aquella aristocrática rosa inglesa era una mujer ardiente que ya había mostrado su disposición a explorar la química sexual que había entre ellos. Pero quería disfrutar de ella con calma. Tendría que frenar su impaciencia hasta que llegaran a Grecia.


El hotel Artemisa se hallaba situado a unos kilómetros de la ciudad de Mykonos, en el centro turístico Agios Ionnis. El edificio de paredes blancas resultaba impresionante, así como el amplísimo vestíbulo con sus suelos de mármol y sus grandes columnas.
-Es una maravilla –comentó Myriam después de que Víctor le enseñara los 4 comedores, los 6 bares y las zonas de recreo.
-Estoy satisfecho con mi nuevo hotel –replicó Víctor mientras avanzaba por un largo pasillo alfombrado de rojo. De las paredes colgaban numerosos cuadros casi todos de arte contemporáneos y Myriam se preguntó si Víctor habría comprado algunas obras de Rufus Hartman el día que lo conoció en la galería. A pesar de que sólo había pasado unos días desde entonces, sentía que había pasado toda una vida.
-Ésta es mi suite privada –explicó Víctor mientras abría una puerta que se hallaba al final del pasillo.
Myriam lo siguió al interior de un amplio salón y su corazón comenzó a latir con fuerza cuando vio una enorme cama a través de una puerta entreabierta. Se preguntó si Víctor esperaba que empezara a cumplir de inmediato con sus deberes de quería, pero vio que se encaminaba hacia unas puertas acristaladas que daban a la terraza. Lo siguió y se quedó sin aliento ante la vista del inmenso y cristalino mar que se extendía frente a sus ojos. Bajo la terraza había una gran piscina.
-La suite tiene su propia piscina –dijo Víctor a la vez que señalaba una piscina rectangular que se hallaba en un lateral de la terraza. –La piscina principal que está abajo es de agua de mar y está separada del mar por una zona de terrazas donde los turistas pueden tomar el sol y disfrutar de la vista de la bahía.
-Es una maravilla murmuró Myriam, que alzó el rostro hacia el sol y dejó que la brisa jugara con su pelo.
Víctor resistió el impulso de alargar una mano para acariciarle el pelo y estrecharla entre sus brazos. Aquella mujer lo alteraba más de lo que estaba dispuesto a admitir, y eso lo irritaba. Ni siquiera obligarse a pensar en Cecilia servía para disminuir la intensa conciencia que tenía de su cercanía.
Se preguntó si su padre habría tratado de esforzarse del mismo modo para no sucumbir a su atracción por Wendy Jones, que acabó siendo su querida. Por primera vez en su vida comprendió la culpabilidad asociada a desear a una mujer cuando resultaba éticamente equivocado hacerlo.
Se volvió bruscamente y se encaminó hacia las puertas de la terraza.
-Tienes el resto del día para disfrutar de las vistas. Debo asistir a una reunión con mi equipo directivo que supongo que durará varias horas.
Myriam frunció el ceño, insegura de cuál iba a ser su papel en la vida de Víctor.
-¿Qué esperas que haga mientras estás fuera? –preguntó mientras lo seguía al interior de la suite.
Víctor se encogió de hombros.
-Lo que quieras. Puedes nadar o leer. En toda las habitaciones del Artemisa hay una selección actualizada de revistas. Y también tendrás que prepararte para esta noche, por supuesto.
Myriam sintió cómo se le secaba la boca ante la perspectiva de la noche que le esperaba. ¿Cómo querría que se preparara? ¿Habría copias del Kama Sutra en las habitaciones del Artemisa?
Víctor entrecerró los ojos al ver el rubor que había cubierto las mejillas de Myriam.
-Esta noche vamos a cenar con el alcalde de Mykonos y algunos de sus concejeros. Tendrás que vestirte de forma adecuada –rió burlonamente. –Ponte algo sexy, ¿de acuerdo? A fin de cuentas, solo estás aquí para darme placer –recogió su cartera, pero, en lugar de dirigirse hacia la puerta se encaminó hacia Myriam con una sonrisa en los labios que no alcanzó sus ojos. –Puedes empezar dándome un anticipo –añadió a la vez que la tomaba por la barbilla.
El beso que le dio fue duro, casi brutal, una afirmación de posesión y un aviso de la intensa noche que pensaba exigirle. Myriam quiso mantener los labios cerrados pero, para su bochorno, en el instante en que Víctor la tocó se sintió perdida, engullida por el fuego que los consumía.
Víctor aprovechó el tembloroso suspiro que escapó de su garganta para introducir la lengua entre sus labios.
Cuando se apartó respiraba agitadamente y Myriam se consoló un poco ante la evidencia de cuanto lo afectaba, de la pasión que compartían.
-Nos vemos luego –dijo, tenso, pero Myriam tuvo la impresión de que su autocontrol se hallaba en precario equilibrio sobre el filo de un cuchillo y que si le diera la más mínima indicación de que quería que se quedara, la volvería a tomar en brazos para besarla… hasta que los besos no bastaran para ninguno de los 2.
Permaneció en silencio, conmocionada y avergonzada de su propia reacción. No se atrevió a respirar hasta que Víctor salió de la suite. Todo aquello era una locura inexplicable, pensó mientras pasaba los dedos por sus enrojecidos labios. Víctor creía tener motivos para despreciarla y ella sabía que su único propósito era castigarla. Sin embargo, ninguno de los 2 parecía capaz de controlar la mutua atracción sexual que sentían.


2 x 1


CAPITULO 5

Cuando Víctor regreso a la suite aquella tarde, Myriam no estaba en el salón, y supuso que estaba cambiándose para la cena. Su reunión había durado largas y frustrantes horas, y descubrir que los preparativos para la fiesta de inauguración oficial del hotel se habían retrasado lo habían puesto de mal humor.
Acababa de salir de la terraza tras servirse un generoso whisky con hielo cuando un ligero ruido lo alertó de la presencia de Myriam. Cuando se volvió a mirarla, frunció el ceño.
-¿Qué te ha hecho pensar que me gustaría que te vistieras como una monja? –preguntó en un tono peligrosamente suave. Al ver la expresión rebelde de Myriam, su boca se curvó en una dura sonrisa. -¿O has elegido a propósito tu ropa menos atractiva para fastidiarme?
Myriam se ruborizó porque aquello era cierto en parte, pero también le irritó que la estuviera describiendo como poco atractiva. Era cierto que su falda negra tenía varios años y era un poco larga, y que su blusa color crema de cuello alto no podía describirse precisamente como sexy, pero se había sujetado el pelo en un elegante moño y se había esmerado con el maquillaje. No creía tener tan mal aspecto.
-No pienso llevarte a cenar con ese aspecto de solterona. Ve a cambiarte mientras me ducho. Tienes 15 minutos –alzó las cejas al ver que Myriam no se movía. –Podría desvestirte yo, por supuesto, pero, en ese caso, te puedo garantizar que nos perderemos la cena.
-No puedes decirme lo que debo hacer. No eres mi dueño protestó Myriam, irritada.
-Durante este mes puedo hacer exactamente lo que quiera contigo –replicó Víctor en un tono tan abiertamente sexual que Myriam sintió un estremecimiento.
De pronto, Víctor la tomó de la mano y tiró de ella hasta el dormitorio.
-Yo me ocuparé de buscarte algo adecuado –murmuró, pero se quedó ligeramente perplejo al abrir el armario y echar un vistazo al vestuario. –Sabiendo que ibas a pasar un mes en Grecia conmigo, ¿por qué has traído tan poca ropa? ¿Acaso esperabas que me aburriera de ti enseguida? –alzó una mano y retiró el clip que sujetaba el moño de Myriam, de manera que su pelo cayó en cascada sobre sus hombros. –Si es así, me temo que te vas a llevar una decepción –murmuró a la vez que inclinaba la cabeza hasta que su aliento acarició los labios de Myriam. –La química que hay entre nosotros está a punto de entrar en combustión, mi bella rosa inglesa y empiezo a dudar seriamente que baste un mes para satisfacer mis deseos.
Estaba tan cerca que Myriam cerró los ojos, convencida de que iba a besarla. Pero Víctor se apartó súbitamente de ella. Sorprendida, abrió los ojos y se encontró con los labios entreabiertos, dispuestos a recibir su beso. El sonido de su burlona risa le produjo una intensa vergüenza.
Víctor cerró la puerta del armario con firmeza.
-Ahí no hay nada que me excité. Esta noche tendrás que quedarte cómo estás, pero mañana irás de compras. Vamos a asistir a varios acontecimientos sociales y necesitarás varios vestidos.
-No puedo permitirme comprar ropa nueva –admitió, irritada por la irónica expresión de Víctor. Era obvio que pensaba que llevaba la vida de una princesa consentida, aunque nada estaba más lejas de la verdad. –He traído toda la ropa que tengo. Hace 3 meses que mi padre no puede pagarme mi sueldo. Ha tenido que utilizar todo el dinero para tratar de mantener a flote Joyerías Montemayor. Tuve que vender mi ropa buena y mis joyas para hacer frente a mis facturas. No me queda dinero para comprar nada. Tendrás que aceptarme como soy –concluyó desafiante.
Víctor ocultó la conmoción que le produjeron las palabras de Myriam tras una mordaz sonrisa. Pero era muy posible que estuviera mintiendo. La experiencia le había enseñado que la mayoría de las mujeres mentían con gran facilidad, pero el instinto le decía que Myriam no estaba mintiendo sobre su situación financiera. No era de extrañar que hubiera aceptado convertirse en su querida a cambio de que comprara la arruinada empresa de su padre, pensó con cinismo. Por las fotos que había visto en la prensa, sabía que le gustaban los vestidos de alta costura. Seguro que pensaba gastar su parte de beneficios de la venta de Joyerías Montemayor en reaprovisionar su vestuario.
Miró su reloj y se encaminó al baño.
-Se nos está haciendo tarde, de manera que tendré que esperar a esta noche para disfrutar del placer de llevarte a la cama. En cuanto a las compras, yo me ocuparé de pagar tu ropa. Piensa en ello como en una de las ventajas de ser mi querida –añadió con dureza cuando Myriam abrió la boca para protestar. –Quiero verte con ropa que realce la belleza de tu cuerpo. Con el vestido que llevas da la impresión de que vas a hacer una audición para conseguir el papel protagonista en Sonrisas y lágrimas.


