50 SOMBRAS MAS OBSCURAS .:CAPITULO 1:.

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50 SOMBRAS MAS OBSCURAS .:CAPITULO 1:.

Mensaje  Bere el Miér Feb 27, 2013 1:03 am

CHICAS VOLVEMOS CON LA PARTE 2 DE LA ADAPTACION DE E.L. JAMES 50 SOMBRAS AQUI VA MAS OBSCURAS DISFRUTENLO...

PROLOGO

Ha vuelto. Mamá sigue durmiendo o está enferma de nuevo. Me escondo y acurruco bajo la mesa en la cocina. A través de mis dedos puedo ver a mami. Está dormida en el sofá. Su mano está sobre la pegajosa verde alfombra y el usa sus grandes botas con brillantes hebillas, se detiene sobre mami gritando.

Golpea a mami con la correa.

“Levántate. ¡Levántate! Eres una jodida perra. Eres una jodida perra. Solo una jodida perra. Eres solo una jodida perra. Solo una jodida perra.”

Mami hace un sonido sollozante. Alto. Por favor alto. Mami no grita. Mami se acurruca haciéndose más pequeña.

Tengo los dedos en mis oídos, y cierro los ojos. El sonido se detiene.

Se voltea y puedo ver sus botas mientras pisa fuerte entrando en la cocina. Aún tiene la correa. Está tratando de encontrarme.

Se inclina y sonríe. Huele mal. A cigarrillos y alcohol.

“Ahí estas pequeña mierda”

Un gemido escalofriante lo despierta. ¡Cristo! Está empapado en sudor y su corazón palpita fuertemente. ¿Qué carajo? Se sienta erguido en la cama y pone la cabeza entre las manos. Joder. Han vuelto. El ruido era yo. Toma una respiración profunda estabilizándose, tratando de liberar su mente del olor a whisky barato y rancio y cigarrillos Camel.


Última edición por Bere el Sáb Mar 09, 2013 1:02 am, editado 1 vez

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Re: 50 SOMBRAS MAS OBSCURAS .:CAPITULO 1:.

Mensaje  Eva Robles el Miér Feb 27, 2013 10:43 am

Gracias y siguele por favor no tardes con el siguiente capi

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Re: 50 SOMBRAS MAS OBSCURAS .:CAPITULO 1:.

Mensaje  mariateressina el Miér Feb 27, 2013 8:34 pm

que padre muchas graxias x subirla ya a la espera!!

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Capitulo 1

Mensaje  Bere el Sáb Mar 09, 2013 1:02 am

Había sobrevivido al día tres después de Víctor y mi primer día de trabajo. Era una distracción bienvenida. El tiempo había volado en una neblina de nuevos rostros, trabajo que hacer, y el Sr. Jose Antonio de la O. El Sr. Jose Antonio de la O... me sonríe hacia abajo, sus ojos azules centelleando mientras se apoya contra mi escritorio.

- Excelente trabajo, Myri. Pienso que haremos un gran equipo.

De alguna manera, me las arreglo para curvar mis labios hacia arriba en una semblanza de sonrisa.

- Me voy, si eso está bien para ti, - murmuro.

- Por supuesto, son las cinco treinta. Te veré mañana.

- Buenas noches, Jose Antonio.

- Buenas noches, Myri.

Recogiendo mi bolso, me encojo de hombros en mi chaqueta y me encamino a la puerta. Afuera el aire de la tarde en Seatle, tomo una respiración profunda. No es suficiente para llenar el vacío en mi pecho, un vacío que ha estado presente desde el sábado por la mañana, un doloroso vacío, recordatorio de mi pérdida. Camino a la parada del autobús con la cabeza hacia abajo, mirando hacia mis pies y contemplando la carencia de mi amada Wanda, mi viejo escarabajo... o el Audi.

Cierro la puerta de golpe inmediatamente a ese pensamiento. No. No pensaré en el. Por supuesto. Puedo permitirme un coche - uno lindo, un nuevo auto. Sospecho que ha sido demasiado generoso en el pago, y el pensamiento deja un sabor amargo en mi boca. Lo descarto y trato de mantener mi mente entumecida y tan en blanco como sea posible. No puedo pensar en el. No quiero empezar a llorar otra vez - no afuera en la calle.

El apartamento está vacío. Extraño a Mane. La imagino recostada en la playa en Barbados bebiendo un coctel frío. Enciendo la televisión de pantalla plana entonces hay ruido para llenar el vacío y ofrecer alguna semblanza de compañía, pero no estoy escuchando o viendo. Me siento y miro fijamente la pared de ladrillo. Estoy entumecida. No siento nada excepto el dolor. ¿Cuánto tiempo soportaré esto?

El timbre de la puerta me despierta de mi angustia, y mi corazón da un vuelco. ¿Quié puede ser? Presiono el intercomunicador.

- Entrega para la Srta. Montemayor – Una cansada, incorpórea voz responde, y la decepción choca a contra mí. Lánguidamente hago mi camino escaleras abajo y encuentro a un joven masticando ruidosamente goma de mascar, sujetando una caja de cartón grande, y apoyándose contra la puerta principal. Firmo por el paquete y lo llevo escaleras arriba. La caja es enorme y sorprendentemente ligera. Dentro hay dos docenas de rosas blancas de largos tallos recortados y una tarjeta.

Felicitaciones por tu primer día de trabajo.
Espero que estuviera bien.
Y gracias por el planeador. Fue muy considerado.
Tiene un lugar privilegiado en mi escritorio.
Víctor

Miro fijamente la tarjeta tipeada, el agujero en mi pecho expandiéndose. No hay duda, su asistente la envió. Víctor probablemente tiene poco que ver con esto. Es demasiado doloroso pensar acerca de ello. Examino las rosas – Son hermosas, y no puedo obligarme a tirarlas a la basura. Obedientemente, hago mi camino dentro de la cocina para tratar de encontrar un florero.

***

Y así la rutina continua: Levantarme, trabajar, llorar, dormir. Bueno, tratar de dormir. No siempre puedo escapar de él en mis sueños. Ardientes ojos oscuros, su mirada perdida, su cabello bruñido y brillante; todo me hechiza. Y la música… muchísima música – no puedo soportar oír cualquier música. Tengo cuidado de evitarla a toda costa. Incluso los Jingles de los comerciales me hacen estremecer.