La cena fue la dura prueba que Myriam se temía. En circunstancias normales habría disfrutado de la increíble decoración y el ambiente del restaurante del Artemisa, pero, desde el momento en que Víctor la había conducido hasta la mesa en que se hallaban sus invitados y la había presentado como su <<compañera>>, se había sentido tan dolorosamente consiente de sí misma que lo único que había podido hacer había sido juguetear con su comida en el plato.
Además de los dignatarios de Mykonos, también estaban presentes 3 altos ejecutivos de la empresa de Víctor. Desde el 1er momento fue evidente que todos pensaban que era la querida de éste y, uno de los ejecutivos, un tal Antonis Lykaios, no dejó de mirarla ávidamente durante la cena.
Myriam se debatía entre el deseo y el temor a que terminara la cena, porque sabía que lo que venía después podía ser 100 veces peor. Víctor estaba especialmente atractivo aquella noche, vestido de esmoquin, y Myriam no pudo evitar que su mirada se sintiera atraída por él. Se notaba que era un hombre de mundo, sofisticado y sin duda sería un experimentado amante, pensó y experimentó una vergonzosa oleada de calor cuando sus ojos se encontraron. Al ver cómo se oscurecían con una sensual promesa la mirada de Víctor, sintió que se le secaba la boca y el estómago se le llenaba de mariposas.
Pero no era a él a quien temía, reconoció sombríamente, sino a sí misma y su patética incapacidad para resistirlo. Resultada ridículo sentirse tan atraída por un hombre que la despreciaba, pero desde el momento en que lo vio por primera vez en la exposición de Rufus Hartman sintió un lazo emocional con él que desafiaba toda lógica.
-¿Quieres más vino, Myriam? –Antonis Lykaios se inclinó hacia ella con la botella en la mano y Myriam se sintió tan agradecida por tener una excusa para apartar la mirada de Víctor que olvidó lo mal que se había sentido al recibir las lascivas miradas de Antonis y le sonrió.
En el otro extremo de la mesa, Víctor tuvo que reprimir el deseo de golpear el atractivo rostros de su joven ejecutivo. ¿Cómo se atrevía Myriam a flirtear con Lykaios delante de él? pensó, furioso. ¿Pero qué podía esperar de ella? La prensa amarilla no había dejado de publicar información de su atractiva vida sexual. Era evidente que estaba dispuesta a flirtear con cualquier hombre menor de 60 años.
Hizo un breve gesto para indicar a su jefe ejecutivo que la sobremesa había acabado. Estaba deseando desabrochar cada uno de los botones de la blusa de Myriam y desnudarla lentamente para dejar expuestos su delicioso cuerpo. Con su pelo rojizo cayendo sobre sus hombros y el sutil brillo rosado de sus labios, estaba increíblemente sexy y le enfureció saber que no era el único hombre de la mesa que no lograba mantener los ojos apartados de ella.
Myriam reprimió un suspiro de alivio cuando finalmente los invitados se levantaron de la mesa. Antonis Lykaios parecía haberse tomado su sonrisa como un indicio de que estaba interesada en él; había tenido que apartarle en 2 ocasiones la mano de su muslo durante la cena y se obligó a permanecer impasible cuando se llevó los dedos a los labios y le lanzó un beso en un teatral gesto de despedida. Vio que Víctor fruncía el ceño y su aprensión aumentó cuando cruzaron el vestíbulo en dirección a los ascensores y él la observó en taciturno silencio mientras subían.
-He notado que flirteas automáticamente con cualquiera que lleve pantalones –dijo Víctor una vez en la suite, mientras se quitaba la chaqueta y la corbata. –Pero Antonis Lykaios está comprometido y no pienso permitir que claves tus garras en él.
-Lo siento por su prometida –espetó Myriam, irritada por el despectivo tono de su voz. –Era él quien estaba flirteando conmigo y te agradecería que le dijeras que mantenga sus sudorosas manos apartadas de mí –cerró los ojos para tratar de alejar el dolor de cabeza que sentía, consciente de que se debía tanto a los 2 vasos que había bebido sin apenas nada en el estómago, como a su creciente tensión nerviosa. La perspectiva de entregar su virginidad a un hombre que la despreciaba, por muy atractivo que fuera, fue repentinamente insoportable.
Alzó una mano para masajearse las sienes y dijo en tono de ruego:
-¿Podemos hablar, Víctor?
Él alzó las cejas con un gesto de arrogante diversión.
-Hablar contigo es lo último que tengo en mente esta noche –Víctor se acercó a ella y le retiró la mano del rostro. –Hicimos un trato y ha llegado la hora de que cumplas tu parte.
El corazón de Myriam latía con tal fuerza que apenas podía respirar.
-Por favor… -rogó, llorosa. –Juro que no sabía que James estaba casado…
Víctor la silencio apoyando un dedo sobre sus labios.
-Ahórrate las mentiras y las lágrimas. No pienso dejarme engañar por ellas –dijo con aspereza y a continuación inclinó la cabeza y capturó la boca de Myriam con un duro beso de castigo con el que buscaba dominarla,
Una vez más, se había movido con la velocidad de una pantera dispuesta a matar y una vez más, Myriam no estaba preparada para la oleada de calor que recorrió su cuerpo en el instante en que la tocó. ¿Qué le pasaba? se preguntó, desesperada. El orgullo le dictaba que permaneciera rígida e indiferente entre sus brazos, pero Víctor intoxicaba sus sentidos hasta tal punto que le impedía pensar lógicamente y sólo era consciente de la sensación de cosquilleo que se estaba adueñando de sus pechos.
-No soy yo el único que experimenta esta locura. A ti te sucede lo mismo –dijo cuando por fin se apartó, palpablemente furioso y frustrado. –Eres como fiebre en mi sangre –añadió con voz ronca. –Te deseé desde el 1er momento en que te vi y ahora no puedo esperar.
-Víctor… ¡no! –Myriam dio un gritito ahogado cuando él alzó la mano hasta el cuello de su blusa para arrancársela sin miramiento, haciendo que los botones salieran volando en todas direcciones. Sin darle tiempo a reaccionar, la rodeó con un brazo, le soltó el sujetador y arrojó éste al suelo, dejando expuestos sus pequeños pechos a su ardiente mirada.
Respiraba agitadamente y, fascinada, Myriam vio cómo se oscurecían sus magníficos pómulos. El hombre sexual que percibió en sus ojos le hizo temblar con una mezcla de aprensión e intensa excitación. Ningún hombre la había mirado nunca así e, instintivamente, trató de cubrirse los pechos con las manos, Víctor la tomó por las muñecas para retirárselas.
-No te ocultes de mí –dijo con dureza. –Quiero disfrutar contemplando cada centímetro de tu delicioso cuerpo.
Sus palabras hicieron temblar de nuevo a Myriam, aunque no con temor, sino con una febril excitación que no podía negar. Temió que su corazón fuera a estallar cuando Víctor deslizó una mano por su cuerpo hasta curvarla posesivamente sobre uno de sus pechos. Se tensó, temiendo que fuera a tratarla con dureza, pero Víctor deslizó con delicadeza un pulgar por la cima de su pecho, lo que produjo una involuntaria y exquisita sensación.
-No sólo eres preciosa, sino también deliciosamente receptiva –murmuró con voz ronca.
Myriam se ruborizó ante la evidente satisfacción de su tono, pero su cuerpo parecía tener voluntad propia y no pudo evitar que sus pezones se excitaran. Víctor trasladó su mano al otro pecho y tomó el tenso pezón entre el pulgar y el índice, lo que provocó otra descargar de increíbles sensaciones que alcanzaron la boca del estómago de Myriam.
Contuvo el aliento cuando Víctor le hizo echarse hacia atrás e inclinó la cabeza hacia el esbelto arco de su cuerpo para deslizar la lengua por su pezón, lo que le hizo experimentar un placer casi insoportable. Dejó escapar un gritito ahogado cuando finalmente, Víctor tomó el pezón de lleno entre sus labios. Las sensaciones que le produjo su succión fueron tan intensas que tuvo que cerrar los ojos mientras se dejaba llevar por la tormenta que estaba provocando en su interior.
Apenas se sentía consciente cuando Víctor le quitó la falda. Oyó que murmuraba algo en griego cuando se apartó de ella y deslizó la mirada desde sus pechos hasta sus braguitas negras de encaje y sus ligeras medias. Contuvo el aliento cuando apoyó una mano sobre la parte interior de uno de sus muslos, justo por encima de las medias y sintió con toda claridad cómo se humedecía su sexo. ¿Iba a tomarla allí mismo, en aquel momento, sobre la alfombra…?
Experimento una tensión casi insoportable. Hasta aquel momento siempre había pensado que sólo haría el amor con un hombre al que amara. Había amado a Michael, pero su delicado romance aún estaba en sus comienzos cuando él murió, y se alegraba de haber amada a James, pero éste le mintió, y se alegraba de haber descubierto su traición antes de convertirse en su amante. Tal vez había llegado el momento de renunciar al amor, pensó sombríamente. No había amor entre Víctor y ella. Sólo desconfianza, antipatía y una virulenta pasión que desafinaba toda lógica y exigía ser aplacada. Había aceptado acostarse con él para proteger la seguridad financiera de sus padres, y no pensaba echarse atrás. Pero debía confesarle que no era la experimentada seductora que él creía.
Víctor contempló el cuerpo semidesnudo de Myriam y sintió que las ventanas de su nariz se dilataban mientras trataba de controlar sus díscolas hormonas. La delicada piel de su muslo interno era como seda bajo sus dedos y la urgencia de subir la mano para introducirla bajo sus braguitas era tan fuerte que necesitó hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para negarse el placer de hacerlo. Su cerebro era consciente de lo que había hecho Myriam, del dolor que había causado a Cecilia, pero a su cuerpo parecía darle igual que fuera una fulana sin escrúpulos.
-Víctor… debo decirte que…
Víctor endureció su corazón contra el tembloroso tono de Myriam.
-Pero yo no tengo porque escuchar tus mentiras y excusas –dijo con espereza, e ignoró el sorprendido gritito de Myriam cuando la tomó en brazos y se encaminó con ella hacia el dormitorio.
Myriam no podía soportar la idea de mirarlo y ver su habitual expresión burlona, de manera que lo rodeó con los brazos por el cuello y presionó el rostro contra su hombro mientras la llevaba. Ya era demasiado tarde para frenar aquello, susurró una vocecita en su cabeza. Podía decirle a Víctor que prefería vender su alma al diablo que vender su cuerpo por dinero, pero… ¿Y sus padres?, susurró otra voz en su interior. ¿Cómo iba a permitir que se quedaran sin su casa y sin dinero para subsistir?
Víctor abrió la puerta del dormitorio con el hombro y tumbó a Myriam sobre la cama. Su fascinante pelo quedó en torno a su cabeza como un halo de bronce brillante. Sin poder contenerse, tomó un mechón entres sus dedos y sintió que una oleada de calor recorría su cuerpo cuando bajó la mirada hacia la lechosa belleza de sus pechos.
¿Por qué Myriam? se preguntó, enfadado. Nunca había deseado a una mujer como la deseaba a ella. Su deseo era irracional, desesperado, y su cuerpo temblaba de necesidad cuando se tumbó a su lado y presionó los labios contra la frágil línea de su clavícula. Sabía a ambrosía, su piel era suave como pétalos de rosa y no pudo evitar deslizar los labios más abajo, hasta detenerse en cada uno de sus pechos para sentir cómo se excitaban sus pezones en el interior de su boca.
Sintió el temblor que recorrió el cuerpo de Myriam cuando alcanzó con los labios su ombligo, pero no trató de tocarlo y permaneció pasiva mientras la acariciaba, como si se hubiera distanciado de algún modo de todo lo que la rodeaba… de él. ¿Acaso creía que podía permanecer tumbada como una estatua de mármol mientras disfrutaba de ella?, pensó, enfadado. No quería una ofrenda expiatoria. La quería y dispuesta en su cama, quería que acabara rogándole que la tomara.
Myriam se tensó al sentir que Víctor deslizaba la mano entre sus muslos. Hasta el momento en que la había tumbado en la cama había experimentado una peculiar sensación de irrealidad. Parecía imposible creer que hubiera aceptado mantener relaciones sexuales con él, que Víctor fuera a hacerle el amor… Pero el contacto de su mano le había hecho volver a la realidad y de pronto sintió un intenso temor ante la perspectiva de ofrecerle su virginidad. Sintió que la histeria le atenazaba la garganta al imaginarse su reacción si le pedía que fuera delicado. Víctor estaba convencido de que había sido la amante de su cuñado, y Myriam imaginó cómo se reiría si le dijera que era su primera vez. No la creería. Y, si lo hiciera probablemente la rechazaría y el trato quedaría cancelado. No podía arriesgarse a que sucediera aquello. Iba a tener que interpretar el papel de su vida, pensó, aturdida, y simular que tenía tanta experiencia como él creía.