No le he hablado a nadie, ni siquiera a mi madre o a Ray. No tengo la capacidad para charla sin sentido ahora. No, no quiero nada de eso. Me he convertido en mi propio estado aislado. Un mundo devastado, destruido por la guerra donde nada crece y los horizontes son desolados. Si, esa soy yo. Puedo interactuar impersonalmente en el trabajo, pero es solo eso. Si le hablo a mamá, Se que me quebraré aún más – y no queda en mi nada que quebrar.

Encuentro difícil comer. Por la hora de almuerzo el miércoles, me las arreglo con una taza de yogurt, y es la primera cosa que he comido desde el viernes. Sobrevivo a base de una recientemente descubierta tolerancia a los lates y coca cola dietética. Es la cafeína lo que me mantiene andando, pero me pone ansiosa.

Jose Antonio ha comenzado a revolotear sobre mí, irritándome, haciéndome preguntas personales. ¿Qué quiere? Soy educada, pero necesito mantenerlo a un brazo de distancia.

Me siento y empiezo a rastrear a través de una pila de correspondencia dirigida a él, y estoy agradecida con la distracción de trabajo adicional. Mi e-mail hace ping(2) y rápidamente chequeo para ver de quién es.

Santa mierda. Un e-mail de Víctor. Oh no, no aquí… no en el trabajo.

________________________________________

De: Víctor García
Asunto: Mañana
Fecha: Junio 8, 2011 14:05
Para: Myriam Montemayor

Querida Myriam

Perdona esta intrusión en tu trabajo. Espero que esté yendo todo bien. ¿Recibiste mis flores?

Noté que mañana es el show por la apertura de la galería de tu amigo, y estoy seguro de que no tienes tiempo para comprar un auto, y es un largo camino para conducir. Seré más que feliz de llevarte – si lo deseas.

Hazme saber.

Víctor García
Gerente General, García Enterprises Holdings Inc.

Lágrimas nadan en mis ojos. Precipitadamente dejo mi escritorio y huyo hacia los servicios para escapar en una de las casillas. El show de Carlos. Mierda. Había olvidado todo acerca de ello, y le prometí ir. Mierda, Víctor está en lo cierto; ¿Cómo voy a llegar hasta allí?

Presiono mi frente. ¿Por qué Carlos no ha llamado? Ahora que lo pienso - ¿Porqué nadie ha llamado? He estado tan distraída, he notado que mi celular ha estado en silencio.

¡Mierda! ¡Soy tan idiota! Todavía lo tengo desviado al Blackberry. Víctor ha estado tomando mis llamadas – o simplemente ha tirado el Blackberry lejos. ¿Cómo consiguió mi dirección de email?

Conoce mi talla de zapatos, una dirección de e-mail a penas va a representarle algunos problemas.

¿Puedo verlo nuevamente? ¿Podré soportarlo? ¿Quiero verlo? Cierro mis ojos e inclino mi cabeza hacia atrás mientras la pena y el anhelo cortan a través de mí. Por supuesto que quiero.

Tal vez, quizás le puedo decir que he cambiado de opinión… No, no, no. No puedo estar con alguien que obtiene placer en infligirme dolor, alguien que no puede amarme.

Recuerdos torturantes destellan a través de mi mente – El deslizador, estrechar manos, besar, la bañera, su gentileza, su humor, y su oscura, amenazante, sexy mirada. Lo extraño. Han sido cinco días, cinco días de agonía que han sentido como una eternidad.

Envuelvo mis brazos alrededor de mi cuerpo, abrazándome estrechamente, manteniéndome junta. Lo extraño. Realmente lo extraño… Lo amo. Simplemente.

Lloro hasta quedarme dormida en la noche, deseando no haberme marchado, deseando que pudiera ser diferente, deseando que pudiéramos estar juntos. ¿Cuánto tiempo durará este horrendo sentimiento abrumador? Estoy en el purgatorio.

Myriam Montemayor, ¡estás en el trabajo! Debo ser fuerte, pero quiero ir al show de Carlos, y en lo más profundo, la masoquista en mí, quiere ver a Víctor. Tomando una profunda respiración. Me encamino a mi escritorio.

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De: Myriam Montemayor
Asunto: Mañana
Fecha: Junio 8, 2011 14:25
Para: Víctor García

Hola Víctor

Gracias por las flores; son encantadoras.
Si, apreciaría un aventón.
Gracias.

Myriam Montemayor.
Asistente de Jose Antonio de la O, Coordinador Editorial, AIPS

Chequeando mi teléfono, encuentro que todavía está puesto en desviado. Jose Antonio está en una reunión, así que rápidamente llamo a Carlos.

- Hola, Carlos. Es Myri.

- Hola extraña. – Su tono es tan cálido y acogedor que es casi suficiente para empujarme por el borde otra vez.

- No puedo hablar mucho tiempo. ¿A qué hora debo estar allí mañana para tu show?
- ¿Aún vienes? – suena excitado.

- Si, por supuesto. – Sonrío, mi primera sonrisa genuina en cinco días mientras retrato su amplia sonrisa.

- Siete treinta.

- Te veo, entonces. Adiós, Carlos.

- Adiós, Myri.

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De: Víctor García
Asunto: Mañana
Fecha: Junio 8, 2011 14:27
Para: Myriam Montemayor

¿A qué hora quieres que te recoja?

Víctor García
Gerente General, García Enterprises Holdings Inc.

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De: Myriam Montemayor
Asunto: Mañana
Fecha: Junio 8, 2011 14:32
Para: Víctor García

El show de Carlos comienza a las 7:30. ¿Qué hora sugerirías?

Myriam Montemayor
Asistente de Jose Antonio de la O, Coordinador Editorial, AIPS

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De: Víctor García
Asunto: Mañana
Fecha: Junio 8, 2011 14:34
Para: Myriam Montemayor

Querida Myriam: Portland está algo lejos. Te recogeré a las 5:45.
Estoy deseando verte.

Víctor García
Gerente General, García Enterprises Holdings Inc.

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De: Myriam Montemayor
Asunto: Mañana
Fecha: Junio 8, 2011 14:38
Para: Víctor García

Te veo entonces.

Myriam Montemayor
Asistente de Jose Antonio de la O, Coordinador Editorial, AIPS

Oh mi. Voy a ver a Víctor, y por primera vez en cinco días, mi espíritu se eleva un poco y me permito preguntarme como ha estado.

¿Me ha extrañado? Probablemente no como yo lo he extrañado. ¿Habrá encontrado una nueva sumisa de dondequiera que ellas vengan? El pensamiento es tan doloroso que lo desecho inmediatamente. Miro a la pila de correspondencia, Necesito ordenarla para Jose Antonio y meterme de lleno en ello mientras trato de expulsar a Víctor de mi mente otra vez.

Esa noche en la cama. Me remuevo y giro tratando de dormir. Es la primera vez en mucho tiempo que no tengo que ordenarme dormir.

En mis ojos mentales, visualizo el rostro de Víctor la última vez que lo vi, mientras dejaba su apartamento. Su expresión torturada me persigue. Recuerdo que no quería que me fuera, lo cual fue un obstáculo. ¿Por qué me quedaría cuando las cosas habían llegado a tal impasse? Estuvimos siempre evadiendo nuestros asuntos – mi miedo al castigo, su miedo a… ¿Qué? ¿Al amor?

Girándome de lado. Abrazo mi almohada. Llena de una tristeza abrumadora. El piensa que no merece ser amado. ¿Por qué se siente de esa manera? ¿Tiene esto algo que ver con su formación? ¿Su madre de nacimiento, la prostituta adicta al crack? Mis pensamientos me asedian hasta tempranas horas hasta que eventualmente caigo en un agitado, exhausto sueño.

***

El día avanza y avanza, lentamente, y Jose Antonio está inusualmente atento. Sospecho que es el vestido ciruela de Mane y las botas de tacón alto negras he tomado de su armario, pero no me detengo en el pensamiento. Resolví ir a comprar ropa con mi primer cheque de pago. El vestido me queda más suelto de lo que estaba. Pero pretendo no notarlo.

Finalmente, son las cinco treinta, recojo mi chaqueta y mi bolso, tratando de calmar mis nervios. ¡Voy a verlo!

- ¿Tienes una cita esta noche? – Jose Antonio pregunta mientras pasea más allá de mi escritorio camino hacia afuera.

- Si. No. No realmente – Me arquea una ceja, su interés claramente picado

- ¿Novio? – me sonrojo.

- No, un amigo. Un ex -novio.

- Quizás mañana te gustaría venir por una bebida después del trabajo. Has tenido una estelar primera semana, Myri. Deberíamos celebrar. – Sonríe y una desconocida emoción corta a través de mi rostro. Haciéndome sentir incómoda.

Colocando sus manos en los bolsillos, pasa a través de las puertas dobles. Frunzo el seño retroactivamente a su espalda. Beber con el jefe, ¿Es esa una buena idea?

Sacudo mi cabeza. Tengo una tarde con Víctor García por la que pasar primero. ¿Cómo voy a hacer esto? Me apresuro a los servicios para hacer unos retoques de último minuto.

En el gran espejo en la pared, le doy una larga y dura mirada a mi rostro. Tengo mi palidez habitual, círculos oscuros alrededor de mis muy grandes ojos. Me veo desolada, obsesionada.

Jesús, desearía saber cómo usar maquillaje. Aplico una máscara y delineador de ojos, y pellizco mis mejillas, esperando traer algo de color en ellas. Ordenando mi cabello de forma que cuelgue artísticamente hacia abajo por mi espalda, tomo una profunda respiración. Esto tiene que hacerlo.

Nerviosamente camino a través del vestíbulo con una sonrisa y un ondeo de mano hacia Claire en recepción. Pienso que ella y yo podríamos ser amigas. Jose Antonio está hablando a Estrella mientras me encamino hacia las puertas. Sonriendo ampliamente, se apresura hacia afuera para abrir las puertas para mí.

- Después de ti, Myri. – murmura.

- Gracias. – sonrío, avergonzada.

Afuera en la cuneta, Taylor está esperando. Abre la puerta trasera del auto. Miro vacilante a Jose Antonio, quien me ha seguido afuera. Está mirando hacia el Audi Sub con desdén. Giro y entro en la parte de atrás, y ahí está sentado – Víctor García, vistiendo su traje gris, sin corbata, su camisa blanca abierta en el cuello. Sus ojos oscuros resplandecen.

Mi boca se seca. Se ve glorioso excepto porque está frunciéndome el ceño. ¡Oh, no!

- ¿Cuándo fue la última vez que comiste? – chasquea mientras Taylor cierra la puerta detrás de mí

– Mierda.

- Hola, Víctor. Si, es bueno verte también.

- No quiero tu boca rápida ahora. Respóndeme. – Sus ojos llamean. Santa Mierda.

- Uhm… tomé un yogurt a la hora de almuerzo. Oh, y una banana.

- ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una comida apropiada? – pregunta ásperamente.

Taylor se desliza en el asiento del conductor y enciende el auto, y nos pone en el tráfico.

Miro hacia arriba y Jose Antonio está ondeando una mano hacia mí, como si pudiera verme a través del vidrio oscuro, no sé. Ondeo una mano de vuelta.

- ¿Quién es ese? – chasquea Víctor.

- Mi jefe – espío al hermoso hombre a mi lado, y su boca está presionada en una dura línea.

- ¿Y bien? ¿Tu última comida?

- Víctor, eso realmente no te concierne. – Murmuro, sintiéndome extraordinariamente valiente.

- Cualquier cosa que hagas me concierne. Dime.

No, esto no lo hace. Gimo en frustración, rodando mis ojos hacia el cielo, y Víctor entrecierra los ojos. Y por primera vez en mucho tiempo, quiero reír. Trato fuertemente de contener la risa nerviosa que trata de burbujear hacia arriba. El rostro de Víctor se suaviza mientras me esfuerzo por mantener el rostro serio, y veo un trazo de sonrisa besando sus esculpidos labios.

- ¿Y bien? – pregunta, su voz más suave.

- Pasta alla vongole, el viernes pasado. – suspiro.

Cierra los ojos mientras la furia y posiblemente remordimiento, barren a través de su rostro.

- Ya veo – dice, su voz inexpresiva. – Te ves como si hubieras al menos cinco libras, posiblemente más desde entonces. Por favor come, Myriam – Reprende.

Miro fijamente mis dedos entrelazados en mi regazo. ¿Por qué siempre me hace sentir como una niña errante?

Cambia de posición y gira hacia mí.

– ¿Cómo estás? – pregunta, su voz aún suave.

Bien, como la mierda realmente… trago.