Hizo un esfuerzo por relajarse cuando Víctor introdujo los dedos bajo sus braguitas para deslizarlas hacia abajo por sus caderas.
-Preciosa –murmuró con la voz cargada de tensión sexual.
Myriam sintió que acariciaba el triángulo de rizos rojizos que había quedado expuesto a su mirada. Su corazón se desbocó cuando Víctor deslizó un dedo con delicadeza por los labios de su vagina, que se inflamaron y abrieron como los pétalos de una flor dormida, húmeda y dulcemente aromatizada, dispuesta para ser explorada. Víctor se inclinó hacia ella para darle un beso que encendió una llama en su interior e hizo que sus temores se esfumaran. Sus labios ya no buscaban el dominio, sino la persuasión, y Myriam acabó por corresponderle con hambriento fervor.
Se quedó sin aliento cuando Víctor le hizo separar las piernas, y escuchó el gruñido de satisfacción que escapó de su garganta cuando descubrió la cálida humedad de su excitación. Su capacidad de pensar parecía haberla abandonado y permitió que Víctor le separara aún más las piernas. Una intensa excitación se apoderó de ella cuando sintió que deslizaba un dedo en su interior. ¿Cómo podía estar mal sentir algo tan exquisito?, se preguntó, aturdida. Arqueó las caderas instintivamente para que Víctor pudiera introducir su dedo más profundamente, y no puedo contener un gemido de placer cuando le entreabrió más los labios e introdujo otro dedo en su interior. Cuando empezó a mover su mano con delicada firmeza, se retorció de placer en la cama.
-Desvísteme.
La crudeza de la orden de Víctor hizo que Myriam experimentara un repentino temor, pero su aprensión se mezcló con una irresistible curiosidad sexual. Desabrochó torpemente los botones de su camisa, con movimientos bruscos y descoordinados, pero, finalmente, pudo apartar los laterales de la camisa y deslizar las manos por la piel de su pecho, cubierto de oscuro vello. Podía sentir el calor que emanaba de él y sus sentidos llamearon cuando inhaló el sensual aroma de la colonia de Víctor mezclado con el sutil aroma de las feromonas masculinas.
Cerró los ojos, como sí así pudiera bloquear la realidad de lo que estaba haciendo, y experimentó una extraña sensación de abandono cuando Víctor se apartó de ella. Al abrir los ojos descubrió que ya sólo llevaba su ropa interior. Sus calzoncillos negros no podían disimular el empuje de su excitación y, cuando alzó la mirada hacia sus ojos, el salvaje brillo que vio en éstos hizo que su corazón dejara de latir por un instante. No había marcha atrás. Sintió que se le secaban repentinamente los labios y los humedeció con su lengua mientras Víctor terminaba de desnudarse. Permaneció ante ella, magnífico, bronceado, bello como una escultura de Miguel Ángel, con su poderosa erección sobresaliendo en orgullosa avanzadilla.
-Te deseo tanto que temo explotar –dijo con voz ronca. Su capacidad para pensar con lógica lo había abandonado, al igual que su autocontrol, mientras su cuerpo palpitaba con un nivel de necesidad que nunca había experimentado. –Siento no poder ofrecerte una seducción más pausada, pero necesito tomarte ahora. Y tú estás lista para mí –añadió con un tono de evidente satisfacción mientras deslizaba la mano entre los muslos de Myriam y sentía la dulce y húmeda prueba de su excitación.
No podía esperar, y se puso rápidamente un preservativo antes de reunirse con Myriam en la cama. Se sintió sobre ella y le hizo abrir las piernas. Presionó el extremo de su sensible hombría contra ella hasta que se abrió para él. Estaba más cerrada de lo que esperaba y, al sentir cómo se tensaba, dudó, confundido por el repentino brillo de pánico que vio en sus ojos. Frunció el ceño y se apartó un poco, pero los músculos de Myriam ya se estaban relajando para aceptarlo en su interior, atrayéndolo hacia su aterciopelado abrazo, y sólo fue capaz de pensar en penetrarla más profundamente, hasta colmarla con su palpitante miembro.
Los músculos de Myriam se habían tensado al sentir que Víctor estaba a punto de unir su cuerpo al de ella.
Siempre había soñado que aquel momento sería especial, que ofrecería su virginidad al hombre al que amaba. Experimentó una oleada de profunda tristeza, pero no había tiempo para pensar o rechazar a Víctor, y sus ojos se ensancharon conmocionados al sentir que empezaba a penetrar su feminidad. No tuvo más opción que aceptarlo en su interior.
Para su sorpresa, no sintió dolor, sino una desconocida sensación de plenitud, y dejó escapar un tembloroso suspiro cuando Víctor se retiró un poco para volver a penetrarla una vez más, hasta que sus cuerpos quedaron unidos en el abrazo más íntimo de todos. Víctor formaba parte de ella. Se había entregado a él. Cuando comenzó a moverse en su interior, estableciendo un ritmo que intuyó que iba a llevarla a un lugar desconocido y maravilloso, sitió que, de alguna manera, era suya para siempre.
Víctor deslizó las manos bajo su trasero y le hizo alzar la cadera para incrementar la velocidad y profundidad de sus empujes. No había ternura en sus movimientos. Aquello era puro sexo, reconoció Myriam, anhelante, hambrienta. Apenas era consciente de sus propios jadeos y, cuando abrió los ojos, vio la tensa expresión del rostro de Víctor mientras la penetraba una y otra vez, implacablemente.
-No pares… no pares… -rogó, mientras todo su ser se concentraba en la insistente y profunda palpitación que sentía en la pelvis.
Víctor respiró áspera y profundamente para tratar de mantener el control, pero sabía que había perdido la batalla en el instante en que la había penetrado y la había encontrado tensa, ardiente y totalmente irresistible. Fue incapaz de contenerse. Nunca le había sucedido aquello, pero no pudo evitarlo. Su cuerpo y su mente estaban centrados en alcanzar aquel lugar mágico en el que experimentaría la liberación que anhelaba, y los restos de su autocontrol se desmoronaron en un último y salvaje empujón. Un profundo y primitivo gemido de autosatisfacción masculina escapó de su garganta mientras todo su cuerpo se convulsionaba de placer.
Permaneció unos momentos sobre Myriam, respirando agitadamente. Aún estaba asombrado por lo sucedido, por la marejada que había barrido su contención para hacerle alcanzar egoístamente su propio placer.
Experimentó una intensa vergüenza y alzó la cabeza para mirar a Myriam.
-Lo siento –murmuró.
-¿Por qué? –suspiró ella.
-¿No lo sabes? –preguntó Víctor, desconcertado por la sincera confusión que revelaban los ojos de Myriam. No podía ser su primera vez, se dijo. Tenía pruebas de que había sido la querida de James Hamilton. Su aparente inocencia era sólo una ilusión. Sin embargo, no lograba olvidar la expresión que había visto en su rostro cuando la había penetrado por primera vez, el temor que había revelado sus ojos, sustituido casi de inmediato por una expresión maravillada. ¿Era posible que nunca hubiera experimentado un orgasmo con sus amantes?
Su orgullo masculino se sintió herido al comprender que no había sido mejor que los otros hombres que se habían acostado con ella.
Giró el cuerpo para quedar tumbado a su lado y deslizó una mano por su estómago hasta alcanzar el triángulo de rizos castaños que había entre sus piernas. Sus labios se curvaron en una sensual sonrisa al sentir el estremecimiento que la recorrió. Se había visto dominado por el deseo que sentía por ella, pero, una vez saciado, al menos temporalmente, sabía que, con paciencia, podía llevarla hasta la cima del éxtasis.
Bajó la cabeza hacia sus pechos y tomó en la boca uno de sus pezones para succionarlo. Myriam retorció las caderas, anhelante, inquieta, y él sonrió mientras trasladaba su atención al otro pezón para aplicarle la misma y exquisita tortura antes de deslizar los labios más abajo por su vientre.
-¿Víctor…? –murmuró Myriam, repentinamente insegura al sentir que le hacía separar de nuevo las piernas. Saber que estaba mirando la parte más íntima de su cuerpo resultó asombrosamente excitante, y la creciente e intensa sensación que había experimentado en su pelvis cuando Víctor se había retirado de su interior se transformó en una punzada de deseo incontrolable. -¡No!
Se dio cuenta demasiado tarde de las intenciones de Víctor, y aferró su pelo, pero él ya estaba deslizando la lengua entre los sedosos pliegue de su sexo, y las sensaciones que estaba despertando en ella eran increíble.
-Relájate y te enseñaré lo que no han sabido enseñarte tus demás amantes –prometió Víctor con voz ronca.
Myriam trató de cerrar las piernas, pero él no se lo permitió y volvió a inclinar la cabeza. Los hábiles movimientos de su lengua le hicieron gemir de placer.
-¡No puedes…! –rogó. Pero Víctor sí podía, y lo hizo, y cuando sus labios se cerraron en torno a la sensible y diminuta protuberancia de su clítoris, murmuró su nombre con fervor y clavó las uñas en sus hombros mientras sentía oleadas de intenso placer acumulándose en su interior.
Víctor se colocó de nuevo sobre ella, le hizo alzar las caderas y la penetró una vez más con su poderosa erección. Myriam sintió que estaba a punto de alcanzar el lugar que había intuido la primera vez que le había hecho el amor. Víctor se retiró casi por completo y luego volvió a hundirse en ella tan profundamente que sus cuerpos con el poder de una tormenta, antes de alejarse lentamente, dejándola exhausta y totalmente saciada entre los brazos de Víctor.
Jamás había imaginado que aquella experiencia pudiera ser tan… maravillosa, tan increíble. No lograba encontrar palabras adecuadas para describirla. Apoyó las manos sobre la espalda de Víctor y disfrutó del contacto de su satinada piel bajo las palmas. Estaba tumbado, pero no quería que se moviera. ¿Era posible que hubiera experimentado el mismo placer que ella, la sensación de que sus almas se habían unido en un lugar que era únicamente de ellos dos?
Pero sólo era sexo, se dijo, sexo maravilloso, asombroso. Aunque lo cierto era que no tenía otra experiencia con que compararla. Sería absurdo permitir que sus emociones se implicaran en aquella experiencia, pero lo cierto era que había sentido una unión con Víctor que iba más allá de la intimidad física que había compartido.
Víctor se apartó de ella y permaneció tumbado a su lado, mirando el techo, más asombrado de lo que estaba dispuesto a admitir por la sensación de unidad que nunca había experimentado con otra mujer. Aquello no tenía sentido. Despreciaba a Myriam, y su desprecio por ella había aumentado cuando había aceptado venderse a él. Pero en lugar de decirle lo que pensaba de ella había sucumbido a la tentación de su frágil belleza y se la había llevado a la cama. La lujuria le había hecho hacer el ridículo, y el odio que en aquellos momentos estaba experimentando hacia sí mismo amenazó con ahogarlo. No era mejor que su padre, reconoció con amargura. Alejandro García se enamoró de los encantos de una mujer carente de moral y abandonó a su familia por ella. Y ahora él había sacrificado su dignidad y había tenido relaciones sexuales con la mujer que había roto el corazón de su hermana.
La había comprado, se recordó mientras salía de la cama para dirigirse al baño. Myriam era una fulana y él estaba pagando una fortuna por ella. Habría resultado terriblemente decepcionante que el sexo con ella no hubiera sido bueno. Permaneció un buen rato bajo el agua de la ducha, pero hacerlo no le sirvió para aliviar su tensión. El sexo con Myriam no había sido meramente bueno, había sido el mejor que había experimentado en su vida. Cuando se estaba secando, y a pesar de sí mismo, volvió a excitarse ante la perspectiva de volver a su lado.
Pero al volver al dormitorio encontró a Myriam acurrucada bajo las sábanas, con una mano bajo su mejilla Víctor volvió a sentarse impresionado por su aire de inocencia, y algo indefinible se agitó en su interior al ver una solitaria lágrima deslizándose por su rostro. La visión de su vulnerabilidad lo conmovió hasta el fondo del corazón y, en un momento de absoluta clarividencia, su cerebro aceptó finalmente lo que su alma había sabido instintivamente cuando sus cuerpos se habían unido. Trató de recordar todo lo que había publicado la prensa sobre ella, pero cuando Myriam se volvió a mirarlo y pudo ver el dolor que había en sus ojos, su corazón aceptó finalmente la verdad.
-Eras virgen, ¿verdad? –murmuró.
Myriam no respondió, pro el repentino rubor que cubrió sus mejillas hizo que Víctor experimentara una profunda sensación de culpa y remordimiento, y otro cúmulo de emociones que fue incapaz de definir.
Experimentó una intensa rabia hacía sí mismo por su estupidez, y cuando habló sintió la garganta tan áspera como si acabara de frotarla con papel de lija.
-¿Y por qué diablos no me lo has dicho?