– Bien, si te dijera que he estado bien, estaría mintiendo.

Inhala bruscamente – Yo también – murmura, se acerca y toma mi mano – Te extraño – agrega.

Oh no. Piel contra piel.

- Víctor, yo…

- Myri, por favor. Necesitamos hablar.

– Voy a llorar. No.

- Víctor, yo… por favor… ya he llorado mucho – murmuro, tratando de mantener mis emociones bajo control.

- Oh, nena, no – Jala mi mano, y antes de que me dé cuenta, estoy sobre su regazo. Tiene sus brazos a mí alrededor, y su nariz está en mi cabello. – Te he extrañado demasiado, Myriam. – Respira.

Quiero forcejear fuera de su agarre, mantener alguna distancia, pero sus brazos están envueltos alrededor mío. Me presiona contra su pecho. Me derrito. Oh, aquí es dónde quiero estar.

Descanso mi cabeza junto a la suya, y el besa mi cabello repetidamente. Este es el hogar. Huele a lino, suavizante de ropa, lavado corporal, y mi olor favorito – Víctor. Por un momento, me permito la ilusión de que todo va a estar bien, y eso alivia mi alma devastada.

Algunos minutos más tarde, Taylor se detiene en el borde de la acera, aunque todavía estamos en la ciudad.

- Vamos – Víctor me mueve fuera de su regazo – Estamos aquí.

¿Qué?

- Helipuerto en lo alto de este edificio. – Víctor recorre el edificio con la vista por toda explicación.

Por supuesto. Charlie Tango. Taylor abre la puerta y se me deslizo fuera. Me da una sonrisa cálida, como la de un tío que hace que me sienta segura. Le sonrío de vuelta.

- Debería devolverte el pañuelo.

- Consérvelo, señorita Montemayor, con mis mejores deseos.

Me sonrojo mientras Víctor viene alrededor del auto y toma mi mano. Mira enigmáticamente a Taylor, quien le devuelve la mirada impasiblemente, sin revelar nada.

- ¿A las nueve? – Le dice Víctor.

- Sí, señor.

Víctor asiente mientras él gira y me conduce a través de las puertas dobles dentro del grandioso vestíbulo. Reparo en la sensación de sus grandes manos y sus largos y expertos dedos curvados alrededor de la mía. Siento la familiar presión. – estoy atraída, como Ícaro hacia su sol. Me he quemado ya, y aún así estoy aquí nuevamente.

Alcanzando los elevadores, presiona el botón de llamada. Doy una mirada hacia él y está vistiendo su enigmática media sonrisa. Mientras las puertas se abren, suelta mi mano y me conduce dentro.

Las puertas se cierran y arriesgo una segunda mirada. Me mira hacia abajo, vivos ojos oscuros, y ahí está en el aire entre nosotros, esa electricidad. Es palpable. Puedo incluso probarla, pulsando entre nosotros, jalándonos juntos.

- Oh mi, –Jadeo mientras me deleito brevemente en la intensidad de esta atracción visceral, primitiva.

- Lo siento también. – dice, sus ojos nublados e intensos.

El deseo pulsa oscura y letalmente en mi ingle. Toma mi mano y roza mis nudillos con su pulgar, y todos mis músculos se contraen apretadamente, deliciosamente profundamente en mi interior.

Santo Cielo. ¿Cómo puede seguir haciéndome esto?

- Por favor no muerdas tu labio, Myriam – suspira.

Me lo quedo mirando, liberando mi labio. Lo deseo. Aquí, ahora, en el elevador. ¿Cómo no podría?

- Sabes lo que eso me hace – murmura.

Oh, sigo afectándolo. Mi Diosa interior despierta de su enfado de cinco días. Abruptamente la puerta se abre, rompiendo el hechizo, y estamos en la azotea. Hace viento, y a pesar de mi chaqueta negra, estoy fría. Víctor pone su brazo a mi alrededor, jalándome en su lado, y nos apresuramos al otro lado dónde Charlie Tango está en el centro del helipuerto con sus hélices girando lentamente.

Un alto, rubio hombre de mandíbula cuadrada en un traje oscuro brinca fuera y agazapándose lentamente corre hacia nosotros. Estrechando manos con Víctor, grita por encima del ruido de las hélices.

- Lista para irse, señor. ¡Es toda suya!

- ¿Todas las verificaciones hechas?

- SÍ, señor.

- ¿La recogerás alrededor de las ocho treinta?

- Sí, señor.

- Taylor está esperando por ti afuera en el frente.

- Gracias, Sr. García. Viaje a salvo a Portland. Señora. – me saluda. Sin soltarme, Víctor asiente, se agazapa y me conduce a la puerta del helicóptero.

- Una vez dentro me abrocha firmemente el arnés. Ciñendo las correas apretadamente. Me da una mirada conocedora y su sonrisa secreta.

- Esto te mantendrá en tu lugar. – murmura – Debo decir que me gusta este arnés en ti. No toques nada.

Me sonrojo de un profundo carmesí, y corre su dedo índice hacia abajo por mi mejilla antes de colgarme los audífonos. Me gustaría tocarte también, pero no vas a dejarme. Le frunzo el ceño. Además ha puesto las correas tan ceñidas que apenas puedo moverme.

Se sienta en su lugar y se sujeta a sí mismo en ellas. Entonces empieza a correr a través de todo sus comprobaciones antes del vuelo. Es simplemente tan competente. Es muy atrayente. Se pone sus audífonos, enciende el interruptor y las hélices aceleran, aturdiéndome.

Girando, me mira.

- ¿Lista, nena? – su voz hace eco a través de los audífonos.

- Si.

Sonríe con su sonrisa de niño. Wow, no la he visto desde hace mucho.

Torre Sea-Tac, aquí Charlie Tango – Tango Eco Hotel, permiso para partir de Portland vía PDX, Por favor confirme, cambio.

La voz incorpórea del controlador de tráfico aéreo contesta, dando instrucciones.

- Roger, torre, Charlie Tango lista, Cambio y fuera. – Víctor enciende dos interruptores, aferra la palanca, y el helicóptero se eleva lenta y suavemente hacia el cielo del crepúsculo.

Seattle y mi estómago caen lejos de nosotros, y hay tanto que ver.

- Perseguimos el amanecer, Myriam, ahora el crepúsculo. – su voz viene a través de los audífonos. Me giro para mirarlo sorprendida.