 

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Re: Castigo y placer

Mensaje  jai33sire el Lun Sep 23, 2013 9:47 pm

gracias por los capitulos estuvieron de 10

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Re: Castigo y placer

Mensaje  dany el Mar Sep 24, 2013 2:08 am

GRACIAS POR LOS CAPITULOS

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Re: Castigo y placer

Mensaje  Eva Robles el Mar Sep 24, 2013 9:08 pm

Gracias por los capitulos

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Re: Castigo y placer

Mensaje  mariateressina el Vie Sep 27, 2013 2:57 pm

HOLA BUEN DIA AKI LES DEJO UN CAPITULO MÁS DE ESTA HERMOSA HISTORIA Y QUE TENGAN UN EXCELENTE FIN DE SEMANA.



CAPITULO  6

La expresión de furia de Víctor hizo aflorar el genio de Myriam, que se irguió en la cama y le dedicó una mirada desafiante mientras se cubría los pechos con las sábanas.
-¿De qué habría servido decírtelo? -preguntó con amargura. –Me considerabas una fulana carente de escrúpulos que había seducido al marido de tu hermana y la mitad de los hombres de Londres. ¿Me habrías creído si te hubiera dicho que carecía por completo de experiencia?
Su tono desafiante, y la rapidez con que se frotó las lágrimas con el dorso de la mano, enfatizaron su inocencia… una inocencia que él había tomado con la delicadeza de un orangután, pensó Víctor.
-Probablemente no –reconoció. –Pero… -se pasó una mano por el pelo con evidente frustración. –Cecilia te encontró en la cama con James Hamilton.
-Te dije que no me había acostado con él.
Pero Víctor no la había creído. Como Cecilia, había asumido que Myriam y James eran amantes.
-¿Y cómo explicas todo lo que se ha publicado en la prensa sobre ti? Apenas ha pasado un día durante los últimos meses en que no aparecieras en las revistas y periódicos asistiendo a acontecimientos sociales junto a diversos novios.
-Sólo iba a esas fiestas para promocionar Joyerías Montemayor –dijo Myriam a la defensiva. –Mi padre me convenció para que protagonizara una campaña de publicidad. Esos hombres no eran mis novios. Eran modelos contratados en una agencia. Todo formaba parte de la imagen –explicó cuando Víctor la miró con expresión escéptica. –Fui fotografiada por la prensa con vestidos de alta costura prestados por las casas de diseño, con las mejores joyas de la colección Montemayor y acompañada por hombres atractivos. Pero nunca surgió ningún romance. La mayoría de los modelos estaban demasiado enamorados de sí mismo –añadió con una mueca.
-Entonces, ¿tu imagen de princesa caprichosa y mimada sólo era una fachada? –Víctor rió con aspereza. -¿Y qué me dices de Damián Casson, el otro actor casado? ¿Esperas que crea que cuando os retrataron saliendo juntos de un hotel por la mañana también estabas promocionando Joyerías Montemayor?
-Me da igual lo que creas –espetó Myriam. –Damián me utilizó para poner celosa a su esposa y, como ya te dije, mi abogado ha amenazado con denunciar a los periódicos implicados si no se retractan de lo que publicaron. Odio ser el centro de atención –reconoció, -pero habría hecho cualquier cosa por ayudar a mi padre.  
-Habría hecho falta un milagro para salvar su negocio –dijo Víctor.  –Tu padre ha tomado muchas decisiones equivocadas a lo largo de estos últimos años y dada la actual situación financiera, era inevitable que quebrara.
Myriam saltó de inmediato en defensa de su padre.
-No fue culpa suya. Mi madre ha estado gravemente enferma y mi padre estaba tan ocupado cuidándola que dejó de concentrarse en su trabajo. Le aterrorizaba la posibilidad de perderla… a los 2 nos aterrorizaba  -concluyó, emocionada.
Aquel temor la había perseguido a diario durante 2 largos años. Sus ojos se llenaron de lágrimas y parpadeó furiosamente para contenerlas. Lloró el día que su madre recibió el diagnóstico, pero desde entonces se había esforzado por reprimir sus emociones para centrarse en ayudar a su madre. Pero en aquellos momentos se sentía como si en su interior se hubiera roto un dique para liberar todas las lágrimas acumuladas.
Lo último que quería en aquellos momentos era ponerse a llorar delante de Víctor y bajó la mirada mientras trataba de recuperar la compostura. Pero todos aquellos meses de preocupaciones, sumados al temor de que su padre pudiera perder su negocio y al trauma emocional que acababa de experimentar al entregar su virginidad a un hombre que la despreciaba, hicieron que se desmoronara el tenue dominio que aún ejercía sobre sí misma y enterró el rostro entre sus manos en un esfuerzo por apagar el sonido de su llanto.
Una vez que la tormenta empezó, no fue capaz de controlarla. No sabía cuánto lloró y apenas fue consciente de que el colchón se hundía cuando Víctor se sentó en la cama junto a ella. Se tensó al sentir que le pasada un brazo por los hombros, terriblemente avergonzada por su pérdida de control, pero su pérdida de control, pero incapaz de contener los sollozos.
-Lo… siento –balbuceó finalmente, con la mirada fija en su regazo. –Normalmente no soy tan patética.
Cuando alzó la mirada vio que Víctor se había puesto una bata negra. Estaba sentado tan cerca que pudo ver las pequeñas arrugas del borde de sus ojos. La observaba con expresión impasible, pero creyó captar un destello de compasión en su mirada.
-¿Qué le sucedió a tu madre?
-Tenía cáncer de mama. Un cáncer muy agresivo, y el diagnóstico inicial no fue nada bueno –Myriam respiró temblorosamente antes de continuar. –La operaron de inmediato y a continuación recibió un tratamiento de quimioterapia intensivo que la dejó muy débil. Hubo un momento en que pensamos que no iba a seguir luchando. Mi padre hizo todo lo que pudo para ayudarla; la acompañó a todas las sesiones de quimioterapia y luego nos turnamos cuidándola en el hospital. Es extraña la sensación que se tiene en esas circunstancias de que las horas previas al amanecer van a durar siempre.
-Sí –el tono de evidente comprensión de Víctor hizo que Myriam alzara la cabeza para mirarlo, y se quedó sin aliento al ver su agónica expresión. –Y cada atardecer, cuando las esperanzas mueren con el día, ruegas para que al día siguiente llegue la buena noticia que estás esperando. Y así día tras día. En el caso de Cecilia, semanas tras semanas.
Myriam se llevó la mano a la boca. ¿Cómo se le había ocurrido sacar a relucir el tema de los hospitales sabiendo que la hermana de Víctor había pasado varias semanas en coma?
-Sólo puedo imaginar lo terrible que debió ser para ti permanecer junto a tu hermana mientras seguía en coma –dijo con suavidad, con el corazón encogido. -¿Contaste al menos con la compañía de algún familiar?
Víctor se encogió de hombros.
-No tengo más familia. Mis padres murieron cuando Cecilia tenía 5 años y yo tuve que ocuparme de cuidarla. Al principio, mi tía me ayudó a cuidarla, pero ya era mayor y no tardó en morir –apartó la mirada de Myriam en un esfuerzo por contener sus emociones. –Hubo momentos en que temí que Cecilia no fuera a salir nunca del coma.
Debió de sentirse tan solo, pensó Myriam. Tan impotente como se sintió ella viendo a su madre luchar contra una enfermedad que podría haber acabado fácilmente con su vida. Instintivamente, apoyo una mano en la de Víctor, pero se dio cuenta de lo estúpido de su acción al notar cómo se tensaba. Víctor tenía la prueba irrefutable de que no había sido la amante de su cuñado, pero estaba segura de que aún la consideraba culpable del accidente sufrido por Cecilia. Esperaba que la rechazara y trató de retirar la mano, pero Víctor la sorprendió curvando los dedos en torno a los suyos para retenerla.
-¿Cómo está tu madre ahora?
-Completamente recuperada… gracias al cielo. El médico que la ha tratado dice que su recuperación ha sido casi milagrosa –dijo Myriam con una leve sonrisa. –Mi padre estaba rebosante de alegría cuando se enteró. Por eso me pareció tan cruel que el mismo día que le dieron el alta a mi madre se enterara de que corrían el serio peligro de perder su casa. Tuvo que hipotecarla para hacer frente a las pérdidas económicas de Joyerías Montemayor –explicó al ver que Víctor fruncía el ceño. –Mi madre no sabe nada de la situación. Piensa que van a disfrutar de un merecido retiro en Carlton House, la casa que ha pertenecido a su familia durante varias generaciones. Y eso es exactamente  lo que va a pasar –añadió con vehemencia. –Papá experimentó tal alivio al saber que Vantage Investments estaba dispuesta a comprar su negocio.
-¿Por eso aceptaste venderte a mí? –preguntó Víctor, tenso.
Myriam se mordió el labio al sentir su renovada irritación.
-Sí.
-¡Cielo Santo! –exclamó Víctor, conmocionado. -¿Por qué no me dijiste que tus padres corrían el peligro de perder la casa?
Myriam lo miró con expresión desconcertada.
-¿Y por qué me habrías creído? Dejaste bien claro que no tenías ninguna intención de ayudar a mi padre. El tiempo se me escapaba entre las manos y sabía que no encontraría otro comprador para Montemayor antes de que el banco se quedara con Carlton House. Lo único que tenía para comerciar era mi cuerpo –concluyó con voz ronca.
El silencio que se produjo a continuación estaba cargado de tensión. Víctor se sintió terriblemente culpable por haber juzgado a Myriam como lo había hecho. Lejos de ser una mujer sin escrúpulos, como la querida de su padre, había resultado ser una hija desesperada por ayudar a su padre. No había aceptado ser su amante para asegurar su seguridad financiera, sino para evitar sufrimiento a sus padres. Le había entregado su virginidad siendo consciente de que lo único que buscaba él era vengarse de un crimen que ella no había cometido.
Cerró los ojos. ¿Qué había hecho? ¿Cómo podía haber sido tan insensible?
-¿Cómo conociste a James Hamilton? –preguntó con brusquedad.
Myriam lo miró sin ocultar su sorpresa.
-Un amigo mío actuaba en una obra de teatro y James formaba parte del reparto. Nos pusimos a charlar cuando fui a saludar a mi amigo tras una función y… me conquistó –movió la cabeza al recordar la agitación que sintió cuando James le pidió que saliera con él. –Era guapo, encantador, divertido… Mi madre estaba muy enferma y yo me sentía desesperada de preocupación, pero estando con James lograba olvidarme de mis preocupaciones durante unas horas. No había salido con nadie desde la muerte de Michel –explicó. –Su muerte me dejó destrozada. Era joven y estaba tan lleno de vida… No llegamos a ser amantes, pero desarrollamos una amistad realmente profunda. Me culpé durante mucho tiempo de su muerte. Pensé que sólo se había contagiado del virus de la gripe que estaba afectando a muchos estudiantes y cuando nos dimos cuenta de que era algo más serio ya era demasiado tarde. Michel murió pocas horas después de ser ingresado –sus ojos se oscurecieron al recordar el horror de aquel día. –Cuando conocí a James sentí que no podría sucederme nada malo mientras estuviera con él. Jamás se me pasó por la mente que pudiera estar casado. Incluso me llevó a su apartamento en varias ocasiones y era el típico apartamento de soltero. No había indicios de que Cecilia viviera allí.
-No vivía allí –explicó Víctor. –Cuando se casaron les regalé un apartamento en Atenas y Cecilia se quedó en Grecia mientras James iba a Londres a interpretar esa obra de teatro. Cuando su contrato se prolongó, Cecilia voló a Londres a reunirse con él. Sospechó de inmediato que su marido la estaba engañando, pero, en lugar de confiar en mí, leyó en el móvil de James los mensajes que te había enviado, descubrió que iba a pasar el fin de semana contigo en un hotel y decidió presentarse allí.
-Pobre Cecilia –susurró Myriam. –Debió de quedarse destrozada. Comprendo que me culparas. A fin de cuenta, iba a convertirme en la amante de James aquella noche. Me había dicho que me quería y yo creía que lo correspondía. La enfermedad de mi madre lo había ensombrecido todo y James era la única persona capaz de hacerme reír. Sentía que lo necesitaba, y pasé por alto detalles como el hecho de que siempre me estaba pidiendo dinero prestado –movió la cabeza con pesar. –Fui tonta y, debido a mi ingenuidad, Cecilia estuvo a punto de perder la vida. No me extraña que me odies. Siempre me sentiré culpable por no haber ido tras ella.
Víctor comprendió que nadie podría simular el nivel de emoción evidente en el tono de Myriam. Sintió una intensa vergüenza por el modo en que la había tratado. No debería haberla forzado a meterse en su cama y, ahora que sabía el terrible error que había cometido, debería mandarla de regreso a Londres de inmediato. Pero lo cierto era que no quería que se fuera.
Inquieto a causa de la culpabilidad que sentía, se levantó de la cama y se acercó a los ventanales del dormitorio.
-No tienes motivos para sentirte culpable –murmuró con voz ronca. –James os engañó a las 2 y os rompió el corazón a las 2.
-¿Me crees? –preguntó Myriam, sorprendida y conmocionada por lo mucho que le importaba la respuesta de Víctor.
-Sí, te creo. Siento haberte juzgado como lo hice. Pero cuando vi por primera vez a Cecilia en el hospital quise matar a las dos personas que consideraba responsable de su accidente. Ahora sé que tú no tuviste ninguna culpa y lamento mucho haberte forzado a aceptar este… trato.
Al encaminarse de nuevo hacia la cama vio que Myriam se tensaba. Debía de haberla aterrorizado, pensó sombríamente. La indecisión que había mostrado debería haberle advertido de su inocencia, pero había creído que poseía tanta experiencia como sugerían los artículos que habían publicado sobre ella.
Mientras Víctor se acercaba, Myriam se asustó al ver su demacrada expresión, y sintió una punzada de compasión por él. Debía de haber sido muy duro para él haber estado a punto de perder a su hermana, que era su única pariente.
-No me has forzado a nada –dijo con suavidad. –Simplemente me ofreciste la oportunidad de evitar que mis padres perdieran su casa. Sabía en qué me estaba metiendo.
Víctor  la miró un momento antes de hablar.
-Es evidente que no lo sabía –murmuró, y experimentó un sentimiento que no fue capaz de definir al ver cómo se ruborizaba Myriam. –Lamento mucho no haber sabido que era tu primer amante. Mi impaciencia por llevarte a la cama ha hecho que mi comportamiento fuera brutal, y debo haberte asustado mucho. Pero lo cierto es que no puedo decir que lamento haberte hecho el amor. La química sexual que hay entre nosotros se hizo patente desde el momento en que nos conocimos. Te deseé más de lo que nunca he deseado a otra mujer. Aún te deseo –añadió con aspereza. –El trato sigue en pie. Estoy dispuesto a comprar Joyerías Montemayor y a salvar a tu padre de la ruina a cambio de que te quedes y aceptes ser mi querida hasta que acabe el mes.
Quería que se quedara con él. Myriam se sintió conmocionada por el intenso alivio que experimentó, aunque fue seguido de inmediato por una profunda sensación de desesperación. Hacer el amor con Víctor había sido una experiencia increíble que nunca olvidaría. Las caricias de Víctor habían quedado indeleblemente gravadas en su cuerpo. Sólo había sido necesaria una noche para que se sintiera totalmente cautivada por él. ¿Pero cómo se sentiría tras un mes de ser su querida, cuando llegara el momento de apartarse de su lado?  
¿No sería mejor dejarlo ya y olvidar a la criatura anhelante y desvergonzada en que se había convertido entre sus brazos?  Pero los problemas financieros de su padre seguían existiendo, y Carlton House estaría en peligro hasta que no se llevaran a cabo la compra de Joyerías Montemayor. No había cambiado nada… excepto el hecho de que Víctor ya no la miraba con desprecio.
Víctor volvió a sentarse en la cama y acarició con delicadeza la mejilla de Myriam.
-La pasión que hemos compartido esta noche iba más allá de cualquier cosa que haya experimentado con otra mujer. Estaba cegado por la rabia, y decidido a vengarme por lo sucedido a Cecilia, pero me equivoqué contigo. ¿Podemos empezar  de nuevo? –preguntó con suavidad. –Sea lo que sea lo que hay entre nosotros, no parece precisamente a punto de acabarse. ¿Sientes ti lo mismo?
Myriam habría querido decir que no, habría querido darle las gracias por haberla iniciado en los placeres del sexo y luego tomar el primer avión para volver a casa. Pero las palabras no surgieron, y contuvo el aliento cuando Víctor inclinó la cabeza hacia ella hasta que sus labios quedaron a un susurro de los de ella.
-Quédate conmigo, por favor –añadió él.
Myriam pensó que debía de haber perdido la cabeza pero lo cierto era que no podía resistirse a él. Aquél había sido el problema desde el principio, reconoció mientras entreabría los labios bajo la tentadora expresión de los de Víctor. Cuando la rodeó con sus brazos, deslizó las manos tras su nuca y experimentó la ya familiar sensación de calidez en su pelvis.
Estaba segura de que Víctor iba a tumbarla en la cama, pero, para su sorpresa, lo que hizo fue interrumpir el beso y apartar la cabeza.
-Espera aquí –dijo, y le dio un rápido beso en los labios antes de encaminarse al baño.
¿Acaso estaba jugando con ella?, se preguntó Myriam, desconcertada. ¿Quería demostrar que era él quién impondría las normas en cualquier clase de relación que pudieran mantener?
Pero mientras pensaba que lo que debería hacer sería levantarse, preparar su equipaje e informar a Víctor de que se iba, éste volvió al dormitorio.
-¿Qué haces? –preguntó, nuevamente desconcertada cuando Víctor retiró la sábana que la cubría y la tomó en brazos.
-He preparado un baño. Imaginó que tienes agujetas en algunos sitios que ni si quiera sabías que existían –contestó él, y rió al ver que Myriam se ponía roja como la grana.
-Sé cuidar de mí misma –murmuró ella mientras Víctor la llevaba hasta la gran bañera de mármol del baño, llena hasta el borde de fragantes burbujas.
-Sígueme la corriente, ¿de acuerdo? –dijo él y, antes de que Myriam pudiera protestar, la metió en el agua.
La sensación fue realmente gozosa, reconoció Myriam mientras apoyaba la cabeza contra el borde de la bañera y cerraba los ojos. Víctor tenía razón; había descubierto músculos que no sabía que tuviera. El recuerdo de cómo la había  penetrado una y otra vez, hasta hacerla alcanzar la cima del placer, le provocó una intensa sensación de calor entre las piernas.
Al abrir los ojos descubrió que Víctor se había quitado la bata y estaba desnudo ante ella, mostrando sin ningún reparo la evidencia de su excitación.
-Sigue mirándome así mucho rato y no me consideraré responsable de mis acciones –advirtió él con voz ronca y una sonrisa que dejó sin aliento a Myriam.
Su corazón latió con más fuerza al ver que Víctor entraba en la bañera y se sentaba frente a ella. Cuando la atrajo hacia sí se hizo consciente de la musculosa fuerza de sus muslos, con los que la retuvo prisionera. Dejó escapar un gritito ahogado cuando apoyó las manos en sus pechos y le acarició  ambos pezones con los pulgares.
-¿Cómo voy a lavarme mientras me haces eso? –murmuró, incapaz de apartar la mirada de la sensual curva de su boca, que acercó lentamente a la de ella para reclamar sus labios en un prolongado y adictivo beso que provocó una ardiente sensación en todo su cuerpo.
-Deja que te ayude –Víctor tomó una pastilla de jabón y la deslizó por los hombros de Myriam, por sus pechos, su estómago y sus muslos, hasta hacer que de su garganta escapara un tembloroso gemido.
-Seguro que ya estoy limpia –murmuró con voz ronca, y abrió los ojos conmocionada cuando Víctor dejó a un lado el jabón y deslizó la mano entre sus piernas. Entreabrió con delicadeza los labios de su sexo e introdujo un dedo profundamente en su interior. Sin aliento, Myriam sintió cómo se humedecía mientras él la entreabría un poco más para introducir otro dedo en su interior e iniciar una erótica danza que la condujo a pasos agigantados hacia el orgasmo.
-¿Quieres que pare, cariño? –preguntó Víctor mientras acariciaba con el pulgar la tensa y sensible protuberancia de su clítoris. Incapaz de controlar las sensaciones que se estaban adueñando de ella. Myriam arqueó las caderas, sin otra cosa en la mente que alcanzar la liberación que Víctor le estaba ofreciendo.
-No. No pares… por favor… -gimió cuando Víctor retiró los dedos y se aferró a sus hombros cuando se puso en pie con ella en brazos antes de salir de la bañera. El agua que chorreó de sus cuerpos empapó la alfombra, pero Víctor no pareció preocuparle aquel detalle mientras la dejaba en la cama antes de capturar su boca en un beso de pura posesión.
-Esta vez nos lo tomaremos con calma –prometió, e hizo una rápida pausa para tomar medidas de protección antes de separar las piernas e Myriam para situarse entre ella.
Myriam agradeció la consideración que mostró mientras la penetraba, pero cuando la colmó, centímetro a centímetro, descubrió que no quería que fuese delicado. El deseo que estaba experimentando era tan intenso como un bosque en llamas ardiendo sin control. Quería que Víctor le hiciera el amor con la misma pasión salvaje que se había adueñado de ellos la primera vez.
Era demasiado tímida para expresar aquello en palabras, pero comenzó a moverse con él y arqueó las caderas para recibir anhelante cada poderoso  empujón mientras clavaba los dedos en sus hombros para que no parara.
-No quiero hacerte daño, Myriam –dijo Víctor, que estaba haciendo verdaderos esfuerzos por controlarse.
-No me haces daño… Quiero que sigas… -las palabras no podían expresar la intensidad de la pasión de Myriam, que comenzó a mover la cabeza a un lado y otro al sentir las primeras contracciones en su interior, que crecieron y crecieron hasta convertirse en una fuerza imparable. Finalmente dejó escapar un agudo gemido casi animal mientras su cuerpo se arqueaba con la explosiva fuerza de su clímax.
Cuando Víctor sintió la deliciosa presión de los músculos de Myriam en torno a su miembro, apretó los dientes, decidido a mantener el control. Deslizó las manos bajo sus redondos glúteos, le alzó las caderas y siguió penetrándola profunda y rítmicamente, llevándola de nuevo a la vez que aferraba la colcha con los dedos. Sólo se dejó llevar cuando le había hecho alcanzar el orgasmo por tercera vez. Entonces hizo una pausa y saboreó la anticipación del placer que estaba a punto de llegar antes de dar un último empujón y experimentar el maravilloso éxtasis de la liberación.
Myriam negó con y parpadeó para alejar las lágrimas.
-Yo también estaba… impaciente –aseguró, y se sorprendió a sí misma al dejar escapar un prolongado bostezo que hizo sonreír a Víctor.
-Estas cansada. Duérmete, cariño –dijo él con suavidad.
Myriam fue a protestar, pero sus ojos ya se estaban cerrando. Víctor se sintió conmocionado por el inesperado afán de protección que se adueñó de él mientras veía cómo se quedaba dormida.


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Re: Castigo y placer

Mensaje  Eva Robles el Vie Sep 27, 2013 10:03 pm

Mil gracias por el capitulo esta cada vez mejor aqui esta esperando el siguiente

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Re: Castigo y placer

Mensaje  jai33sire el Vie Sep 27, 2013 11:03 pm

muchas gracias por el capitulo

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Re: Castigo y placer

Mensaje  dany el Sáb Sep 28, 2013 1:12 pm

Gracias por el capitulo

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Re: Castigo y placer

Mensaje  mariateressina el Miér Oct 02, 2013 6:28 pm

hola buenas tardes aqui les dejo el capitulo de hoy jajajja es un rEgalo de parte del niño por su cumple de ayer y mio por mi cumple mañana 03 ehhhhh jajajjajaj espero que les este gustando la historia


CAPITULO  7

Cuando Myriam despertó, el sol entraba a raudales en la habitación, apenas contenido por las cortinas. Volvió la cabeza y vio que estaba sola en la cama.
Se ruborizó al recordar con detalle la pasión que había compartido con Víctor. El sexo con él había sido toda una revelación, y lo cierto era que no lamentaba que hubiera sido su primer amante. La increíble sensualidad de la experiencia que había tenido demostraba que era posible disfrutar de la intimidad física sin necesidad de sentirse emocionalmente implicada… porque, por supuesto, sus emociones no se habían visto implicadas, se dijo. La química era una fuerza demasiado poderosa como para resistirse a ella. Sin embargo era consciente de una especie de sordo dolor en torno a su corazón que no tenía nada que ver con los placenteros excesos de la noche previa.
Lo más importante era que Carlton House estaba a salvo y sus padres podrían disfrutar de un retiro sin preocupaciones financieras, se dijo con firmeza mientras salía de la cama y se encaminada al baño. Era una tontería preguntarse qué habría pasado si Víctor y ella hubieran sido simplemente dos desconocidos que se habían encontrado una tarde y se habían sentido mutuamente atraídos al instante.
Le habría gustado tener la oportunidad de conocerse mejor, de haberse hecho amigos antes de convertirse en amantes, pero lo cierto era que su relación sólo podía calificarse de acuerdo comercial y aunque Víctor ya no parecía despreciarla, no había forma de obviar el hecho de que estaba pagando para que compartiera su cama.
El sol ya calentaba cuando salió a la terraza a desayunar. Una nota junto a la cafetera le informó de que Víctor iba a estar ocupado hasta última hora de la tarde y, al recordar los mordaces comentarios que había hecho sobre su ropa, decidió ir a comprar a la ciudad de Mykonos.
-Sí, hay un autobús –le dijo la empleada de servicio. –Pero el señor García no espera que tome el autobús. Su chofer la llevara adonde quiere ir.
-Me basta con ir en autobús –dijo Myriam animadamente. Prefería mantener lo más posible su independencia.
Una hora más tarde, mientras viajaba en el autobús, Myriam tuvo la oportunidad de disfrutar de la vista de la isla. Contempló las rocosas colinas, donde pastaban los rebaños de cabras, y luego volvió la cabeza para disfrutar  de las impresionantes vistas al mar. En el horizonte pudo ver los famosos molinos de viento de la isla, que se erguían como centinelas sobre las colinas cercanas al puerto y, cuando el autobús llegó al centro de la ciudad, disfrutó contemplando los cientos de casitas blancas de tejados planos que se arracimaban junto a las estrechas callejuelas de la ciudad.
Incluso en aquella época del año, Mykonos estaba abarrotada de turistas que deambulaban por las calles contemplando las tiendas de recuerdos turísticos y se sentaban al resguardo de coloridas sombrillas en las terrazas de los abundantes cafés y tabernas de la ciudad. Mikonos era una de las islas griegas más cosmopolitas y, desafortunadamente, aquello se veía reflejado en los precios de las boutiques. Decidida a no permitir que Víctor le comprara la ropa, Myriam gastó el dinero que tenía reservado para pagar los recibos de la luz en dos vestidos de noche que no le gustaron especialmente, pero que eran los más baratos que encontró.
Paseó durante una hora, comió en un pequeño y encantador restaurante que se hallaba en una zona llamaba la Pequeña Venencia y, finalmente tomó el autobús de vuelta, al Artemisa,  cansada y acalorada, pero satisfecha de sus compras y del paseo que se había dado.
Le sorprendió encontrar a Víctor junto a la puerta de la terraza cuando entró en la suite, y su corazón se encogió al ver su severa expresión
-¿Dónde has estado durante las últimas cinco horas? –preguntó Víctor en tono lacónico. –La empleada de servicio me ha dicho que te fuiste a las once –añadió cuando Myriam frunció el ceño y miró su reloj.
-No me había dado cuenta de que llevaba tanto tiempo fuera. He ido a la ciudad y había tanto que ver que el tiempo se me ha pasado volando –dijo a la defensiva.
-Sobre todo mientras viajabas en autobús –replicó Víctor en tono de desaprobación. –Según tengo entendido, la criada te explicó esta mañana que podías disponer de mi chofer. Yanis podría haberte dado una vuelta por la isla y haberse ocupado de llevarte las bolsas de las compras. Estaba empezando a temer que te hubiera sucedido algo –añadió, tenso. –No conoces Mykonos, y hay algunos bares y zonas de la ciudad a las que no conviene que vayas sola.
-Ya soy mayorcita y sé cuidar de mi misma –contestó Myriam, molesta por el tono de censura de Víctor.
¿Tendría idea de lo joven que parecía con el rostro sin maquillaje y el pelo sujeto en una cola de caballo?, se preguntó Víctor. Al imaginar  el interés que habría despertado entre la población masculina de Mykonos con aquellos pantalones vaqueros cortos y la camiseta blanca que vestía, bajo la cual era evidente que no llevaba sujetador, sintió el impulso de encerrarla en La torre más alta.
-Durante mi época de estudiante pasé varios meses deambulando por Europa con una mochila. Conozco la clase de sitios que conviene evitar. De hecho, trabajé en varios de ellos.
-¿Haciendo qué? –preguntó Víctor con curiosidad.
-Sobre todo de camarera, aunque también me ocupé de cocinar brevemente en una crepería en España… hasta que incendié la cocina y el jefe me echó. Se me daba mejor trabajar en la barra o limpiar. Ahorraba el dinero para pagarme los estudios en la universidad.
Víctor frunció el ceño.
-¿No financiaban tus padres tus estudios?
-No se lo podían permitir. Hace unos años, Carlton House sufrió serios daños estructurales a causa de una tormenta, y el costé de las reparaciones fue astronómico. Pero no me importó tener que pagarme mis estudios. Nunca he esperado ayuda.
La Myriam que empezaba a conocer no se parecía nada a la imagen de niña mimada que se había ocupado de proyectar la prensa, pensó Víctor, tratando de imaginarla como camarera. Recordaba muy bien los agotadores horarios que había tenido que soportar como simple trabajador para ganar lo suficiente para pagar los recibos y alimentar y vestir a su hermana Cecilia.  El recuerdo de aquellos años de pobreza era la causa de sus actuales y generosos donativos a algunas organizaciones benéficas que se ocupaban de los más desfavorecidos. Aparte de su hermana, nunca había conocido a otra mujer que supiera respetar el valor del dinero.
-Pero supongo que tus padres te compraron el apartamento, ¿no?
-El apartamento no es mío. Pertenece a mi tía Georgina. Me trasladé a vivir con ella cuando acabé mis estudios. Es muy mayor y había sufrido varias caídas. Quise ocuparme de ella, pero, desgraciadamente, empezó a sufrir de demencia senil y empezó a aterrorizarme dejarla sola para irme a trabajar. Un día se dejó una jarra de plástico sobre la vitrocerámina encendida y la cocina se incendió. Mis padres y yo decidimos que lo mejor sería trasladarla a una residencia, donde estaría mejor atendida. Suelo visitarla dos veces por semana… -Myriam se interrumpió al darse cuenta de que iba a pasar un mes sin ver a su tía. –Supongo que no me echará de menos –continuó con pesar. –Lo cierto es que ya no me reconoce.
-¿Y siegues visitándola? –preguntó Víctor.
-Por supuesto, la demencia senil es una enfermedad cruel, pero no define a mi tía. Sigue siendo una persona encantadora.
Víctor tuvo que reconocer que Myriam poseía una compasión y una generosidad que nunca había encontrado en otra mujer. Se acercó a ella mientras miraba con curiosidad las bolsas de su compra.
-¿Qué has comprado?
-Ropa… como me ordenaste. Dos vestidos de noche –sacó uno de ellos, de color rosa y se lo mostró a Víctor. -¿Qué te parece?
-Que será mejor que me enseñes el otro.
-Puede que no te guste el rosa, pero seguro que no me he equivocado con el negro –Myriam alzó el vestido negro y suspiró con impaciencia al ver que Víctor negaba con la cabeza. -¿Qué tiene de malo?
-Es barato, está mal confeccionado y apaga el color de tu rostro –contestó el sin rodeos. –Prefiero verte desnuda que con uno de esos vestidos.
El brillo de sus ojos hizo que Myriam sintiera un delicioso estremecimiento, y se quedó sin aliento cuando Víctor alzo una mano para retirar de su hombro el tirante de la camiseta que vestía. Habría sido muy fácil acercarse a él y ladear la cabeza para recibir su beso, pero, de pronto, sintió una intensa timidez. Estaba allí para cumplir con su parte del acuerdo, se recordó. No había esperado sentirse tan cautivada por Víctor… ni tampoco había esperado sentir pesar por el hecho de que su relación sólo fuera a ser sexual.
-Voy a tomar una ducha –murmuró. –Hace calor y he sudado durante el paseo.
Se encamino rápidamente al dormitorio y fue directo al baño. Tras tomar una refrescante ducha, se envolvió en una toalla, se secó un poco el pelo con el secador y salió del baño, preguntándose si Víctor habría vuelto a trabajar.
Se detuvo al verlo tumbado en la cama, y su corazón palpitó con fuerza mientras deslizaba la mirada por su poderoso pecho desnudo, cubierto de vello negro. La palabra <<guapo>>  no hacía justicia a su poderoso y atractivo, a su intensa virilidad. Una sola mirada había bastado para hacerle sentir que se derretía, pensó, desesperada, incapaz de apartar los ojos de la sensual promesa de sus labios. Cuando Víctor apartó la sábana para revelar la formidable evidencia de su excitación, ella tragó saliva y se encamino como una autómata hacia la cama.
Su corazón latía con tal fuerza que temió que Víctor pudiera escucharlo mientras se tumbada a su lado. Dejó escapar un tembloroso suspiró cuando él reclamó su boca para darle un beso que despertó al instante una poderosa llama en su interior.
Tras retirar la toalla que la cubría, Víctor le acarició los pechos con la mano antes de sustituir a ésta con sus labios. Myriam sintió cómo crecía la pasión en su interior y, cuando Víctor deslizó una mano entre sus muslos, separó las piernas y escuchó su gruñido de aprobación cuando descubrió lo húmeda que estaba.
-Tú también puedes tocarme –murmuró él y sonrió al ver como se ruborizaba.
Tras un momento de duda, Myriam hizo lo que le había pedido y puso a prueba el autocontrol de Víctor cuando deslizó los dedos con delicadeza a lo largo de su palpitante miembro antes de rodearlo con ellos. Su inocencia era indiscutible, pero era una alumna aventajada, reconoció él mientras se protegía rápidamente antes de situarse entre sus piernas.
La penetró con lenta deliberación y observó cómo abría los ojos de par en par mientras se retiraba de nuevo para establecer un ritmo de movimientos que los llevó a ambos hasta el borde del éxtasis y más allá dónde su pasión estalló en el esplendor de un clímax compartido.
Sólo era sexo, magnifico, sin duda, pero sólo sexo, se dijo Víctor cuando finalmente se retiró para tumbarse junto a ella. Compatibilidad física al máximo nivel… lo que le producía una satisfacción que nunca había experimentado con otra mujer.
-Tengo que trabajar un par de horas –dijo mientras se vestía. –Esta noche vamos a asistir a una recepción. Christos Petrelis, dueño de los astilleros Petrelis, da una fiesta en su isla privada.
-¿Qué vestido me pondo? –preguntó Myriam. -¿El negro o el rosa?
-Ninguno de los dos.
-¿Crees que debería ir sin ropa? –bromeo Myriam.
-No hay duda que llamarías la atención, pero admito que me gusta saber que soy el único hombre que te ha visto desnuda –dijo Víctor, que frunció ligeramente el ceño al reconocer un intenso e inesperado sentimiento de posesión. Marcó un número en su teléfono y habló rápidamente en griego antes de colgar. –Afortunadamente a mí se me da mejor comprar que a ti. Ven a comprobarlo.
Desconcertada, Myriam se puso la bata y lo siguió al vestíbulo. Víctor abrió la puerta para dejar pasar a tres mozos cargados de bolsas y cajas con los logos de las casas de diseño más famosas del mundo.
-Pero…
-Necesitas un nuevo vestuario –dijo Víctor con firmeza. –Ayer llamé a una amiga diseñadora que vive en Paris, le di tu descripción y medidas y le pedí que enviara una colección de vestidos adecuados.
-Pues ya puedes ir devolviéndolos –replicó Myriam sin ocultar su irritación. –No pienso ponerme ropa pagada por ti. Ya te lo dije, yo pago mis facturas, y no acepto dádivas… aunque sean vestidos de alta costura.
La expresión de Víctor se volvió impenetrable.
-De todos modos te los pondrás –dijo en tono implacable. –Como ya hemos aclarado, tu única meta durante este mes es satisfacer mis deseos, y cuento con que te vistas adecuadamente.
-No hace falta que me recuerdes que estás pagando para que sea tu querida –herida en su orgullo, Myriam alzó levemente la barbilla. –De acuerdo, utilizaré esos vestidos mientras esté aquí en Mykonos, pero los consideraré un uniforme y no me los llevaré cuando nuestro contrato expire.
-Como quieras –dijo Víctor en tono lacónico. –Creo que Monique  ha incluido un vestido de Valentino. Póntelo esta noche –ordenó mientras se encaminaba  hacia la puerta, sin dar a Myriam la oportunidad de seguir discutiendo.