¿A qué se refiere? ¿Cómo es que puede decir las cosas más románticas? Sonríe, y no puede evitarlo, pero le sonrío de vuelta, tímidamente.

- Aunque con el sol de la tarde, hay mucho más que ver esta vez. – dice.

La última vez que volamos a Seattle estaba oscuro, pero esta tarde, la vista es espectacular, literalmente fuera de este mundo. Estamos por encima de los edificios más altos, yendo alto y más alto.

- Estala está ahí fuera – señala hacia el edificio. – desde allí puedes ver solo la aguja espacial. – Estiro mi cabeza

- Nunca he ido.

- Te llevaré, podemos comer ahí.

¿Qué?

- Víctor, rompimos.

- Lo sé. Aún puedo llevarte ahí y alimentarte. – Me mira encolerizado.

Sacudo mi cabeza y me sonrojo antes de tomar un método menos confrontacional.

- Es muy hermoso aquí arriba, gracias.

- Impresionante, ¿no?

- Es impresionante que puedas hacer esto.

- ¿Halagos de usted, señorita Montemayor? Pero soy un hombre de muchos talentos.

- Estoy completamente consciente de eso, Sr. García.

Gira y me sonríe, y por primera vez en cinco días. Me relajo un poco, quizás esto no será tan malo.

- ¿Cómo está el nuevo trabajo?

- Bien, gracias por el interés.

- ¿Cómo es tu nuevo jefe?

- Oh, está bien. - ¿Cómo puede decirle a Víctor que Jose Antonio me hace sentir incómoda? Víctor se gira y me mira atentamente.

- ¿Qué está mal? – pregunta.

- Aparte de lo obvio, nada.

- ¿Lo obvio?

- Oh, Víctor, realmente a veces eres muy obtuso.

- ¿Obtuso? ¿yo? No estoy seguro de apreciar su tono, Señorita Montemayor.

- Bien, entonces no lo hagas.

Sus labios se curvan en una sonrisa.

- He extrañado tu boca rápida.

Jadeo y quiero gritar, ¡Yo te extrañé – todo de ti – no solo tu boca! Pero me callo y miro fijamente hacia fuera del vidrio de pecera que es el parabrisas de Charlie Tango mientras continuamos hacia el sur. El crepúsculo está hacia nuestra derecha, el sol bajo en el horizonte – Grande, resplandeciendo con un llameante naranja – y soy Ícaro nuevamente, volando demasiado cerca.

***

El crepúsculo nos ha seguido desde Seattle, y el cielo está bañado de ópalo, rosas y aguamarinas entretejidos juntos como solo la madre naturaleza sabe hacer. Es una despejada y vivificante tarde, y las luces de Portland centellean y titilan, dándonos la bienvenida mientras Víctor maneja el helicóptero hacia abajo en el helipuerto. Estamos en lo alto de una extraña construcción de ladrillos marrones en Portland que dejamos tres semanas atrás.

Jesús, no ha sido hace demasiado tiempo. Aún siento como si conociera a Víctor de toda una vida.

Apaga a Charlie Tango, deslizando varios interruptores entonces las hélices se detienen, y eventualmente todo lo que oigo es mi respiración a través de los audífonos. Hmm. Esto me recuerda brevemente mi experiencia Thomas Tallis. Palidezco. Simplemente no quiero ir ahí justo ahora.

- ¿Buen paseo, Señorita Montemayor? – pregunta, su voz como la miel, sus ojos oscuros centelleando.

- Si, gracias, Sr. García – replico educadamente.

- Bien, vamos a ver las fotos del chico. – Extiende su mano hacia mí y tomándola, escalo fuera de Charlie Tango.

Un hombre de cabello gris con barba, camina a nuestro encuentro, sonriendo ampliamente, y lo reconozco como el anciano de la última vez que estuvimos aquí.

- Joe – Víctor sonríe y suelta mi mano para sacudir la de Joe cálidamente. - Mantenla a salvo para Stephan. Estará aquí alrededor de las ocho o nueve.

- Lo haré, Sr. García, Señora. – Dice, asintiendo hacia mí. – Su auto espera bajando las escaleras, señor. Oh, y el elevador está fuera de servicio; tiene que usar las escaleras.

- Gracias, Joe.

Víctor toma mi mano y nos encaminamos a las escaleras de emergencia.

- Es bueno para ti que solo sean tres pisos, en esos tacones, – el murmura hacia mí en desaprobación.

Sin bromear.

- ¿No te gustan las botas?

- Me gustan mucho, Myriam. – Su mirada fija oscura y pienso que podría decir algo más pero se detiene. – Vamos. Lo tomaremos despacio. No quiero que caigas y te rompas el cuello.

***

Nos sentamos en silencio mientras nuestro chofer nos llevaba a la galería. Mi ansiedad había retornado con más fuerza, y me doy cuenta de que nuestro tiempo en Charlie Tango ha sido el ojo de la tormenta. Víctor está quieto y cavilando… aprehensivo incluso; nuestro humor luminoso de más temprano ha desaparecido. Hay mucho que quiero decir, pero este viaje es demasiado corto. Víctor mira pensativo fuera de la ventana.

- Carlos es solo un amigo – murmuro.

Víctor voltea y me mira fijamente, sus ojos oscuros y vigilantes, sin llevar nada más allá. Su boca – Oh, su boca es distrayente, y espontáneamente. La recuerdo sobre mí – en todas partes. Mi piel palpita. Cambia de posición en su asiento y frunce el ceño.

- Esos hermosos ojos se ven tan grandes en tu rostro, Myriam. Por favor, dime que comerás.

- Si, Víctor, comeré. – respondo automáticamente, una trivialidad.

- Lo dijo en serio.

- ¿Lo haces? – no puedo mantener el desdén fuera de mi voz. Honestamente, la audacia de este hombre; este hombre quien me ha puesto a través del infierno sobre los pasados días. No, eso no es cierto. Yo me he puesto a mi misma a través de un infierno. No, es el. Sacudo mi cabeza, confundida.

- No quiero pelear contigo, Myriam. Te quiero de regreso, y te quiero a salvo, – dice suavemente.

¿Qué? ¿A qué se refiere?

- Pero nada ha cambiado. – Aún eres cincuenta tonos.

- Hablaremos en el camino de regreso. Estamos aquí.

El auto se coloca en frente de la galería, y Víctor baja, dejándome sin palabras. Abre la puerta del auto para mí, y salgo.

- ¿Por qué haces eso? – Mi voz es más fuerte de lo que esperaba.

- ¿Hacer qué? – Víctor es tomado por sorpresa.

- Decir algo como eso y entonces simplemente paras.

- Myriam, estamos aquí. Donde querías estar. Hagamos esto y entonces hablamos. Particularmente, no quiero una escena en la calle.

- Me sonrojo y echo un vistazo alrededor. Está en lo correcto. Es demasiado público. Presiono mis labios juntos mientras él me mira hacia abajo.

- Okey – murmuro de mala gana. Tomando mi mano, me conduce dentro del edificio.

Estamos en un almacén reconvertido – paredes de ladrillo, oscuros pisos de madera, techos blancos, y tuberías blancas. Es de aire moderno, y hay muchas personas deambulando por el piso de la galería. Probando vino y admirando el trabajo de Carlos. Por un momento, mis problemas se derriten lejos mientras me doy cuenta de que Carlos ha realizado su sueño. Así se hace, Carlos.

- Buenas tardes y bienvenidos al show de Carlos Rodríguez. Una mujer joven vestida de negro con un muy corto cabello marrón, usando lápiz labial rojo, y grandes pendientes de aro, nos recibe.

Echa un breve vistazo hacia mí; entonces uno mucho más largo de lo que es estrictamente necesario a Víctor, entonces gira de regreso hacia mí, parpadeando mientras se sonroja.

Mi frente se arruga. El es mío – o lo era. Trato fuertemente de no fruncirle el ceño. Mientras sus ojos recuperan su enfoque, vuelve a parpadear.

- Oh, es usted, Myri. Queremos su opinión en todo esto, también – sonriendo, me entrega un folleto y me dirige a una mesa llena con bebidas y bocadillos.

¿Cómo sabe mi nombre?

- ¿La conoces? – Víctor frunce el ceño.

Sacudo mi cabeza, igualmente desconcertada.

Se encoge de hombros, distraído.

- ¿Qué te gustaría de beber?

- Tomaré una copa de vino blanco, gracias.

Su entrecejo se frunce, pero contiene su lengua y se dirige a la barra libre.

- ¡Myri!

Carlos viene disparado atravesando una multitud de personas.

¡Santo Cielo! Está vistiendo un traje. Se ve bien y está sonriéndome radiante. Me envuelve en sus brazos, abrazándome fuertemente. Y es todo lo que puedo hacer para no estallar en lágrimas. Mi amigo, mi único amigo mientras que Mane está lejos. Lágrimas llenan mis ojos.

- Myri, estoy tan contento de que lo hayas hecho, – suspira en mi oído, entonces se detiene y abruptamente me extiende a un brazo de distancia, mirándome fijamente.

- ¿Qué?

- Hey, ¿estás bien? Luces tan, bien, extraña. Dios mío, ¿Has perdido peso?

Pestañeo alejando mis lágrimas.

- Carlos, estoy bien. Solo estoy tan feliz por ti. – Mierda – no él, también. – Felicitaciones por el show. – Mi voz tiembla mientras veo la preocupación grabada en su oh-tan familiar rostro, pero tengo que mantenerme unida. - ¿Cómo viniste aquí? – pregunta.

- Víctor me trajo. – digo repentinamente aprehensiva.

- Oh. – El rostro de Carlos cae y me suelta. – ¿Dónde está? – su expresión se oscurece.

- Ahí fuera, consiguiendo bebidas. – señalo con la cabeza en dirección a Víctor y veo que está intercambiando comentarios amables con alguien esperando en la línea. Víctor mira hacia arriba cuando miro en su dirección y nuestros ojos se traban. Y por un breve momento nos quedamos mirando el uno al otro.

Santo Dios… Este hermoso hombre me quiere de vuelta, y profundamente dentro de mí, una dulce alegría se despliega como una gloriosa mañana en la madrugada.

- ¡Myri! – Carlos me distrae, y soy arrastrada nuevamente al aquí y ahora. – Estoy tan contento de que vinieras – escucha, debo advertirte…

Repentinamente, la señorita “muy corta cabellera y lápiz labial rojo” lo corta.

- Carlos, la periodista del Portland Printz está aquí para verte. Vamos. – Me da una sonrisa educada.

- ¿Cuán genial es esto? La fama. – Sonríe y no puedo resistirme así que sonrío de vuelta; es tan feliz. - Te atraparé luego, Myri – besa mi mejilla, y lo miro pasear hasta una mujer joven parada junto a un alto y larguirucho fotógrafo.

Las fotografías de Carlos están por todas partes, y en algunos casos magnificadas sobre grandes lienzos. Hay de ambas; a blanco y negro y a color. Hay una belleza etérea en muchos de los paisajes. En una te lleva a un lago en Vancouver, es de tarde y nubes rosa se reflejan sobre el agua. Brevemente, soy transportada por la tranquilidad y la paz. Es impresionante.

Víctor se une a mí, y tomo una respiración profunda y trago, tratando de recobrar algo de mi equilibro anterior. Me alcanza una copa de vino blanco.

- ¿Está a la altura? – mi voz suena más normal.

Me mira con curiosidad.

- El vino.

- No. Raramente lo hace en esta clase de eventos. El chico aquí tiene talento, ¿no? – Víctor está admirando también la foto del lago.

- ¿Por qué crees que le pedí a él que tomara tu foto? – No puedo ocultar el orgullo en mi voz. Sus ojos se deslizan impasibles de la fotografía hacia mí.

- ¿Víctor García? – El fotógrafo del Portland Printz enfoca a Víctor.

- ¿Puedo tomar una foto, señor?

- Seguro – Víctor esconde su ceño fruncido. Doy un paso hacia atrás, pero el sujeta mi mano y me jala a su lado. El fotógrafo nos ve juntos y no puede ocultar su sorpresa.

- Sr. García, gracias. – Toma un par de fotos. – ¿Señorita…? – pregunta.

- Montemayor – replico.

- Gracias, Señorita Montemayor. – Se escabulle.

- Busqué fotos tuyas en citas en internet. No había ninguna. Es por eso que Mane pensó que eras gay.

La boca de Víctor se curva con una sonrisa.

- Eso explica tu inapropiada pregunta. No, no tengo citas, Myriam; solo contigo. Pero tú lo sabes. Sus ojos queman con sinceridad.