Myriam desahogó su furia nadando treinta largos en la piscina. Cuando volvió al dormitorio encontró el nuevo vestuario colgado en el armario, preciosos vestidos de noche, elegantes pantalones, faldas, blusas, zapatos a juego y ropa interior de encaje. En otras circunstancias habría disfrutado con todo aquello, pero saber que Víctor se había ocupado de comprarlo enfatizaba el hecho de que ella sólo estaba allí para satisfacerlo.
El vestido de Valentino era una maravilla. De seda color brezo, dejaba sus hombros desnudos, se ceñía como un guante a su cintura y caderas, y llevaba una abertura lateral que llegaba hasta la mitad de su muslo derecho. Era el vestido más atrevido que había llevado nunca y, cuando se miró al espejo, apenas reconoció a la sensual seductora que la miraba desde éste.
Víctor entró en el dormitorio mientras ella se estaba perfumando las muñecas. Vestía un esmoquin que le sentaba de maravilla y acentuada su elegante porte y la formidable anchura de sus hombros. Myriam no pudo evitar que su corazón latiera con más fuerza mientras lo miraba.
-Estás preciosa –murmuró él en un tono profundo y sensualmente aterciopelado. –He comprado esto para que te lo pongas está noche.
Myriam contuvo el aliento cuando le enseño una gran amatista en forma de perla rodeada de diamantes y suspendida de una delicada cadena de oro blanco. Sin darle tiempo a protestar. Víctor se acercó a ella y le puso el colgante en torno al cuello. Luego se apartó para contemplarla.
-Perfecto –murmuró, y  sus ojos parecieron destellar. –Va a juego con el color del vestido, pero, cada vez que te mire esta noche, te imaginaré vestida tan sólo con el colgante –añadió con voz ronca.
Myriam estuvo a punto de arrancarse el colgante. Se sentía como si Víctor acabara de marcarla como a una res de su rebaño.
-Crees que puedes comprarlo todo, ¿verdad? –espetó. –Valoras tan poco el dinero que el precio de una joya como está es irrelevante para ti. Supongo que eso se debe a que naciste con una cuchara de plata en la boca –concluyó en tono cáustico.
El rostro de Víctor se oscureció a la vez que reía con amargura.
-No nací precisamente en el seno de una familia millonaria –dijo con aspereza. –En mi familia no había una gran mansión que heredar de generación en generación. No disfrute de una infancia privilegiada, ni de la ventaja de una buena educación privada. Nací en una pequeña isla llamada Agristi y crecí en una pequeña casa de piedra sin agua corriente. De joven asumí que pasaría mi vida cuidando cabras. No esperaba poder alejarme de la isla en que mi familia había vivido durante generaciones.
-¿Qué te hizo decidirte a marchar? –preguntó Myriam, anonadada por lo que acababa de escuchar
-Una inglesa llamada Wendy Jones –Víctor no pudo disimular la amargura de su voz. –Era la querida de mi padre, que se casó con ella después de dejar a mi madre y abandonarnos. Wendy ya se había divorciado dos veces cuando compró una villa en Agristi. Empleó a mi padre para que se ocupara de renovarla, pero pronto se hizo patente que quería algo más de él. Pocos meses después de empezar a trabajar con ella, mi padre le dijo a mi madre que su matrimonio se había acabado. Mi madre se quedó destrozada, especialmente cuando mi padre dejó de prestarle cualquier apoyo financiero. Yo tenía 15 años y Cecilia 3. Dejé la escuela y mentí sobre mi edad para poder trabajar. Mi madre no quería que lo hiciera, pero yo no podía permitir que mi hermana y ella murieran de hambre. Perdí todo el respeto que sentía por mi padre. Wendy flirteó con él descaradamente. Sabía que estaba casado, pero eso no le importó. Decidió que lo quería para ella y no paró hasta conseguirlo.
Se interrumpió bruscamente y, en el silencio que siguió, Myriam pudo sentir su apenas contenida rabia. No era de extrañar que Víctor hubiera creído que ella le había robado el marido a su hermana. Cuando Cecilia descubrió que su marido estaba teniendo una aventura, Víctor debió de sentirse como si la historia hubiera vuelto a repetirse.
-No volví a hablar con mi padre después de que rompiera con mi madre –continuó. -18 meses después de la boda murió en un terrible accidente. Wendy se había empeñado en tener una piscina y mi padre murió aplastado cuando la excavadora con la que estaba trabajando volcó. Como no había hecho testamento, Wendy heredó la casa en la que aún vivíamos mi madre, Cecilia y yo. Una semana después del funeral exigió que dejáramos su nueva propiedad. Aquello fue la puntilla para mi madre. Murió 6 meses después, dejándome a cargo de Cecilia, que sólo tenía 5 años.
-Ahora comprendo porque tienes una actitud tan protectora hacia tu hermana –murmuró Myriam.
-Daría mi vida por ella –aseguró Víctor con mirada brillante. –Prometí a mi madre en su lecho de muerte que cuidaría de mi hermana. Cuando la vi por primera vez después de su accidente, sentí que no había sabido protegerla…
Myriam se sintió conmocionada por la emoción que capto en la mirada de Víctor. No había duda de que adoraba a su hermana y de que, lejos de ser el hombre implacable que había creído, sus sentimientos eran realmente profundos. Si alguna vez llagara a enamorarse, seguro que entregaría su corazón sin reservas.
Víctor permaneció en silencio, aparentemente sumido en sus recuerdos, pero, tras unos segundos, tomó la estola de Myriam y se la puso sobre los hombros.
-¿Estás lista para salir?
Myriam asistió y salieron juntos de la suite. Se sorprendió cuando, en lugar de bajar, subieron en el ascensor hasta la azotea del hotel, donde había un pequeño helipuerto.
-El helicóptero es el modo más cómodo de viajar entre las islas –explicó Víctor mientras tomaba los mandos. –Hace 10 años que tengo licencia de piloto, así que no tienes por qué preocuparte.
A Myriam nunca le había gustado demasiado volar, pero, en cuanto comprobó la soltura con que Víctor manejaba el helicóptero, se relajó.
20 minutos después aterrizaban frente a una impresionante mansión blanca y fueron escoltados al interior por un miembro uniformado del personal de servicio.
Allí había dinero de verdad, pensó Myriam mientras se fijaba en las impresionantes joyas y vestidos de las mujeres presentes, la mayoría jóvenes y rubias desfilaban del brazo de hombres considerablemente mayores que ellas. Afortunadamente, dominada bastante bien el arte de mantener charlas triviales con personas a las que acababa de conocer, y deambuló por el salón del brazo de Víctor tomando champán y obligándose a sonreír  hasta que acabo doliéndole la mandíbula.
Enseguida notó las miradas de envidia que le dedicaron otras mujeres, matizada por la apenas velada certeza de que no seguiría siendo por mucho tiempo la querida de Víctor. Myriam era consciente de que las relaciones de Víctor García no eran precisamente duraderas, pero aquella noche sólo tenía ojos para ella, y apenas se apartó un momento de su lado. También era consciente de que, unas horas después, la llevaría a su cama y le haría el amor hasta quedar saciado. Víctor había tomado su inocencia y había despertado su sensualidad, y habría sido absurdo negar el intenso deseo que despertaba en ella.
-Baila conmigo –murmuró él junto a su oído y, sin esperar respuesta la llevo a la pista de baile y la tomó entre sus brazos.
La calidez que emanaba de su cuerpo y el sensual aroma de su colonia parecieron envolverla y, cuando inclinó la cabeza para besarla, Myriam entreabrió los labios y le devolvió el beso con auténtico fervor. Víctor la estrechó con fuerza contra su cuerpo para hacerle sentir la evidencia de su excitación.
-¿Estás lista para irte? –preguntó con voz ronca varios besos después.
El champán que corría por las venas de Myriam había alejado sus dudase inhibiciones, y sólo era consciente del deseo que sentía.
-Sí –confesó sin dudarlo.
La mirada de Víctor se oscureció y su boca se curvo en una mueca de auto-burla cuando deslizó una mano hasta el trasero de Myriam y la presionó de nuevo contra su palpable erección.
-Ardo de deseo por ti –murmuró.
El breve viaje de regreso a Mykonos se hizo interminable. En cuando estuvieron de vuelta en la suite Víctor tomó en brazos a Myriam y la llevó al dormitorio
Se ayudaron mutuamente a desvestirse y el corazón de Myriam latió con fuerza cuando deslizó las manos por el oscuro vello que cubría el pecho desnudo de Víctor. La palpitante fuerza de su erección presionando con insistencia contra su muslo la hizo sentir la ya familiar sensación de cálida y excitante humedad entre sus piernas. Lo deseaba con tal desesperación que todo su cuerpo temblaba y, cuando deslizó la mano a lo largo de su miembro y oyó cómo contenía la respiración, experimentó una sensual trepidación al imaginar que iba a tumbarse sobre ella para poseerla con la misma pasión que en sus anteriores encuentros.
Pero, en lugar de ello, fue él quien se tumbó en la cama y, tras hacerle separar las piernas y apoyar las rodillas a ambos lados de su cuerpo, la guió con firme delicadeza hacia abajo hasta hacerle absorber por completo la poderosa longitud de su erección.
Cuando, casi enloquecida de deseo, Myriam miró los oscuros ojos de Víctor, experimentó una momentánea oleada de pánico al comprender que su corazón corría serio peligro.



 


Última edición por mariateressina el Miér Oct 02, 2013 11:09 pm, editado 1 vez
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Re: Castigo y placer

Mensaje  Eva Robles el Miér Oct 02, 2013 10:04 pm

Muchas gracias por el capi me encanta y que mañana tengas un gra dia de ante mano muchas felicidades que te la pases genial

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Re: Castigo y placer

Mensaje  jai33sire el Miér Oct 02, 2013 11:36 pm

Felicidades amiga que la pases super bien, y muchas gracias por el capitulo.

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Re: Castigo y placer

Mensaje  dany el Jue Oct 03, 2013 2:38 pm

Gracias por el capitulo y que te pases un gran dia Muchas Felicidades.