- Entonces ¿nunca llevaste a tus… – miro alrededor nerviosamente para verificar que nadie puede oírnos – sumisas fuera?

- A veces, no en citas. De compras, ya sabes. – se encoje de hombros. Sus ojos no se dejan los míos.

Oh, entonces solo en el cuarto de juegos; su cuarto rojo del dolor y su apartamento. No sé cómo sentirme acerca de ello.

- Sólo tú, Myriam. –suspira.

Me sonrojo y miro fijamente hacia abajo, a mis dedos. A su propia manera, se preocupa por mí.

- Tu amigo aquí parece más un hombre de paisajes, no retratos. Vamos a ver alrededor. – Extiende su mano hacia mí, y la tomo.

Vagamos pasando algunas fotos más y me doy cuenta de un par asintiendo hacia mí, sonriendo ampliamente como si me conocieran. Debe ser porque estoy con Víctor, pero un hombre joven esta mirándome descaradamente. Raro.

Giramos la esquina, y puedo ver porqué he estado recibiendo miradas extrañas. Colgando de una pared lejana hay siete enormes portarretratos – de mí.

Los miro en blanco, estupefacta, la sangre drenándose de mi rostro. Yo: Haciendo pucheros, riendo, frunciendo el ceño, seria, divertida. Todas en súper close up, todas en blanco y negro.

¡Santa mierda! Recuerdo a Carlos jugando con la cámara en un par de ocasiones cuando se encontraba de visita y cuando había estado conduciendo con él y su asistente de fotografía. Había tomado instantáneas, o eso pensé. No estás abiertamente invasivas.

Miro hacia arriba a Víctor, quien está mirando fijamente, transfigurado, a cada uno de los cuadros por turno.

- Parece que no soy el único. – murmura crípticamente, su boca puesta en una dura línea.

Pienso que está enojado. Oh, no.

- Discúlpame. – dice, sujetándome con su brillante mirada gris por un momento. Se gira y se dirige al escritorio de recepción.

- ¿Cuál es el problema ahora? – miro hipnotizada mientras habla animadamente con la señorita “muy corta cabellera y lápiz labial rojo” Pesca su billetera y saca su tarjeta de crédito.

Mierda. Debe haber comprado una de ellas.

- Hey. Tú eres la musa. Esas fotografías son estupendas. – Un hombre joven con una mata de cabello rubio brillante me sobresalta. Siento una mano en mi codo y Víctor está de regreso.

- Eres un chico con suerte. – Mata rubia sonríe a Víctor, quien le dedica una fría mirada.

- Lo soy, – murmura oscuramente, mientras me jala a su lado.

- ¿Acabas de comprar una de ellas?

- ¿Una de ellas? – resopla si quitar los ojos de ellas.

- ¿Compraste más de una?

Gira los ojos.

- Las compré todas, Myriam. No quiero a algún extraño comiéndote con los ojos en la privacidad de su hogar.

Mi primera inclinación es reír.
- Prefieres hacerlo tu – me burlo.

Me mira hacia abajo, pillado con la guardia baja por mi audacia, pienso, pero está tratando de ocultar su diversión.

- Francamente, si.

- Pervertido. – boqueo hacia él y muerdo mi labio inferior para prevenir mi sonrisa.

Su boca cae abierta, y ahora su diversión es obvia. Sujeta su barbilla pensativamente.

- No puedo discutir esa afirmación, Myriam. Sacude su cabeza, y sus ojos se suavizan con humor.

- Podría discutirlo en otra ocasión contigo, pero he firmado un CND.

Suspira, mirándome, y sus ojos se oscurecen.

- Lo que me gustaría hacer con tu boca rápida. – murmura.

Jadeo, sabiendo a qué se refiere.

- Eres muy rudo. – Trato de sonar en shock y fracaso. ¿Acaso no tiene límites? Me sonríe, divertido, y luego frunce el ceño.

- Te ves muy relajada en esas fotos, Myriam. No te veo así muy a menudo.

¿Qué? ¡Whoa! Cambio de tema – hablando de incongruencias – de divertido a serio.

Me sonrojo y echo un vistazo hacia abajo a mis dedos. El inclina mi cabeza hacia atrás, e inhalo bruscamente al contacto con sus largos dedos.

- Te quiero así de relajada conmigo. – Susurra. Todo trazo de humor se ha ido.

Profundamente en mi interior esa alegría se agita de nuevo. Pero ¿Cómo puede ser eso? Tenemos asuntos pendientes.

- Debes parar de intimidarme si quieres eso. – Chasqueo.

- Debes aprender a comunicarte y decirme cómo te sientes. – Chasquea de vuelta, sus ojos llameando.

Tomo una respiración profunda.

- Víctor, tú me quieres como sumisa. –Ahí es donde radica el problema. – Creo que los sinónimos eran y cito, obediente, flexible, manejable, tratable, pasiva, sometida, resignada, paciente, dócil, mansa y sumisa. No se suponía que te mirara. No hablarte a menos que me dieras permiso de hacerlo. ¿Qué esperas? – le siseo.

Parpadea, y su seño se profundiza a medida que continúo.

– Es muy confuso estar contigo. No quieres que te desafíe, pero entonces te gusta mi “boca rápida”. Quieres obediencia, excepto que cuando no lo haces, entonces puedes castigarme. Simplemente no se qué camino tomar cuando estoy contigo.

Entorna los ojos.

- Buen punto bien hecho, como de costumbre, señorita Montemayor. – Su voz es fría. – Ven, vamos a comer.

- Solo hemos estado aquí por media hora.

- Has visto las fotos, has hablado con el chico.

- Su nombre es Carlos.

- Has hablado con Carlos; el hombre que, la última vez que vi, estaba tratando de poner su lengua en tu reluctante boca mientras estabas borracha y enferma. – gruñe.

- El nunca me ha golpeado – escupo hacia él.

Víctor me frunce el ceño, furia emanando de cada poro.

- Ese es un golpe bajo, Myriam, – susurra amenazante.

Me sonrojo y Víctor pasa sus dedos a través de su cabello, tensándose con rabia apenas contenida. Lo miro ferozmente de regreso.

- Te estoy llevando por algo de comer, estás desvaneciendo en frente mío. Encuentra al chico, di adiós.

- Por favor, ¿podremos quedarnos más tiempo?

- No. Ve. Ahora. Dile adiós.