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Re: Castigo y placer

Mensaje  mariateressina el Miér Oct 09, 2013 3:08 pm

  Jajajajajja holaaaa sorry por la demora he andado enfermilla y no he podido entrar pero ya aki les dejo el capitulo de esta bella historia y tambien decirle que ya falta poquito para el desenlace espero no tardar mucho de nuevo sorry y disculpen la tardanza...


CAPITULO 8

Una sensación de ardiente cosquilleo en los hombros advirtió a Myriam que convenía que protegiera su cuerpo del sol. Eran casi las 4 de la tarde, comprobó al mirar su reloj. Víctor no tardaría en presentarse en la suite, y ella acudiría al dormitorio, donde él le haría el amor como todos los días desde su llegada a Mykonos.
Acababa de tomar el libro que estaba leyendo cuando oyó que se abría la puerta de la terraza. Al volverse vio a Víctor en el umbral, observándola a través de sus gafas de sol. Tras asentir brevemente a modo de saludo, volvió al interior de la suite. Unos segundos después, como una marioneta guiada por invisibles hilos, Myriam se levantó y lo siguió.
Cuando llegó al dormitorio lo encontró desnudo sobre la cama, como un sultán esperando a su concubina favorita. No era más que eso para él, se dijo Myriam con desesperación. Pero lo cierto era que la había tratado con respeto y consideración desde que la había hecho su amante e, inevitablemente, día a día, ella había ido cayendo bajo su embrujo.
-Ven aquí –murmuró Víctor a la vez que extendía una mano hacía ella.
En el festín de sensualidad que siguió a sus palabras, Víctor logró volverla loca de deseo. Tras acariciar lenta y concienzudamente con su lengua la húmeda calidez de su feminidad, se situó sobre ella y la poseyó con poderosos empujones que hicieron que ambos alcanzaran a la vez la maravillosa liberación del orgasmo. Después Myriam permaneció tumbada a su lado, sin apenas fuerzas para moverse, consciente de que no tardaría mucho en levantarse para acudir a una de sus interminables reuniones.
Pero Víctor la sorprendió en apoyarse sobre uno de sus codos para observarla atentamente.
-¿Qué has hecho hoy?
Myriam se encogió de hombro, sorprendida por aquel inesperado interés.
-Tomar el sol, nadar, leer… lo mismo que he hecho todos los días desde que estoy aquí.
-Podrías ir de compras. Hay algunas boutiques excelentes en Mykonos, y ya sabes que puedes utilizar mi dinero.
-Y tú ya sabes que no quiero tu dinero –replicó Myriam con fuerza. –Además, ya me has comprado suficiente ropa. No necesito ir de compras.
-La mayoría de las mujeres que conozco no compran por necesidad.
-Está claro que soy distinta al resto de tus mujeres.
El cortante comentario de Myriam hizo que Víctor experimentara una mezcla de diversión y frustración. Le había hecho el amor cada noche, y casi todas las tardes, y ya conocía a la perfección cada curva de su cuerpo. Pero apenas conocía su mente, que Myriam mantenía tenazmente cerrada para él.
-Si estas aburrida, voy a tener que pasar más tiempo entreteniéndote… -murmuró en tono seductor.
-No es posible mantener más relaciones sexuales de las que ya estamos manteniendo –dijo Myriam. –Pero si sigo más tiempo tomando sol, voy a convertirme en una pasa –apartó el pelo de su frente y añadió con rapidez -¿No podría ocuparme de algún trabajo de oficina? No importa de qué se traté, mientras me dé algo que hacer. Soy una chica trabajadora. No estoy acostumbrada a pasarme el día sin hacer nada.
Myriam era totalmente distinta a la mujer que Víctor creía cuando aún la culpaba por el accidente que había sufrido su hermana. Había pasado mucho tiempo comparándola con Wendy pero, con el paso de los días, había descubierto que no se parecía en nada a la insensible y cruel mujer con que se había casado su padre. Era cierto que poseía un fuerte temperamento bajo su delicado exterior, pero siempre se mostraba amable con su personal de servicio, y era la amante más generosa que había conocido.
No esperaba que llegara a gustarle tanto, pero, para su sorpresa, se había encontrado muchas veces pensando en ella cuando su mente debería haber estado concentrada en su trabajo. Por primera vez en su vida, había lamentado las horas que tenía que pasar en su despacho en lugar de estar con ella.
Se levantó, tomó sus ropas del suelo y se encaminó, al baño. Antes de entrar, se volvió hacia ella.
-Tengo una reunión que no va a durar más de una hora. Ven después a mi despacho y hablaremos de una idea que se me ha ocurrido para aliviar tu aburrimiento –dijo y sonrió mientras entraba en el baño sin dar tiempo a que Myriam lo interrogara.

Víctor estaba de pie ante los formidables ventanales de su despacho cuando entró Myriam.
-Siéntate –dijo sonriente.
Myriam ocupó la silla que había ante su escritorio.
-Había dicho que tenías una idea… -murmuró y no pudo evitar ruborizarse ante la atenta mirada de Víctor, que le hizo recordar lo que habían hecho hacía apenas unas horas antes en el dormitorio.
-Tengo varias… -contestó él, y tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para controlar sus díscolas hormonas. –Pero lo mejor sería concentrarnos en la que me ha hecho pedirte que vinieras aquí -añadió a la vez que tomaba una carpeta del escritorio. –El Artemisa se inaugura dentro de 3 semanas.
Myriam asistió desconcertada.
-Estoy segura de que será todo un éxito.
-Eso espero. Ya tenemos reservadas las habitaciones para todo el verano, pero es vital que logremos dar una impresión inicial excelente. He invitado a varios operadores turísticos y escritores de viajes para que vengan a disfrutar de todo lo que el Artemisa tienen que ofrecer, con la esperanza que hagan un informe favorable. Sí no es así, muchas de esas reservas podrían quedar canceladas. Había contratado a una empresa de Relaciones Públicas para que organizara una fiesta la noche de la inauguración, pero, desgraciadamente, ayer averigüé que la empresa en cuestión no está preparada para organizar la fiesta más espectacular que se haya celebrado nunca en Mikonos. De hecho, dudo que pudiera organizar ni una fiesta de jardín de infancia –añadió con evidente irritación –Así que los he despedido esta misma mañana.
Myriam asistió, consciente de que Víctor no era un hombre que diera segundas oportunidades.
-Lo normal habría sido que mi secretaria me hubiera advertido de que la empresa Cosmos Communications no iba a servir para mi propósito –continuó Víctor, -pero Stephanie se ha tomado un permiso para visitar a su familia en Sudáfrica y yo he pasado la mayor parte de los últimos 6 meses en los Estados Unidos con Cecilia.
Myriam no pudo evitar sentir una punzada de culpabilidad al recordar el involuntario papel que había jugado en el accidente de la hermana de Víctor.
-¿Qué piensas hacer? ¿Acaso estas a tiempo de encontrar otro asesor de relaciones públicas que se ocupe de organizar la fiesta?
-Ya he encontrado uno. O, más bien una, -Víctor se apoyó contra el respaldo de su asiento y miró atentamente a Myriam. –Estoy impresionado con el trabajo que hiciste con Joyerías Montemayor y quiero que te ocupes de organizar la fiesta.
Myriam se quedó momentáneamente sin habla.
-Es una responsabilidad enorme –dijo finalmente. -¿De verdad confías en mi capacidad para organizar algo así?
-Confío en ti sin reservas, Myriam y por eso quiero adjudicarte el contrato para organizar la fiesta de inauguración del Artemisa.
Myriam sintió que se le hacía un nudo en la garganta.
-Me alegra escuchar eso –dijo, conmocionada al comprobar cuanto le importaba la opinión que Víctor pudiera tener de ella. –Será un honor ocuparme de organizar la fiesta –añadió y experimentó un repentino pánico al pensar en la responsabilidad que estaba asumiendo. -¿Pero cómo voy a hacerlo sin hablar griego?
-Contarás con la ayuda de una empleada mía. Ana habla inglés a la perfección y puede hacer de traductora. Tu trabajo consistirá en desarrollar ideas para organizar una fiesta inolvidable, una fiesta que sitúe al Artemisa en la lista de los hoteles más exclusivos del mundo –Víctor entregó a Myriam la carpeta que sostenía. –Ahí está la lista de invitados. Comprobarás que varias de las celebridades que aparecen en ella tienen requisitos muy especiales, que van desde el tamaño de las habitaciones hasta el color de las toallas que deben de haber en el baño. Tu trabajo consistirá en lograr que no encuentren ningún fallo en la atención que se les dispense en el Artemisa.
Myriam echó un vistazo a la lista y se fijó en que una conocida actriz había dado instrucciones para que sólo le sirvieran una dieta estrictamente macrobiótica. Le habría gustado contar con 3 meses en lugar de con 3 semanas para organizar una fiesta de aquella magnitud, y su expresión reveló las dudas que sentía.
-Estoy seguro de que puedes hacerlo, Myriam –insistió Víctor. –Y cobrarás un sueldo por un trabajo, por supuesto –añadió en un tono que no admitía réplica. –Tu trabajo en Montemayor demuestra que tienes talento e ideas innovadoras y eso es exactamente lo que estoy buscando.
Después de todos los malentendidos que había entre ellos y el desprecio que Víctor había mostrado hacia ella cuando creía que había sido la amante de su cuñado, la nota de respeto que captó en sus palabras fue como un bálsamo para su amor propio.
En ese caso, más vale que me ponga en marcha –dijo animadamente. –Tres semanas pasan volando.
No quería detenerse a pensar en el hecho de que, cuando pasaran aquellas semanas, Víctor ya no la necesitaría para nada. No podía seguir engañándose pensando que estar con él era un castigo. Lo cierto era que se sentía fascinada por él, y lo único que podía hacer era rogar para que aquella fascinación se hubiera apagado cuando llegara el momento de dar por zanjada su relación.
-¿A qué vienen ese ceño fruncido? –preguntó Víctor mientras cenaban en el restaurante. -¿No te gusta el baklava?
-Me temo que me gusta demasiado. Me encanta la comida griega… pero no está haciendo ningún bien a mi cintura.
-Yo creo que está preciosa –replicó Víctor con total naturalidad. -¿Qué es lo que te preocupa realmente?
Myriam lo miró con incredulidad.
-¿Qué va a ser? La fiesta de inauguración del Artemisa. Sólo falta una semana, y estaba pensando que debo llamar a la compañía pirotécnica para asegurarme de que los juegos artificiales estén preparados a tiempo.
Aquél era uno de los muchos asuntos que tenía entre manos. Ya había contratado animadores y chefs de diversos lugares del mundo para que volaran a Mykonos, pero, como había temido, no resultaba fácil lograr sus propósitos contando con tan poco tiempo.
-Ana puede ocuparse de llamarlos –dijo Víctor. –Mañana vamos a Santorini. –Tengo otro hotel allí el Astraea. Fue inaugurado el año pasado y ya tiene una excelente reputación. He pensado que te vendría bien ver un hotel similar al Artemisa ya funcionando.
Aquello tenía sentido, reconoció Myriam.
-¿Cuánto tiempo estaremos allí? Si vamos por la mañana podría estar de vuelta en el despacho por la tarde.
-Nos quedaremos todo el día –comentó Víctor. –Llevas 2 semanas trabajando 10 horas al día y necesitas un descanso.
No añadió que había organizado el viaje para poder pasar unas horas a solas con Myriam alejado de la oficina, donde él único tópico de conversación era la fiesta que se avecinaba. Además, a él también le vendría bien un descanso. Desde el accidente de Cecilia había estado funcionando en piloto automático para ocuparse de ella y atender a la vez sus responsabilidades laborales. Ahora que Cecilia se estaba recuperando tan bien que los médicos predecían que pronto volvería a caminar sin ayuda, su alivio era indescriptible, pero sentía que a lo largo de aquellos 6 meses había envejecido 10 años.
Tras pagar la cuenta, salió con Myriam del restaurante y tomó su mano mientras caminaban por el puerto.
-Viajaremos a Santorini en mi barco. Tengo concertada una cita con el director de Astraea, pero no me llevará mucho tiempo. Después tendremos el resto del día para nosotros.
<<No te ilusiones>>, se dijo Myriam con firmeza. Víctor se estaba limitando a ser amable con ella. Pero no puedo negar la excitación que le produjo la perspectiva de pasar un día entero con él.
-¿Te apetece que vayamos a algún club, o prefieres que volvamos al Artemisa? –preguntó Víctor cuando pasaron junto a la entrada de uno de los numerosos clubes nocturnos de la isla.
Myriam le dedicó una traviesa sonrisa.
-Prefiero volver al hotel.
-¿Estás cansada?-preguntó Víctor socarronamente.
-En absoluto.
-Ah –Víctor rió. –En ese caso, se impone una retirada temprano. Podemos volver caminando por la playa.
Bajaron unos escalones hasta la arena y se quitaron los zapatos. Víctor pasó un brazo por la cintura de Myriam mientras caminaban por la orilla del mar.
Myriam se dijo que, aunque Víctor fuera un compañero encantador, además de un amante increíble, no significaba nada para ella. Pero sabía que estaba engañando. A lo largo de aquellas últimas semanas, además de amantes se habían hecho amigos, y habían descubierto un mutuo interés por el cine, la literatura y los viajes. Víctor le hacía reír con su irónico sentido del humor, y el deseo que mostraba por ella, que no daba indicios de disminuir, igualaba la pasión que ella sentía por él.
-Regresa –murmuró Víctor junto a ella, haciéndole salir de su ensimismamiento. –Esta noche no dejas de escaparte. ¿En qué estás pensando?
<<En lo vacía que va a resultar mi vida sin ti>>, se dijo Myriam en silencio. <<En el miedo que me produce darme cuenta que me estoy enamorando de ti>>.
-Estaba pensando en Cecilia –dijo, lo que no era totalmente falso, porque pensaba en ella a diario. –Me gustaría escribirle y explicarle que nunca tuve intención de hacerle daño… que ni siquiera sabía que existía y que, de haberlo sabido, jamás habría salido con James. Nos engañó a las 2 –añadió con tristeza. –Haría cualquier cosa por cambiar lo que sucedió aquella noche, y me gustaría decirle cuánto lamento todo lo sucedido.
Víctor no dijo nada y Myriam temió haberlo disgustado.
-¿Te has enfadado? –murmuró cuando ya no pudo aguantar más su silencio.
-No. No estoy enfadado contigo –sólo estaba enfadado consigo mismo por lo mucho que se había equivocado al juzgarla, reconoció Víctor sombríamente. Había creído las necedades que había publicado la prensa y había asumido que era una bruja insensible. Le había dado todos los motivos posibles para que lo odiara, pero a lo largo de aquellas semanas había empezado a conocerla, y dudaba seriamente que poseyera la capacidad de odiar. En ningún momento lo había juzgado o condenado por cómo la había tratado al principio y su generosidad de espíritu había sido toda una lección de humildad para él. De algún modo, Myriam le había hecho bajar la guardia y no sabía qué era lo que iba a hacer al respecto.
-Ya le he explicado la situación a Cecilia, pero creo que no estaría de más que escuchara tu versión de lo sucedido. Acaban de trasladarla al ala de convalecientes del hospital. Te daré las señas.
-Gracias –susurró Myriam un segundo antes de que Víctor la besara con infinita dulzura.
<<No te enamores de él>>, susurró un vocecita en su cabeza. Pero su corazón sabía que la advertencia había llegado demasiado tarde.



El Leandros era un yate de lujo tan bien equipado que Myriam no pudo disimular asombro mientras Víctor se lo enseñaba.
-Además del dormitorio principal hay 4 cabinas adicionales para invitados, además de las los miembros de la tripulación –explicó Víctor mientras regresaban a la suntuosa sala de estar del yate.
En cuanto estuvieron sentados, un marinero uniformado les sirvió un cóctel en 2 copas.
-Es un barco increíble –Myriam dio un sorbo a su bebida y tuvo que parpadear con fuerza. –Las burbujas se me han subido a la nariz –explicó con una risita tímida. –Espero que el cóctel tenga más naranja que champán. No suelo beber a estas horas de la mañana. Lo más probable es que me entre sueño.
-Haré todo lo posible para asegurarme de que permanezcas despierta –dijo Víctor, y sonrió al ver cómo se ruborizaba.
Myriam sintió que se derretía al ver su sensual sonrisa, y trató de disimular cambiando de tema.
-¿Sueles salir a navegar a menudo con el Leandros?
-No tanto como gustaría. El trabajo tiende a dominar mi vida. Cecilia y yo solíamos invitar a unos cuantos amigos a ir de crucero por las islas durante unas semanas en verano, pero todo acabó cuando se casó. James prefería frecuentar los clubes nocturnos a salir a navegar.
Tras decir aquello, Víctor se sumió en un taciturno silencio.
-¿Cuánto tiempo tardaremos en llegar a Santorini? –preguntó Myriam para tratar de distraerlo.
-Media hora, más o menos –Víctor estiró sus largas piernas y miró a Myriam a través de sus gafas de sol. -¿Habías visitado antes las islas griegas?
-No. He viajado con mochila por Francia y España, pero, aparte de eso, siempre he pasado mis vacaciones en Cornwall.
-Tienes una buena relación con tus padres, ¿no?
-Los adoro. Soy su única hija y supongo que corría el peligro de convertirme en una niña mimada, pero mis padres me educaron para que apreciara el valor del amor y la amistad por encima del dinero y me animaron a trabajar duro en la universidad para poder labrarme un futuro. Por suerte, tengo unos padres encantadores. Haría cualquier cosa por ellos…
Myriam se interrumpió, temiendo que Víctor fuera a hacer algún comentario mordaz por el hecho de que se hubiera vendido a él para ayudar a sus padres. Pero Víctor permaneció en silencio y, una vez más, ella cambió rápidamente de tema.
-¿Eres dueño de algún otro hotel en las islas griegas?
-El Alkimi en Agristi fue mi primer hotel, seguido del Athena en Poros. Mi último proyecto, el Afrodita, estará listo en primavera.
-¿Cómo iniciaste tus negocios? –preguntó Myriam con curiosidad. -¿Por qué te decidiste por construir hoteles?
-La desesperación –contestó Víctor tras un momento de silencio. –La desesperación por mantener la promesa que le hic a mi madre de ocuparme de Cecilia. No tenía nada. Ni dinero, ni educación. Lo único que tenía era un terreno en Agristi que mi madre heredó de su familia, pero no me enteré de ello hasta después de su muerte. Entonces averigüé que era dueño de casi 3 hectáreas de tierra con unas vistas espectaculares del mar –rió abiertamente. –Lo cierto es que al principio no me sentí especialmente impresionado. Por entonces estaba viajando a diario a la isla de Aegina para trabajar de peón en los hoteles que se estaban construyendo en ella. Una tarde, estando en los terrenos de Agristi, contemplé la puesta de sol y pensé, que si pudiera construís un hotel allí, las vistas serían el mayor atractivo para los turistas. No fue fácil –admitió, -pero logré convencer al director del banco local para que me hiciera un préstamo para los materiales, y a los concejales del ayuntamiento de que un hotel supondría un importante pulso para la economía de Agristi. Seguí trabajando dos años en Aegina durante el día y por las tardes pagaba a un grupo de peones para que me ayudaran a construir el hotel. Le puse el nombre de Alkimi en recuerdo a mi madre. La cercanía de Agristi a Atenas hizo que muchas familias griegas acudieran allí a pasar sus vacaciones y el hotel se convirtió rápidamente en un éxito que me permitió devolver el préstamo y comprar otro terreno en Poros.
Víctor parecía no dar especial importancia a su éxito, pero Myriam estaba segura de que su vida había sido muy dura y su admiración por él no hizo más que aumentar.
-¿Cómo te las arreglaste para cuidar de Cecilia estando tan ocupado?
Víctor se encogió de hombros.
-Cecilia iba al colegio durante el día y luego acudía a mi despacho en la obra a hacer los deberes. Cuando se hizo mayor empezó a cocinar para mis trabajadores. Lo cierto es que no pasó una infancia ideal. Al principio tuve que invertir todo el dinero que ganaba en las obras, y a menudo me sentía culpable por haber tenido que privar a mi hermana de cosas que sus amigos daban por sentadas. Pero Cecilia no se quejó nunca –la expresión de Víctor se suavizó visiblemente cuando dijo aquello. –Aunque también es cierto que pasó una larga temporada dándome la lata para que me casara. Creo que pensaba que, si tuviera una esposa, ella podría dejar de cocinar.
-¿Y te planteaste alguna vez hacerlo?
Víctor se encogió de hombros con expresión lacónica.
-Estuve comprometido una temporada. Yelena era de mi pueblo y crecimos juntos. Tendría más o menos quince años cuando me enamore de ella. Me sentí muy feliz cuando, unos años después, aceptó casarse conmigo. Pero un mes antes de la boda me confesó que se había estado viendo en secreto con uno de mis mejores amigos. Takis pertenecía a una de las familias más ricas de Agristi. Él tenía el futuro asegurado, mientras yo sólo tenía un trozo de tierra, una idea arriesgada, muchas deudas y una hermana pequeña de la que ocuparme –rió con aspereza antes de continuar: -Si yo hubiera estado en el lugar de Yelena, también habría elegido al más rico.
-¿Qué hicistes cuando te lo dijo? –preguntó Myriam, incapaz de contener su curiosidad.
Víctor volvió a encogerse de hombros.
-Quería a Yalena lo suficiente como para desearle lo mejor. La liberé de nuestro compromiso y ahogué mis penas bebiendo –la mueca de auto-desprecio que hizo no sirvió para ocultar el dolor que había sentido.
-No me extraña que bebieras –dijo Myriam con suavidad. –Debió de ser duro aceptar que la mujer que amabas te había engañado con tu mejor amigo.
Víctor frunció el ceño. Jamás había hablado con nadie de su relación con Yelena y no entendía porque estaba compartiendo con Myriam algo tan personal.
-Lo cierto es que había puesto a Yelena en un pedestal que no merecía –explicó. –Hace 6 meses descubrí su verdadera naturaleza. Me llamó de pronto y sugirió que nos viéramos para hablar de los viejos tiempos. Supuse que Takis acudiría a la cita con ella, pero Yelena se presentó sola en el hotel y me dejó muy claro que, ya que me había hecho más rico que su marido, lamentaba haberme dejado cuando lo hizo. Se ofreció a divorciarse de Takis pensando que yo aceptaría de inmediato y se ofendió cuando rechacé su oferta –añadió en tono irónico. –Pero yo me alegre de haberla visto de nuevo, porque comprendí que en realidad tuve suerte al librarme de ella. Lo sucedido confirmó mi creencia de que el amor es una ilusión y el matrimonio una institución caduca.
-Yo no opino así –dijo Myriam. –Mis padres han estada felizmente casados durante 30 años.
-Supongo que siempre hay excepciones –reconoció Víctor. –Pero mi padre destrozó su matrimonio con su infidelidad y Cecilia se quedó destrozada al descubrir que su marido la estaba engañando.
Myriam se mordió el labio. A pesar de que Víctor había aceptado que ella también había sido engañada por James, no lograba dejar de sentirse culpable por lo sucedido. Sin saber qué decir, se levantó y fue a apoyarse en la barandilla del barco para contemplar el mar, que brillaba en todo su esplendor azul bajo los rayos del sol. La embarcación se dirigía hacía una masa de tierra cuyos acantilados se alzaban a una considerable altura.
-Santorini está en la ladera de un volcán –explicó Víctor mientras se acercaba a ella. –Los acantilados están hechos de roca volcánica y la isla forma una bahía en torno al cráter.
-Los acantilados son muy altos –dijo Myriam, impresionada por la vista.
-Cuando atraquemos podemos subir en coche hasta el Astrea o escalar los trescientos peldaños que ascienden por el lateral del acantilado.
Myriam inspiró profundamente para disfrutar del punzante aroma salino del mar.
-Prefiero las escaleras –dijo, y su corazón latió más deprisa cuando Víctor la tomó de la mano.
-De acuerdo. Pero luego no digas que no te he advertido.
Myriam llegó jadeando a lo alto del acantilado, pero sabía que su falta de resuello no se debía tan sólo al ejercicio. Víctor no le había soltado la mano mientras subían, y tampoco se la soltó mientras paseaban por las estrechas calles de Oia.
El Astrea había sido construido muy cerca del borde del acantilado y las vistas que ofrecían de la bahía y de las islas más cercanas resultaban impresionantes.
-Voy a estar ocupado más o menos una hora –explicó Víctor después de enseñarle el hotel. –Pide en recepción que te expliquen dónde está la playa. Yo me reuniré contigo más tarde.


Tumbada sobre la toalla bajo los rayos del sol, Myriam pensó que había encontrado el paraíso. La cala estaba desierta, oculta a las miradas por los acantilados. Al notar una agradable sensación de somnolencia, cerró los ojos. Había dormido más bien poco la noche anterior. Esbozó una sonrisa al recordar la pasión con que le había hecho el amor Víctor, que no se había dejado ir hasta después de hacerle alcanzar tres orgasmos seguidos…
-Espero que te hayas aplicado suficiente crema protectora.
La profunda voz de Víctor hizo salir a Myriam de sus eróticos recuerdos. Miró el reloj y vio que llevaba casi media hora adormecida, fantaseando. Al sentir de pronto que algo frío caía sobre su espalda, dejó escapar un gritito.
-Supongo que no querrás quemarte –murmuró Víctor mientras empezaba a extender la crema protectora por su espalda.
Al volver el rostro, Myriam vio que se había tumbado a su lado. Se había quitado los pantalones y la camiseta y estaba increíblemente sexy con el bañador negro que llevaba puesto. Su piel brillaba como bronce pulido al sol. Las caricias de sus manos mientras le aplicaba la crema eran tentadoramente sensuales, pero resistió el impulso de tirar de él para que se tumbara sobre ella.
-Creo que con eso bastará –dijo con voz tensa, y se ruborizó intensamente al erguirse y comprobar que la excitación de sus pezones se había hecho claramente visible contra la tela del bikini.
Miró a Víctor y se sorprendió al ver el deseo casi salvaje que brillaba en sus ojos.
-Pasaremos un par de horas en la playa y luego volveremos al Leandros a comer –dijo él mientras se inclinaba a besarla en el cuello.
-Me parece un buen plan –Myriam contuvo el aliento cuando Víctor le mordisqueó el lóbulo, provocándole un delicioso estremecimiento. -¿Cómo ha ido tu reunión? ¿Has resuelto los problemas?
-En lo referente al Astrea, sí. Pero han surgido nuevos problemas en el Caribe. El hotel que tengo en Santa Lucía ha sufrido daños a causa de una tormenta tropical que alcanzó la isla el pasado fin de semana. Tendré que volar allí en cuanto termine la fiesta de inauguración del Artemisa.
Myriam comprendió que aquello significaba que Víctor estaría en la otra punta del mundo mientras ella regresaba a Londres. Sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas y volvió la cabeza para simular que contemplaba el mar. Siempre había sabido que su relación sólo era temporal.
¿Tendría Víctor una amante en Santa Lucía? Probablemente sí, reconoció con el corazón encogido. Ana, la chica griega que la estaba ayudando con los preparativos de la fiesta, le había dicho que Víctor tenía varias queridas distribuidas por el mundo. Lo más probable era que en una semana se hubiera olvidado de ella.
Víctor apoyó una mano en su hombro para tirar de ella hacía sí, pero Myriam se tensó, incapaz de soportar la idea de que le hiciera el amor mientras sentía que se desmoronaba por dentro.
-Llevo demasiado tiempo tomando sol. Voy a nadar un poco –murmuró y a continuación se levantó y corrió hacia el agua con los ojos anegados de llanto.



 
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Re: Castigo y placer

Mensaje  fresita el Miér Oct 09, 2013 3:42 pm

muchas gracias sigue le jaja
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Re: Castigo y placer

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