Lo miro ferozmente, mi sangre hirviendo. El Sr. maldito fanático del control es bueno. Enojada es mejor que llorosa.

Arrastro mi mirada de él y exploro la habitación por Carlos. El está hablando a un grupo de mujeres jóvenes. Camino en dirección a él y lejos de Cincuenta. ¿Solo porque me trajo aquí tengo que hacer lo que dice? ¿Quién infiernos piensa que es?

Las chicas están pendientes de cada palabra de Carlos. Una de ellas jadea mientras me acerco, sin duda reconociéndome de los portarretratos.

- Carlos.

- Myri. Disculpen, chicas. – Carlos les sonríe y pone su brazo a mi alrededor, y en algún nivel me divierte. Carlos todo suave, impresionando a las damas.

- Luces enojada – dice.

- Tengo que irme. – murmuro tercamente.

- Acabas de llegar.

- Lo sé, pero Víctor necesita regresar. Las fotos son fantásticas, Carlos – eres muy talentoso. – Sonríe con alegría.

- Fue tan genial verte.

Carlos me barre en un gran abrazo de oso, girándome, así puedo ver a Víctor en la Galería. Está frunciendo el ceño, y noto que es porque estoy en los brazos de Carlos. Entonces en un movimiento bien calculado, envuelvo mis brazos alrededor del cuello de Carlos. Pienso que Víctor se va a morir. Su mirada feroz se oscurece a algo muy siniestro, y lentamente hace su camino hacia nosotros.

- Gracias por avisar acerca de fotos que me tomaste – balbuceo.

- Mierda, disculpa. Myri. Debería habértelo dicho. ¿Te gustan?

- Um… No lo sé – respondo sinceramente, momentáneamente perdiendo el balance por su pregunta.

- Bueno, están todas vendidas, así que a alguien le gustaron. ¿Cuán genial es eso? Eres una chica de póster. – Me abraza más estrechamente mientras que Víctor nos alcanza mirándome. Frunciéndome el ceño ahora, aunque afortunadamente, Carlos no lo ve.

Carlos me suelta.

- No seas una extraña, Myri. Oh, Sr. García, Buenas noches.

- Sr. Rodriguez, muy impresionante. – Víctor suena glacialmente cortés. – Me disculpo porque no podamos quedarnos más tiempo, pero ambos necesitamos dirigirnos de regreso a Seattle, ¿Myriam? – Hace hincapié en “ambos” de manera sutil y toma mi mano mientras lo hace.

- Adiós Carlos. Felicitaciones otra vez. – Le doy un rápido beso en la mejilla y antes de que lo sepa Víctor me está arrastrando fuera del edificio. Sé que esta hirviendo con silenciosa ira, pero también yo.

Mira rápidamente arriba y debajo de la calle entonces se dirige a la izquierda y repentinamente me arrastra en un callejón lateral, abruptamente presionándome arriba en contra de una pared. Sujeta mi rostro entre sus manos, forzándome a mirar hacia arriba en sus determinadamente ardientes ojos.

Jadeo, y su boca se abalanza hacia abajo. Está besándome, violentamente. Brevemente nuestros dientes chocan, entonces su lengua está en mi boca.

El deseo explota como el cuatro de julio a través de mi cuerpo, y estoy besándolo de vuelta, igualando su fervor, mis manos anudadas en su cabello, jalándolo, fuertemente. Gime, un bajo sonido suave en la parte de atrás de su garganta que reverbera a través de mí, y sus manos se mueven hacia debajo de mi cuerpo sobre mi muslo, sus dedos enterrándose en mi carne a través del vestido cereza.

Pongo toda la angustia y mi corazón roto de los pasados últimos días en nuestro beso. Vinculándolo a mí, y eso me golpea – en este momento de cegadora pasión – el está haciendo lo mismo, el siente lo mismo.

Rompe el beso, jadeando. Sus ojos están iluminados con deseo, disparando la nuevamente caliente sangre que palpita a través de mi cuerpo. Mi boca cae abierta mientras trato de arrastrar el preciado aire en mis pulmones.

- Tu. Eres. Mía. – gruñe, enfatizando cada palabras. Se aleja de mí y se inclina con las manos sobre sus rodillas como si hubiera corrido una maratón. – Por el amor de Dios, Myri.

Me apoyo sobre la pared, jadeando, tratando de controlar la desenfrenada reacción en mi cuerpo, tratando de encontrar mi equilibrio otra vez.

- Lo siento – susurro una vez que mi respiración regresa.

- Deberías. Sé lo qué estaban haciendo. ¿Deseas al fotógrafo, Myriam? Obviamente el tiene sentimientos por ti.

Me sonrojo y sacudo mi cabeza.

- No. Es solo un amigo.

- He pasado toda mi vida adulta tratando de evitar cualquier emoción extrema. Entonces tú… tú haces aflorar sentimientos en mí que me son completamente ajenos. Es muy… – frunce el ceño estrechando la palabra. – inquietante. Me gusta el control, Myri, y alrededor tuyo, eso solo… – se detiene su mirada intensa –se evapora. – Ondea su mano vagamente, entonces la corre a través de su cabello y toma una respiración profunda. Sujeta mi mano. – Vamos, necesitamos hablar y tú necesitas comer.

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Re: 50 SOMBRAS MAS OBSCURAS .:CAPITULO 1:.

Mensaje  Eva Robles el Sáb Mar 09, 2013 4:04 pm


Muchas gracias por el capi es muy buena por favor no tardes con el siguiente y oja que muriam vuelva con victor

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Re: 50 SOMBRAS MAS OBSCURAS .:CAPITULO 1:.

Mensaje  jai33sire el Dom Mar 10, 2013 11:37 am

gracias por el capitulo

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Re: 50 SOMBRAS MAS OBSCURAS .:CAPITULO 1:.

Mensaje  rodmina el Lun Mar 11, 2013 1:24 am

gracias por el capitulo me encanta... no tardes
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Re: 50 SOMBRAS MAS OBSCURAS .:CAPITULO 1:.

Mensaje  dany el Jue Mar 14, 2013 7:56 pm

Gracias pongan mas capitulos.

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Re: 50 SOMBRAS MAS OBSCURAS .:CAPITULO 1:.

Mensaje  mariateressina el Vie Mar 15, 2013 7:59 pm

Graxias hermoso inicio muy buen capitulo.


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Re: 50 SOMBRAS MAS OBSCURAS .:CAPITULO 1:.

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